El imparable deterioro de la monarquía española

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La propaganda oficial difundió la imagen de «rey soldado», pues durante su reinado se puso fin a la tercera guerra carlista y a partir de entonces Alfonso XII empezaría a ser conocido popularmente como «el Pacificador», imagen que reforzó la Paz del Zanjón (1878), que dio por concluido el único frente que quedaba abierto: la guerra de Cuba.
 

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En 1878 y 1879 fue víctima de dos atentados perpetrados por anarquistas de los que salió ileso Alfonso XII...

Ese mismo año se desató una epidemia de cólera en Valencia que se fue extendiendo hacia el interior del país. Cuando la enfermedad llegó a Aranjuez, el monarca expresó su deseo de visitar a los afectados, a lo que el Gobierno de Cánovas del Castillo se negó por el peligro que ello entrañaba. El rey partió entonces sin previo aviso hacia la ciudad y ordenó que se abriera el Palacio Real para alojar a las tropas de la guarnición. Una vez allí, consoló a los enfermos y les repartió ayudas. Cuando el Gobierno conoció el viaje del soberano, envió al ministro de Gracia y Justicia, al capitán general y al gobernador civil para que le llevasen de vuelta a Madrid.
 
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En 1878 y 1879 fue víctima de dos atentados perpetrados por anarquistas de los que salió ileso Alfonso XII...

Ese mismo año se desató una epidemia de cólera en Valencia que se fue extendiendo hacia el interior del país. Cuando la enfermedad llegó a Aranjuez, el monarca expresó su deseo de visitar a los afectados, a lo que el Gobierno de Cánovas del Castillo se negó por el peligro que ello entrañaba. El rey partió entonces sin previo aviso hacia la ciudad y ordenó que se abriera el Palacio Real para alojar a las tropas de la guarnición. Una vez allí, consoló a los enfermos y les repartió ayudas. Cuando el Gobierno conoció el viaje del soberano, envió al ministro de Gracia y Justicia, al capitán general y al gobernador civil para que le llevasen de vuelta a Madrid.
de ahí se hizo muy popular por la cercanía a la gente
 
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  • Felipe VI: "La Corona será garante de la Constitución y la libertad en España"
Personaje del año

Barcelona. 25 de febrero de 2018. Cena del Mobile World Congress. La alcaldesa Ada Colau acude a saludar a Felipe VI tras participar en el desplante institucionalcontra su visita y unos segundos bastan para que el Rey plasme la esencia de su reinado: "Yo estoy aquí para defender la Constitución". La breve conversación escapó a los micrófonos, pero esas siete palabras mostraban el compromiso de la Corona con la defensa del Estado de Derecho en plena afrenta independentista y en medio de una ofensiva contra la Monarquía como forma de socavar a la propia nación española.

Hace unos años, en una conversación con periodistas cuando todavía era Príncipe de Asturias, el actual Monarca reflexionaba así al ser preguntado por el 23-F: "Prefiero no necesitar ese tipo de reválidas". Quién le iba a decir que tendría que afrontar en el inicio de su reinado su particular 23-F en forma de desafío independentista. Un reto que ha encarado en soledad, sin apenas respaldo por parte del Gobierno. Él mismo lo definió hace unos meses como "la más grave crisis que hemos debido afrontar en nuestra historia reciente". Y ante ella, Felipe VI ha sido quien ha vertebrado el compromiso mayoritario de la sociedad con la Constitución y en defensa del Estado de Derecho. Diálogo sí, pero siempre bajo una premisa: "Las reglas que son de todos deben ser respetadas por todos".

EL MUNDO lo designe como el Personaje del Año. Una elección que el Rey ha acogido con "agradecimiento sincero".

En una carta al director de EL MUNDO, Francisco Rosell, Felipe VI ha querido expresar "el compromiso de la Corona con la democracia y la libertad en España, y con la defensa de los principios y valores de concordia y convivencia democrática en los que se basa nuestra Constitución". Más aún, recuerda que es "garante del edificio institucional diseñado en la Constitución y del conjunto de valores de ciudadanía que de ella se desprenden".

Quienes conocen al Rey destacan su pulcra obediencia al mandato constitucional. Es su particular camino de baldosas amarillas. Pero dentro de él, sí exige con firmeza cumplir lo establecido en la Carta Magna y la consiguiente obediencia a la ley. De todos. "La garantía efectiva del Estado de Derecho, sin el cual no cabe el progreso de las sociedades, requiere esa justicia de calidad que la Constitución propugna", defiende Felipe VI.

En el último año, tras el mensaje del 3 de octubre de 2017 en reacción al 1-O, el Rey ha sabido modular su discurso. La dureza y la contundencia se mantienen en sus intervenciones, pero con apelaciones a la "reconciliación", al "diálogo" y al "entendimiento". Una propuesta que, incluso, ha llevado a Podemos a reconocer "aciertos" y un "cambio de tono" en las reflexiones y propuestas del Monarca.

Los dirigentes que han mantenido un contacto fluido con el Rey en 2018 destacan su "labor impecable" y su "perfección innata" a la hora de actuar e interpretar cómo dirigirse a los españoles. Sus interlocutores valoran su "tranquilidad", o al menos así lo transmitía, hasta en los momentos más complejos.

lo reprobaba y pedía la abolición de la Monarquía. La iniciativa fue impulsada por los comunes, la coalición catalana en la que se integra Podemos.

Era la culminación de una campaña de ataques personales y a la institución protagonizada por los independentistas y Podemos, que ha incluido reproches por su defensa de la Constitución en Cataluña, referencias a Juan Carlos I y recordatorios del caso Urdangarin, ya juzgado y con el cuñado del Rey en prisión.

Frente a ello, Felipe VI ha apostado por enfatizar la necesidad de "diálogo" y "consenso" para proteger la convivencia y por trasladar un mensaje de futuro para la Corona como garante de la concordia y la libertad. Ahí se enmarca la decisión de que la Princesa Leonor empiece a cobrar protagonismo en la vida institucional. Este año la heredera ha protagonizado su primer viaje oficial (a Asturias) y su primera intervención pública (leyendo el artículo 1 de la Constitución).

cuyo 40º aniversario se acaba de celebrar. Es por ello que en 2018 la situación laboral de los jóvenes y su futuro profesional y personal se hayan plasmado en los discursos del Monarca.

La actual situación de España concede escasos respiros. Felipe VI muestra tranquilidad y relajación cuando está en compañía de sus hijas, momentos en los que se aprecian continuos gestos de cariño y complicidad. O cuando viaja Asturias. El traje, la corbata y los pantalones no impidieron que en su visita a Moal, pueblo ejemplar de 2018, participara en una partida de bolo vaqueiro, ante el asombro de los vecinos y la Reina Letizia. Es el hombre del año que se esconde detrás del Rey
 

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El videojuego de FB6
Personaje del año
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    • DAVID GISTAU
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  • 31 DIC. 2018 02:07
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El Rey Felipe VI con una gafas de ciberrealidad en la feria Gastech de Barcelona ANTONIO MORENO
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LAS CIRCUNSTANCIAS DEL REY admiten una traslación generacional. Si tomamos como referencia el año pletórico de 1992, cuando el entonces príncipe hizo de abanderado en el desfile olímpico de Barcelona con la sonrisa y el sombrero de medio lado, nadie podía imaginar el carajal que aguardaba tanto a él como a sus contemporáneos. Quienes, veinteañeros entonces, se preparaban para gestionar en la madurez destinos particulares menores en el contexto de una España casi conclusa que, terrorismo de ETA aparte, parecía haber terminado por fin un siniestro, violento viaje interior que empezó con los espadones carlistas. La gloria de lo fundacional, de lo curativo, quedaba para la generación anterior, la que hizo la Transición y cultivó el mito genesíaco de la democracia a la europea.

Al Rey no le quedaba sino prepararse para ser un jefe de Estado rutinario e integrado, como la propia nación, en Europa. Formó entonces el equipo que casi por completo aún lo acompaña en la Casa y se dotó de una pátina cosmopolita a través de los estudios en Georgetown, que le marcaron tanto que todavía hoy aprovecha sus viajes para reencontrarse con los compañeros de entonces como si a todos ellos los uniera el sentido de la fraternidad que se inocula en sociedades universitarias como la Skull & Bones de Yale. Iba a ser rey, sí, y la formación militar agregaría al perfil valores distintos: ha jurado bandera dos veces y ambas lo hizo creyéndoselo. Pero en ese momento podría haberse dicho que Felipe sería algún día en España un equivalente de un pulcro consejero delegado sin capacidad ejecutiva, con servicios ornamentales, con fábricas por inaugurar y trofeos de fútbol por entregar, y carente además de la extroversión castiza, vividora, que su padre había asociado al cargo hasta el punto de hacerse devorar por el exceso.

El Rey incorporó en su discurso de Nochebuena temas actuales para demostrar que no está encapsulado en un anacronismo espeso


Espero no cometer spoiler si digo que el giro de guión fue brutal. La propia proclamación del Rey, en junio de 2014, fue consecuencia de la erosión provocada por dos crisis: la institucional española y la particular de la Monarquía, vapuleada por los escándalos de corrupción relacionados con el caso Urdangarin y por la imprevista dilapidación del prestigio personal del Rey Juan Carlos a partir de su accidente durante la cacería de elefantes y de la irrupción como personaje público de Corinna y sus enredos. La desconexión era especialmente evidente en la juventud, que no conservaba la noción de conquista democrática y de agradecimiento a la Corona que marcó a la sociedad de la Transición: sólo veía al rey de los elefantes. Años después, en este último mensaje navideño, FB6 demostró ser consciente de esta brecha cuando hizo una alusión pedagógica a la juventud con objeto de recordarle la profundidad de la legitimidad monárquica y la importancia para la superación de los odios folclóricos que tuvo el ciclo del 78, cuya voladura caprichosa muchos pretenden con cierta banalidad experimental en la que no hay conciencia de los peligros agazapados en la Historia. También incorporó temas actuales para demostrar que no está encapsulado en un anacronismo espeso al que la calle jamás alcanza.

Gestionadas por el último Parlamento clásico, que evitó que fueran el pretexto para debatir la vigencia de la Monarquía en una época mutable, la abdicación y la proclamación fueron el punto de partida de una experiencia vertiginosa para el Rey supuestamente abocado a aburrirse y que fue golpeado por la maldición de los tiempos interesantes. Como en un videojuego en el que hubiera que ir superando pantallas, nada más llegar tuvo que enfrentarse a asuntos graves. El primero, su propia consolidación y el rescate de la imagen de la Monarquía, gangrenada por el caso Urdangarin. Hizo falta cauterizar extirpando con dureza a miembros de la Familia Real y reducir esta, en el plano institucional, a la mínima expresión: la familia atómica. Luego se produjo el bloqueo gubernamental de las elecciones repetidas, durante el cual llegó a recibir presiones del entorno del PP para que interviniera saltándose algunas contenciones constitucionales. Del escrúpulo con el que se mantuvo apegado a las limitaciones de la Constitución proviene la acusación, que empezó a circular en la derecha frustrada, de que carece de flexibilidad para borbonear. A esto hay que agregar la ofensiva antimonárquica desatada por la izquierda podemita que anhela un nuevo periodo constituyente. Y, por encima de todo, la declaración de independencia en Cataluña. Contra la cual reaccionó con el discurso consagratorio del 3 de octubre que hizo que muchos españoles descubrieran a un Rey que les compensaba de la infinita sensación fallida que emanaba de la clase política -Last Man Standing- y cuya condición de asidero moral permanece. Ahí se abrazó a un destino particular imposible de sospechar en 1992, a una tarea que lo atropellará o le dará una dimensión histórica. Que confía en lo segundo lo demuestra que ya empezó a proyectar futuro con Leonor
 
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también en la primera republica se moria la gente de hambre y era la nación analfabeta igual que en la segunda @Lady Susan Vernon

La Primera República solo duró once meses con cuatro presidentes y la Segunda duró ocho con tres en guerra, pero si en 1933 no hubiesen ganado las derechas en las urnas, que se dedicaron a tumbar todas las leyes del bienio republicano-socialista (1931-1933) podrían haber cuajado la reforma agraría -´los terratenientes se negaban a vender las tierras, incluso a "alquilarlas", al gobierno, que no intentó expropiárselas - , la reforma laboral que daba aumento de salarios y garantias laborales, para que la gente no se muriese de hambre -el gobierno inició campañas de abastecimiento mínimo hasta que la economia se revitalizase, pues le tocó empezar a hacerlo todo en plena Depresión del 29 pro se propuso aplicar las medidas keynesianas del New Deal,etc. -pero la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), liderada por Jose María Gil-Robles, se dedicó a tumbar todas las leyes reformistas del anterior gobierno, incluso imponiendo la represión sangrienta de los mineros de Asturias, con Franco a la cabeza, para volver a dejar las cosas antes de 1931.


El factor común a estos partidos era su especial interés por las cuestiones clericales y su repulsa a las reformas que en estas cuestiones se emprendieron en la primera legislatura de la República: La laicidad del Estado con la división de poderes Iglesia y Estado, la reforma de la enseñanza que prohibía los símbolos religiosos en las escuelas y otras cuestiones menores de carácter clerical, pero que asumían como especialmente importantes. Fueron especialmente sensibles a los desórdenes públicos que acabaron con la quema de iglesias y conventos. La CEDA consiguió ser el partido más importante de la derecha, llegando a contar con cerca de 700.000 afiliados. Esa penetración en la sociedad, que la convirtió en un partido de masas, la consiguió utilizando principalmente organizaciones católicas.11

Según el historiador Gabriel Jackson el punto común de los partidos que formaban la Confederación era la defensa de los sentimientos e intereses católicos contra las políticas anticlericales de los gobiernos republicano-socialistas presididos por Manuel Azaña y su fin último era modificar la Constitución de 1931. Se inspiraba en el catolicismo social del papa León XIII y su programa se resumía en el lema: "Religión, Patria, Familia, Orden, Trabajo y Propiedad" (excluyendo a la Monarquía dado el carácter "accidental" que tenían para la Ceda las formas de gobierno, lo que provocó la salida de la misma de los católicos alfonsinos encabezados por Antonio Goicoechea que fundaron el partido Renovación Española que buscó la alianza con los carlistas de la Comunión Tradicionalista). Propugnaba una organización corporativa de la sociedad siguiendo la encíclica de Pío XI Quadragesimo Anno.18

Así pues la CEDA, diferente de los partidos cristiano-demócratas de la época, se conformó como un partido clerical que apostaba por un contrarreformismo de signo católico, por el antiliberalismo político y por un fundamentalismo moral.19 Partidaria de un Estado corporativo, por lo que si para algunos se podía asimilar a la Democracia Cristiana, otros historiadores la han calificado de inspiración fascista, muy especialmente en lo que hace referencia a su organización juvenil, las Juventudes de Acción Popular (JAP). Ellos situaban como su modelo al Partido conservador inglés; si bien mostraban en el parlamento español un claro apoyo a los regímenes fascistas de Alemania e Italia. La CEDA seguía la corriente de opinión, ya manifestada dentro de Acción Popular, partidaria de aceptar las instituciones republicanas, a pesar de la procedencia monárquica de muchos de sus miembros, para la defensa, desde dentro, de sus intereses sociales y económicos.

Y cuando el pueblo, para terminar con el Bienio Negro, al comprobar que la derecha española nunca sería democrática, votó a la coalición de izquierdas del Frente Popular en febrero de 1936 y el nuevo gobierno decidió aplicar y ampliar todos los derechos sociales derogados por la derecha, la cual se dió cuenta de que nunca conseguiría recuperar el poder de forma indefinida para impedir el cambio político, social y económico, y así decidieron terminar con la República a través de un golpe de Estado cuyo fracaso, pues el Gobierno y el pueblo resistieron, dieron lugar a la Guerra Civil - que Franco y sus asesinos como Queipó de Llano, Arias Navarro, Mola, Yagüe, etc. alargaron para hacer "limpieza" matando a pueblos de jornaleros y obreros enteros - que daría lugar a la dictadura de 40 años...

Y no me aburras ahora con el sonsonete de que también mataron los comunistas y anarquistas porque el Gobierno republicano recuperó el control del pueblo a fines de 1936 y aplicó la justicia y la ley a todos los que cometiesen delitos -incluida la pena de muerte para cualquiera que hubiese asesinado a quien fuese-, incluso tuvo que encarcelar a fascistas y monárquicos para protegerlos de la venganza del pueblo y la anarquia dentro de la República se dió a nivel político, con los asesinatos entre comuinistas y anarquistas, pero con el pueblo ya desarmado volcado en resistir y los milicianos luchando en las trincheras.

En estas condiciones no hubo tiempo para aplicar las reformas de laicidad, aunque el hambre sí que disminuyó durante el Primer Bienio Republicano Socialista, se aplicó la ley educativa laica con maestros que se dedicaban a enseñar de todo, incluida la tolerancia y la igualdad entre los seres humanos, por lo que serian represaliados tras la guerra, se aplicó la reforma laboral, no se consiguió la reforma laboral porque el gobierno, en vez de expropiar a los terratenientes, optó por comprarles las tierras y ni aún así quisieron soltarlas los muy egoistas, por lo que los jornaleros se dedicaron a ocupar las tierras para cultivarlas - y por eso los matarían después los terratenientes -, etc.

Asi que deja de contar tu historia fantástica que tan pronto cambia de años como de gobiernos y admite la realidad, porque una cosa es interpretar los hechos y otra negarlos o cambiarlos.
 

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también en la primera republica se moria la gente de hambre y era la nación analfabeta igual que en la segunda @Lady Susan Vernon

Por cierto, se me olvida recordarte que una de las primeras medidas que proclamó el primer Gobierno Republicano-Socialista fué la alfabetización del pueblo con la enseñanza universal obligatoria para los niños abriendo escuelas públicas laicas y para adultos que quisieran aprender a leer y escribir tras la reducción de la jornada laboral. En lugares como Andalucia o Extremadura y las dos Castillas , donde el hambre era endémica gracias a los terratenientes, muchas familias no podian enviar a sus hijos a la escuela porque tenían que contribuir al trabajo familiar, pero contra éso intentó luchar el gobierno con la aplicación de políticas como el reconocimiento del derecho a cobrar la prestación por desempleo.

Aparte, los propios sindicatos y asociaciones de tipo cultural y de beneficiencia abrieron clases de alfabetización para sus afiliados y no afiliados. El nivel de analfabetismo bajó a pesar del poco tiempo transcurrido antes de la guerra, porque el pueblo deseaba saber leer y comprender el mundo que le rodeaba. De no haber estallado la guerra y proclamado la dictadura se habría acabado con el analfabetismo, como ha pasado en estos últimos 40 años, en que solo unos pocos ancianos siguen sin saber leer y están desapareciendo al fallecer.

En poco tiempo, la República puso en marcha un programa de modernización del país que solo la oposición de la derecha, el golpe de Estado, guerra y 40 años de dictadura impidieron desarrollar y consolidar.
 
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Me equivoque y puse 1902 en vez de 1898, y la forera que me ha escrito el otro dias se equivoco por otra cosa y en cuanto le corregi se enfado, si te metes te contesto, atente a las consecuencias

¿Que me enfadé porque confundí a Martinez del Campo con Serrano? ¿no me digas? ¡Qué más quisieras tú, que yo me creyese Dios e infalible en semejantes tonterias, jajajaja! Pero no es lo mismo que decir que hubo un periodo de estabilidad entre 1875 y 1902 y en cuanto te recuerdan la guerra de Cuba lo reduces a 1898 como si antes no hubiese habido atentados al rey, asesinato del presidente Cánovas, atentados como el del Liceo de Barcelona el 7 de noviembre de 1893 con la muerte de 20 personas - el que más se recuerda, que el anarquista Santiago Salvador puso como venganza por la ejecución de otro, Pallás, que había lanzado dos bombas contra nuestro viejo conocido general Martinez Campos.


Vamos, que ¡menuda estabilidad y tranquilidad hubo durante el Régimen de la Restauración, con represión de huelgas, que todas tenian que ser ilegales, bombas, encarcelamiento de los partidos opositores...! Vamos, ¡el paraíso!
 
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Por cierto, se me olvida recordarte que una de las primeras medidas que proclamó el primer Gobierno Republicano-Socialista fué la alfabetización del pueblo con la enseñanza universal obligatoria para los niños abriendo escuelas públicas laicas y para adultos que quisieran aprender a leer y escribir tras la reducción de la jornada laboral. En lugares como Andalucia o Extremadura y las dos Castillas , donde el hambre era endémica gracias a los terratenientes, muchas familias no podian enviar a sus hijos a la escuela porque tenían que contribuir al trabajo familiar, pero contra éso intentó luchar el gobierno con la aplicación de políticas como el reconocimiento del derecho a cobrar la prestación por desempleo.

Aparte, los propios sindicatos y asociaciones de tipo cultural y de beneficiencia abrieron clases de alfabetización para sus afiliados y no afiliados. El nivel de analfabetismo bajó a pesar del poco tiempo transcurrido antes de la guerra, porque el pueblo deseaba saber leer y comprender el mundo que le rodeaba. De no haber estallado la guerra y proclamado la dictadura se habría acabado con el analfabetismo, como ha pasado en estos últimos 40 años, en que solo unos pocos ancianos siguen sin saber leer y están desapareciendo al fallecer.

En poco tiempo, la República puso en marcha un programa de modernización del país que solo la oposición de la derecha, el golpe de Estado, guerra y 40 años de dictadura impidieron desarrollar y consolidar.
Mis abuelos paternos y algunos hermanos también de mi padre (a sueldo todos en un cortijo entre Andalucía y la Mancha) aprendieron a leer y escribir con aquella reforma. Por lo visto no eran tan torpes como otros "asalariados" y los señoritos viendo que se los comían les ponían dificdi lo de ir al pueblo a la escuela. Cuando mi abuelo murió ya en los cuarenta (mi abuelo tuvo a mi padre con casi cincuenta y a mí mi padre con más de cuarenta) su familia comprobó como la casa que compró antes de aprender a escribir no era suya, las edcrescrit estaban a nombre de los señoritos y de esa familia sigue siendo la casa. Paso por ahí y me enciendo. Un descendiente de esos sensores, médico, coincidió conmigo en un evento en Madrid, ajeno al pueblo y a cuscualqu cosa parecida .Un amigo en común nos reunió "Sois paisanos" hablamos y cuando le dije quién era mi padre su respuesta fue; "Tu no puedes ser hija de ese hombre" Pues lo soy y a mucha honra y ahí acabo el tema con el paisano. No podía ser que siendo hija de un semi esclavo hubiera llegado a tener estudios y "cierto éxito" en lo mío. Año 2010. S. XXI No guardo rencor, solo quiero que mis hijos no tengan que cruzarse nunca con gente de ese pensamiento, llevando siempre por delante quien era su abuelo y bisabuelo.
 
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Mis abuelos paternos y algunos hermanos también de mi padre (a sueldo todos en un cortijo entre Andalucía y la Mancha) aprendieron a leer y escribir con aquella reforma. Por lo visto no eran tan torpes como otros "asalariados" y los señoritos viendo que se los comían les ponían dificdi lo de ir al pueblo a la escuela. Cuando mi abuelo murió ya en los cuarenta (mi abuelo tuvo a mi padre con casi cincuenta y a mí mi padre con más de cuarenta) su familia comprobó como la casa que compró antes de aprender a escribir no era suya, las edcrescrit estaban a nombre de los señoritos y de esa familia sigue siendo la casa. Paso por ahí y me enciendo. Un descendiente de esos sensores, médico, coincidió conmigo en un evento en Madrid, ajeno al pueblo y a cuscualqu cosa parecida .Un amigo en común nos reunió "Sois paisanos" hablamos y cuando le dije quién era mi padre su respuesta fue; "Tu no puedes ser hija de ese hombre" Pues lo soy y a mucha honra y ahí acabo el tema con el paisano. No podía ser que siendo hija de un semi esclavo hubiera llegado a tener estudios y "cierto éxito" en lo mío. Año 2010. S. XXI No guardo rencor, solo quiero que mis hijos no tengan que cruzarse nunca con gente de ese pensamiento, llevando siempre por delante quien era su abuelo y bisabuelo.
Que poca educación tenía o tiene ese hombre, palabras necias oídos sordos, yo le pongo igual la boca morada...
 
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Mis abuelos paternos y algunos hermanos también de mi padre (a sueldo todos en un cortijo entre Andalucía y la Mancha) aprendieron a leer y escribir con aquella reforma. Por lo visto no eran tan torpes como otros "asalariados" y los señoritos viendo que se los comían les ponían dificdi lo de ir al pueblo a la escuela. Cuando mi abuelo murió ya en los cuarenta (mi abuelo tuvo a mi padre con casi cincuenta y a mí mi padre con más de cuarenta) su familia comprobó como la casa que compró antes de aprender a escribir no era suya, las edcrescrit estaban a nombre de los señoritos y de esa familia sigue siendo la casa. Paso por ahí y me enciendo. Un descendiente de esos sensores, médico, coincidió conmigo en un evento en Madrid, ajeno al pueblo y a cuscualqu cosa parecida .Un amigo en común nos reunió "Sois paisanos" hablamos y cuando le dije quién era mi padre su respuesta fue; "Tu no puedes ser hija de ese hombre" Pues lo soy y a mucha honra y ahí acabo el tema con el paisano. No podía ser que siendo hija de un semi esclavo hubiera llegado a tener estudios y "cierto éxito" en lo mío. Año 2010. S. XXI No guardo rencor, solo quiero que mis hijos no tengan que cruzarse nunca con gente de ese pensamiento, llevando siempre por delante quien era su abuelo y bisabuelo.

Impresentables sinvergüenzas, para éso querían los ricos y los curas el poder, para aprovecharse de los pobres y exprimirles hasta la muerte. Y, claro, como las escrituras están a nombre del cacique, pues a eso se agarran aún hoy sus herederos sin que la Justicia quiera reconocer la estafa que sufrió tu abuelo, aunque se sepa la verdad, en esta pseudodemocracia todo sigue organizado para que no se enseñen las vergüenzas de los poderosos en aquella triste época. Y que todavía existan especímenes que piensen que el pueblo no pueden estudiar ni tener talento ni riqueza alguna...

El reyecito Flip, el PP, C,s y Vox, ahí están los tres mosqueteros para hacer retroceder el reloj en España. El mundo tiene que estar diseñado a su imagen y semejanza, es decir, los ricos y poderosos arriba y el pueblo abajo. Siglo XXI, y así por los siglos de los siglos, esta gentuza no tiene arreglo.

Feliz Año Nuevo, querida amiga, ¡viva la Justicia y la Libertad!
 
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Los españoles ya conocen a su Rey
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  • 31 DIC. 2018 01:52
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El Rey Felipe VI y la Reina Letizia, a su entrada en Teatro Campoamor de Oviedo para la entrega de los Premios Princesa de Asturias, el pasado mes de octubre DAVID S. BUSTAMANTE
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YA TIENE QUE SER RARO un país en el que el principal garante de los valores republicanos es un rey. Felipe VI es un Monarca obstinado en restablecer una suerte de virtud cívica. Su prédica responde, además de a la convicción, a una necesidad vital. Él tenía 10 años cuando el pueblo español aprobó en referéndum la Constitución. Hasta hace bien poco era un Monarca joven. Ya no. Cualquiera de los cuatro hombres que hoy podrían presidir el Gobierno son menores que él. Todos fueron educados en democracia y crecieron, como ya la mayoría de su pueblo, con la falsa certeza de que las libertades son irreversibles y la paz, perpetua. En el discurso navideño más reciente de Felipe VI el salto generacional fue explícito. El Rey trató de explicarle a la nación que la convivencia es una conquista delicada, que en España su restablecimiento fue posible gracias a la confluencia de compromiso, renuncia y miedo; y que por supuesto es revocable. Todo esto ya lo sabían los viejos, pero su último mensaje iba sobre todo dirigido a los jóvenes.

Prueba de lo narcotizante que es la prosperidad es que a Felipe VI siempre se le auguró una vida fácil. Si España no era monárquica sino juancarlista era, decían, porque su padre había ofrecido a su pueblo un argumento más poderoso que la tradición: la utilidad. Para transitar de la ley de la dictadura a la ley de la democracia sin que mediara el enfrentamiento era necesaria una figura situada por encima de la coyuntura y Juan Carlos I fue un agente razonable del cambio. Un traidor para los franquistas irredentos, el ungido del Caudillo para los rupturistas. Como Adolfo Suárez, la persona ideal para pilotar un proceso inevitablemente abocado a decepcionar a los integristas.

¿Qué podía ofrecer el heredero si ya todo estaba hecho en España? ¿Qué, si las libertades ya habían sido conquistadas? ¿Seguía siendo útil la Monarquía? Pareciera que a Felipe VI sólo le quedaba disfrutar de los privilegios inmanentes a la Corona. La realidad, cuando llegó, fue más áspera. Felipe VI fue coronado tras una abdicación vergonzante. Una parte del pueblo español seguía agradeciéndole a Don Juan Carlos los servicios prestados durante la Transición, pero intuía que ya no estaba dispuesto a seguir asumiendo las servidumbres de la Corona. Ni siquiera la de la discreción. Un accidente de caza en Botsuana dio a conocer a todos los españoles a su amante, Corinna Zu Sayn-Wittgenstein. La corrupción del caso Nóos había sentado a una infanta en el banquillo y encerrado en la cárcel a su marido. La distancia mistérica que preserva una institución basada fundamentalmente en la ejemplaridad había sido pulverizada. Cuando Felipe VI heredó, en su reino ya no operaba el pacto de caballeros que protegió durante toda su vida la reputación de su padre, la crisis había impuesto una nueva cultura de lo público en la que cualquier privilegio se consideraba una usurpación y se estaba gestando una coalición de enemigos de la Corona determinada a acabar con él para luego acabar con la nación. No era el panorama idílico que le habían prometido desde niño.

Pareciera que a Felipe VI sólo le quedaba disfrutar de los privilegios inmanentes a la Corona. La realidad, cuando llegó, fue más áspera


Es ya un lugar común que el 3 de octubre de 2017 fue el 23 de febrero de 1981 de Felipe VI. En ocasiones los malditos lugares comunes tienen la razón y este acierta en lo esencial, aunque la analogía presenta algunos problemas. Suele olvidarse uno. El 23-F los militares sublevados pretendían, mediante métodos criminales, derrocar a un Gobierno. No a un monarca. Las leyes ilegales -sólo mediante la más pura ignorancia se puede apreciar aquí un oxímoron- aprobadas por el Parlamento de Cataluña el 6 y 7 de septiembre de 2017, el fraude electoral del 1 de octubre y la declaración de independencia del 27 de octubre, atacaron a la soberanía nacional sobre la que se sustenta todo el edificio constitucional. La gravedad del desafío permitió a Felipe VI culminar el primer gran hito de su reinado. Al fin, una autoridad del Estado le habló a los nacionalistas como si fueran adultos. El Rey ha demostrado una deferencia insólita con la ciudadanía catalana y lo inusual de esa cortesía ya eleva su figura sobre la coyuntura política. El shock es comprensible. Lo habitual siempre fue combatir la insidia nacionalista con una condescendencia algo insultante, infantilizante, y en estas se apareció un rey en la televisión dispensando ciudadanía. Una maduración tan abrupta tiene efectos traumáticos y confirmó al Monarca como el enemigo principal del separatismo. No lo convirtió en tal, sino que lo confirmó como tal, porque ya lo era y porque no podía dejar de serlo sin que España dejara de ser España y él dejara de ser el Rey. Basta hacer memoria y volver a aquel 17 de agosto en el que se convocó una manifestación para recordar a las víctimas de los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils, y el nacionalismo mudó el luto por un espectáculo difamante, minuciosamente diseñado para que Felipe VI supiera que no era bienvenido en Cataluña.

Al nacionalismo le suele acompañar en su denuncia un coro melifluo que asegura que el Monarca no supo ejercer su papel de árbitro porque, si bien los hechos que le obligaron a reaccionar fueron atroces, él no mencionó la palabra diálogo, ni instó a una superación política del conflicto ni habló en catalán. Todo parte de una confusión interesada. La intromisión hubiera sido hacer lo contrario. El Rey habría excedido su papel si hubiera pedido diálogo en su discurso, si hubiera cedido a la tentación apaciguadora. Sería entonces cuando haría de político y no de árbitro, mientras que al limitar su alocución a la defensa de las instituciones democráticas asumió con escrúpulo el papel moderador que le otorga la Carta Magna. Felipe VI juró dos veces la Constitución: el día que cumplió 18 años y en la ceremonia de su proclamación, casi tres décadas después. Transaccionar con la Ley Fundamental por una cuestión de cálculo, narcisismo o debilidad habría sido una felonía. Un rey también tiene sus servidumbres.

Aquel discurso que marcará su reinado fue pronunciado en 2017, dirá el atento lector, y de lo que aquí se habla es de lo acontecido en el año que dejamos atrás. Si Felipe VI ha sido nombrado personaje del año ahora es porque fue en 2018 cuando tuvo que asumir la tarea más difícil: administrar el caudal de desconfianza y frustración y violencia soterrada que ha dejado tras de sí la delirante aventura del procés. Y hacer frente a la ofensiva iniciada por el eje nacional-populista que se estaba gestando cuando fue proclamado Rey.

El Rey ha asumido en 2018 la tarea más difícil: administrar el caudal de desconfianza y frustración y violencia soterrada del 'procés'


Su reciente discurso navideño es una buena muestra de la magnitud del desafío. Felipe VI habló de convivencia y todo el mundo creyó entender que tras esa fórmula conciliadora se escondía algún tipo de mensaje oculto que alentaba sus ensoñaciones políticas. Entre las servidumbres del Monarca está la imposibilidad de salir de nuevo a la escena y desmentir a sus exégetas. El PSOE creyó escuchar que el Monarca se adhería a la interesada apuesta apaciguadora del Gobierno. Siempre un punto más delirante, Podemos quiso oír una rectificación y Quim Torra, que sólo escucha por los oídos de Puigdemont, una nueva afrenta. Lo cierto es que nada ha cambiado. En democracia sólo hay una rectora de la convivencia y es la ley. La vulneración consciente de la ley por parte de las autoridades del Estado es, sobre todo, un atentado flagrante contra la convivencia. Por eso, en la boca de un Monarca la alusión a la convivencia sólo puede ser entendida como un recordatorio de la vigencia de la ley.

La Monarquía es el lugar desde el que parte toda impugnación de la historia de reconciliación, estabilidad y prosperidad que conforma el relato democrático español. Del búnker al zulo. Para unos el Rey representó la traición de un legado y para otros encarna la continuidad histórica del franquismo que las élites habrían enmascarado con la Transición. Sería injusto decir que todos los que denuestan su figura son antidemócratas, pero lo que es innegable es que todos los antidemócratas que en España ejercen terminan asumiendo un diagnóstico: los planes que las urnas les niegan sólo son posibles mediante el jaque al Rey, esto es, convenciendo a los españoles de que no viven cobijados por una democracia, que sus instituciones no son legítimas, que la soberanía nacional es un artificio autoritario y que España no ha protagonizado cuatro décadas de libertad, paz y transformación social. Extendiendo, en fin, hasta que alcance cotas de pandemia, la enfermedad que se ha propagado de una forma tan devastadora por Cataluña. La enfermedad de los ricos, que es creerse pobres.

La ofensiva nacionalista le ha enseñado a los españoles quién es Felipe VI, del que sólo conocían detalles superficiales con textura couché. Se presentó con un discurso rocoso y unívoco, dotado de la inédita cortesía de tratar al fin a todos como adultos, incluidos los nacionalistas. La retórica regia se permite el lujo de no tener ninguna solidaridad con los golpistas. Para un español cualquiera quizás sea este un lujo excesivo, que diría Chaves Nogales. No, desde luego, para un rey. Es más bien una cuestión de supervivencia
 
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Los españoles ya conocen a su Rey
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  • 31 DIC. 2018 01:52
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El Rey Felipe VI y la Reina Letizia, a su entrada en Teatro Campoamor de Oviedo para la entrega de los Premios Princesa de Asturias, el pasado mes de octubre DAVID S. BUSTAMANTE
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YA TIENE QUE SER RARO un país en el que el principal garante de los valores republicanos es un rey. Felipe VI es un Monarca obstinado en restablecer una suerte de virtud cívica. Su prédica responde, además de a la convicción, a una necesidad vital. Él tenía 10 años cuando el pueblo español aprobó en referéndum la Constitución. Hasta hace bien poco era un Monarca joven. Ya no. Cualquiera de los cuatro hombres que hoy podrían presidir el Gobierno son menores que él. Todos fueron educados en democracia y crecieron, como ya la mayoría de su pueblo, con la falsa certeza de que las libertades son irreversibles y la paz, perpetua. En el discurso navideño más reciente de Felipe VI el salto generacional fue explícito. El Rey trató de explicarle a la nación que la convivencia es una conquista delicada, que en España su restablecimiento fue posible gracias a la confluencia de compromiso, renuncia y miedo; y que por supuesto es revocable. Todo esto ya lo sabían los viejos, pero su último mensaje iba sobre todo dirigido a los jóvenes.

Prueba de lo narcotizante que es la prosperidad es que a Felipe VI siempre se le auguró una vida fácil. Si España no era monárquica sino juancarlista era, decían, porque su padre había ofrecido a su pueblo un argumento más poderoso que la tradición: la utilidad. Para transitar de la ley de la dictadura a la ley de la democracia sin que mediara el enfrentamiento era necesaria una figura situada por encima de la coyuntura y Juan Carlos I fue un agente razonable del cambio. Un traidor para los franquistas irredentos, el ungido del Caudillo para los rupturistas. Como Adolfo Suárez, la persona ideal para pilotar un proceso inevitablemente abocado a decepcionar a los integristas.

¿Qué podía ofrecer el heredero si ya todo estaba hecho en España? ¿Qué, si las libertades ya habían sido conquistadas? ¿Seguía siendo útil la Monarquía? Pareciera que a Felipe VI sólo le quedaba disfrutar de los privilegios inmanentes a la Corona. La realidad, cuando llegó, fue más áspera. Felipe VI fue coronado tras una abdicación vergonzante. Una parte del pueblo español seguía agradeciéndole a Don Juan Carlos los servicios prestados durante la Transición, pero intuía que ya no estaba dispuesto a seguir asumiendo las servidumbres de la Corona. Ni siquiera la de la discreción. Un accidente de caza en Botsuana dio a conocer a todos los españoles a su amante, Corinna Zu Sayn-Wittgenstein. La corrupción del caso Nóos había sentado a una infanta en el banquillo y encerrado en la cárcel a su marido. La distancia mistérica que preserva una institución basada fundamentalmente en la ejemplaridad había sido pulverizada. Cuando Felipe VI heredó, en su reino ya no operaba el pacto de caballeros que protegió durante toda su vida la reputación de su padre, la crisis había impuesto una nueva cultura de lo público en la que cualquier privilegio se consideraba una usurpación y se estaba gestando una coalición de enemigos de la Corona determinada a acabar con él para luego acabar con la nación. No era el panorama idílico que le habían prometido desde niño.

Pareciera que a Felipe VI sólo le quedaba disfrutar de los privilegios inmanentes a la Corona. La realidad, cuando llegó, fue más áspera


Es ya un lugar común que el 3 de octubre de 2017 fue el 23 de febrero de 1981 de Felipe VI. En ocasiones los malditos lugares comunes tienen la razón y este acierta en lo esencial, aunque la analogía presenta algunos problemas. Suele olvidarse uno. El 23-F los militares sublevados pretendían, mediante métodos criminales, derrocar a un Gobierno. No a un monarca. Las leyes ilegales -sólo mediante la más pura ignorancia se puede apreciar aquí un oxímoron- aprobadas por el Parlamento de Cataluña el 6 y 7 de septiembre de 2017, el fraude electoral del 1 de octubre y la declaración de independencia del 27 de octubre, atacaron a la soberanía nacional sobre la que se sustenta todo el edificio constitucional. La gravedad del desafío permitió a Felipe VI culminar el primer gran hito de su reinado. Al fin, una autoridad del Estado le habló a los nacionalistas como si fueran adultos. El Rey ha demostrado una deferencia insólita con la ciudadanía catalana y lo inusual de esa cortesía ya eleva su figura sobre la coyuntura política. El shock es comprensible. Lo habitual siempre fue combatir la insidia nacionalista con una condescendencia algo insultante, infantilizante, y en estas se apareció un rey en la televisión dispensando ciudadanía. Una maduración tan abrupta tiene efectos traumáticos y confirmó al Monarca como el enemigo principal del separatismo. No lo convirtió en tal, sino que lo confirmó como tal, porque ya lo era y porque no podía dejar de serlo sin que España dejara de ser España y él dejara de ser el Rey. Basta hacer memoria y volver a aquel 17 de agosto en el que se convocó una manifestación para recordar a las víctimas de los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils, y el nacionalismo mudó el luto por un espectáculo difamante, minuciosamente diseñado para que Felipe VI supiera que no era bienvenido en Cataluña.

Al nacionalismo le suele acompañar en su denuncia un coro melifluo que asegura que el Monarca no supo ejercer su papel de árbitro porque, si bien los hechos que le obligaron a reaccionar fueron atroces, él no mencionó la palabra diálogo, ni instó a una superación política del conflicto ni habló en catalán. Todo parte de una confusión interesada. La intromisión hubiera sido hacer lo contrario. El Rey habría excedido su papel si hubiera pedido diálogo en su discurso, si hubiera cedido a la tentación apaciguadora. Sería entonces cuando haría de político y no de árbitro, mientras que al limitar su alocución a la defensa de las instituciones democráticas asumió con escrúpulo el papel moderador que le otorga la Carta Magna. Felipe VI juró dos veces la Constitución: el día que cumplió 18 años y en la ceremonia de su proclamación, casi tres décadas después. Transaccionar con la Ley Fundamental por una cuestión de cálculo, narcisismo o debilidad habría sido una felonía. Un rey también tiene sus servidumbres.

Aquel discurso que marcará su reinado fue pronunciado en 2017, dirá el atento lector, y de lo que aquí se habla es de lo acontecido en el año que dejamos atrás. Si Felipe VI ha sido nombrado personaje del año ahora es porque fue en 2018 cuando tuvo que asumir la tarea más difícil: administrar el caudal de desconfianza y frustración y violencia soterrada que ha dejado tras de sí la delirante aventura del procés. Y hacer frente a la ofensiva iniciada por el eje nacional-populista que se estaba gestando cuando fue proclamado Rey.

El Rey ha asumido en 2018 la tarea más difícil: administrar el caudal de desconfianza y frustración y violencia soterrada del 'procés'


Su reciente discurso navideño es una buena muestra de la magnitud del desafío. Felipe VI habló de convivencia y todo el mundo creyó entender que tras esa fórmula conciliadora se escondía algún tipo de mensaje oculto que alentaba sus ensoñaciones políticas. Entre las servidumbres del Monarca está la imposibilidad de salir de nuevo a la escena y desmentir a sus exégetas. El PSOE creyó escuchar que el Monarca se adhería a la interesada apuesta apaciguadora del Gobierno. Siempre un punto más delirante, Podemos quiso oír una rectificación y Quim Torra, que sólo escucha por los oídos de Puigdemont, una nueva afrenta. Lo cierto es que nada ha cambiado. En democracia sólo hay una rectora de la convivencia y es la ley. La vulneración consciente de la ley por parte de las autoridades del Estado es, sobre todo, un atentado flagrante contra la convivencia. Por eso, en la boca de un Monarca la alusión a la convivencia sólo puede ser entendida como un recordatorio de la vigencia de la ley.

La Monarquía es el lugar desde el que parte toda impugnación de la historia de reconciliación, estabilidad y prosperidad que conforma el relato democrático español. Del búnker al zulo. Para unos el Rey representó la traición de un legado y para otros encarna la continuidad histórica del franquismo que las élites habrían enmascarado con la Transición. Sería injusto decir que todos los que denuestan su figura son antidemócratas, pero lo que es innegable es que todos los antidemócratas que en España ejercen terminan asumiendo un diagnóstico: los planes que las urnas les niegan sólo son posibles mediante el jaque al Rey, esto es, convenciendo a los españoles de que no viven cobijados por una democracia, que sus instituciones no son legítimas, que la soberanía nacional es un artificio autoritario y que España no ha protagonizado cuatro décadas de libertad, paz y transformación social. Extendiendo, en fin, hasta que alcance cotas de pandemia, la enfermedad que se ha propagado de una forma tan devastadora por Cataluña. La enfermedad de los ricos, que es creerse pobres.

La ofensiva nacionalista le ha enseñado a los españoles quién es Felipe VI, del que sólo conocían detalles superficiales con textura couché. Se presentó con un discurso rocoso y unívoco, dotado de la inédita cortesía de tratar al fin a todos como adultos, incluidos los nacionalistas. La retórica regia se permite el lujo de no tener ninguna solidaridad con los golpistas. Para un español cualquiera quizás sea este un lujo excesivo, que diría Chaves Nogales. No, desde luego, para un rey. Es más bien una cuestión de supervivencia

Que este Rafa Latorre se permita mencionar a Chaves Nogales ¡da naúsea! Una cosa es que el Flip no apoyase a los independentistas y otra que amparase al Gobierno y las cargas policiales contra civiles que estaban ejerciendo el derecho básico del ciudadano: el del voto. El derecho al voto no se puede negar, diga lo que diga una Constitución conservadora como la de 1978.

¡Que asco, tener que leer tanto azúcar amparando lo indefendible!

Año Nuevo, Vida Vieja ¡Viva la República y la Libertad!
 
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A día de hoy, y desde siempre, para el Juancar está prohibido hablar mal de Franco en su presencia. Le llegó a tener más afecto que a su padre, porque Franco lo trataba con respeto, de Alteza, como un tutor afectuoso, y al dictador se lo debe todo. De modo que nadie crea que en ese video, antes de la muerte de Franco, Juancar mentía, sus cercanos llevan cuarenta años sabiéndo que Juancar sigue siendo un agradecido pupilo del dictador.


Como decía mi abuelo: "¿Quien podría haber enseñado a Juanito que es la democracia si pertenecia a la familia destronada por dicha democracia y habia mamado de los pechos de dictador?"

Nadie, claro, pero se puede hacer el paripé para conservar su poltrona.

Citando a otro abuelo, en este caso el mío que siempre decía: Cada quien habla de la feria por cómo le fue en ella.

Si Franco trato bien a Juan Carlos, o sea con respeto e incluyéndole en asuntos de estado (desconozco que tan cercamos fueran) pues me suena lógico que le tuviera más aprecio que a su padres que siempre le trato fríamente
 
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Pregunto: si no les gusta la monarquia, no les interesa, a que vienen a este foro y le dan seguimiento a todo lo que hacen los Borbones?