El destino de España (y la Humanidad), según la Astrología...

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¿Y qué promete la cuadratura del 2021?

Durante cuadratura de 1975 teníamos por delante un horizonte de supuesta libertad, con promesas que luego se cumplieron a medias (o claramente no), con una censura basada en lo políticamente correcto que va a más, y con una ley mordaza que llegó para quedarse. Luego ya fuimos viendo que el búnker heredado del franquismo se hizo más gordo y obeso, acaso bicéfalo, con el búnker construido en tiempos de Felipe González, supuestamente apoyado por la CIA. En consecuencia, el estado español siguió el libro de estilo de más o menos siempre, solo que teledirigido desde una agencia cuyo nombre acabo de mencionar.

La cuadratura del 2021 coincidirá con que el horizonte de libertad que nos pareció ver en 1975 se está convirtiendo en un horizonte de falta de ella. Sería algo así como un retorno al pasado, solo que en lugar de un ejército salva-patrias (para compensar o prevenir las acciones disolutas de gobiernos débiles), ahora vamos teniendo que aquel ejército está siendo sustituido por el estamento médico-tecno-farma. O si lo prefieren, el estado español parece estar derivando hasta quedar convertido en una franquicia al servicio de la big farma hiper tecnológico, en el que la ciudadanía es ofrecida en sacrificio para experimentos que resultarían intolerables en otros países.
 
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Este artículo fue escrito en 2018:



Hoy, viendo que la realidad sigue sin dejarse nombrar, me dedicaré a fabular. Hace ya tiempo que vengo diciendo que el 2020 va a ser el año en el que nuestras vidas cambiarán definitivamente. Se podría decir que ese año supondrá el verdadero ingreso del mundo en el siglo XXI. Lo que ahora estamos viviendo es una secuela de los dos siglos anteriores. Y una de las cosas a través de las cuales lo vamos a notar más será en un cambio en el lenguaje. Bien, de hecho ya lo estamos notando. Por ejemplo, en el ámbito artístico -en el cine, en la literatura, etcétera- se está observando que los títulos de las obras ya no guardan relación con las obras, y que sus desenlaces finales están abiertos. Vamos, que no hay desenlace, o que el desenlace es remitido al espectador, para que se las ingenie con ello. Manda la sugerencia esquiva, por decirlo de algún modo. Esto último es algo que se puede constatar en las películas que de unos años a esta parte se han ido estrenando. Lo curioso del caso es que esta deformación de la relación entre el título de la película y el tema se está trasladando a la vida en general, y más aún cuando se trata de temas económicos, militares o políticos. Estamos en la era de la posverdad, según dicen. Es decir, el secreto sigue siendo una herramienta que el poder utiliza para no ser visto (y para que, en cambio, se vea otra cosa). Lo que sucede es que en los actuales tiempos de hiperdesinformación y hiperexhibicionismo, en que para que algo quede oculto debe ser puesto parcialmente en la escena (o fuera de ella, como si formara parte de un espectáculo de prestidigitación). O lo que es lo mismo: proliferarán los juegos consistentes en esconder parte de los objetos (y de los actos) ante la mirada desorbitada del público. El sistema convivencial humano, ante la avalancha de medios con que nos interviene y distrae, se las ingeniará para evitar que aquello que necesita no ser nombrado se mantenga sin nombre.


El mundo se apresta a iniciar un ciclo largo a partir del año 2020, fecha a partir de la cual el nuevo orden se irá implementando. Esto puede comportar que en los años próximos asistamos a grandes cambios sin darnos cuenta. O dándonos cuenta, aunque de forma confusamente prestidigitada, de tal manera que nunca sabremos qué es lo que realmente está ocurriendo, con formas de nombrar las cosas que no tendrán relación clara con las cosas, o con procesos que nunca se desenlazan. Bien, ya les digo que estoy fabulando al respecto.


En cuanto al tema de los nombres de las cosas, les pongo un ejemplo: dos personas tienen ante sí el divorcio como alternativa, pero no aceptan este hecho, acaso por miedo al fracaso o al vacío. En esas llega alguien y dice: no lo llamen divorcio, llámenlo transformación. Ya sé que es un ejemplo muy simplificador, pero ahí se entiende lo que les quiero decir. Llamar de forma alternativa a algo ("la cosa"), que hubiera sido nombrado de cierta forma en los siglos XIX y XX, puede hacer que "la cosa" sea afrontada de una manera o de otra. Por consiguiente: hay que evitar que el nombre de "la cosa" no resulte contraproducente para el feliz desarrollo de "la cosa". Estoy pronunciando estas palabras pensando en el tema de Catalunya-España. Por ejemplo: si la palabra "independencia" no logra la complicidad necesaria (ya sea para apoyarla o para concertar un referendum pactado), será menester nombrar la esencia de la "cosa" de otro modo.

En un entorno bélico, con sangre, sacrificios humanos y ruinas económicas para los países, las declaraciones taxativas servían para aparcar o zanjar el conflicto. Esas formas generaban vencedores y vencidos, estigmatizando de por vida a toda la población. En cambio, en un entorno no bélico, los procesos -incluyendo los nombres de las cosas y sus respectivos desenlaces- serán más sutiles, graduales y escalonados.

Atrás deben quedar los tiempos en que eran los ejércitos los artífices de las soluciones (con sangre, muertos, sacrificios y ruinas). Con ello quiero decir que el tema que enfrenta a Catalunya con el gobierno español parece ser un ejemplo de ingeniería social orientada a implementar nuevas formas de desenlazar los conflictos. Y así será que el resultado, cuando tenga lugar, no parecerá que tenga una autoría clara, o que provenga de ningún lugar en concreto (ni tan siquiera por parte de los sectores enfrentados). En el nuevo marco mental no habrá autores en exclusiva. Por tanto, se procurará que no haya vencedores ni vencidos. Cada cual sabrá si sus ideas se ven reflejadas en el nuevo marco mental. Ahora mismo, tal y como entiendo esta fabulación, veo que un referendum de independencia (aún siendo pactado con el estado) es una forma más propia de los siglos XIX y XX que del tiempo en el que iremos entrando según nos acerquemos al 2020.

La otra fabulación gira en torno al papel que tienen los elementos que participan de un proceso. Vivimos en un tiempo, especialmente desde 1848, en los que la autoría de los hechos, de las conquistas, de los logros, ya no son protagonizados por nadie en concreto, y más cuando el ambiente está caldeado, sino que se procura que la percepción esté disgregada. Este sistema, que se puso en marcha coincidiendo con la proliferación de las democracias parlamentarias, supone que la política hace todos los posibles para capitalizar la energía popular, nominando los eventos según conveniencia corporativa. Pues bien, este sistema tiene sus años contados. Si la forma de participar no se renueva y se piensa a fondo, la consecuencia es que iremos a nuevas dictaduras. En relación a este tema, será el 2037 el año clave, momento en el que presenciaremos el final del ciclo iniciado en 1848. De aquí a entonces se ensayará con el fin de la democracia, con el fin de ir a votar cada cuatro años y con el fin de plebiscitos y referendums, especialmente si el asunto de consulta es "excesivamente" importante o si puede generar consecuencias irreversibles. A partir del 2037, la participación será sobre cuestiones sobre las cuales no se generen consecuencias poco convenientes. Posiblemente sea a través de medios telemáticos, utilizados con una frecuencia mayor que la de ir a urnas cada cuatro años. Es decir, habrá motivos para consultar al pueblo, para participar, pero los temas importantes estarán reservados para que una élite decida sobre ellos en secreto. El pueblo decidirá sobre temas poco importantes, sobre asuntos que puedan ser maleados fácilmente o que no generen consecuencias inoportunas. Eso que aún llamamos democracia se transformará en algo mucho más selectivo. En el fondo, nada nuevo bajo el Sol.
 

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08/09/2020

El año 2020 será recordado, entre otras cosas, por la abundancia de predicciones, interpretaciones e intentos afanosos por comprender el mundo después del surgimiento del Covid-19. José Millán relata, en lo que llama su "sermón semanal", el avance de los cambios sociales y políticos minuto a minuto, bajo el lente de los movimientos planetarios. 128 mil seguidores en su canal de YouTube, la mayoría de ellos, argentinos y en aumento a partir de la pandemia, son su "capilla virtual" de fieles de la astrología. Ávidos esperan cada lunación para darle play a sus videos, y escucharlo hablar prolíferamente y lanzar a la red teorías, metáforas e hipótesis acerca del mundo que se viene.

Que el virus se volverá endémico, que habrá una migración al campo son algunas de las teorías predictivas que este astro-sociólogo virginiano elabora para estos tiempos. Fanático de la investigación desde chico, nació en el País Vasco en una época en la cual interpretar el cielo era de la incumbencia de brujos y hechiceros(según manifiesta, aún hoy sigue lidiando con prejuicios del estilo). A los 17, un maestro físico y astrólogo le "inoculó" el "veneno" del saber esotérico, y a partir de ese momento tradujo, para su grupo de amigos, textos de lengua francesa, porque era el único que hablaba el idioma.

Luego, con el tiempo, tuvo la influencia de la escuela inglesa (Green, Sasportas, Arroyo), de Donna Cunningham, Richard Idemon y André Barbault, este último, famoso por haber anticipado en sus trabajos, y con bastante precisión, la "crisis 2020". Así, de ese amor por lo prohibido, partió hacia saberes más duros, como la física y la ingeniería en sistemas. Por esa época migró a Bruselas con su mujer y su hijo de dos años.

A punto de cumplir 62 años y de regreso en su tierra natal, dice saber mucho acerca de los políticos, gracias a que durante 25 años trabajó como "policy maker" en Bélgica. Actualmente se rehúsa a hacer horóscopos y se considera un astrólogo de línea humanista. Dicta cursos online, atiende consultas personales (cada vez menos, porque le resulta agotador) y graba sus videos, personalísimos. Vive con su mujer y sus dos hijos algunos meses en la montaña y otros, en un pueblo a medio camino entre Aragón y el Mediterráneo. Interrumpimos sus preciadas vacaciones para hacerle unas preguntas sobre su mirada del panorama actual y por venir.

Sobre la "gran conjunción" 2020​

Según Millán, la tríada Plutón, Saturno y Júpiter en Capricornio es el "evento cósmico más importante de nuestras vidas" después de la conjunción Saturno-Urano-Neptuno de 1988, que marcó la generación millennial. "Este es el inicio de una década de unos nueve o diez años de mutación. Es el silbato del comienzo de un proceso de ruptura profunda, de demolición, de descubrimiento de lo que estaba enterrado". El astrólogo relaciona este acontecimiento planetario con la caída del patriarcado y sus figuras intocables: "En España, por ejemplo, caen en cuestionamiento personalidades como el Rey. Lo mismo en otros países, Lukashenko en Bielorrusia, Putin en Rusia, Bolsonaro en Brasil, Trump en Estados Unidos. Se trata de un fenómeno Poltergeist", esa película de terror en donde todo vuela por el aire producto de un fenómeno sobrenatural.

"Frente a semejante caos -comenta-, también aparecen los 'negacionistas' como sujeto social, aquellos que dicen 'no hay virus, no hay crisis'". Según el astrólogo, esto es una "reacción lunar" y desde el miedo a lo que pasa, porque es difícil de asimilar.

Capricornio y la fragmentación "por bandos"​

"Capricornio es un signo frío y seco, ¿que le pasa a lo frío y seco? Se cuartea, se abre, como la tierra. Es lo que nos está sucediendo a nosotros, nos estamos rompiendo. En Argentina, entre kirchnerismo o antikirchnerismo, en México eres pro AMLO o anti AMLO, en España a favor de Pedro Sánchez o en contra. Richard Tarnas, el astrólogo inglés, ya lo había dicho, que Plutón en Capricornio da lugar a rupturas, separaciones, fragmentaciones. El argentino Carutti también explica cómo nos fragmentamos internamente, y esto sucede a nivel social: pensamos que unos somos mejores que otros, yo contra vosotros."

Siguiendo con la fragmentación en dos, él dice que "Capricornio representa África, el color negro, creo que la campaña de Trump va a estar centrada en la demonización de los afroamericanos, lo cual ya divide el país en dos".

Ese pequeño gran Plutón​

"El Covid-19 vino para quedarse", afirma Millán, porque "lo que viene con Capricornio marca un cambio a largo plazo". Así pasó en el inicio de la colonización española, la conquista de América y la viruela negra de 1520, ese mismo aspecto -refiere en sus videos- resuena en el cielo en este momento.

"El Covid está ligado a las tres conjunciones del 2020. Estalla brutalmente en la primera conjunción (enero), la segunda ola comienza con mucha fuerza en la segunda (marzo) y la tercera y definitiva la veremos en noviembre". En sus videos, Millán arriesga la hipótesis, junto con muchos especialistas, de que el virus se volverá endémico. "El Covid tiene que ver con Plutón porque representa lo infinitamente pequeño, pero con enorme poder, por ejemplo, la energía atómica. La conjunción del año 1948 acompañó el inicio de la Guerra Fría, la bomba de hidrógeno. Ahí comienza la fundación del Estado de Israel y la India, ambos países que se volcaron a lo nuclear".

Hacia un nuevo horizonte social​

Tenemos tres o cuatro años más de ver "las vergüenzas del sistema patriarcal". ¿Y después? Junto con esto, que ya es bastante radical, Millán anticipa la declinación de las ciudades como centros de control, las monedas virtuales y nuevos paradigmas acuarianos de poder, como son las corporaciones mundiales.

"Amazon es la empresa que más ganó durante la pandemia, ha doblado su valor en capital, porque la gente compra sin moverse de su casa. Yo no veo 'el fin de los estados', como muchos dicen, sino que van a tener más poder como un big brother, junto con empresas como Apple o Microsoft."

¿Que pasará cuando los planetas que ahora están en Capricornio pasen a Acuario? Esto será: fines de este año Júpiter y Saturno, y Plutón, en el 2023-24.

"Estamos pasando a un modelo más acuariano, de red, lo cual no significa que no habrá élites, yo creo que serán más poderosas a nivel transnacional, porque negociarían con activos más intangibles, moneda virtual o criptodivisas."

Otra de las hipótesis famosas del astrólogo es que el 5G aumentará la velocidad de Internet y mucha gente se irá a vivir a las afueras de las ciudades. "Vamos a poder trabajar desde casa, gestionar empresas sin que los empleados tengan que ir a la oficina (sale más barato y no va a haber gran resistencia). Esto va a disolver los centros y las fábricas tal como las conocemos (las fábricas cambiarán a partir de las impresoras 3D)."

El año que viene, comenta, con Júpiter y Saturno en cuadratura con Urano y Marte en Tauro, entraremos en un dinamismo completo con estos asuntos, será "el año de la verdad", resonando con la "caída de imperios" y poniendo al desnudo algunos poderes.

"Vamos a ver una década prodigiosa, vamos a ver todo tipo de cosas qué no habíamos imaginado, pero yo soy un optimista histórico. Creo que el mundo va a seguir mejorando".
 
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La conocida astróloga Jessica Adams dice que no habrá una vacuna contra el coronavirus​

La astróloga predijo el coronavirus en febrero de 2019​


20/10/2020

Jessica Adams, la conocida astróloga británica, se hizo famosa en todo el mundo en febrero de 2019 al predecir la pandemia del coronavirus. Incluso vaticinó la fecha en la que moriría la primera víctima: el 10 de enero. Esta semana ha vuelto a ser noticia al señalar que el Covid-19 permanecerá entre nosotros para siempre y que no habrá una vacuna contra el coronavirus. ¿Será cierto?

¿Quién es Jessica Adams?

Cuando sólo tenía ocho años de edad un programa de televisión infantil basado en el libro ‘Catweazle and the Magic Zodiac’ le fascinó. Fue entonces cuando empezó su amor por la astrología. Jessica Adams ha explicado en varias ocasiones que no hay antecedentes familiares, de forma que nunca ha sentido que haya sido elegida. Fue algo que sucedió. Ahora tiene un sitio web dedicado a la astrología que cada día visitan miles de usuarios, y ha escrito numerosos libros.


Jessica defiende que la astrología es únicamente historia, y la historia se repite. Es algo «no científico, sino excepcional y glorioso», según ella describe. No responde a las estadísticas y no se puede ejecutar a través de un ordenador. Estás observando una efemérides, una gran selección de datos desde 1900 hasta 2050, y tratando de localizar patrones.

La astróloga que predijo el coronavirus un año antes


Cuando Jessica Adams compartió su percepción de que un virus mortal cambiaría el mundo en 2020, la reacción de muchos de sus seguidores fue la contraria a la que ella se esperaba. Descartaron por completo esta posibilidad y consideraron que simplemente se trataba del engaño de una vidente.

Sin embargo, ella estaba muy segura de cómo sería el año 2020. Quería alertar a la población sobre sus ahorros y sus pensiones y, sobre todo, advertir a todo el mundo para que estuviera preparado. Ella se guió por su intuición y decidió cancelar todos los planes que tenía en ese momento.

Abandonó su casa en Londres y se mudó a Tasmania, un pequeño estado insular situado al sur de Australia y de apenas medio millón de habitantes. Continúa viviendo allí con sus mascotas.

Ahora se muestra convencida de que el Covid-19 ha llegado para quedarse, y que el mundo tendrá que aprender a vivir con él. Según ella, no deberíamos esperar una vacuna contra el coronavirus porque nunca llegará.

Otras predicciones de Jessica Adams

La astróloga británica cree que la Navidad será fantástica ya que se verán ciclos astrológicos muy positivos, que no se han presentado en varias décadas. Predice que llegarán grandes noticias en lo que a seguridad global y amistad se refiere.

Sobre las elecciones presidenciales en Estados Unidos, Jessica Adams está convencida de que Joe Biden será el próximo presidente del país. Cabe señalar que también indicó que el 1 de octubre de 2020 sucedería algo importante, y fue esa la fecha en la que se anunció que Donald Trump tenía coronavirus.