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El Gobierno autoriza la firma del acuerdo de libre comercio (CETA) con Canadá
El Gobierno da vía libre para que los 28 se reúnan para autorizar el acuerdo el próximo martes

EUROPA PRESS - MADRID
14/10/2016 - 17:02h

El Gobierno en funciones ha aprobado el CETA EFE

El Consejo de Ministros ha autorizado la firma de los Acuerdos Económico y Comercial Global, y de Asociación Estratégica entre Canadá y la Unión Europea (UE) y sus Estados miembros, que contempla la supresión de aranceles en la práctica totalidad de las mercancías intercambiadas entre la UE y Canadá.

Así lo ha señalado la vicepresidenta y portavoz del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, en la que ha recordado que en 2009 se iniciaron las negociaciones de este acuerdo, que es un acuerdo comercial preferencial que incluye compromisos de liberalización en el comercio de bienes y servicios, además de capítulos sobre inversiones o compras públicas.


Junto al mismo, el otro pilar sobre el que se pretende fundamentar la relación UE-Canadá es el Acuerdo de Asociación Estratégica cuyas negociaciones fueron paralelas a las del primero.

El nuevo acuerdo contempla la supresión de aranceles en la práctica totalidad de las mercancías intercambiadas entre la Unión Europea y Canadá. Esto beneficiará particularmente a las exportaciones españolas en el sector de los alimentos procesados, vinos y licores, ha subrayado Sáenz de Santamaría.

La vicepresidenta también dice que e el sector del automóvil en España se beneficiará de las nuevas reglas de origen pactadas. En lo que respecta al comercio de servicios e inversiones, el acuerdo cubre sectores como la banca, la auditoría o los seguros.

Por otra parte, se introducen mejoras en la movilidad de personal desplazado, como puede ser el caso de personal altamente cualificado o de proveedores de servicios, además de establecer un marco para el reconocimiento de las cualificaciones profesionales.

Este acuerdo, al igual que el de Asociación Estratégica, será firmado, en primer lugar, por los Estados miembros de la Unión y, posteriormente, el 27 de octubre, lo harán la propia Unión Europea y Canadá durante la Cumbre que celebrarán en esa fecha.

Hoy mismo se ha sabido que el parlamento de Valonia, la región francófona de Bélgica, ha confirmado este viernes su oposición al tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá (CETA por sus siglas en inglés) una postura que podría bloquear la aplicación del mismo puesto que impide al Gobierno belga dar su visto bueno a la firma del acuerdo. Esto arrastraría al resto de países miembro que el resto de países el martes 18 de octubre para autorizar el acuerdo.
 

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Guía rápida para entender el acuerdo de libre comercio con Canadá (CETA)
Quién lo negocia, qué implica, por qué es polémico y qué futuro le espera al Acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá que esta semana llevará a las calles españolas decenas de protestas

Laura Pérez-Cejuela - Bruselas
12/10/2016 - 18:38h

¿Qué es el CETA?
El CETA es el Acuerdo Económico y de Comercio que la Unión Europea ha cerrado con Canadá, un tratado de libre comercio destinado a facilitar los intercambios económicos entre las potencias a uno y otro lado del Atlántico. Las siglas con que se le conoce responden a su nombre en inglés: Comprehensive Economic and Trade Agreement.


¿Quién lo ha negociado?
La Comisión Europea y el gobierno de Canadá. Los comisarios de Comercio, primero Karel de Gutch y desde 2014 Cecilia Malmstrom, han sido los encargados de negociar en nombre de los veintiocho países de la Unión, que han cedido sus competencias en materia comercial al Ejecutivo comunitario. Steve Verheul ha sido el negociador jefe de Canadá hasta agosto, cuando el primer ministro lo sustituyó por Pierre Pettigrew.

¿Qué regula?
El CETA contiene centenares de medidas acordadas entre la UE y Canadá para eliminar las barreras al comercio entre ambos y fija las normas que regirán los futuros intercambios: sus modalidades, límites y garantías. En total 1600 páginas y 13 capítulos en los que se regula el acceso a los mercados de bienes y servicios, las tarifas aduaneras, la participación de empresas extranjeras en los concursos públicos o el reconocimiento de los títulos profesionales.

También se establecen los estándares de protección alimenticia, sanitaria o medioambiental a respetar y se ha incluido un capítulo sobre desarrollo sostenible. Uno de las partes más extensas y polémicas es la que recoge las garantías para la protección de los inversores a uno y otro lado del Atlántico.

La UE lo considera el acuerdo de comercio “más progresista” de los 36 que ha firmado hasta ahora.

¿Beneficiará el CETA a los europeos?:ROFLMAO::ROFLMAO::ROFLMAO::ROFLMAO::ROFLMAO::ROFLMAO:
Depende de a quién se le pregunte. Para la Comisión Europea todo son ventajas.

Según Malmstrom el CETA “ayudará a generar el crecimiento económico y empleo que tanto se necesitan manteniendo los altos estándares europeos en áreas como seguridad alimentaria, protección del medio ambiente o derechos laborales”. La CE asegura que el acuerdo permitirá aumentar las exportaciones a Canadá en 12.000 millones de euros al año y calcula que cada mil millones de estas ventas sostienen 14.000 puestos de trabajo.

De acuerdo con sus estimaciones los exportadores europeos se ahorrarán 500 millones de euros al año por la eliminación de casi todas las tarifas aduaneras, sobre todo en el sector de la industria, que representa el 90 % del comercio entre la UE y Canadá, pero también de agricultura y pesca, entre otros. Las pequeñas empresas tendrán más fácil vender sus productos en el mercado canadiense por el reconocimiento mutuo de ciertos niveles de calidad y 147 denominaciones de origen.

Además los europeos podrán participar en los concursos públicos canadienses, que suponen 30.000 millones de euros al año, y tendrán mayor acceso a su mercado de servicios, lo que les generará 5.800 millones extra en beneficios cada año. Canadá es ya el cuarto inversor directo en la Unión Europea y Bruselas espera que las garantías que ofrece el acuerdo sirvan para hacer de ella un destino aún más atractivo.

Pero quienes se oponen al CETA manejan otros cálculos.

¿Hay inconvenientes, entonces?
Para sus detractores es casi lo único que traerá: dudan de sus bondades económicas y denuncian que tiene un coste democrático inaceptable.

Según el Consejo de los Canadienses, la mayor organización de acción social de Canadá, el CETA provocará una caída del 0,5 % del Producto Interior Bruto de la UE y del 1 % del PIB de Canadá. Conllevará la pérdida de 230.000 empleos de aquí a 2023, la mayoría en Europa, y presionará a la baja los salarios. De acuerdo con las proyecciones del Centro Austriaco de Investigación para el Desarrollo los beneficios para cada europeo serían de 20 euros al año.

Más allá de las cifras, que oscilan según los informes, las ONG y partidos políticos que rechazan el acuerdo miran a sus aspectos cualitativos. “El CETA busca una restricción deliberada de la soberanía democrática y del margen de maniobra política de gobiernos y parlamentos” dice Tom Kucharz, portavoz del movimiento ‘No al TTIP’, que agrupa en España a quienes se oponen a estos tratados.

Estas creen que el acuerdo beneficia a las multinacionales en detrimento de los trabajadores, mina los estándares de protección del consumidor y el medio ambiente, pone en riesgo los derechos laborales y favorece la privatización de los servicios públicos.


¿Cuáles son los puntos más conflictivos?
El ICS y la protección a los inversores. El Sistema de Tribunal de Inversiones (ICS por sus siglas en inglés) es un mecanismo que establece cortes de arbitraje especiales para que los inversores extranjeros puedan demandar a los estados y dirimir los conflictos sin pasar por los tribunales ordinarios de cada país.

La CE estableció este sistema para sustituir al ISDS previsto en un principio tras las críticas de ONG y eurodiputados. Mientras en el ISDS los miembros de estos tribunales eran elegidos por el demandante y el estado, en el ICS los escogerán la UE y Canadá, estarán sometidos a un código de conducta más estricto y habrá un segundo tribunal de apelación.

Para Bruselas los cambios refuerzan las garantías de un sistema que consideran imprescindible. Para los detractores se trata de un “ISDS zombie”. Se mantienen “los privilegios que permitirán a las grandes empresas reclamar millones de euros en compensaciones cuando las leyes limiten su capacidad de ganar dinero” dice Pia Eberhard, del Observatorio Corporativo Europeo (CEO).

Las empresas podrán frenar reformas que busquen mejorar la protección del medio ambiente, los estándares laborales o blindar ciertos sectores si alegan que perjudican sus intereses, explican. Unas 46.000 filiales de compañías estadounidenses basadas en Canadá podrían demandar a la UE con este sistema, según sus cálculos.

Los servicios públicos. Quienes se oponen al CETA aseguran que el acuerdo limita el poder de los gobiernos para introducir criterios sociales, medioambientales o de género a la hora de diseñar los servicios públicos y adjudicar su prestación. Las normas que permiten el acceso mutuo a los mercados de servicios exigen que no se discrimine a las empresas extranjeras con lo que no se podría favorecer la producción local, por ejemplo, apunta un informe encargado por el Grupo de la Izquierda Unitaria en la Eurocámara.

La Federación Europea de Trabajadores del Sector Público (EPSU) teme que acaben primando los criterios mercantiles sobre las necesidades de los europeos y se fomente la privatización. “CETA nos pedirá sacar beneficios allí donde solo debería buscarse la prestación de servicios. Acabarán recurriéndose aquellas normas que frenen el comercio” decía su vicepresidenta, Penny Clarke, en una reciente conferencia en Bruselas.

Pero la CE rebate estos argumentos señalando que el tratado permite a los estados introducir medidas discriminatorias o cuotas en ciertos sectores, especialmente cuando se trate de monopolios estatales o la gestión de servicios como la sanidad, la educación, el suministro de agua o la asistencia social. El CETA no obliga a privatizar ninguna de estas prestaciones, recalcan.

La seguridad alimentaria. ¿Comeremos pollo clorado y ternera con hormonas cuando se acabe el CETA? Canadá tiene en ciertos sectores normas de protección más laxas que las europeas. Está permitido, por ejemplo, desinfectar el pollo o la ternera con cloro antes de su venta, inyectar ractopamina, una hormona estimulante del crecimiento prohibida en la UE, o utilizar ciertos colorantes vetados. Además es más permisiva con la venta de GMO.

Sus opositores aseguran que el CETA abriría las puertas del mercado europeo a miles de toneladas de estos productos, pero Bruselas insiste en que las exportaciones tendrán que cumplir las normas europeas. El intrincado texto del tratado establece que el principio es que el país importador acepte las condiciones del país de origen siempre que estas sean equivalentes a las suyas y precisa aquellos productos en los que cada parte debería aplicar medidas extra. En lo que respecta a la carne, Canadá tiene una larga lista de precauciones a tomar.

La Organización de Consumidores Europeos (BEUC) cree que el capítulo de normas fitosanitarias incluye “buenas medidas” y destaca que prioriza la salud humana sobre el comercio, pero opina que debería haberse puesto más énfasis en el “principio de precaución” que prima en la regulación europea pero no en la americana.

¿Son iguales el CETA y el TTIP?
No, pero se parecen.

La Comisión Europea los ha definido como la “nueva generación” de tratados comerciales. Unos tratados que van más allá de eliminar aranceles y fijar cuotas como se ha hecho hasta ahora y buscan armonizar la regulación a ambos lados del Atlántico: cuanto más similares sean las normas más fácil, rápido y barato será comerciar. En el caso del TTIP con Estados Unidos el objetivo declarado de los socios es adelantarse a China, Rusia y las potencias competidoras del mundo globalizado. “O ponemos las reglas nosotros u otros lo harán” defienden Washington y Bruselas.

Sin embargo, el alcance de esta homogenización es mucho menor en el CETA que en TTIP. En el CETA siguen prevaleciendo las normas del país que importa y la armonización se basa en una cooperación reguladora, pero en el TTIP el fin último es renegociar los estándares para que sean exactamente los mismos, lo que conlleva un riesgo mucho mayor de que los niveles de protección acaben rebajándose para alcanzar un consenso.

"En el CETA un 80 % regula la producción y solo un 20 % es reglamentación. En el TTIP es al contrario”, resumía Pascal Lamy, exdirector de la Organización Mundial del Comercio en un reciente coloquio en Bruselas.

Sin embargo, sus detractores creen el CETA es una suerte de “caballo de Troya” del TTIP, una avanzadilla de la debacle para los estándares europeos que anticipa todos sus puntos problemáticos, especialmente el ICS.

Entonces, ¿por qué no se ha criticado el CETA hasta ahora?
La oposición al CETA es en buena medida efecto arrastre del rechazo al TTIP. Nunca antes un acuerdo comercial había despertado una rebelión civil parecida. Canadá, décima economía mundial, duodécimo socio comercial de Europa y con 36 millones de habitantes, dista de ser Estados Unidos, primera potencia global y socio comercial con 325 millones de clientes potenciales.

No es lo mismo en términos económicos y ni en el imaginario colectivo europeo, que atribuye a los canadienses valores comunes que no encuentra en el gigante liberal americano.

El ‘brexit’ terminó de encender la llama de la duda en los propios gobiernos. Los dirigentes recibieron el mensaje de que los europeos querían más control nacional de las políticas y pidieron a Bruselas que convirtiese el CETA en un tratado mixto, con lo que el acuerdo tendrá que ser aprobado uno a uno por todos los parlamentos de los Veintiocho, un importante revés para la CE.

Pero sobre todo, la oposición se multiplica porque mientras el TTIP está abocado a esperar al próximo inquilino de la Casa Blanca la firma del CETA es inminente.

¿En qué punto están las negociaciones?
El acuerdo está en su recta final, que se ha complicado a última hora. Las negociaciones se abrieron en 2009 y se cerraron en 2014 pero el proceso de ratificación se ha alargado. La Comisión Europea quiere firmar el tratado en la próxima cumbre UE-Canadá del 27 de octubre aprovechando que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, estará en Bruselas.

Pero para que eso ocurra los ministros de Comercio de los Veintiocho tienen que dar su visto bueno el 18 de octubre en su reunión de Bratislava y algunos estados, sobre todo Bélgica y Austria, aún no han confirmado que vayan a hacerlo. La oposición al tratado en algunos países ha llevado a los gobiernos a pedir que se clarifiquen ciertos puntos en un documento que se añadirá al acuerdo y está destinado a calmar los ánimos de la oposición en sus respectivos espectros políticos.

Si los ministros dan luz verde se firmará el 27 de octubre y después tendrá que ser ratificado por la Eurocámara y los parlamentos nacionales, un proceso que podría alargarse durante años. Mientras tanto el acuerdo se aplicará provisionalmente a excepción de la polémica protección de inversores.

¿Puede aún descarrilar la firma?
Sí, pero es poco probable. En Bruselas se da por hecho que los países darán su visto bueno, pero las cosas podrían torcerse si alguno se resiste a última hora o si los parlamentos nacionales lo rechazan, aunque eso no ocurrirá mañana. Fuentes europeas no lo descartan pero lo ven poco factible. “Tirarlo tendría un precio muy alto”, apuntan.

Mientras, los activistas y opositores multiplican sus esfuerzos para que así sea. Desde mediados de septiembre se celebran movilizaciones en toda Europa y en España se concentrarán en esta semana. La plataforma ‘No al TTIP’, que agrupa a sindicatos, partidos políticos (Podemos, IU, Compromís, En Marea, ICV, Equo o EH-Bildu) y organizaciones sectoriales y de la sociedad civil ha convocado manifestaciones en 20 ciudades, las más importantes en Madrid y Barcelona el 15 de octubre, para pedirle al Gobierno que no firme el CETA.

“El Gobierno en funciones de Mariano Rajoy no tiene legitimidad para firmar este tratado porque no ha habido un debate parlamentario al respecto”, dice Tom Kucharz. Podemos ha pedido que comparezcan en el Congreso el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, la de Agricultura, Isabel García Tejerina y el Secretario de Estado de Comercio, Jaime García Legaz para explicar su postura sobre el CETA.

Las organizaciones son conscientes de que un tropezón del CETA haría que el TTIP pierda fuelle y Bruselas admite que haría mucho daño. Si CETA falla “la política comercial de la UE estará casi muerta” admitía Jean-Luc Demarty, el director general de Comercio de la CE.

¿Y los canadienses qué dicen?
Literalmente, que si no es con ellos a ver con quién va la UE a firmar un acuerdo comercial.

“Es un acuerdo progresista con un país progresista. Y si la Unión Europea es incapaz de apañárselas para aprobar este acuerdo, creo que la gente se va a plantear serias cuestiones sobre cuán relevante sigue siendo la UE como entidad política” ha dicho sin ambages el primer ministro Justin Trudeau en una reciente entrevista.

Al otro lado del Atlántico también hay numerosas organizaciones que critican de la firma del acuerdo, aunque el movimiento no tiene tanta fuerza como en Europa. En el gobierno se impone un optimismo cauto aunque a nadie se le escapa que crece la impaciencia.
 
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por cierto, tanto la PSOA como el invento dantesco que encabeza alberto rivera, no sólo estan a favor de TTIP y compañís, sino que tb votaron a favor de que no se consultara a la gente sobre el tema

canadá es uno de los 10 paises más contaminantes del mundo

sólo queda dar las gracias a Valonia.
gracias valonia
 
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Hablemos de Catalunya que quieren romper España......o de Podemos,se puede elegir tema.Que pedazo de sinvergüenzas estos corruPPtos,esto es una república bananera....esto no es ilegal?
 
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Por qué? Anda que no molaba una rumba catalana cantada en catalán!!!
Els Manoels presentan "Qué´stá´l Jauma? Qué no? Me matas, oye!"
No, claro, mandaríamos algo animado, que de rumba tenemos para dar y regalar, como usted comprenderá no vamos a mandar al Lluís Llach, que se nos duerme el jurado. También podemos reciclar al Chikilicuatre, que es de Igualada.
 
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No, claro, mandaríamos algo animado, que de rumba tenemos para dar y regalar, como usted comprenderá no vamos a mandar al Lluís Llach, que se nos duerme el jurado. También podemos reciclar al Chikilicuatre, que es de Igualada.
Mandad a Serrat, que cantando en catalán si que va.
Ay me encanta....
 
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"Mucha gente no sabe que la Comisión Europea está intentando actualizar un tratado de libre comercio con México introduciendo las cláusulas peligrosas para la gente como las que aparecen en TTIP o el CETA. Nosotros, que venimos trabajando desde Podemos activamente en la modernización del Acuerdo Global entre la Unión Europea y México, solicitamos ser ponentes sobre este tema durante la reunión que ha tenido lugar esta semana. Sin embargo, con gran argucia, la gran coalición PP-PSOE se alió para bloquear mi ponencia y así no tener que escuchar nuestra voz. Pero aunque a las élites les pese, no nos vamos a callar". (...) (Estefanía Torres Martínez)

Si solamente fuese con México...

 
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Nah, mi pobre Serrat anda muy de bajona con la cosa eurovisiva desde que Franco le prohibió cantar su "La la la" en catalán y mandó en su lugar a la troncocónica de Massiel.

A todo esto, qué guapo era el muy bandolero

Guapo y poeta.
Lo de "ay amor, sin ti no entiendo el despertar" es taaaaan precioso y real...
Paro con el oftopi
 
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¡Gran noticia, gracias Valonia!.

Canadá anuncia "el fin y el fracaso" de las negociaciones con Valonia sobre el CETA
La ministra de Comercio canadiense se ha mostrado "muy decepcionada" tras el fracaso de las negociaciones

La región belga negociaba con el país norteamericano para cambiar su opinión tras haber mostrado su oposición al acuerdo entre la Unión Europea y Canadá

El principal problema en las negociaciones residía en la creación de sistemas de arbitrajes al margen de la justicia de los países

EUROPA PRESS - BRUSELAS (diario.es)
21/10/2016 - 16:37h

Foto: Mehr Demokratie
más INFO
La ministra de Comercio de Canadá, Chrystia Freeland, ha anunciado "el fin y el fracaso" de las negociaciones con Valonia, la región francófona de Bélgica, para desbloquear la firma del acuerdo de libre comercio con Canadá (CETA por sus siglas en inglés), según informa la cadena de televisión belga RTBF. Según esta cadena, la ministra ha declarado a su salida de la sede del Gobierno valón sentirse "muy decepcionada" por la oportunidad perdida. El parlamento de la región aprobó la semana pasada una moción por la que pedían al Gobierno de la región que no delegue sus poderes al federal para firmar el tratado, cuyo texto estaba ya cerrado.

Durante todo el día el presidente regional de Valonia, Paul Magnette, ha mantenido reuniones con representantes del Gobierno canadiense con el objetivo de encontrar soluciones a su veto. En un receso de los contactos, Magnette ha explicado en la Cámara regional que seguían existiendo "dificultades", especialmente con el mecanismo de arbitraje entre Estados y multinacionales.

En las últimas negociaciones, la región belga que bloqueaba la ratificación del acuerdo de libre comercio negociado entre la Unión Europea y Canadá (CETA), volvió a rechazar los cambios propuestos por la Comisión Europea para poder firmar el tratado la semana próxima, según varios medios belgas.

El ministro presidente de Valonia, Paul Magnette, afirmó en una rueda de prensa al término de una reunión de su gabinete para analizar esos cambios que "se han hecho progresos pero son insuficientes para un acuerdo", y que continuarían hoy, aunque finalmente han fracasado.

En aquel momento, Magnette reconoció que había habido progresos porque "se ha avanzado en el ámbito de la agricultura, pero no lo suficiente". "Hemos dejado claro que tenemos un problema con el sistema de arbitraje, que podría ser explotado por las multinacionales de Canadá", en referencia al mecanismo de tribunales al margen de los sistemas nacionales de justicia para mediar en los conflictos estado-inversor que contempla el CETA.
 

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