Cuadernos de Historia

Registrado
22 Jul 2017
Mensajes
3.511
Calificaciones
9.313
CURIOSIDADES SOBRE EGIPTO

1. Las mujeres egipcias gozaban de una amplia gama de derechos y libertades.
Si bien pública y socialmente las mujeres egipcias eran vistas como inferiores a los hombres, disfrutaban de una gran independencia jurídica y financiera. Podían comprar y vender propiedades, ejercer como jurados, testar y celebrar contratos legales. Las mujeres egipcias en general no solían trabajar fuera de casa, pero las que sí lo hacían percibían el mismo salario que los hombres. A diferencia de las mujeres griegas que eran propiedad de sus maridos, las egipcias tenían derecho a divorciarse y volverse a casar. Incluso negociaban contratos prenupciales en los que se incluían todos los bienes y riquezas que la mujer aportaba al matrimonio y eran compensadas por ello en caso de divorcio.


2. Las pirámides no fueron construidas por esclavos
La vida de un constructor de pirámides desde luego no era fácil -los esqueletos de estos trabajadores muestran signos de artritis y otras dolencias-, pero las evidencias sugieren que estas construcciones no fueron levantadas por esclavos, sino por trabajadores asalariados. Estos trabajadores eran artesanos y obreros temporales. Un grafiti encontrado cerca de estos monumentos sugiere que a menudo las cuadrillas de obreros se ponían nombres chistosos como los "borrachos de Micerinos", o los "Amigos de Khufu". La idea de que los esclavos construyeron las pirámides a golpe de látigo la sugirió el historiador griego Heródoto en el siglo V a.C., pero hoy en día los historiadores coinciden en que eso es un mito. Es cierto que los egipcios tenían esclavos, pero los utilizaban como sirvientes domésticos.


3. Cleopatra no era egipcia
Aunque Cleopatra VII nació en Alejandría, en realidad formaba parte de una larga estirpe de macedonios descendientes de Ptolomeo I, uno de los lugartenientes de mayor confianza de Alejandro Magno. La dinastía ptolemaica gobernó Egipto desde 323 a.C. hasta 30 a.C., y la mayoría de sus líderes mantuvo su cultura griega. De hecho, Cleopatra fue uno de los primeros miembros de la dinastía ptolemaica que aprendió a hablar la lengua egipcia.


4. A Tutankamón lo pudo haber matado un hipopótamo
Se sabe muy poco sobre la vida del faraón niño Tutankamon, pero algunos historiadores creen saber cómo murió. Estudios de la momia del joven rey muestran que fue embalsamado sin su corazón y sin su caja torácica. Este cambio drástico en las prácticas funerarias tradicionales sugiere que pudo haber sufrido una lesión terrible antes de su muerte. Según algunos egiptólogos, la causa más probable de esta herida habría sido la mordedura de un hipopótamo. Los egipcios eran muy aficionados a la caza, y si el niño-rey participaba en cacerías peligrosas su muerte pudo haber sido a causa de un accidente en una de estas cacerías.


5. Los egipcios tenían muchas mascotas
Los egipcios veían a los animales como encarnaciones de los dioses y fueron una de las primeras civilizaciones en tener animales domésticos. Eran especialmente aficionados a los gatos, que asociaban con la diosa Bastet, pero también sentían una especial reverencia por los halcones, ibis, perros, leones y monos. Muchos de estos animales ocupaban un lugar especial en la casa egipcia y a menudo eran momificados y enterrados con sus amos después de su muerte. Otros eran utilizados para trabajar, como perros y monos que eran adiestrados para patrullar junto a los oficiales que velaban por la seguridad.


6. Cuestión de barbas
¿Nunca os ha llamado la atención al contemplar las estatuas de los faraones que unas tienen la barba recta y otras curvada? Si está recta, es una representación del faraón vivo, pero si la barba es curvada quiere decir que el faraón ya ha sido divinizado (o sea, ha muerto).
Ha recibido 954 puntos

7. Los trabajadores egipcios organizaban huelgas
A pesar de que el faraón era considerado como una especie de dios viviente, los trabajadores egipcios no tenían miedo de protestar por una mejora de sus condiciones laborales. El ejemplo más famoso se produjo durante el reinado de Ramsés III. Cuando los trabajadores que participaban en la construcción de la necrópolis real de Deir el-Medina no recibieron su pago habitual en grano, se organizó una de las primeras huelgas de las que se tiene constancia en la historia. La protesta se hizo en forma de sentada: los trabajadores entraron en los templos cercanos y se negaron a salir hasta que sus quejas fueran escuchadas. Funcionó, y a los obreros se les pagó lo que se les debía.

8. Los faraones egipcios a menudo tenían sobrepeso
La dieta egipcia a base de cerveza, vino, pan y miel tenía un alto contenido de azúcar y los estudios muestran los estragos que pudo haber hecho en las cinturas reales. Los exámenes de momias indican que muchos gobernantes egipcios tenían sobrepeso, e incluso eran diabéticos. Un ejemplo notable es la legendaria reina Hatshepsut: mientras que en su sarcófago aparece representada como esbelta y atlética, los historiadores creen que en realidad era obesa y calva.


9. El luto
Para los antiguos egipcios, el color para el luto no era el negro, sino el BLANCO. El color negro no era símbolo de fatalidad, sino de fortuna. Las riberas del Nilo quedaban negras al verse cubiertas del abundante limo tras una crecida. Eso era presagio de que habría una buena cosecha.

10. El tamaño era importante
La longitud del vendaje de una momia es de aproximadamente 800 metros. Esta medida garantizaba un perfecto y total recubrimiento del cuerpo.

11. Comenzar con un buen pie
¿Por qué las estatuas dioses y faraones tienen siempre el pie izquierdo hacia delante? Pues porque ese lado (el izquierdo) representa el corazón, la vida. Para los antiguos egipcios eso era de suma importancia. Por ello podemos ver algunos templos en cuyos pilonos principales los relieves de la parte izquierda han sido machacados por los enemigos. Así, se garantizaba la destrucción de aquel a quien querías hacer caer en el olvido.

12. La cirugía estética
En el siglo XV antes de Cristo, en el antiguo Egipto, se practicaba la cirugía estética, pues arqueólogos alemanes y egipcios han encontrados pruebas no solo de momificaciones para conservar los cuerpos sino también técnicas quirúrgicas para hacer prótesis, como es el caso de una joven que se amputó un dedo y se le sustituyó por uno de madera, sujeto con una banda de cuero.

13. Los antiguos egipcios forjaron uno de los tratados de paz más antiguos de la historia.
Durante más de dos siglos los egipcios lucharon contra el Imperio Hitita por el control de las tierras de la actual Siria. El conflicto dio lugar a enfrentamientos sangrientos como la batalla de Kadesh, en 1274 a.C. Como egipcios e hititas debían hacer frente también a las amenazas de otros pueblos, en 1259 a.C. Ramsés II y el rey hitita Hattusili III negociaron un famoso tratado de paz. Este acuerdo puso fin al conflicto y decretó que los dos reinos se ayudarían mutuamente en caso de invasión por parte de un tercero. El tratado egipcio-hitita es considerado uno de los primeros de los que se tiene noticia, y se puede ver una copia en la entrada del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Nueva York.


14. Hombres y mujeres se maquillaban
La vanidad es tan antigua como la civilización y los egipcios no fueron una excepción. Tanto los hombres como las mujeres llevaban grandes cantidades de maquillaje, que según ellos les brindaba la protección de Horus y Ra. Los cosméticos los fabricaban moliendo minerales como la malaquita y la galena, y con esta mezcla obtenían una sustancia llamada "khol" que aplicaban alrededor de los ojos con instrumentos hechos de madera, hueso y marfil. Las mujeres también aplicaban pintura roja a sus mejillas y teñían sus manos y sus uñas con henna. Ambos sexos utilizaban perfumes a base de aceite, mirra y canela. Los egipcios creían que su maquillaje tenía poderes curativos, y no iban del todo desencaminados: se ha demostrado que los cosméticos a base de plomo usados a lo largo del valle del Nilo ayudaban a evitar infecciones en los ojos.

15. Los médicos egipcios estaban especializados
Los médicos de la Antigüedad se dedicaban normalmente a la "medicina general", pero las evidencias demuestran que los médicos egipcios muchas veces se centraban en la curación de una sola parte del cuerpo humano. Esta primitiva forma de especialización médica fue documentada por primera vez en año 450 a.C. por el historiador Heródoto, que al hablar de la medicina egipcia escribió: "Cada médico es sanador de una enfermedad y no más... Algunos de los ojos, algunos de los dientes, algunos de lo que pertenece a la barriga". Estos especialistas incluso tenían nombres específicos. Los dentistas eran conocidos como "los médicos de los dientes", mientras que el nombre dado al proctólogo se traduce literalmente como "pastor del ano".


16. ¿Qué llevan los faraones en la mano?
Parece como si las estatuas de faraones (las que están de pie) llevaran en la mano un pergamino o un rollo ¿verdad? La respuesta aún no parece muy clara, pero la información más veraz que he encontrado a través de libros, indica que simplemente se trata de que los escultores de entonces dejaban así las manos (como si agarraran algo) porque esas partes soportarían muchísimo mejor así el paso del tiempo que si las hubieran dejado huecas (más fáciles de quebrar).

17. Las bajas en el Antiguo Egipto
Los escribas llevaban un registro diario de obreros que faltaban a su trabajo y de las excusas de su ausencia. Un papiro escrito en el año 40 del reinado del gran Ramsés II recoge las razones de distintos trabajadores:

Neferabu faltó porque tenía que embalsamar a su hermano.

Hehnektu tenía que cuidarse del cadáver de su madre.

Uadymose se estaba construyendo la casa.

Pendua se fue a beber con su amigo Jonsu para celebrar la crecida del Nilo.

Varios obreros estaban ocupados en la fabricación de cerveza o en fiestas familiares.

Otros tenían diferentes enfermedades, habían sido picados por escorpiones o se habían lesionado. El artesano de quien más se apiadaron los encargados fue un pobre marido que tuvo que reconocer que no podía acudir al trabajo porque su mujer la había propinado una paliza durante una discusión familiar.


18. Calendario Egipcio
Tenía 3 estaciones bien diferenciadas: Siembra, Inundación (la crecida del Nilo) y Cosecha.


19. La barca de Keops
La barca de Keops, de 43 metros de longitud, fue hallada en una fosa situada al pie de la gran pirámide. Se encontraron los planos del montaje y nada más ni nada menos que 1224 piezas. Una vez montada, se llegó a la conclusión que podía navegar por alta mar, de manera que los antiguos egipcios podrían haber llegado hasta América.

20. Ni un pelo de tontos
Las pelucas alcanzaron una gran importancia. La mayoría de los antiguos egipcios (ellos y ellas) se rapaban la cabeza y usaban pelucas. Éstas eran muy variadas (incluso se ha llegado a encontrar alguna rizada) y de diferentes longitudes. Las cuidaban con sumo esmero.


21. El deporte, muy presente
Muchos de los deportes que se practican hoy, ya fueron practicados por los antiguos egipcios.
Inscripciones en muchos monumentos indican que se practicaba la lucha libre, pesas, salto de longitud, natación, remo, tiro con arco, pesca, atletismo...
Reyes y príncipes asistían a estas competiciones deportivas y alentaban a los equipos.
Tenían establecidas sus reglas, árbitros neutrales, uniformes de jugador.
Tanto el ganador como el perdedor recibían un collar como premio, el ganador el collar a su superioridad y el segundo por su espíritu deportiv

22. Pintarse los ojos con khol
Con ello, los antiguos egipcios conseguían también protegerse de los excesivos rayos del sol, además de conllevar un significado místico de protección (ojo de Horus).

23. El negocio de los embalsadores
Cuando ya había escogido el modelo y había pactado el precio, la familia entregaba el cadáver. En primer lugar se lavaba el cuerpo y se procedía a la extracción del cerebro. Para ello, se le inyectaba un líquido que lo deshacía y, con la ayuda de un gancho metálico, se eliminaban los fragmentos a través de la nariz.
Las vísceras, salvo el corazón, eran extraídas por el costado izquierdo a través de una incisión. Una vez desecadas, eran depositadas en los vasos canopes. Después de coser el corte, el cadáver era sumergido en natrón durante 70 días. Cuando se había cumplido el plazo estipulado, el cuerpo era lavado y vendado cuidadosamente.
Pero después de todo, los descuidados han existido desde que el mundo es mundo, ejemplo de ello es que los embalsamadores solían ser bastante descuidados en su trabajo. Algunas momias conservadas aún tienen plantas de rio plegadas en los hombros, mientras que en su interior se han encontrado desde un ratón a todo tipo de herramientas, como ganchos y agujas o un jarrón.


24. Las momias medicinales
La palabra momia viene del vocablo árabe mummia, sustancia negra parecida a la brea y que se conoce como betún. Se creía que el betún poseía propiedades curativas. Por ello, cuando los árabes vieron las primeras momias ennegrecidas por el aceite de embalsamar, pensaron que habían encontrado un sustituto del betún y las molieron para utilizar como medicamentos.


25. Hacían filas hasta en aquella época
Hacer fila ya era algo habitual en el Antiguo Egipto, tanto para cortarse el pelo, como para realizar un trámite oficial. Los obreros acudían a la tesorería con una bolsa de tela y esperaban turno hasta que eran llamados y recibían los alimentos, la sal y las bebidas que les correspondían.

Gran aportación que, con la cantidad de documentales e información que dan someramente sobre el Antiguo Egipto, todavia no es vox populi y la gente sigue teniendo las imágenes de Los diez mandamientos con las piramides construidas bajo el latigo por los hebreos esclavos. Y el hecho de que la mujer conservase su patrimonio al casarse. Eso valia en todo menos en la monarquía. Hapshepsut, la gran reina faraón, tuvo que reinar como hombre neutralizando a su hermanastro-marido y a su hijastro-yerno, los Tutmosis o Tutmés II y III. Tutmosis III odiaba tanto a su madrastra, que reivindicó el trono como hija legítima de Ahmés, hija de Amenofis I, y del general Tutmosis I. El padre reivindicó su derecho a reinar por ser padre de Hatshepsut, que era portadora de la sangre dinástica y al morir su padre, ella sintió como una traición que su hermanastro bastardo fuese coronado dándole ella la legitimidad como esposa. El destino le negó tener un hijo varón, sino dos hijas, y su fiel ayudante y seguramente amante, Sennemut, educó a las niñas y supervisó la contrucción de Dair Al- Bahari, en el Valle de los Reyes, donde fué enterrado junto a la reina pero Tutmosis III hizo borrar todas las inscripciones de la reina.

Seria el hijo de Tutmosis III y la hija de Hapsepsut, Amenofis II, el primer faraon con sangre real de la dinastia XVIII pero Hapshepsut, que dió a Egipto 20 años de fructifero gobierno, no llegó a verlo.

Respecto a las momias, no sé a vosotros, pero a mí me dan una dentera terrible. Y pensar que el gran Ramsés II está en una urna del museo de El Cairo como un objeto... Desde luego que jamás se hubiese figurado 4000 años despues a la vista de unos seres que le ven por pagar uan entrada, a él, a quien los mortales no podian mirar a la cara.
 
D

Deleted member 27834

Guest
8 brutales formas de crianza de los guerreros espartanos

1. Vivían, desde los 7 años, en cuarteles militares

Tan pronto como cumplía 7 años, el niño era alejado de su madre y preparado para recibir la agogé, la educación espartana, uno de los rasgos más característicos de esta sociedad.

El niño pasaba al cuidado de un maestro, llamado guardián. A partir de ese momento, la vida podía ser muy dura. Se los alentaba a la rabia, y a desafiarse entre ellos hasta llegar a la lucha. No era una escuela donde se mantuviera la paz: si dos niños discutían, el guardián los incitaba a resolver el problema con los puños.

Este guardián llevaba siempre consigo un látigo, y lo usaba si un niño se portaba mal, para vencerlo, pero esto no era todo. Si el padre descubría que había sido golpeado, lo golpearía él también; así entendían los guerreros espartanos el concepto de “reforzar una conducta”.

2. A los bebés débiles o enfermos los dejaban morir
Quizá éste sea el dato más conocido de los espartanos; si un niño nacía enfermo, deforme o se veía débil, no había mucho que hacer. Sencillamente lo abandonaban.

Al nacer un niño, el padre lo llevaba a los ancianos de la ciudad para que lo examinasen en busca de deformidades. Si encontraban alguna, la orden era arrojar al niño a un abismo del monte Taigeto, o colocarlo al pie del mismo, en el sitio conocido como Apótetas, lugar de abandono, y dejarlo morir de hambre.

Pero esto no era suficiente. Al regresar a la casa con el bebé, la madre bañaba al niño en vino, como una prueba contra la epilepsia; si el niño era epiléptico, el vino provocaría un ataque, y en este caso, no valía la pena criarlo. Si sobrevivía a estas pruebas, a este niño se le prometía una parcela libre de tierra.

Hoy se calcula que al menos la mitad de los bebés nacidos en Esparta morían, bien a causa de asesinato –al arrojarlos al abismo–, o bien por negligencia. Es lo que se conoce como eugenesia.

3. Para comer debían robar
El agogé les garantizaba cubrir las necesidades más básicas. Por ejemplo, el calzado era un lujo, y por eso entrenaban descalzos; la ropa se consideraba que volvía débiles a los hombres, y entonces llevaban una capa delgada, y los alimentos los hacían gordos, y sólo se les daba lo mínimo para sobrevivir.

Claro que no significaba que no pudiesen comer más: a los aprendices se les animaba a robar comida si tenían hambre, pero no podían ser capturados. Si a uno lo descubrían robando alimentos, lo golpearían y le quitarían sus raciones, pero si lograba ser sigiloso y salirse con la suya, sería una lección aprendida.

4. La comida espartana, horrible
Los guerreros espartanos comían juntos, compartiendo la misma comida. Ésta consistía básicamente en un “caldo negro”, que era carne cocida en una mezcla de sangre, sal y vinagre; era la única carne que servían y a todos tocaba una pequeña ración.

Si querían obtener más carne había que cazar, y si alguien llevaba un ciervo debía compartirlo con todos, aunque al cazador se le permitía tomar un poco más y llevarlo a su casa. En esas oportunidades era cuando se les permitía a los guerreros espartanos comer con su familia, el resto del tiempo estaba estrictamente prohibido.

5. Si fallaban las pruebas orales…
Luego de la cena, se sentaba con los niños un auxiliar del guardián y comenzaba a hacerles preguntas, como por ejemplo, “¿quién es el mejor hombre de la ciudad?”, a las que debían responder con argumentos.

Las respuestas debían ser rápidas, pero bien pensadas e inteligentes. Si no lo eran, entonces a los niños el auxiliar los castigaba de una manera bastante excéntrica: según Plutarco, quien daba una respuesta débil o tonta, era mordido en el dedo pulgar.

Pero para ser justos, la vida tampoco era muy buena para el asistente; después de que la sesión de preguntas terminaba, éste era supervisado, y si los maestros pensaban que había sido muy amable o, al contrario, demasiado estricto, el castigo era golpearlo.

6. Sólo se permitía un tipo de educación
Ser espartano era ser soldado, no podías ser otra cosa. De hecho, el ciudadano espartano dedicado a la guerra tenía prohibido ser comerciante, agricultor o artista. A los niños se les enseñaba a luchar, a ser duros, y la lectura y la escritura se fomentaban como estricta necesidad.

El tiempo libre de los niños no era utilizado para pensar en la vida, o aprender las operaciones matemáticas; eso era considerado un lujo muy peligroso. La voluntad era sometida literalmente a golpes, y si querías ser soldado espartano, entonces debías aprender a obedecer cualquier orden, sin demora y sin cuestionamientos. La educación ateniense, por ejemplo, era vista como algo que hacía débiles a los hombres.

7. El festival más importante, la “dimastígosis”
Se celebraba una vez al año, y en él se sometía a latigazos a todos los chicos, en frente de la multitud, incluso hasta la muerte. Para los espartanos constituía un gran honor el poder participar, de hecho, iban voluntariamente a demostrarle a todos que podían soportar el dolor más que nadie.

Este festival adquirió fama más allá de las fronteras de Esparta. Para otras culturas, como la romana, era una novedad, y comenzaron a asistir también. Para el año 300, los espartanos habían establecido un teatro y vendían entradas a los romanos que querían ver la dimastígosis.

8. Asesinaban a los ilotas como parte de su formación
Los ilotas, los siervos del estado, eran aquella parte de la sociedad más numerosa, sometida por la fuerza, que no gozaban de ningún derecho; ocupaban una situación inferior. Eran esclavos públicos, adscritos a la tierra, y cuando ésta era repartida, los ilotas iban incluidos.

Todos los años, cuando los éforos (o magistrados) eran elegidos, declaraban la guerra a los ilotas, y en ese momento era factible matarlos sin cometer un delito. Entonces seleccionaban a los jóvenes más capaces y los enviaban al campo, provistos tan sólo de un puñal y con la comida indispensable. Durante el día se mantenían escondidos, pero por la noche bajaban a los caminos y asesinaban a todos los ilotas que se encontraran, robándoles la comida.

A esta costumbre la llamaban cripteia. Plutarco la calificó de “infame y cruel”.

A los guerreros espartanos se les enseñaba a dominar las armas, y a no buscar la gloria personal sino la colectiva; “vencer o morir”, “los espartanos no preguntan quiénes son los enemigos, sino dónde están” o “vuelve con tu escudo o sobre él” son algunas frases que ilustran el ideal espartano de lucha hasta la muerte, así como el valor mostrado. La agogé era obligatoria, colectiva y organizada por el estado, y todos los esfuerzos iban encaminados a formar soldados invencibles.

Por cierto lo mismo lo tenéis en estos dos vídeos por si no os apetece leer esta tal cual palabra por palabra


 
D

Deleted member 27834

Guest
Gran aportación que, con la cantidad de documentales e información que dan someramente sobre el Antiguo Egipto, todavia no es vox populi y la gente sigue teniendo las imágenes de Los diez mandamientos con las piramides construidas bajo el latigo por los hebreos esclavos. Y el hecho de que la mujer conservase su patrimonio al casarse. Eso valia en todo menos en la monarquía. Hapshepsut, la gran reina faraón, tuvo que reinar como hombre neutralizando a su hermanastro-marido y a su hijastro-yerno, los Tutmosis o Tutmés II y III. Tutmosis III odiaba tanto a su madrastra, que reivindicó el trono como hija legítima de Ahmés, hija de Amenofis I, y del general Tutmosis I. El padre reivindicó su derecho a reinar por ser padre de Hatshepsut, que era portadora de la sangre dinástica y al morir su padre, ella sintió como una traición que su hermanastro bastardo fuese coronado dándole ella la legitimidad como esposa. El destino le negó tener un hijo varón, sino dos hijas, y su fiel ayudante y seguramente amante, Sennemut, educó a las niñas y supervisó la contrucción de Dair Al- Bahari, en el Valle de los Reyes, donde fué enterrado junto a la reina pero Tutmosis III hizo borrar todas las inscripciones de la reina.

Seria el hijo de Tutmosis III y la hija de Hapsepsut, Amenofis II, el primer faraon con sangre real de la dinastia XVIII pero Hapshepsut, que dió a Egipto 20 años de fructifero gobierno, no llegó a verlo.

Respecto a las momias, no sé a vosotros, pero a mí me dan una dentera terrible. Y pensar que el gran Ramsés II está en una urna del museo de El Cairo como un objeto... Desde luego que jamás se hubiese figurado 4000 años despues a la vista de unos seres que le ven por pagar uan entrada, a él, a quien los mortales no podian mirar a la cara.

Me encanta tu aportación al tema, la verdad es que el tema de las momias es algo que comparto bastante la opinión contigo, pero también pienso que gracias a esos restos (ya no solo de Egipto, si no de todas las épocas) se sabe mucho sobre las costumbres funerarias y hoy en día con los avances de la ciencia sobre la vida que llevaban, las causas de su muerte....
 
Registrado
22 Jul 2017
Mensajes
3.511
Calificaciones
9.313

Recuerdo que mi introducción en la mitologia griega fué en uno de los volúmenes de la enciclopedia "Maravillas del saber", de niña. y asi aluciné con los dioses griegos y romanos, que Cronos devorase a sus hijos pero Zeus se salvase y matase a su padre para que vomitase a sus hermanos quedando él como rey de los cielos y la tierra, su lascivia, infidelidad.. Me conmovió la historia de Proserpina, a quien Hades, dios de los infiernos, secuestró y al final, por mediación de Zeus, a quien la madre de la pobre joven, Démeter, pide ayuda para recuperar a su hija y Zeus dictamina que Proserpina vivirá seis meses con su madre y seis meses con su esposo. cuando esta con su madre, las flores y la fecundidad aparecen en la tierra con la primavera mientras está triste en el infierno con su esposo, la tierra está fria y yerma en invierno.
 
Registrado
22 Jul 2017
Mensajes
3.511
Calificaciones
9.313

Como muy bien decia el video que nos colgó @El karma sobre el Imperio Persa, Alejandro no forjó un imperio sino que lo conquistó y quiso convertirse en emperador del imperio persa. Para las polis griegas y sus regímenes debilitados por las guerras del Peloponeso fué como Napoleón para la Revolución francesa, el fin. Sus generales se repartieron el imperio y crearon reinos autócratas, de cultura helenística, como los seleudidas o los Tolomeos lágidas de Egipto, cuya ultima reina seria Cleopatra VII.

No me caé bien Alejandro, se emborrachó de poder.
 
Registrado
22 Jul 2017
Mensajes
3.511
Calificaciones
9.313
Me encanta tu aportación al tema, la verdad es que el tema de las momias es algo que comparto bastante la opinión contigo, pero también pienso que gracias a esos restos (ya no solo de Egipto, si no de todas las épocas) se sabe mucho sobre las costumbres funerarias y hoy en día con los avances de la ciencia sobre la vida que llevaban, las causas de su muerte....

Desde luego, que el descubrimiento de tumbas intactas - la de Tutankamon no fué la única pero si la más espectacular - es como subirte en la maquina del tiempo. Pero deberian guardar las momias de los reyes, por muy viejas que sean fueron grandes reyes.
 
OP
P

pilou12

Guest
Ofensiva del Tet: 'Los archivos del Pentágono' no fueron la peor filtración de Vietnam
La ofensiva que cambió la guerra y la historia del periodismo en EE.UU
imagen-sin-titulo.jpg

Ofensiva del Tet
AUTOR
JULIO MARTÍN ALARCÓN
Contacta al autor
@Julio_M_Alarcon
TAGS
TIEMPO DE LECTURA17 min
30.01.2018 – 05:00 H.

Los actores principales de la primera gran debacle de la imagen pública del gobierno de EEUU sobre las mentiras de la guerra de Vietnam no fueron ni Katherine Graham, dueña del Washington Post, ni su director, Ben Bradlee, ni la redacción del periódico, tal y como narra la última obra de Steven Spielberg en los 'Los Archivos del Pentágono'. Entre ellos tampoco está ni siquiera Daniel Ellsberg, el hombre que sustrajo y fotocopió miles de documentos secretos -los denominados Papeles del Pentágono-, aunque éste sí participara de alguna forma en lo que ocurrió en marzo de 1968, tres años antes de los acontecimientos que narra la película.

Ellsberg se inspiró precisamente en la fuente anónima que filtró a los periodistas del New York Times, Neil Sheehan y Smith Hedrick, la revelación más grave e influyente de toda la historia de la Guerra de Vietnam: “Cuando contemplé el efecto de esta filtración fue como si se hubiera abierto el cielo. Entonces entendí lo más crucial, la habilidad del presidente para proseguir con la escalada militar, toda su estrategia durante la guerra dependía del secretismo y las mentiras” (Daniel Ellsberg, 'Secrets: A Memoir of Vietnam and the Pentagon Papers’, Penguin Books', 2003). Se refería a las deliberaciones y recomendaciones de la Junta del Estado Mayor para el presidente Lyndon B. Johnson como respuesta al ataque por sorpresa del Vietcong del 30 de enero de 1968: el inicio de la Ofensiva del Tet, de la que se cumple ahora medio siglo.

El plan militar acabó impreso en el periódico y como consecuencia, Ellsberg se convencería de que esa era la única forma de acabar con la guerra. A partir de ese momento comenzó a facilitar mensualmente secretos a los periodistas del Times, tres años antes de los Papeles del Pentágono, tal y como él mismo explica en sus memorias. La Torre de Babel que habían construido durante casi 15 años cuatro administraciones de EEUU con Dwight Eisenhower, John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson al frente, comenzó a derrumbarse durante la madrugada de la celebración del cambio de año lunar vietnamita.

Música y petardos en la embajada
Los funcionarios de la embajada de EEUU en Saigón no se privaron de celebrar la vistosa festividad del 'Tet' que marca el año nuevo en Vietnam. George Jacobson, uno de los altos cargos diplomáticos ofreció una imponente fiesta de gala en el jardín de su chalet, en la que se encontraban la plana mayor de los funcionarios de EEUU incluido el embajador, Ellsworth Bunker y lo más granado de la sociedad survietnamita, con destacados representantes del gobierno al frente (Nick Turse, 'Dispara todo lo que se mueve', Sexto Piso, 2014).

A las 3:00 de la madrugada una sucesiva descarga de morteros y armas de fuego sacaron de la cama al anfitrión Jacobson

No había motivo para esconderse en sus casas, porque apenas dos meses antes, el general William Westmoreland, jefe supremo de las fuerzas de EEUU en Vietnam había anunciado durante una charla en el National Press Club que “estaban entrando en la “Fase final del esfuerzo bélico”. El Washington Post tituló al día siguiente con sus optimistas palabras: “El final de la guerra a la vista” (Daniel Ellsberg, 'Secrets'). Durante la agradable velada en la lujosa villa de Jacobson, los acordes de la banda de música se fundieron con los ruidos de unos petardos que formaban parte del festejo, destinados, como era tradicional, a espantar los malos espíritus del año nuevo.

Poco después de la simpática ráfaga se avecinaría el verdadero fin de fiesta. A las 3:00 de la madrugada una sucesiva descarga de morteros y armas de fuego sacaron de la cama al anfitrión Jacobson. Su residencia estaba dentro del recinto amurallado de dos hectáreas que protegían el imponente complejo diplomático estadounidense. Se había terminado tan sólo dos meses antes, después de que el secretario de Defensa, Robert McNamara advirtiera en 1965 al presidente Johnson de la necesidad de construir casi una fortaleza (Conversación telefónica entre McNamara y Johnson. Biblioteca LBJ. National Archives).

“¡Están entrando! ¡Ayudadme!"
Aún así, fue asaltada. Según informó el propio Westmoreland al presidente al día siguiente “una unidad formada por 20 soldados del vietcong equipada con armas automáticas, lanzacohetes, minas y granadas atacó el complejo de la embajada abriendo un boquete en una de las murallas exteriores por donde se introdujeron al jardín”, (Biblioteca LBJ).

Uno de los policías militares acertó a alertar a gritos por la radio: “¡Están entrando! ¡Ayudadme!” poco antes de ser abatido por el enemigo. Jacobson se encontró atrapado en el segundo piso del mismo chalet en donde habían bailado hace unas horas, cuando un guerrillero herido del vietcong se refugió en la planta baja. Lo único que pudieron hacer los marines por el diplomático, atrincherado en pijama y batín en su propia casa, fue lanzarle una pistola y una máscara de gas por la ventana para que se enfrentara él mismo al soldado del vietcong, al que logró eliminar, -Nick Turse, ‘Mata a todo lo que se mueve’-.



escena-tras-el-asalto-al-complejo-diplomatico-estadounidense-en-vietnam-en-1968.jpg

Escena tras el asalto al complejo diplomático estadounidense en Vietnam en 1968


Al mismo tiempo, los marines acudieron a escoltar al embajador Ellsworth Bunker y se lo llevaron a toda prisa a las oficinas de la cancillería para quemar todos los documentos clasificados que pudieran mientras la Policía Militar seguía enzarzada en un tiroteo en el jardín del recinto con los asaltantes. Aunque Bunker quitaría hierro con posterioridad al ataque de la embajada (Ellsworth Bunker, 1980, Biblioteca LBJ) lo más grave es que esa noche, aproximadamente 600.000 guerrilleros del vietcong, un contingente superior al de todas las fuerzas militares de EEUU desplegadas, -unas 510.000 en esa fecha- habían penetrado sin ninguna dificultad en la misma capital de Vietnam del Sur. Ninguna ráfaga de petardos de año nuevo les iba a ahuyentar.

Los balbuceos de McNamara
Además de Saigón, esa noche el fuego enemigo batió prácticamente todas las ciudades del país. Entre ellas la importante ciudad de Hue, antigua capital imperial, donde se libraría más adelante la mayor batalla de la ofensiva, además de Da Nang, Vinh Long, Quang… y la estratégica base de Khe Sanh, en la frontera con Vietnam del Norte. El enclave había sufrido un pequeño ataque de diversión un día antes y acabaría asediada durante meses. Despertaría los fantasmas de Dien Bien Phu de 1954, cuando las unidades de élite francesas fueron aniquiladas durante la Guerra de Indochina, el colofón de su derrumbe colonial.

El secretario de Defensa McNamara reconoció que la ofensiva del vietcong era “una derrota psicológica y propagandística”

En Washington, 48 horas después del asalto, el secretario de Defensa, Robert McNamara trataba de explicarse por teléfono con el presidente. Quince minutos históricos que transcribe y reproduce El Confidencial de los archivos del presidente Lyndon B. Johnson, en los que queda claro que no sólo había sido una sorpresa total: “muestra que el enemigo es más fuerte de lo que pensábamos”, explicaba McNamara, sino que además era “una derrota psicológica y propagandística”. El secretario de Defensa reconocía que “por toda la nación, el pueblo americano se levantará está mañana con la sensación de que son mucho más fuertes de lo que se había previsto inicialmente” (Audio de la conversación Telefónica #12617. LBJ y McNamara, 1/31/1968, Biblioteca LBJ). Por supuesto, ninguna de estas conversaciones, estrictamente confidenciales, llegaban al público, ni a la prensa.

Dos días después de hablar por teléfono con McNamara, Johnson invitó a varios reporteros a la sala del Gabinete en donde les explicó que en realidad “esperaban el ataque y se habían preparado con anterioridad” -desmintiendo a McNamara-, que el enemigo “había fracasado completamente” y que no había habido “victoria psicológica”, tal y como apreciaría el pueblo americano “cuando conocieran los hechos” (Neil Sheehan, Hedrick, Kenworthy, Fox y Greenfield, ‘The Pentagon Papers: The Secret History of the Vietnam War’, Race Horse Publiching, 2017) . Una mala copia en negativo de lo que en privado le había trasmitido por teléfono su propio secretario de Defensa. Lo más grave es que en esa misma reunión aseguró que no estaba previsto ningún aumento de tropas de las 510.000 que servían entonces en Vietnam, que es precisamente lo que se plantearía inmediatamente después.

Las implicaciones de la Ofensiva del Tet eran demasiado incluso para Johnson, el hombre que era capaz de “hablar con los dos lados de la boca”, como se le conocía en Washington. Según transcurrieron las primeras semanas, la insoslayable realidad de los duros combates en las calles de las ciudades, a plena luz del día y no en los recónditos poblados o en la jungla, brindó a la prensa una cobertura en directo que despertó definitivamente a la opinión pública.

Se pasó a imágenes vívidas: fotos del horror, reportajes en televisión que mostraban los escombros de la ciudad imperial de Hue por donde deambulaban las tropas estadounidenses bajo el fuego enemigo. El reportero Walter Cronkite, la cara y la voz que se colaba por la televisión en los hogares de todo EEUU se posicionó en contra. Para rematar, la bomba periodística sobre Vietnam estalló un mes después, cuando el New York Times publicó lo que el gobierno preparaba como respuesta para hacer frente al nuevo escenario bélico tras la ofensiva.

La filtración que cambió la historia
En marzo, Ellsberg tuvo acceso a uno de los varios memorándum que había preparado la Junta de Jefes del Estado Mayor para el presidente y que consistían en las diferentes alternativas que proponían para encauzar de nuevo la guerra: “Mis miedos se confirmaron el 27 de febrero cuando leí el informe clasificado como alto secreto que había enviado el general Wheeler al presidente trasladando la petición de Westmoreland de 206.000 hombres más”. El documento al que se refería Ellsberg, provenía del estudio que había comenzado el 12 de febrero la Junta de Estado Mayor a petición de McNamara, y que había presentado tres planes:

1) Aumentar en 196.000 hombres a las tropas ya asignadas en Vietnam, 525.000, según el programa vigente, además de los seis batallones de emergencia,10.500 unidades, ya desplegadas, (un total de 206.500). Reducir las restricciones sobre las operaciones en Camboya y Laos

2) Mantener el actual programa autorizado de 525.000, sin variar la fuerza ya asignada de los seis batallones de emergencia de 10.500 hombres.

3) Aumentar en 50.00 hombres las tropas ya autorizadas de 525.000.

(National Archives: [Part IV. C. 6. c.] Evolution of the War. U.S. Ground Strategy and Force Deployments: 1965 - 1967. Volume III: Program 6)

Todos estos informes seguían siendo absolutamente secretos. A pesar de que muchos de los redactores de los informes tenían ya una postura decididamente contraria a continuar con la escalada militar en el sureste asiático, no parecía que nada pudiera parar la espiral. Lo mismo ocurría con muchos militares: uno de los oficiales expresó que con la campaña aérea, “básicamente estaban luchando contra la tasa de natalidad de Vietnam del Norte” (National Archives. Evolution of the War. Volume III). Ni siquiera Ellsberg se había decidido todavía a desvelar material clasificado. El primer plan era una petición directa de Westmoreland, que secundaba el general Joseph Wheeler, Jefe de la Junta del Estado Mayor. Significaba aumentar en unos 206.000 soldados el contingente de Vietnam.

Cuando se seguían discutiendo los pormenores de las alternativas, que incluían la petición de Westmoreland de que los primeros 100.000 hombres fueran enviados antes del 1 de mayo, saltó la primicia que cogió por primera vez en fuera de juego a todo el gobierno. La mañana del 10 de marzo de 1968, el New York Times publicó un historia de Sheehan y Hedrick sobre el incremento de tropas, que en la práctica significaba la movilización casi total de la reserva: "WESTMORELAND PIDE 206.000 HOMBRES MÁS, Y DESATA UNA POLÉMICA EN EL GOBIERNO. ACTUALMENTE HAY 510.00".



portada.jpg

Portada del New York Times del 10 de marzo de 1968


La información era tan precisa y fidedigna, no sólo por que clavaba el número exacto de tropas -que salía de la suma del Plan I-, que fue imposible de desmentir. En su crónica Sheehan y Hedrick, ahondaban más allá de la cifra. Recogían detalles como que a la propuesta inicial de Westmoreland le había seguido un viaje del general Wheeler a Saigón de tres días para evaluar la propuesta -New York Times, 10 de marzo de 1968-, como corroborarían los Papeles del Pentágono años después. Wheeler había vuelto el 28, convencido de las peticiones de éste último, y el presidente era proclive a acceder a sus recomendaciones. La pieza metía además el dedo en la llaga al señalar las disensiones dentro del gobierno con el polémico plan.

Cuando estalló el escándalo, Clark Clifford el nuevo secretario de Defensa que había sustituido a McNamara y que se oponía al plan, ordenó investigar la filtración y la Casa Blanca se apresuró a achicar agua con la explicación de que sólo era una “petición preliminar y no una recomendación formal”. En realidad, se trataba nada menos que de un elaborado documento de la Junta del Estado Mayor que se estaba discutiendo en ese momento.

El presidente Johnson se vio tna presionado que, por primera vez en toda la guerra, decidió detener la escalada bélica

Lyndon B. Johnson se ajustó como pudo a las circunstancias, dado que era imposible negar la existencia del plan. Según Hedrick, los cada vez más numerosos desencuentros dentro del propio gobierno, la preocupación del Congreso, las críticas generalizadas en la prensa y la opinión pública desfavorable, le presionaron de tal forma, que por primera vez en toda la guerra decidió detener la escalada bélica.

No había forma ya de convencer prácticamente a nadie de que un aumento de tropas fuera a cambiar nada. Lo mismo ocurría con la evaluación de la Ofensiva del Tet. En su fase inicial había resultado ciertamente un fracaso para el Vietcong, puesto que no consiguieron su principal objetivo, que era provocar un levantamiento general en Vietmam del Sur. Sin embargo, ya nadie lo veía así. Era imposible creerse a Westmoreland dos veces: el que vaticinaba en noviembre de 1968 que se estaba llegando al final de la guerra, y el que en febrero del año siguiente explicaba que, en realidad, el Tet les beneficiaba. A la fuerza una de las dos tenía que ser falsa, sino ambas. Lo más preocupante es que pasara lo que pasara, la receta era siempre la misma: más soldados.

Garganta Profunda
El artículo de portada del New York Times se llevó por delante al general William Westmoreland, que fue ascendido a Jefe del Estado Mayor: “una forma de quitarle del medio del teatro de operaciones”, según el periodista del Times, Hedrick Smith -Pentagon Papers-. Johnson anunciaría poco después, en abril, que renunciaba a la reelección. Robert McNamara se libró porque que ya había salido del gobierno, tal y como se había previsto con anterioridad.

Algunos autores han insinuado que Daniel Ellsberg pudo ser la fuente anónima, pero éste reitera en sus memorias que fue más bien su inspiración: “fuera quien fuera éste héroe, patriota o simplemente un indiscreto, me había abierto los ojos (…) Hasta ese momento pesaba que desvelar secretos era traición. Estaba equivocado. Filtrarlos podía ser un acto patriótico (…) A mediados de marzo fui por primera vez a la redacción de un periódico con informes y telegramas clasificados para dárselos a un periodista. Escogí a Neil Sheehan”. Se convirtió en una rutina. El reportero del Times matiza que fue también su persuasión durante los siguientes años los que acabarían por convencer al analista de dar un paso más rotundo (Sheehan, ‘Pentagon Papers’). Los documentos no cayeron solos por la inspiración. En 1971, Ellsberg dio el paso definitivo cuando decidió llevarse de la RAND Corporation varias cajas con los documentos para fotocopiarlos: los papeles que llegarían primero al NYT y después al Post, el resto es historia.

El escándalo de los Papeles del Pentágono le cayó a Richard Nixon: fue la primera batalla que libró y perdió con la prensa

Es tentador pensar que la ‘Garganta Profunda’ que abrió la caja de Pandora fuera el propio McNamara, pero poco probable. La decisión de crear el panel de expertos que recabara información de la guerra en el momento en que se producía fue suya, pero su objetivo era precisamente que quedara como legado para posteriores investigaciones. Paradójicamente, sirvió para todo lo contrario: tanto los periodistas del NYT como los del Post trabajaron a contrarreloj con porciones de documentos clasificados para recomponer un puzzle peliagudo en un salto a menudo sin red. Un buen ejemplo del valor del periodismo de investigación como primer borrador de la historia.

El escándalo de los Papeles del Pentágono le cayó a Richard Nixon, que había llegado a la presidencia en su segundo intento en 1969. Fue la primera batalla que libró y perdió con la prensa. La segunda, el escándalo Watergate destapado por el Post le costaría el cargo. De forma oportunista, uno de los puntales de su campaña había sido la promesa de la retirada de tropas, espoleado por la demanda popular que ya no sólo se ceñía a las protestas en las universidades. Pero cuando se sentó en la Casa Blanca sus promesas se difuminaron. Las conversaciones de Paz con Vietnam del Norte estaban en marcha desde 1968 con continuas interrupciones sin que se avanzara de forma significativa.

La guerra privada de Nixon
Su respuesta fue aumentar los bombardeos, y más concretamente extenderlos a Camboya. Al igual que su predecesor, sus asesores le convencieron de que era la única forma de acabar con la pesadilla para mantener el “prestigio” y la “credibilidad” del gobierno de EEUU. Mintió y le pillaron. Con el nuevo plan de “vietnamización” del conflicto, tal y como denominó a la retirada de tropas, a excepción de la fuerza aérea, se puede concluir que Nixon fue el presidente que inició el fin de EEUU de Vietnam, Kennedy el que lo comenzó y Johnson, el responsable de la principal pesadilla, con la inestimable ayuda de McNamara y Westmoreland. Pero con su intervención en Camboya, Nixon despertó de las profundidades del campo a los Jemeres Rojos de Pol Pot. Su posterior apoyo a los insurgentes camboyanos, enemigos de sus vecinos de Vietnam del Norte, facilitó uno de los mayores genocidios de la Historia.

EE.UU no solo perdió la “credibilidad” y el “prestigio”. Hasta el final de la guerra en 1975, murieron más de 58.000 soldados de EE.UU y 75.000 quedaron gravemente discapacitados. Sus aliados vietnamitas perdieron a más de 254.000 y sus enemigos del norte aproximadamente a un millón, a los que habría que sumar 300.000 que aún siguen desaparecidos. Otros 65.000 fallecieron a causa de las incursiones aéreas de EEUU según las cifras de Nick Turse. Es casi imposible de precisar el número de desarmados campesinos de Vietnam del Sur que los mismos soldados estadounidenses masacraron sin motivo. La célebre matanza de My Lai, acaecida en marzo de 1968, no fue una excepción aislada, sino una constante, consecuencia del “Search and Destroy”, el “Body Count” o el “Kill Ratio”, los mantras de la estrategia militar en Vietnam. “Buscar y Destruir”, “Tanteo de Cadáveres” y “Ratio de Muertos”. En definitiva, toda la estrategia militar se resumía en una única y cruda consigna: matar a todo lo que se moviera.

https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-01-30/archivos-del-pentafono-ofensiva-del-tet_1513118/
 
D

Deleted member 27834

Guest
Recuerdo que mi introducción en la mitologia griega fué en uno de los volúmenes de la enciclopedia "Maravillas del saber", de niña. y asi aluciné con los dioses griegos y romanos, que Cronos devorase a sus hijos pero Zeus se salvase y matase a su padre para que vomitase a sus hermanos quedando él como rey de los cielos y la tierra, su lascivia, infidelidad.. Me conmovió la historia de Proserpina, a quien Hades, dios de los infiernos, secuestró y al final, por mediación de Zeus, a quien la madre de la pobre joven, Démeter, pide ayuda para recuperar a su hija y Zeus dictamina que Proserpina vivirá seis meses con su madre y seis meses con su esposo. cuando esta con su madre, las flores y la fecundidad aparecen en la tierra con la primavera mientras está triste en el infierno con su esposo, la tierra está fria y yerma en invierno.

La mitología grecoromana da para su propio hilo, recuerdo en el instituto un libro que cogí de la biblioteca que hablaba del tema y me maravillo, hay infinidad de mitos.
Por cierto no se si sabes que Troya existio, buscate la historia de Schliemann que fue el que la descubrió vi un reportaje de el en el canal historia creo recordar, que me encanto.
Arthur Evans descubrio unas ruinas de una sociedad bastante avanzada en las que vio un mosaico de un toro, suponen que son las ruinas de Creta, el toro es el minotauro, se cree que la leyenda se basa en que realmente existio un laberinto donde había un toro (lo del minotauro ya fue más imaginativo) y en ese laberinto se realizaban sacrificios.
 
Registrado
11 Feb 2017
Mensajes
21.725
Calificaciones
74.037
Ofensiva del Tet: 'Los archivos del Pentágono' no fueron la peor filtración de Vietnam
La ofensiva que cambió la guerra y la historia del periodismo en EE.UU
imagen-sin-titulo.jpg

Ofensiva del Tet
AUTOR
JULIO MARTÍN ALARCÓN
Contacta al autor
@Julio_M_Alarcon
TAGS
TIEMPO DE LECTURA17 min
30.01.2018 – 05:00 H.

Los actores principales de la primera gran debacle de la imagen pública del gobierno de EEUU sobre las mentiras de la guerra de Vietnam no fueron ni Katherine Graham, dueña del Washington Post, ni su director, Ben Bradlee, ni la redacción del periódico, tal y como narra la última obra de Steven Spielberg en los 'Los Archivos del Pentágono'. Entre ellos tampoco está ni siquiera Daniel Ellsberg, el hombre que sustrajo y fotocopió miles de documentos secretos -los denominados Papeles del Pentágono-, aunque éste sí participara de alguna forma en lo que ocurrió en marzo de 1968, tres años antes de los acontecimientos que narra la película.

Ellsberg se inspiró precisamente en la fuente anónima que filtró a los periodistas del New York Times, Neil Sheehan y Smith Hedrick, la revelación más grave e influyente de toda la historia de la Guerra de Vietnam: “Cuando contemplé el efecto de esta filtración fue como si se hubiera abierto el cielo. Entonces entendí lo más crucial, la habilidad del presidente para proseguir con la escalada militar, toda su estrategia durante la guerra dependía del secretismo y las mentiras” (Daniel Ellsberg, 'Secrets: A Memoir of Vietnam and the Pentagon Papers’, Penguin Books', 2003). Se refería a las deliberaciones y recomendaciones de la Junta del Estado Mayor para el presidente Lyndon B. Johnson como respuesta al ataque por sorpresa del Vietcong del 30 de enero de 1968: el inicio de la Ofensiva del Tet, de la que se cumple ahora medio siglo.

El plan militar acabó impreso en el periódico y como consecuencia, Ellsberg se convencería de que esa era la única forma de acabar con la guerra. A partir de ese momento comenzó a facilitar mensualmente secretos a los periodistas del Times, tres años antes de los Papeles del Pentágono, tal y como él mismo explica en sus memorias. La Torre de Babel que habían construido durante casi 15 años cuatro administraciones de EEUU con Dwight Eisenhower, John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson al frente, comenzó a derrumbarse durante la madrugada de la celebración del cambio de año lunar vietnamita.

Música y petardos en la embajada
Los funcionarios de la embajada de EEUU en Saigón no se privaron de celebrar la vistosa festividad del 'Tet' que marca el año nuevo en Vietnam. George Jacobson, uno de los altos cargos diplomáticos ofreció una imponente fiesta de gala en el jardín de su chalet, en la que se encontraban la plana mayor de los funcionarios de EEUU incluido el embajador, Ellsworth Bunker y lo más granado de la sociedad survietnamita, con destacados representantes del gobierno al frente (Nick Turse, 'Dispara todo lo que se mueve', Sexto Piso, 2014).

A las 3:00 de la madrugada una sucesiva descarga de morteros y armas de fuego sacaron de la cama al anfitrión Jacobson

No había motivo para esconderse en sus casas, porque apenas dos meses antes, el general William Westmoreland, jefe supremo de las fuerzas de EEUU en Vietnam había anunciado durante una charla en el National Press Club que “estaban entrando en la “Fase final del esfuerzo bélico”. El Washington Post tituló al día siguiente con sus optimistas palabras: “El final de la guerra a la vista” (Daniel Ellsberg, 'Secrets'). Durante la agradable velada en la lujosa villa de Jacobson, los acordes de la banda de música se fundieron con los ruidos de unos petardos que formaban parte del festejo, destinados, como era tradicional, a espantar los malos espíritus del año nuevo.

Poco después de la simpática ráfaga se avecinaría el verdadero fin de fiesta. A las 3:00 de la madrugada una sucesiva descarga de morteros y armas de fuego sacaron de la cama al anfitrión Jacobson. Su residencia estaba dentro del recinto amurallado de dos hectáreas que protegían el imponente complejo diplomático estadounidense. Se había terminado tan sólo dos meses antes, después de que el secretario de Defensa, Robert McNamara advirtiera en 1965 al presidente Johnson de la necesidad de construir casi una fortaleza (Conversación telefónica entre McNamara y Johnson. Biblioteca LBJ. National Archives).

“¡Están entrando! ¡Ayudadme!"
Aún así, fue asaltada. Según informó el propio Westmoreland al presidente al día siguiente “una unidad formada por 20 soldados del vietcong equipada con armas automáticas, lanzacohetes, minas y granadas atacó el complejo de la embajada abriendo un boquete en una de las murallas exteriores por donde se introdujeron al jardín”, (Biblioteca LBJ).

Uno de los policías militares acertó a alertar a gritos por la radio: “¡Están entrando! ¡Ayudadme!” poco antes de ser abatido por el enemigo. Jacobson se encontró atrapado en el segundo piso del mismo chalet en donde habían bailado hace unas horas, cuando un guerrillero herido del vietcong se refugió en la planta baja. Lo único que pudieron hacer los marines por el diplomático, atrincherado en pijama y batín en su propia casa, fue lanzarle una pistola y una máscara de gas por la ventana para que se enfrentara él mismo al soldado del vietcong, al que logró eliminar, -Nick Turse, ‘Mata a todo lo que se mueve’-.



escena-tras-el-asalto-al-complejo-diplomatico-estadounidense-en-vietnam-en-1968.jpg

Escena tras el asalto al complejo diplomático estadounidense en Vietnam en 1968


Al mismo tiempo, los marines acudieron a escoltar al embajador Ellsworth Bunker y se lo llevaron a toda prisa a las oficinas de la cancillería para quemar todos los documentos clasificados que pudieran mientras la Policía Militar seguía enzarzada en un tiroteo en el jardín del recinto con los asaltantes. Aunque Bunker quitaría hierro con posterioridad al ataque de la embajada (Ellsworth Bunker, 1980, Biblioteca LBJ) lo más grave es que esa noche, aproximadamente 600.000 guerrilleros del vietcong, un contingente superior al de todas las fuerzas militares de EEUU desplegadas, -unas 510.000 en esa fecha- habían penetrado sin ninguna dificultad en la misma capital de Vietnam del Sur. Ninguna ráfaga de petardos de año nuevo les iba a ahuyentar.

Los balbuceos de McNamara
Además de Saigón, esa noche el fuego enemigo batió prácticamente todas las ciudades del país. Entre ellas la importante ciudad de Hue, antigua capital imperial, donde se libraría más adelante la mayor batalla de la ofensiva, además de Da Nang, Vinh Long, Quang… y la estratégica base de Khe Sanh, en la frontera con Vietnam del Norte. El enclave había sufrido un pequeño ataque de diversión un día antes y acabaría asediada durante meses. Despertaría los fantasmas de Dien Bien Phu de 1954, cuando las unidades de élite francesas fueron aniquiladas durante la Guerra de Indochina, el colofón de su derrumbe colonial.

El secretario de Defensa McNamara reconoció que la ofensiva del vietcong era “una derrota psicológica y propagandística”

En Washington, 48 horas después del asalto, el secretario de Defensa, Robert McNamara trataba de explicarse por teléfono con el presidente. Quince minutos históricos que transcribe y reproduce El Confidencial de los archivos del presidente Lyndon B. Johnson, en los que queda claro que no sólo había sido una sorpresa total: “muestra que el enemigo es más fuerte de lo que pensábamos”, explicaba McNamara, sino que además era “una derrota psicológica y propagandística”. El secretario de Defensa reconocía que “por toda la nación, el pueblo americano se levantará está mañana con la sensación de que son mucho más fuertes de lo que se había previsto inicialmente” (Audio de la conversación Telefónica #12617. LBJ y McNamara, 1/31/1968, Biblioteca LBJ). Por supuesto, ninguna de estas conversaciones, estrictamente confidenciales, llegaban al público, ni a la prensa.

Dos días después de hablar por teléfono con McNamara, Johnson invitó a varios reporteros a la sala del Gabinete en donde les explicó que en realidad “esperaban el ataque y se habían preparado con anterioridad” -desmintiendo a McNamara-, que el enemigo “había fracasado completamente” y que no había habido “victoria psicológica”, tal y como apreciaría el pueblo americano “cuando conocieran los hechos” (Neil Sheehan, Hedrick, Kenworthy, Fox y Greenfield, ‘The Pentagon Papers: The Secret History of the Vietnam War’, Race Horse Publiching, 2017) . Una mala copia en negativo de lo que en privado le había trasmitido por teléfono su propio secretario de Defensa. Lo más grave es que en esa misma reunión aseguró que no estaba previsto ningún aumento de tropas de las 510.000 que servían entonces en Vietnam, que es precisamente lo que se plantearía inmediatamente después.

Las implicaciones de la Ofensiva del Tet eran demasiado incluso para Johnson, el hombre que era capaz de “hablar con los dos lados de la boca”, como se le conocía en Washington. Según transcurrieron las primeras semanas, la insoslayable realidad de los duros combates en las calles de las ciudades, a plena luz del día y no en los recónditos poblados o en la jungla, brindó a la prensa una cobertura en directo que despertó definitivamente a la opinión pública.

Se pasó a imágenes vívidas: fotos del horror, reportajes en televisión que mostraban los escombros de la ciudad imperial de Hue por donde deambulaban las tropas estadounidenses bajo el fuego enemigo. El reportero Walter Cronkite, la cara y la voz que se colaba por la televisión en los hogares de todo EEUU se posicionó en contra. Para rematar, la bomba periodística sobre Vietnam estalló un mes después, cuando el New York Times publicó lo que el gobierno preparaba como respuesta para hacer frente al nuevo escenario bélico tras la ofensiva.

La filtración que cambió la historia
En marzo, Ellsberg tuvo acceso a uno de los varios memorándum que había preparado la Junta de Jefes del Estado Mayor para el presidente y que consistían en las diferentes alternativas que proponían para encauzar de nuevo la guerra: “Mis miedos se confirmaron el 27 de febrero cuando leí el informe clasificado como alto secreto que había enviado el general Wheeler al presidente trasladando la petición de Westmoreland de 206.000 hombres más”. El documento al que se refería Ellsberg, provenía del estudio que había comenzado el 12 de febrero la Junta de Estado Mayor a petición de McNamara, y que había presentado tres planes:

1) Aumentar en 196.000 hombres a las tropas ya asignadas en Vietnam, 525.000, según el programa vigente, además de los seis batallones de emergencia,10.500 unidades, ya desplegadas, (un total de 206.500). Reducir las restricciones sobre las operaciones en Camboya y Laos

2) Mantener el actual programa autorizado de 525.000, sin variar la fuerza ya asignada de los seis batallones de emergencia de 10.500 hombres.

3) Aumentar en 50.00 hombres las tropas ya autorizadas de 525.000.

(National Archives: [Part IV. C. 6. c.] Evolution of the War. U.S. Ground Strategy and Force Deployments: 1965 - 1967. Volume III: Program 6)

Todos estos informes seguían siendo absolutamente secretos. A pesar de que muchos de los redactores de los informes tenían ya una postura decididamente contraria a continuar con la escalada militar en el sureste asiático, no parecía que nada pudiera parar la espiral. Lo mismo ocurría con muchos militares: uno de los oficiales expresó que con la campaña aérea, “básicamente estaban luchando contra la tasa de natalidad de Vietnam del Norte” (National Archives. Evolution of the War. Volume III). Ni siquiera Ellsberg se había decidido todavía a desvelar material clasificado. El primer plan era una petición directa de Westmoreland, que secundaba el general Joseph Wheeler, Jefe de la Junta del Estado Mayor. Significaba aumentar en unos 206.000 soldados el contingente de Vietnam.

Cuando se seguían discutiendo los pormenores de las alternativas, que incluían la petición de Westmoreland de que los primeros 100.000 hombres fueran enviados antes del 1 de mayo, saltó la primicia que cogió por primera vez en fuera de juego a todo el gobierno. La mañana del 10 de marzo de 1968, el New York Times publicó un historia de Sheehan y Hedrick sobre el incremento de tropas, que en la práctica significaba la movilización casi total de la reserva: "WESTMORELAND PIDE 206.000 HOMBRES MÁS, Y DESATA UNA POLÉMICA EN EL GOBIERNO. ACTUALMENTE HAY 510.00".



portada.jpg

Portada del New York Times del 10 de marzo de 1968


La información era tan precisa y fidedigna, no sólo por que clavaba el número exacto de tropas -que salía de la suma del Plan I-, que fue imposible de desmentir. En su crónica Sheehan y Hedrick, ahondaban más allá de la cifra. Recogían detalles como que a la propuesta inicial de Westmoreland le había seguido un viaje del general Wheeler a Saigón de tres días para evaluar la propuesta -New York Times, 10 de marzo de 1968-, como corroborarían los Papeles del Pentágono años después. Wheeler había vuelto el 28, convencido de las peticiones de éste último, y el presidente era proclive a acceder a sus recomendaciones. La pieza metía además el dedo en la llaga al señalar las disensiones dentro del gobierno con el polémico plan.

Cuando estalló el escándalo, Clark Clifford el nuevo secretario de Defensa que había sustituido a McNamara y que se oponía al plan, ordenó investigar la filtración y la Casa Blanca se apresuró a achicar agua con la explicación de que sólo era una “petición preliminar y no una recomendación formal”. En realidad, se trataba nada menos que de un elaborado documento de la Junta del Estado Mayor que se estaba discutiendo en ese momento.

El presidente Johnson se vio tna presionado que, por primera vez en toda la guerra, decidió detener la escalada bélica

Lyndon B. Johnson se ajustó como pudo a las circunstancias, dado que era imposible negar la existencia del plan. Según Hedrick, los cada vez más numerosos desencuentros dentro del propio gobierno, la preocupación del Congreso, las críticas generalizadas en la prensa y la opinión pública desfavorable, le presionaron de tal forma, que por primera vez en toda la guerra decidió detener la escalada bélica.

No había forma ya de convencer prácticamente a nadie de que un aumento de tropas fuera a cambiar nada. Lo mismo ocurría con la evaluación de la Ofensiva del Tet. En su fase inicial había resultado ciertamente un fracaso para el Vietcong, puesto que no consiguieron su principal objetivo, que era provocar un levantamiento general en Vietmam del Sur. Sin embargo, ya nadie lo veía así. Era imposible creerse a Westmoreland dos veces: el que vaticinaba en noviembre de 1968 que se estaba llegando al final de la guerra, y el que en febrero del año siguiente explicaba que, en realidad, el Tet les beneficiaba. A la fuerza una de las dos tenía que ser falsa, sino ambas. Lo más preocupante es que pasara lo que pasara, la receta era siempre la misma: más soldados.

Garganta Profunda
El artículo de portada del New York Times se llevó por delante al general William Westmoreland, que fue ascendido a Jefe del Estado Mayor: “una forma de quitarle del medio del teatro de operaciones”, según el periodista del Times, Hedrick Smith -Pentagon Papers-. Johnson anunciaría poco después, en abril, que renunciaba a la reelección. Robert McNamara se libró porque que ya había salido del gobierno, tal y como se había previsto con anterioridad.

Algunos autores han insinuado que Daniel Ellsberg pudo ser la fuente anónima, pero éste reitera en sus memorias que fue más bien su inspiración: “fuera quien fuera éste héroe, patriota o simplemente un indiscreto, me había abierto los ojos (…) Hasta ese momento pesaba que desvelar secretos era traición. Estaba equivocado. Filtrarlos podía ser un acto patriótico (…) A mediados de marzo fui por primera vez a la redacción de un periódico con informes y telegramas clasificados para dárselos a un periodista. Escogí a Neil Sheehan”. Se convirtió en una rutina. El reportero del Times matiza que fue también su persuasión durante los siguientes años los que acabarían por convencer al analista de dar un paso más rotundo (Sheehan, ‘Pentagon Papers’). Los documentos no cayeron solos por la inspiración. En 1971, Ellsberg dio el paso definitivo cuando decidió llevarse de la RAND Corporation varias cajas con los documentos para fotocopiarlos: los papeles que llegarían primero al NYT y después al Post, el resto es historia.

El escándalo de los Papeles del Pentágono le cayó a Richard Nixon: fue la primera batalla que libró y perdió con la prensa

Es tentador pensar que la ‘Garganta Profunda’ que abrió la caja de Pandora fuera el propio McNamara, pero poco probable. La decisión de crear el panel de expertos que recabara información de la guerra en el momento en que se producía fue suya, pero su objetivo era precisamente que quedara como legado para posteriores investigaciones. Paradójicamente, sirvió para todo lo contrario: tanto los periodistas del NYT como los del Post trabajaron a contrarreloj con porciones de documentos clasificados para recomponer un puzzle peliagudo en un salto a menudo sin red. Un buen ejemplo del valor del periodismo de investigación como primer borrador de la historia.

El escándalo de los Papeles del Pentágono le cayó a Richard Nixon, que había llegado a la presidencia en su segundo intento en 1969. Fue la primera batalla que libró y perdió con la prensa. La segunda, el escándalo Watergate destapado por el Post le costaría el cargo. De forma oportunista, uno de los puntales de su campaña había sido la promesa de la retirada de tropas, espoleado por la demanda popular que ya no sólo se ceñía a las protestas en las universidades. Pero cuando se sentó en la Casa Blanca sus promesas se difuminaron. Las conversaciones de Paz con Vietnam del Norte estaban en marcha desde 1968 con continuas interrupciones sin que se avanzara de forma significativa.

La guerra privada de Nixon
Su respuesta fue aumentar los bombardeos, y más concretamente extenderlos a Camboya. Al igual que su predecesor, sus asesores le convencieron de que era la única forma de acabar con la pesadilla para mantener el “prestigio” y la “credibilidad” del gobierno de EEUU. Mintió y le pillaron. Con el nuevo plan de “vietnamización” del conflicto, tal y como denominó a la retirada de tropas, a excepción de la fuerza aérea, se puede concluir que Nixon fue el presidente que inició el fin de EEUU de Vietnam, Kennedy el que lo comenzó y Johnson, el responsable de la principal pesadilla, con la inestimable ayuda de McNamara y Westmoreland. Pero con su intervención en Camboya, Nixon despertó de las profundidades del campo a los Jemeres Rojos de Pol Pot. Su posterior apoyo a los insurgentes camboyanos, enemigos de sus vecinos de Vietnam del Norte, facilitó uno de los mayores genocidios de la Historia.

EE.UU no solo perdió la “credibilidad” y el “prestigio”. Hasta el final de la guerra en 1975, murieron más de 58.000 soldados de EE.UU y 75.000 quedaron gravemente discapacitados. Sus aliados vietnamitas perdieron a más de 254.000 y sus enemigos del norte aproximadamente a un millón, a los que habría que sumar 300.000 que aún siguen desaparecidos. Otros 65.000 fallecieron a causa de las incursiones aéreas de EEUU según las cifras de Nick Turse. Es casi imposible de precisar el número de desarmados campesinos de Vietnam del Sur que los mismos soldados estadounidenses masacraron sin motivo. La célebre matanza de My Lai, acaecida en marzo de 1968, no fue una excepción aislada, sino una constante, consecuencia del “Search and Destroy”, el “Body Count” o el “Kill Ratio”, los mantras de la estrategia militar en Vietnam. “Buscar y Destruir”, “Tanteo de Cadáveres” y “Ratio de Muertos”. En definitiva, toda la estrategia militar se resumía en una única y cruda consigna: matar a todo lo que se moviera.

https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-01-30/archivos-del-pentafono-ofensiva-del-tet_1513118/
Que fuerte...gracias guapa...