Crónica Negra. Asesinos, atravesando siglos.

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Netflix recupera (una vez más) a Ted Bundy, el macabro asesino que conmocionó a EE. UU
Tres meses después de estrenar una serie documental sobre Ted Bundy, ahora Netflix presenta un biopic sobre el psicópata
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A la izquiera, Zac Efron en su papel de Ted Bundy y, a la derecha, una foto del propio Bundy - ABC
Netflix siempre está al tanto de los aniversarios. El pasado 24 de enero se cumplieron treinta años de la ejecución en la silla eléctrica de Ted Bundy, uno de los criminales más macabros de la historia de Estados Unidos, y ese mismo día la plataforma estrenó la serie documental «Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy». El documentalista Joe Berlinger, ganador de dos Premios Emmy, compone en esta serie un retrato del asesino a través de imágenes de archivos, grabaciones de audio hechas en el corredor de la muerte y entrevistas con personas relacionadas con la investigación.

Parece que la figura del psicópata Bundy interesa a los usuarios de la plataforma, que en febrero anunció que había adquirido por nueve millones de dólares los derechos de «Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile». Netflix ha elegido el viernes 3 de mayo para estrenar esta película que se centra en una etapa controvertida en la vida de Ted Bundy, que será interpretado por Zac Efron: su relación con Elizabeth Kloepfer, la que fue su pareja desde 1969. Interpretada por Lily Collins, veremos una nueva cara del mítico psicópata, el que cuidaba de su pareja y la hija de ella, y que desaparecía por las noches para asesinar mujeres y practicar necrofilia.
Ted Bundy fue condenado a la pena capital tras quedar probado que asesinó a 36 mujeres entre 1974 y 1977, pero los investigadores creen que la cifra pudo llegar a la centena. ¿Cómo es posible que un ser humano alcance cotas tan altas de sadismo y maldad? El caso de Ted Bundy conmocionó a la sociedad estadounidense, y su juicio y posterior condena fue uno de los más mediáticos de la historia del país. De hecho, las aproximaciones cinematográficas a su figura que este año ha presentado Netflix no son las primeras: en 1986 se contó la historia de Bundy en la película «Deliberadamente extraño», en 2002 salió a la luz «Ted Bundy» y un año después «Un extraño a mi lado», basada esta en el libro de una conocida del asesino.

Un estudiante brillante
Nacido el 24 de noviembre de 1946 en Burlington (Vermont, Estados Unidos), Ted Bundy nunca tuvo una vida normal. Su padre era un veterano de la fuerza aérea estadounidense que abandonó a su madre antes de que él naciese. Louise, la madre del pequeño, le hizo creer que ella era su hermana mayor y que sus abuelos maternos eran en realidad sus padres. Hasta la adolescencia no descubrió el engaño de su madre, y en ese momento empezó a incubar un germen de odio contra el mundo.

Bundy se matriculó en Derecho en la Universidad de Washington, donde era tenido por un estudiante brillante y apreciado por sus profesores. En 1967, durante su época universitaria, conoció a Stephanie Brooks, una estudiante de psicología proveniente de una familia rica de San Francisco. El futuro asesino se enamoró perdidamente de ella e iniciaron una relación que duraría dos años. Transcurrido ese tiempo, ella decidió romper el romance debido a la oscura personalidad de su pareja. Bundy pasó una temporada destrozado, pero al cabo de unos meses conoció a Meg Anders y empezó a salir con ella.

Un tiempo más tarde, en 1973, se reencontró con Stephanie y mantuvo con ella un fugaz romance que duró hasta que Bundy la abandonó en invierno de ese mismo año. Poco después cometería su primer crimen. La víctima fue Joni Lenz, de 18 años, una estudiante a la que asaltó en la habitación de su residencia. Bundy la golpeó con un objeto contundente y la violó con la pata de la cama. Lenz logró sobrevivir, pero con daños neurológicos irreversibles.

Una gira macabra
Y una vez que probó a dar rienda suelta a su furia asesina ya no pudo dejar de hacerlo. Menos de un mes después de intentarlo con Joni Lenz otra chica, Lynda Ann Healy, desaparece en el mismo campus. Su cadáver descuartizado aparece un año más tarde en un bosque cercano a la residencia. El primer crimen le dejó con ganas de más, y elegía siempre víctimas muy similares: jóvenes estudiantes, blancas, guapas y de pelo negro…Todas parecidas a Stephanie Brooks.

Su modus operandi era muy sencillo, y supo aprovechar su atractivo físico y su carisma para sus malvados propósitos. Bundy simulaba tener el brazo roto y le pedía ayuda a alguna chica para que le ayudase a meter unos libros en su coche, siempre un Volkswagen de color blanco. Luego las golpeaba, las metía en el coche y se iba con ellas a algún lugar apartado, donde las violaba, torturaba y asesinaba. Así murieron, entre otras, Carol Valenzuela, Nancy Wilcox, Susan Rancourt, Donna Mason, Laura Aimee, Brenda Ball, Georgann Hawkins, Melissa Smith o Caryn Campbell.

Para no llamar la atención de la policía, Bundy decidió cambiar el escenario de sus crímenes e inició una macabra gira por Estados Unidos que le llevó a Idaho, Utah, Colorado y Florida, dejando tras de sí un rastro de asesinatos. En 1975 fue detenido por conducción temeraria y los policías que registraron su vehículo encontraron esposas, pasamontañas y barras de hierro en el maletero. Se le empezó a relacionar con los crímenes y fue encarcelado, pero en 1976 consiguió huir saltando al vacío desde la biblioteca de la cárcel. A los seis días fue capturado, pero la víspera de la Nochevieja de ese mismo año volvió a fugarse de prisión.

Antes de que la policía diese con él le dio tiempo a asesinar a dos jóvenes y a dejar a otras dos malheridas. Bundy ya no volvería a estar nunca en libertad, y le quedaban por delante once años de juicios y apelaciones. El 31 de julio de 1979, tras siete horas deliberando, el jurado declaró a Bundy culpable de los asesinatos cometidos durante su fuga y fue condenado a morir en la silla eléctrica. Bundy, que ejerció como abogado de sí mismo durante el juicio, logro postergar en tres ocasiones la aplicación de la pena. En un intento desesperado por salvar la vida confesó dónde había ocultado los cuerpos de varias de sus víctimas, pero nada le libró de morir electrocutado el 24 de enero de 1989.

https://www.abc.es/play/cine/notici...-asesino-conmociono-201905050043_noticia.html
 

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Richard Kuklinski, el asesino a sueldo que delató a la mafia italoamericana

Se ganó el apodo de ‘Iceman’ y ‘Hombre de Hielo’ por su particular forma de matar a sus víctimas
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Richard Kuklinski, el asesino a sueldo que delató a la mafia italoamericana (YouTube)

MÓNICA G. ÁLVAREZ
10/05/2019 06:30 Actualizado a 10/05/2019 07:03

“En una parte de mi vida maté a la gente por nada. Solo porque alguien me miraba mal lo mataba, acuchillaba, disparaba”. La frialdad con la que Richard Kuklinski confesaba el motivo de todos aquellos crímenes se recogió en un documental tras ser condenado a dos cadenas perpetuas. Este asesino a sueldo que comenzó matando por placer, sonreía pletóricamente a medida que su interlocutor iba profundizando sobre los homicidios.

Si falta de empatía para con sus víctimas y la forma en la que decidía asesinarlos le valió el apodo de Iceman (Hombre de Hielo). De hecho, hasta la mafia italoamericana con la familia Gambino a la cabeza, llegó a contratarle por sus servicios. Sin embargo, un buen día este sicario decidió delatarles.

Encubriendo un crimen

Descendiente de inmigrantes polacos, Richard Kuklinski nació en Nueva Jersey (Estados Unidos) el 11 de abril de 1935. La familia vivía en un barrio marginal de las afueras con toda la acritud y violencia que conllevaba la vida en la calle. Eran años durísimos. Las consecuencias del crack financiero de 1929 aún estaban muy presentes. A esto habría que sumarle el carácter del padre, Stanley Kuklinski, un hombre realmente rudo, violento, alcohólico y que maltrataba tanto a su mujer como a sus hijos. Los golpes eran la tónica habitual con que se resolvían los problemas en esa casa.

Un punto de inflexión en la vida de Richard ocurrió cuando tan solo contaba con cinco años. Su padre llegó a casa con una de sus habituales y violentas cogorzas, gritando y dando puñetazos.

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Richard Kuklinski con diez años (YouTube)
La peor parte se la llevó el hermano mayor, Florian. Stanley le propinó tal puñetazo a su hijo que este falleció en el acto. Ambos progenitores encubrieron el crimen montando la escena sobre un supuesto y fatal accidente doméstico. El asesinato impactó sobremanera al pequeño. Y lo hizo de tal forma que tuvo consecuencias demoledoras

Richard se convirtió en un niño encerrado en sí mismo,problemático con los estudios y con serias dificultades para relacionarse, también agravado por la dislexia que padecía. El pequeño se convirtió en el blanco de las iras y burlas de los pandilleros del barrio y del colegio. Las agresiones y humillaciones eran prácticamente a diario, tanto dentro como fuera de casa. Sentía como si todo el mundo le odiara.

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Richard Kuklinski, de joven (YouTube)
Pero pronto encontró con quien descargar toda aquella rabia e ira contenidas: los gatos del barrio. La población de mininos menguó y en muy poco tiempo dejaron de verse por el vecindario. Richard se dedicó a torturarlos y a estrangularlos mientras les miraba a los ojos, deleitándose con los estertores de la muerte. Como hemos visto con otros asesinos en serie, este factor es bastante común en todos ellos, la crueldad con los animales. Así, el muchacho se volvió “mortal”, como él mismo se describió.

Pero fue a los trece años cuando Richie llegó al límite. Tras llevarse una paliza por parte de una banda callejera, cuando llegó a casa el padre también la emprendió a golpes con él. Era su modo de enseñarle que no se podía dejar avasallar por nadie.

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Fotografía de Richard Kuklinski durante su juventud (AP)
Charlie Lane, el jefecillo que controlaba el barrio y la pesadilla de Richard, se convirtió en su único objetivo. Durante varios días, el muchacho estudió sus rutinas y se preparó para darle su merecido. Una madrugada esperó agazapado a que Charlie volviera a su casa en un sucio y solitario callejón. Allí, tras provocarlo y hacer que le atacara, Kuklinski le asestó un mortal golpe en la sien con una barra de hierro.

El momento que tantas veces había soñado acababa de llegar. No paró de golpearle hasta que el cuerpo inerte de Lane se quedó tirado en un charco de sangre y sus sesos estuvieron esparcidos por el suelo. Había perdido la razón. Solo quería golpearlo una y otra vez.

Cruzando la línea

Después, ocultó el cuerpo en el maletero de un coche y se deshizo de él arrojándolo a una zona de marismas heladas. Previamente, le arrancó los dientes y le cortó los dedos con un hacha para así hacer más complicada su identificación. Esa noche durmió feliz. Había cruzado la línea, estaba en el ‘otro lado’ y eso la hacía sentirse muy bien.

Su siguiente víctima no se hizo esperar. Tras ganar una partida de billar, un joven del barrio empezó a insultarle. Al volver a casa advirtió que el matón se había quedado dormido dentro del coche y decidió comprar gasolina. La vertió en el interior del vehículo y le arrojó una cerilla. Volvió a disfrutar con los gritos de dolor y pánico del muchacho entre las llamas. Richard se estaba creciendo por momentos.

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Richard Kuklinski con su mujer Bárbara (AP)
Ya no aguantaba más episodios violentos. Ni hacia él ni hacia su familia. Y así se lo hizo saber a su padre cuando en otra ocasión volvió a pegar a su madre. Fue directamente a por Stanley, le puso un revolver calibre 38 en la sien y le dijo: “Si vuelves a acercarte a mi familia, te mato y te arrojaré al río”. El padre jamás volvió a aparecer en escena, aunque Kuklinski comentó con los años que si de algo se arrepentía era de no haberle disparado esa noche.

En 1960 conoció a la que sería su futura esposa y madre de sus tres hijos, Bárbara, que nunca supo a lo que realmente se dedicaba su marido. Por entonces, traficaba con por**grafía que después revendía la familia mafiosa de los Gambino.

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Richard Kuklinski con sus hijos (AP)
De la por**grafía se pasó al cobro de deudas y de ahí al asesinato a sueldo. Al fin y al cabo su físico imponía. Richard era un hombre de casi dos metros y su sola presencia inspiraba pavor. Ahí fue cuando el gángster Roy Medeo le vio filón como sicario. Le hizo elegir una víctima al azar en un parque –se trataba de un hombre que paseaba a su perro-, seguirle y matarle. Kuklinski llevó su cometido a rajatabla y terminó disparando en la cabeza al desconocido. Cuando regresó ante el matón éste no dudó en darle más trabajo.

Durante los siguientes treinta años, Richard asesinó de las formas más variadas. Cualquier cosa le servía: desde un martillo a un pica-hielos, pasando por cuchillos o pistolas. Todo utensilio podía ser un arma letal.

El sicario de hielo

Perfeccionó muchísimo el uso del cianuro, por ejemplo. Lo utilizó en numerosas ocasiones ya que era difícil de detectar toxicológicamente y más cuando se utilizaba en aerosol. Aquel inhalador venenoso podía dejar K.O. a un inocente viandante en apenas quince segundos.

Para deshacerse de los cuerpos también utilizaba métodos de lo más variopintos. Su favorito: colocar los cuerpos en un barril de aceite y arrojarlos a un lago. Otro era lanzar el cuerpo a una profunda grieta que tenía localizada en un terreno. El más vistoso consistía en situar el cadáver en una cueva minada de voraces ratas gigantes de Pensilvania. Aunque este sistema lo utilizó además con personas vivas a las que, por uno u otro motivo, se les había asignado un sufrimiento “extra” antes de morir. A veces, filmaba sus crímenes para que el cliente supiera del sufrimiento al que había sometido a su objetivo.

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Una de las armas utilizadas por Richard Kuklinski para matar a sus víctimas (AP)
El apodo de Iceman (Hombre de Hielo), le llegó por dos vertientes. Una, por su más que demostrada frialdad para las ejecuciones. No dudaba, ni siquiera pestañeaba, no sentía la más mínima piedad por su víctima. La otra, por uno de sus mortales experimentos: tuvo el cuerpo de una persona en un congelador durante dos años antes de deshacerse de él.

Aquello a punto estuvo de confundir a la policía, pero los forenses descubrieron restos de hielo en la autopsia y supieron que no acababa de morir. Al cuerpo solo le quedaban unas pocas horas para la descongelación total.

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Ficha policial de Richard Kuklinski (AP)
Richard tenía un salario por crimen y era de aproximadamente unos cincuenta mil dólares (unos 45.000 euros) por trabajo. La cifra podía ser mayor si la víctima tenía que recibir y padecer un tratamiento especial en lo que a sufrimiento se refiere.

Pese a los asesinatos que cometía diariamente, su esposa declaró en el juicio que vivían como la típica familia americana. Una casa lujosa, coche familiar y barbacoa los domingos. Lo que no contaba a nadie era la violencia a la que se veía sometida. Pero Bárbara siempre le perdonaba y decía de él que era un hombre romántico y un estupendo padre para sus hijos. Tras su encarcelamiento, la esposa declaró que fue toda una conmoción enterarse del trabajo real de su marido porque jamás hizo preguntas sobre sus viajes por razones laborales.

Testimonio contra la mafia

Cuando Kuklinski entró en la cincuentena se sentía agotado. Sus actos eran más despiadados y se volvió descuidado y confiado. Empezó a cometer errores. La policía comenzó a cercarlo tras quitar de la circulación a varios de sus socios por un asunto de atracos.

El detective Kane de la policía de Nueva Jersey contactó con un amigo de Kuklinski y metieron como infiltrado al agente Dominick Polifrone. La excusa: contratar al gigantón para un trabajo. Todos los detalles fueron grabados y, una vez ya reunidas todas las pruebas y testimonios, se produjo su detención. Fue en diciembre de 1986 y en 1988, el tribunal lo condenó a dos cadenas perpetuas continuas por cinco asesinatos. Solo podría salir en libertad a partir de los 110 años.

“Veía cómo se ponían blancos… Los miraba morir. No solo disparaba y me iba”

RICHARD KUKLINSKI
Durante los siguientes años, se hicieron tres documentales y decenas de entrevistas sobre este brutal asesino en serie a sueldo. Una de las más destacadas, la realizada por el doctor Park Deeds, psiquiatra y consultor del FBI, en julio de 2002. El experto en la mente humana visitó la prisión de máxima seguridad del estado de Trenton y durante cuatro días, pasó catorce horas con Kuklinski. Su objetivo: penetrar en su psique.

A continuación, un breve extracto de su conversación con el criminal:

Park Deeds: ¿Se ve como un asesino?

Richard Kuklinski: Asesino… Suena tan exótico… Solo fui un sicario. Maté básicamente a como 100 hombres cuando era joven antes de que conociera a nadie. Demasiado… En una parte de mi vida maté a la gente por nada. Solo porque alguien me miraba mal, lo mataba, acuchillaba, disparaba.

PD: ¿Prefería dispararla a la gente de cerca? ¿Personalmente?

RK: Definitivamente. Quería decirles, justo antes de que partieran… quería decirles adiós. Quería que me miraran directamente. Me acercaba más. Solo quería que vieran mi linda carita. Que se la llevasen… que lo último que vieran fuese yo. Y si se llevan ese destello al más allá, a la eternidad o lo que sea que es… van a estar pensando en mí todo ese tiempo.

Los miraba a los ojos. Veía cómo se ponían blancos… Los miraba morir. No solo disparaba y me iba. Vi la sorpresa, el impacto… ese blanco… Se fueron… Y lo que veía después era mi reflejo. Pero eso era todo.

PD: ¿Lugar favorito a disparar?

RK: Debajo de la barbilla.

Contra la mafia

A lo largo de este documental emitido posteriormente por HBO, Kuklinski narraba sonriente y hasta sarcástico que le resultaba “decepcionante” no sentir nada al matar a alguien. De hecho, llegó a reconocer que lo único que le aportaba adrenalina era el “s*x*”.

De los cientos de asesinatos cometidos, hay uno del que se arrepintió soberanamente por lo sádico que fue. Justo cuando iba a liquidar a un hombre, éste empezó a rogar a Dios por su vida. Lo hizo suplicando y sollozando. Ante esta situación, Richard le dijo que le daba a Dios treinta minutos para que le salvara. Pasada la media hora, Iceman le ejecutó. Aquello, incluso para el propio asesino, fue del todo cruel. “No estuvo muy bien. Es algo que no debería haber hecho”, se limitó a decir.

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Richard Kuklinski, una vez detenido (AP)
Kuklinski falleció el 5 de Marzo del 2006 a los setenta años. Según las autoridades, se debió a causas naturales. Aunque para algunos expertos su muerte fue más que sospechosa. Por entonces, el Hombre de Hielo tenía que testificar contra el jefe de la familia Gambino, Salvatore Gravano. Pero sin su testimonio, el caso se vino totalmente abajo con la posterior puesta en libertad del capo.

Hasta ese momento, lo único preocupaba a este eficaz cazador de seres humanos era su propia familia. “Nunca sentí pena [por las víctimas], siento pena por lastimar a mi familia. Lo único por lo que siento pena. No estoy buscando el perdón y el arrepentimiento”.

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Richard Kuklinski durante el juicio (AP)

https://www.lavanguardia.com/suceso...-sicario-mafia-gambino-las-caras-del-mal.html
 
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Arrestan a un piloto en el aeropuerto de Kentucky por un presunto triple homicidio en 2015
Martin está acusado de tres cargos de asesinato, así como cargos de incendio, robo y manipulación de pruebas físicas.
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Actualizado:14/05/2019 16:29h

Christian Richard Martin, piloto de PSA Airlines, filial de American Airlines, fue arrestado el pasado sábado, antre la incredulidad de los pasajeros, por un presunto homicidio triple ocurrido hace tres años en una pequeña ciudad de Kentucky, EE.UU.

El fiscal general del estado, Andy Beshear, anunció que Martin fue acusado de asesinato por las muertes de Calvin y Pamela Phillips y de Edward Dansereau. Los cuerpos sin vida de la pareja y su vecino fueron descubiertos en Pembroke, cerca de la frontera de Tennessee.

Martin fue arrestado en el Aeropuerto Internacional de Louisville (Kentucky) por tres cargos de asesinato, así como cargos de incendio, robo y manipulación de pruebas físicas, según las autoridades.

Según un comunicado, el 18 de noviembre de 2015 Calvin Phillips fue encontrado muerto a tiros. Los cuerpos de su esposa, Pamela Phillips, y del vecino de la pareja, Edward Dansereau, fueron hallados a varios kilómetros de distancia en el interior de un coche quemado.

El acusado se encuentra detenido sin fianza a la espera de concretar la fecha del juicio. Los miembros de las familias han expresado una «emoción, alivio sincero y gratitud absoluta a todos aquellos que han trabajado diligentemente en este caso».

https://www.abc.es/internacional/ab...iple-homicidio-2015-201905141617_noticia.html
 
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Buscan a un asesino marroquí «extremadamente violento y peligroso»
La Policía pide reforzar las medidas de seguridad en puertos, aeropuertos y controles fronterizos

Seguir Carlota Barcala@CarlotaBarcala
MADRID Actualizado:16/05/2019 00:33hhttps://www.abc.es/espana/comunidad...lamados-por-sus-paises&vli=noticia.foto.local

El Grupo de Fugitivos Internacionales de la Policía Nacional busca a Mohamed Soultana, un prófugo «extremadamente violento y peligroso». El fugitivo está acusado de un delito de asesinato cometido con arma de fuego y tiene decretada una orden europea de detención y entrega dictada por las autoridades alemanas.

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El fugitivo Mohamed Soultana
Con el objetivo de localizarlo y detenerlo, la Policía ha pedido, tal y como ha podido saber este diario, «máxima difusión» a todas las unidades para intensificar las medidas de seguridad y control enpuertos aeropuertos y puestos fronterizos.

Las investigaciones más recientes, ejecutadas por agentes alemanes, señalan que la intención de Mohamed Soultana es huir a Marruecos(su país de origen) por cualquier parte de la frontera española. Asimismo, se considera que el presunto asesino puede continuar armado.

Mohamed Soultana nació en Marruecos en septiembre de 1976. Tiene rasgos árabes, ojos oscuros, barba y pelo negro.

https://www.abc.es/espana/madrid/ab...iolento-y-peligroso-201905160033_noticia.html
 

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Elizabeth Báthory, la condesa y vampira que se bañaba en sangre

Ha pasado a la historia por ser una mujer sádica que torturó y mató a más de 600 niñas
Uno de sus famosos antepasados, el terrible Vlad III Tepes ‘El Empalador’, más conocido como Drácula

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Imagen de la película 'La Condesa' sobre la vida de Elizabeth Báthory (EMC)

MÓNICA G. ÁLVAREZ
24/05/2019 06:30 Actualizado a24/05/2019 07:53

Mujer de gran belleza y apariencia delicada y frágil, obsesionada con el esoterismo, de gustos sexuales ambiguos, y perteneciente a una de las familias húngaras más ricas de la época. De ahí su título de Condesa. Elizabeth Báthory ha pasado a la historia por ser una de las mentes femeninas más perversas y sádicas de la crónica negra.

Ni siquiera su linaje nobiliario le eximió de dar rienda suelta a su depravado comportamiento, asesinando a más de seiscientas cincuenta personas, sobre todo doncellas. Entre sus fechorías se encontraba la de realizar famosos ‘baños de sangre’ que, según creía, le mantendrían joven y bella por toda la eternidad. Una práctica habitual en los asesinos vampíricos, como su antepasado Vlad III (Drácula) Tepes, ‘El Empalador’.

Familia de Drácula

Elizabeth o Erzsébet Báthory nace el 7 de agosto de 1560 en Hungría, en el seno de una de las familias más antiguas y adineradas de Transilvania. Entre su parentela se encuentran poderosos personajes: un cardenal, varios príncipes y un primo que fue Primer Ministro de Hungría. También algunos más singulares, como un tío que adoraba a Satán, una tía bisexual de nombre Karla y un hermano mayor cruel y adicto a la bebida. Por no mencionar a su antepasado Vlad III ‘Draculae’ (Drácula) Tepes, El Empalador.

Báthory fue una niña inteligente, educada en la política, la ciencia y las artes. Hablaba cuatro idiomas y mostró una gran afición por la astronomía y la alquimia. La mayoría de los investigadores señalan que la endogamia practicada por los miembros de esta familia, fue la culpable de los mezquinos instintos de la aristócrata.

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Retrato en pintura de Elizabeth Báthory (Archivo)
A la edad de cuatro o cinco años, la Condesa ya sufría ataques de rabia intensa. Algunos médicos de la época los identifican como epilepsia. Con once se promete con Ferenc Nadasdy de 26, hijo de otra familia húngara de la aristocracia. Un año después y para ir tomando contacto con el nuevo clan, comienza a vivir en su castillo. Pero cumplidos los trece años se queda embarazada de uno de los sirvientes.

Debido a este incidente, recluyen en secreto a Elizabeth en un remota fortaleza donde da a luz a su hijo. Tras el parto, lo sacan del país. Dos años más tarde, contrae matrimonio con su prometido.

Sádico aburrimiento

La noble húngara mantiene su propio apellido (algo raro en aquella época), mientras que su marido cambió el suyo. Al poco de casarse y durante largas temporadas, Elizabeth empezó a encontrarse muy sola en el castillo, ya que el Conde, un general del ejército al que se le conocía como ‘El Caballero negro’, tenía que acudir al campo de batalla. Es entonces cuando la noble empieza a interesarse por el mundo del esoterismo, rodeándose de una siniestra corte de brujos, hechiceros y alquimistas.

Provocado quizás por el hastío de la soledad, Elizabeth pone en práctica algunas de las técnicas de tortura preferidas de su marido: introducir finas agujas debajo de las uñas de sus sirvientas, dar llaves o monedas al rojo vivo para quemar las manos de las doncellas, o tirarlas a la nieve para después echarles agua fría hasta verlas morir congeladas. Sea como fuere, la crueldad de la Condesa hacía temblar hasta los mismísimos cimientos de su castillo.

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Vlad Tepes 'El Empalador' y más conocido como Drácula (Archivo)
Por otra parte, Ferenc y Elizabeth apenas se veían debido a las actividades bélicas del primero, así que no fue hasta 1585, diez años después de su matrimonio, cuando la aristócrata tuvo a su primera hija, Ana. En los nueve años siguientes tuvo tres más: Úrsula, Katherina y Pablo.

Curiosamente y gracias a las cartas que ella escribía a sus familiares, se puede deducir que Elizabeth era una buena esposa y una madre protectora; una personalidad que contrasta de una forma aplastante con la citada en líneas anteriores. Sobre todo tras un dramático suceso que le da un giro a su vida.

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Conde Ferenc Nadasdy, marido de Elizabeth Báthory (Archivo)
El 4 de enero de 1604, ‘El Caballero Negro de Hungría’ muere de una súbita enfermedad durante una de sus batallas. Ella se queda viuda con tan solo 44 años. Es aquí cuando se inician sus verdaderas atrocidades, cuando la crueldad de la Condesa despierta de su letargo para entregarse a su nueva pasión, el sadismo.

En primer lugar, se encarga de echar de su castillo a su muy odiada suegra Úrsula junto con el resto de parentela Nadasdy. Seguidamente, manda encerrar en los sótanos a las muchachas que ésta protegía, donde además recibieron toda clase de castigos. Y a partir de entonces, tiene vía libre para desarrollar sus propias perversiones sexuales. Una nueva época se avecina en la fortaleza de Cachtice.

La primera víctima

Además de su gran interés por el mundo esotérico, Elizabeth siente predilección por las relaciones amorosas con personas de ambos sexos y las visitas a su tía lesbiana Karla Báthory son cada vez más frecuentes, hasta el punto de participar en algunas orgías. La Condesa no solo se acuesta con sus doncellas si no que les propina toda clase de correctivos.

Por ejemplo, a una chica que hablaba mucho hizo que le cosieran la boca. A otra de sus criadas le prendió fuego al vello púbico. E incluso, a una camarera que tenía fama de coqueta y libertina, fue obligada a sentarse en una parrilla al rojo vivo de donde no la levantaron hasta dos horas después.

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Cuadro que representa una sangrienta escena con Elizabeth Báthory en su castillo (Archivo)
Pero los años pasaban, también para la aristócrata cuya belleza se iba degradando poco a poco. Preocupada por su futuro, Elizabeth pide consejo a una de sus nodrizas. Ésta le explica que el poder de la sangre y los sacrificios humanos daban muy buenos resultados y le sugiere darse ‘baños de sangre’. Era la mejor forma de conservar su hermosura indefinidamente. Y así lo hizo.

Un buen día, una joven sirvienta estaba peinando a Elizabeth con la mala fortuna de propinarle un tirón. La noble en un ataque de rabia le dio tal bofetada que la sangre de la doncella salpicó su mano.Convencida de que el tramo de piel donde había caído la sangre se veía más joven y saludable, mandó que la cortaran las venas y el cuello y que llenaran una bañera con su sangre. A partir de este momento, esta clase de práctica se convirtió en su gran obsesión, dando paso a una orgía desenfrenada de asesinatos –se citan más de seiscientos cincuenta- que se prolongó por espacio de diez años.

Los ayudantes de cámara de Báthory

La depravación de Elizabeth necesitaba de unas manos ejecutoras sin las cuales, no podía cumplir cada una de sus degeneradas fantasías. Se trataba de individuos que raptaban a sus víctimas, especialmente vírgenes de cuna noble. Entre ellos: uno de sus sirvientes, Thorko; Ilona Joo, la nana de Elizabeth; las brujas Dorottya y Darvulia; y el brujo mayor, Johannes.

Durante once años, estos secuaces se encargaron de rastrear la región en busca de jóvenes apetitosas para saciar el hambre de su ama, cuya salud iba empeorando por momentos. Una temporada donde la Condesa estuvo enferma en cama, mandó que le llevaran a una joven doncella para hacerle compañía. Cuando llegó se arrojó sobre ella, le mordió en la mejilla, le arrancó un trozo de hombro con los dientes y le clavó los dientes en un pecho.

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Representación de Elizabeth Báthory dándose un baño de sangre (Museo de Vampiros San Marino)
Por otra parte, empezaron a extenderse rumores por todo el pueblo acerca de que algo raro sucedía en el interior del castillo Cachtice. Y no era para menos. Llegó un momento en que ocultar los centenares de cadáveres procedentes de tan macabros asesinatos, se convirtió en un gran problema. A veces los escondían bajo las camas, pero el hedor era tan insoportable que tuvieron que trasladar los cuerpos a un campo cercano a la ciudad.

La alarma saltó por dos situaciones: cuando parte de la población descubre más de una docena de niñas sin vida enterradas en las inmediaciones; y cuando una de las jóvenes a las que Elizabeth “educaba” en el castillo logra escapar de la fortaleza y dar parte a las autoridades. Aquí, el Rey Mathías II de Hungría ordena a un primo de la Condesa, el conde Thurzo, realizar las pesquisas correspondientes.

‘In fraganti’

El 30 de diciembre de 1610, el conde Thurzo y sus hombres entran en el castillo de Cachtice. Lo primero que ven es a una criada en el cepo del patio, en estado agónico, tras recibir una paliza que la habría fracturado todos los huesos de la ingle. Ya en el interior se encuentran a una chica desangrada en el salón, y otra que aún estaba viva aunque con el cuerpo agujereado. En la mazmorra, descubren a una docena que todavía respiraba, algunas de las cuales fueron perforadas y cortadas durante las últimas semanas. Y en los alrededores del palacio desenterraron otros 50 cadáveres.

También hallaron toneladas de ceniza y serrín por todas partes, usados para recoger la sangre que se vertía tan abundantemente en aquel lugar. Pese a eso, todo el castillo estaba cubierto con manchas oscuras y despedía un tenue olor a carne. Mientras tanto, la Condesa y algunos de sus brujos fueron sorprendidos en medio de uno de sus rituales de sangre. La detención se produjo de forma inmediata y fueron conducidos a prisión.

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Ilustración de Elizabeth Báthory dándose un baño con sangre (FB)
Al contrario de lo que imaginamos, el juicio contra Elizabeth Báthory jamás se llevó a cabo. Unos dicen que su primo Thurzo llegó a un acuerdo con el rey Matías para impedir que la Condesa pasara por ese mal trago y evitar con ello ensuciar el nombre de su familia. Otros creen que el hechizo de la vampira fue lo que la libró del proceso. Sin embargo, sus cómplices no se salvaron y fueron ejecutados de forma cruel. Se les arrancó los dedos con tenazas al rojo vivo y después terminaron ardiendo vivos en la hoguera.

En cuando a Elizabeth, pese a haber escapado del verdugo, no salió indemne de la causa. Como expiación de sus crímenes fue condenada a prisión perpetua y a ser emparedada en el castillo de Esei, con tan sólo una diminuta rendija por la que le daban comida y agua. Murió cuatro años más tarde. Tenía 54 años.

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El castillo de Cachtice, residencia de Elizabeth Báthory (AFP)
Durante más de cien años, los documentos del juicio de Báthory y de sus secuaces, estuvieron escondidos en el castillo del Conde Thurzo. Según parece, demostraban la unión que existía entre la familia Báthory y la de Vlad Tepes, el famoso Drácula.

Actualmente, es imposible saber qué sucedió realmente. Por un lado, las pruebas nos remiten a una asesina en serie depravada y feroz, cuya obsesión era rociarse de sangre humana para mantenerse joven y bella. Pero por otro, quizá fuera inocente y tan sólo se comportara como una noble más de su época. Recordemos que en el siglo XVII, era común en Hungría castigar cruelmente a siervos y pupilos, incluso ejecutar a pequeños delincuentes.

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El Conde Thurzo, primo de Elizabeth Báthory (Archivo)
Aunque por las palabras que le escribió el Conde Thurzo a la apodada como Condesa Sangrienta, se desprende que Elizabeth Báthory sí cometió estos atroces crímenes.

“Tú, Elizabeth, eres como un animal salvaje. Estos son tus últimos meses de vida. No mereces respirar el aire que hay en la tierra, no mereces ver la luz del Señor. Desaparecerás de este mundo y nunca volverás. Las sombras te envolverán y te arrepentirás de tu bestial vida. Yo te condeno Lady de Cachtice, a una prisión en vida en tu propio castillo...”.

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Retrato de Elizabeth Báthory (Archivo)

https://www.lavanguardia.com/suceso...ina-vlad-tepes-dracula-las-caras-del-mal.html
 

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La virgen roja es asesinada por su madre
Aurora Rodríguez concibió a su hija y la programó para redimir al s*x* femenino. Cuando esta quiso independizarse, la asesinó. Condenada por parricidio 26 años de reclusión mayor, falleció en el manicomio de Ciempozuelos
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Hildegart Rodríguez Carballeiro , la virgen roja y su madre Aurora Rodríguez Carballeira.
TERESA AMIGUET
28/05/2019 00:00

Hildegart Rodríguez fue concebida y programada para redimir al proletariado y al s*x* femenino.En pro de ello, su madre Aurora, había seleccionado cuidadosamente a un semental, al que abandonó tras quedar embarazada.

Cumplidos los 18, Hildegart reclamó su independencia. Pero su creadora tenía otros planes para su ‘muñeca de carne’ e incapaz de retenerla, le asestó cuatro tiros que acabaron con su vida.

Aquella hija prefabricada, fruto de una mente enferma, superó con creces los objetivos maternos. Niña prodigio, se convirtió en un referente intelectual de la época.

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Aurora Rodríguez Carballeira había planificado cuidadosamente su vida. Esta gallega nacida en El Ferrol se veía llamada a altas lides y estaba decidida a alcanzarlas a cualquier precio.

El destino le sonrió y, según sus planes, alumbró allí a una niña el 9 de diciembre de 1914. Aurora ya tenía a su ‘muñeca de carne’ y desde ese mismo día inició su programación. Tal y como había planeado, le puso el nombre de ‘Hildegart’, en alemán ‘jardín de sabiduría’, y se entregó en cuerpo y alma a abonar su parcelita, asesorada por los mejores pedagogos que su acaudalado bolsillo le permitía financiar. La pequeña resultó ser superdotada: antes de los dos años ya sabía leer. A los cuatro, mecanografiaba; a los diez, hablaba alemán, inglés y francés. Y a los 11 años, impartía conferencias sobre sexualidad, materia sobre la que le había instruido su madre, y cómo no, feminismo. Esta ideología la defendería desde las filas del socialismo, en el que ingresaría a los 14 años, pese a las reticencias de su progenitora. Gran activista, defensora del aborto y de la educación libre e independiente, de la pena de muerte y la eugenesia, finalmente abandonaría su militancia criticando el ‘socialenchufismo’ y se afiliaría a las huestes del Partido Federal.

Con 15 años, Hildegart ya es una figura de prestigio internacional como sexóloga y experta en filosofía. Prolífica, para entonces ha escrito o tiene en proyecto libros como La rebeldía sexual de la juventud, en el que anima a sus coetáneos a disfrutar de la sexualidad con higiene y responsabilidad, s*x* y amor, La limitación de la prole, o El problema sexual tratado por una mujer española, que alcanzará la desorbitante cifra de venta de 8.000 ejemplares durante la primera semana de su edición y solo en Madrid (reeditado en 1977).

Pero la jovencita empezó a dejar de serlo y su madre empezó a percibirlo. Cuando su muñequita de carne quiso dejar su casita para vivir solita, Aurora no pudo soportarlo.

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Hildegart había sido educada para ser una mujer fuerte, libre y en consecuencia independiente, y un buen día tomó plena conciencia de ello, y decidió abandonar el nido. Parece ser, además, que había despertado a la existencia del s*x* opuesto, vetado por su madre: ‘Las mujeres… no discurren con la cabeza, sino con el s*x*… acaso por ello tenga tan mal concepto de ellas…’.

Sea como fuere, Aurora empezó a ver fantasmas por doquier. Arrancó el teléfono y la recluyó en la vivienda, creyendo interesada a su hija en dos hombres: un escultor que estaba realizando un busto de su persona y un compañero de partido, al tiempo que la correspondencia con el extranjero le sugería un posible secuestro o un deseo de abandonar el país. Atisbando un posible abandono, su mente trastornada empezó a elucubrar. Perdió la razón enfrentándose a Hildegart, y al descubrir desalentada la determinación y rebeldía de su Pigmalión determinó suicidarse.

Subió un día a la azotea de su piso sito en la madrileña calle Galileo y probó su arma disparando un tiro al aire. Contaba ya con los medios. Pero la situación empeoró y madre e hija discutían cada día con mayor crudeza. Hasta que la paranoia dominó la mente de Aurora y un buen día no pudo soportarlo más. Desesperada decidió acabar con su’ problema’.

Sobre las ocho de la mañana del 26 de mayo de 1933, envió a su criada a pasear a sus perros y una vez hubo ésta abandonado la vivienda, se dirigió al dormitorio de Hildegart donde yacía aún dormida y le disparó a cuatro tiros a bocajarro, tres en la cabeza y uno en el corazón, que acabaron instantáneamente con su vida.

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El cadáver de la desafortunada Hildegart fue expuesto en el Centro Federal, sede de su partido. El crimen convulsionó a la opinión pública de la época. La derecha culpó a las ideas del feminismo radical defendido por ambas, mientras España se convertía en foco de atención de Europa.

El experimento eugenésico había hallado un trágico fin. Aurora, como Saturno, había acabado con la vida de su hija, una superniña programada y bárbaramente concebida para su solaz.

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Aurora Rodriguez en el juicio en el que fue condenada a 26 años de reclusión mayor por parricidio.

https://www.lavanguardia.com/hemero...riguez-la-virgen-roja-parricidios-espana.html
 
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Eddie González, legionario, pederasta y líder de la secta alienígena Edelweiss
Su interés por los OVNIs, la jerarquía militar y los menores le llevó a camuflar una organización criminal con un club de montaña

Edelweiss fue una secta destructiva que operó en España a lo largo de treinta años
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Eddie González Arenas, legionario, pederasta y líder de la secta alienígena Edelweiss (efe)
MÓNICA G. ÁLVAREZ
31/05/2019 06:30
Actualizado a 31/05/2019 07:49

“Juro por mi honor luchar y pertenecer a la Guardia de Hierro de Delhais hasta mi muerte, defendiendo 3 conceptos fundamentales y universales: amor, justicia y libertad, aplicándolos a mí mismo, caminando por el sendero de la verdad, hasta que alcance la perfección en el planeta Delhais, al servicio de mi príncipe, el Gran Alain”. Éste es el juramento que todos los futuros integrantes de Edelweiss imploraban para poder convertirse en miembros del supuesto club de montaña con una creencia en planetas extraterrestres y OVNIs.

Su líder, Eduardo González Arenas –más conocido como Eddie-, utilizó esta asociación de ocio en Madrid a modo de secta para abusar sexualmente de niños menores de edad. Más de 400 pasaron por la Asociación Juvenil de Montaña Edelweiss, también denominada Boinas Verdes de Edelweiss.

Lo que aparentemente funcionaba como una inofensiva agrupación de corte militar, que se dedicaba a realizar excursiones para conocer la naturaleza, en realidad se escondía una peligrosa secta que operó en España a espaldas de la justicia durante treinta años. Un caso que traumatizó a la opinión pública y que dejó tras de sí a centenares de víctimas. Los niños fueron pasando por las sedes que su ‘anfitrión’ iba abriendo a medida que el escándalo le perseguía.

Solía utilizar salas de parroquias y colegios de renombre en la capital española para pasar más desapercibido. Cuando la policía destapó el modus operandi de este pederasta y legionario, se percataron que algunas víctimas también habían adquirido el rol de verdugos. La secta les había lavado el cerebro.

La pesadilla Edelweiss

Hijo de un ingeniero eléctrico, Eddie fue un adolescente problemático hasta el punto de necesitar tratamiento médico. “Desde que advertimos cosas raras en él, lo hemos llevado a médicos; nos decían que no estaba loco, que era un psicótico, que no se podía hacer nada por él. Lo han reconocido también médicos militares, y nunca se nos ha ofrecido una solución”, llegó a explicar el padre ante el tribunal una vez detenido su hijo acusado de abusos sexuales y corrupción de menores.

Miembro de la Legión, Eddie se casó en 1968 con Julia Báez Trujillo, nieta del dictador dominicano Rafael Trujillo Molina. Del matrimonio nació un hijo que fue “secuestrado por los padres de Julia”, según sus propias palabras. Por eso, una vez separado y viviendo en la calle Berruguete de Madrid en las navidades de 1970, decidió que “si yo no tenía a mi hijo, todos los niños serían mis hijos. Si no tenía familia, ellos serían, para siempre, mi familia, mis amigos”. Aquí comenzó la pesadilla sectaria de la Asociación Juvenil de Montaña Edelweiss, conocido poco después como Boinas Verdes de Edelweiss.

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La flor de montaña Edelweiss (Getty)
El lugar elegido para iniciar su actividad aparentemente inofensiva fue la parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en el Distrito de Chamartín (Madrid). De ahí, sus tentáculos comienzan a extenderse por otras iglesias y colegios madrileños, e incluso, fuera de la región. Eddie llega a abrir centros en Alicante, Badajoz, Cáceres, Canarias o Vigo.

El nombre de esta secta, Edelweiss, procede de la llamada flor de las Nieves o Leontopodium alpinum, que crece en prados y pedregales de las cordilleras europeas. De hecho, se trata de la flor por excelencia de las alturas hasta el punto de estar prohibida su recolección. Asimismo, la división de montaña de las SS durante la Segunda Guerra Mundial se colocó dicha imagen a modo de distintivo en el brazo derecho de su uniforme.

Desde 1970 y hasta el otoño de 1975, más de 400 adolescentes formaron parte de Edelweiss. Y cincuenta lo hicieron como parte de su estructura jerárquica. “Con el pretexto de fomentar el deporte y el contacto con la naturaleza”, dice la sentencia que condenó a González Molina, “aglutinó niños de entre 11 y 14 años a los queinculcó hábitos que les harían proclives a satisfacer sus propias apetencias sexuales”. El líder de este grupo montañero en realidad estaba cometiendo un delito, el de corrupción de menores.

Fue detenido y procesado por primera vez en 1976. Tenía 29 años y su testimonio ante el juez fue insólito. Eddie les habló de un planeta llamado Delhais y de que sus pupilos irían allí para poder salvarse del fin del mundo una vez alcanzado el grado apto de aprendizaje. Lo que no mencionó eran las relaciones sexuales con los muchachos.

‘El Principito’ y los extraterrestres

Tal y como se descubrió con los años, Eddie captaba a sus prosélitos en lugares de ocio tales como cafeterías o billares con la excusa de conocer el campo y actividades de montaña. Poco a poco, les hacía sentirse parte del grupo, necesarios, queridos… en el que nadie podía romper la confianza. Todo lo que ocurriese en la asociación era un secreto y como tal, nadie podía revelarlo. La amenaza de muerte también era una constante. Porque según su líder, los chivatos acabarían siendo ejecutados por seres extraterrestres.

Además, Eddie fomentaba la amistad y la camaradería, les aconsejaba mantener relaciones homosexuales y no heterosexuales porque les daría más posibilidades de entrar en el planeta Delhais. Las chicas estaban prohibidas antes de los veinticinco años.

Su obsesión por la amistad más íntima entre niños también le venía desde sus dieciséis años. En aquella época, “un compañero me llevó al retrete después de una conversación sobre sexualidad y me hizo una mas***bación, lo que me provocó gran vergüenza y me hizo pensar en ello repetidas veces, sin que consiguiera olvidarlo”, llegó a explicar. Acababa de descubrir su bisexualidad.

Sin embargo, según el joven, un médico comenzó a tratarlo farmacológicamente por orden de la familia. Esto provocó su aislamiento, automarginación y se refugió en la lectura. Los libros sobre alienígenas y otras galaxias le terminó fascinando hasta el punto de creerse el príncipe de uno de ellos. Ése fue el gancho que tenía con sus adeptos. Porque para estos menores, Eddie no provenía de la Tierra si no de un planeta lejano.

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Eddie, líder de Edelweiss, junto a su hijo (user / ADC)
También utilizó la famosa frase que el zorro le decía al Principito de “si quieres un amigo, ¡domestícame!” a modo de mantra, y el resto de vivencias de la ficción, como promesas para encandilar a unos niños a los que trataba como los “elegidos”.

A medida que Eddie iba captando seguidores, también comenzaron las denuncias. Según su ficha policial (entonces llamada Registro de Penados y Rebeldes) fue condenado por: dos delitos de estafa y un delito de escándalo público entre 1971 y 1976. Para evitar que las autoridades le siguiesen la pista, el líder cerraba los grupos y creaban otros nuevos. Unos públicos, como los Rangers; y otros más sectarios como el grupo de corte filonazi denominado Camisas Pardas.

El adoctrinamiento

El 25 de septiembre de 1982, Eddie fue condenado a seis años de cárcel por un delito de corrupción de menores. Antes de su encarcelamiento, varios menores le denunciaron víctimas de abusos sexuales. El barrio del Pilar de Madrid fue uno de los lugares donde saltó el escándalo y “muchos tuvieron miedo” de contarlo, aseguró una de las víctimas.

Poco después el príncipe de Delhais consigue salir de prisión y lejos de amedrentarse, reorganiza el grupo junto a dos de sus monitores Iñaki de Miguel y Carlos de los Ríos. Entre la primavera de 1983 y el 20 de noviembre de 1984, “aglutinó niños de entre 11 y 14 años a los que inculcó hábitos que les harían proclives a satisfacer sus propias apetencias sexuales”. Y todo ello “con el pretexto de fomentar el deporte y el contacto con la naturaleza”. Así lo recoge la sentencia del caso.

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El himno de Edelweiss (Archivo)
En aquellas salidas al campo, Eddie se comportaba como un predicador que combinaba conceptos de distintas doctrinas, teogonías y religiones. Desde los nazis y los legionarios, pasando por los Testigos de Jehová, los Niños de Dios o Misión Rama. Los muchachos eran adoctrinados en ideas surrealistas: que el planeta Delhais era un paraíso solo para hombres; que solo aquellos que se tatuasen el símbolo UMMO: )+( en el antebrazo podrían alcanzar el asteroide; y que para ello, tenían que formar parejas homosexuales y mantener relaciones sexuales.

Además, debían portar determinada vestimenta de corte militar: boinas con un botón rojo, botas de montaña con calcetines hasta la rodilla, pañoleta roja y amarilla o azul y blanca dependiendo de la división, y camisa de los Regulares de Melilla con galones con los símbolos Alfa y Omega.

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Millán Arroyo, uno de los adeptos de Edelweiss, en el piso de Cercedilla donde se reunían (Interviú)
La jerarquía de Edelweiss se dividía en varias secciones, una era la denominada “guardia de hierro”, una graduación que “solo se concedía a los elegidos en un ritual solemne donde eran marcados en el brazo izquierdo con un alambre candente. En el mismo acto prestaban juramento de fidelidad absoluta al grupo”.

Tras el juramento, llegaba la “última fase” que consistía en mantener relaciones homosexuales. Tal y como explicó a El País la madre de una de las víctimas, “durante este tiempo de aprendizaje se les hacía ver las bondades de los contactos entre los componentes del s*x* masculino, siempre que fueran con los instructores, los demás niños o bien el líder. Ello suponía poder alcanzar la perfección que les haría merecedores del viaje al otro planeta. Un lugar donde sólo eran posibles las relaciones con el mismo s*x*”.

“Amistades Particulares”

No todos los niños se sometían inmediatamente a los preceptos del líder. Los que se resistían a perder la virginidad, recibían la siguiente orden: acostarse con las dos únicas chicas que acompañaban a Eddie.“Fue una experiencia horrible”, relató uno de los chavales, “la mujer se movía de tal forma que me hizo mucho daño. Me fui llorando. Eddie me consoló. Me aseguró que por detrás dolía menos. Unos días después, me acosté con él”.

Uno de los aspectos que destacó especialmente la sentencia que condenó a Eduardo González Arenas fueron las llamadas “Amistades Particulares (A.P.)”, un término que utilizaban para evitar ser descubiertos por extraños.

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Iñaki de Miguel junto a un A.P. en la secta Edelweiss (Interviú)
Porque “cuando hablaban de jugar al ajedrez, se referían a mantener todo tipo de contactos homosexuales; si hablaban de su A.P., querían referirse a su Amistad Particular, una relación semejante a la conocida como noviazgo”. Y es que esas dos siglas, A.P., era el privilegio máximo de todo aquel miembro de Edelweiss. Eso sí, cuando Eddie elegía a esa “Amistad Particular” ya no había vuelta atrás.

Llegó mediados de noviembre de 1984 y el fin de la secta Edelweiss. Las autoridades recibieron multitud de denuncias y la policía procedió a la detención de Eddie y los monitores. Mientras que el líder de la secta fue condenado por corrupción de menores y enviado a prisión, al resto de miembros se les aplicó la condición de víctima-verdugo, e incluso, recibieron el indulto.


No fue hasta septiembre de 1991, siete años después de la detención, cuando comenzó el juicio a los dirigentes de este grupo sectario (un total de diez). Los por entonces menores, Iñaki de Miguel García-Mas y Javier Bueno Huertas ya eran mayores de edad y portaban la marca UMMO en su axila izquierda.

Ignacio, el tercero en la jerarquía como guardia de hierro, “era idóneo para dar confianza a los padres dada su presencia, nivel cultural e inteligencia natural”. Hijo del sociólogo Amando de Miguel, “podía escoger entre los niños su amistad particular”. El tribunal probó cinco relaciones homosexuales y se le aplicó la atenuante de arrepentimiento espontáneo.

Víctimas y verdugos

En cuanto al número 2, Carlos de los Ríos, tuvo “una decisiva actuación en el convencimiento de los menores y desviación de su moral”. No solo alentaba a los niños a dar dinero a la organización, si no que tenía varias “A.P.” con un total de seis niños. Sin embargo, el acusado rehusó de su mentor y aseguró ante el tribunal que: “Me hizo un total y absoluto lavado de cerebro. Desde que lo conocí a los 12 años hasta hace escasos días lo consideré un extraterrestre, un enviado de las estrellas”.

Porque “no sólo me ha explotado, sino que me ha humillado, me ha aplastado la personalidad”. El influjo de Eddie era tal, que a punto estuvo de ir a Berlín a salvar a una familia del otro lado del muro; e incluso, ya en prisión, escribió cartas explicando que los casos de homosexualidad en Edelweiss en realidad escondían historias de incesto con los padres.

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Carlos de los Ríos, monitor en la secta Edelweiss (YouTube)
Otro de sus adeptos, Antonio ‘Toño’ Gutiérrez Jiménez, describió a Eddie como el flautista de Hamelín porque “alejaba a los niños de sus padres”.

Respecto al cabecilla, el príncipe Eddie, se probaron las relaciones sexuales con veinte niños “que le creen un ser superior, a los que engañaba y humillaba incitándoles a mantener relaciones homosexuales no sólo con él, sino que una vez había abusado de ellos podía pasárselo a algún otro monitor”. La sentencia detalla que “sodomizaban a los menores, todo ello precedido de abrazos o caricias lascivas, introduciéndose normalmente en la cama de los niños por la noche. En todos los casos eran menores de 18 años” y en ocasiones, ni siquiera tenían los doce.

“Le creen un ser superior, a los que engañaba y humillaba incitándoles a mantener relaciones homosexuales”

LA SENTENCIA SOBRE EL CASO EDELWEISS
Además del líder sectario y sus guardias de hierro, el resto de acólitos y ahora víctimas, también subieron al estrado para explicar el trauma que les había causado Edelweiss. Los últimos siete años habían permanecido tratados psiquiátricamente y lejos de achantarse ante sus verdugos, confesaron las depravaciones a las que les sometieron. “Coitos anales con eyaculación, intentos de coitos anales, eyaculación entre las piernas, masturbaciones recíprocas, caricias en zonas erógenas, abrazos, besos ...”, fueron algunas de las declaraciones que se escucharon en la sala.

El testimonio de los agentes de policía a cargo del caso fueron esenciales. Uno de los informes advertía: “La fe de los chicos en González Arenas es ciega, y ninguno de ellos hubiera dudado en realizar cualquier acto ordenado por él. Era como una cadena que más tarde hubiera sido muy difícil romper”.

Los Doberman

Finalmente, el tribunal condenó a los diez acusados como autores de 28 delitos de corrupción de menores. Eduardo González Arenas, a 168 años; Carlos de los Ríos e Ignacio de Miguel, a 65 años (este último finalmente fue indultado en 1994); y el resto, a 28 penas de seis meses de arresto mayor. A los monitores se les aplicó la eximente de enajenación mental. Porque aunque la sentencia descartó que Edelweiss fuese una secta, sí admitió que utilizaron métodos similares que pudieron afectar a los acusados por “indefensión intelectual y secuestro de la voluntad”.

Durante los años que Eddie estuvo encerrado (tan solo seis), el mesiánico se empapó el antiguo código penal para poder salir antes. Y así fue. Incluso escribió varias cartas confesándose culpable, algo que no hizo durante el juicio.

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Eduardo González, Eddie, en una foto de archivo (efe)
Una de las misivas recogidas en el libro ‘Yo jugué con un asesino’, dice: “Arrastré a cuantos pude a mi personal manera de entender la vida y la sexualidad, sin tener ni la menor consideración con su libertad de opción en un momento de la pubertad en que cualquier experiencia en este sentido puede fijar determinadas pautas de conducta”.

La carta de arrepentimiento junto con su buena conducta desencadenaron en una reducción de la condena y su posterior libertad condicional. Entonces, Eddie puso tierra de por medio y se mudó hasta la isla de Ibiza. Pero seguía rodeándose de menores de edad, esta vez sin padres o con problemas familiares. Seguía con sus relatos extraterrestres, haciendo fiestas en su bar para atraer su atención, proporcionándoles alcohol y drogas… Así consiguió un nuevo grupo selecto de discípulos, Los Doberman, que portaban una chapa con la imagen de dicho animal.

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Juan Martín García, el asesino de Eddie, líder de Edelweiss (efe)
Un año después de salir de prisión, en septiembre de 1998, una de sus víctimas, Juan Martín García, acabó con su vida. Eddie y sus prosélitos le habían violado y pegado y el joven se había tomado la justicia por su mano. Compró un cuchillo jamonero, entró en una cafetería de la localidad de Santa Eulàlia y le asestó una puñalada de 17.5 centímetros en el cuello. Actuó “con sorpresa, imprevista y repentinamente”. El corte le seccionó la laringe y la yugular.

Eddie moriría poco después tras una fuerte hemorragia. Juan pasaría diecisiete años en prisión por el asesinato del Príncipe de Delhais.

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Eddie, líder de Edelweiss, durante su declaración ante el tribunal (efe)

Original y conteniendo más fotografías, en el siguiente enlace, gracias:
https://www.lavanguardia.com/suceso...egionario-abusos-ninos-las-caras-del-mal.html
 
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Loreta, la asesina de la pastelera de El Ejido, se ocultaba en la casa familiar de Marijampole
Miércoles, 5 junio 2019 - 02:13
El cuchillo que los asesinos llevaban en el momento del crimen implicaría que el hecho fue "completamente premeditado", según explican fuentes policiales

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Loreta V., la detenida por el crimen de la pastelera en El Ejido E.M.
Varios vecinos vieron a la lituana Loreta V., de 49 años, y a su entonces pareja sentimental saliendo sospechosamente a la carrera de la pastelería Berenguel, ubicada en el centro de El Ejido. Era el 13 de septiembre de 2014. Dentro, en la trastienda, yacía en un charco de sangre la dueña del negocio, Natasha (Natalia) Polyaninova, de 43 años y origen ruso pero asentada hace años en la localidad almeriense y muy conocida entre los vecinos.

El cadáver lo halló poco después la hija de la víctima, que acudió a la pastelería extrañada porque Natasha no respondía al teléfono. El cuerpo presentaba multitud de hematomas y heridas de arma blanca en diversas partes, el rostro y la cabeza, sobre todo. Un ensañamiento y una "violencia desmesurada" que encajaba con el patrón de los crímenes de violencia de género, hipótesis con la que los investigadores trabajaron en los primeros instantes tras el hallazgo. No se trataba, sin embargo, de un asesinato machista.

Hace una semana la policía lituana acudió a la casa familiar de Loreta V., en Marijampole, al sureste del país para detenerla. Y el pasado 30 de mayo fue entregada en el aeropuerto de Barajas a los agentes de la Policía Nacional de El Ejido. Se lograba así, después de cinco años, cerrar un caso en el que Loreta V. y su pareja sentimental se convirtieron enseguida en los principales sospechosos. No sólo por los testigos que los vieron merodear la pastelería y huir luego de ella, sino porque, según constató la Policía, Natasha había contraído con Loreta y su pareja una deuda de 700 euros que la investigación consideró el desencadenante de la agresión mortal.

EL CUCHILLO DEL CRIMEN
Del escenario del crimen se recogió el cuchillo con el que Natasha fue atacada, arma que los agresores llevaron consigo, lo que implicaría que el crimen fue "completamente premeditado", según explican fuentes policiales.

En los días posteriores al asesinato, los dos sospechosos consiguieron eludir el cerco policial y, al menos, Loreta huyó a Lituania, su país de origen. Se emitió una orden internacional de búsqueda y captura que no dio frutos. Hasta que el pasado mes de marzo, el juzgado de Primera Instancia de Instrucción número 1 de El Ejido activó de nuevo el caso y pidió a la policía española que intentara ubicar a Loreta, quien se encontraba en la dirección de la ciudad lituana de Marijampole que figuraba en su pasaporte.

Una vez detenida por la policía lituana y entregada a España, se negó a declarar ante los agentes que se hicieron cargo de su custodia, pero sí lo hizo ante el juez responsable del caso, al que reconoció, según fuentes policiales, su participación en los hechos. El 31 de mayo ingresó en el centro penitenciario El Acebuche de Almería acusada de un delito de asesinato.

Queda por aclarar qué papel desempeñó exactamente Loreta V. en el crimen y dónde se encuentra el presunto coautor, que sigue en paradero desconocido y sobre el que también pesa una orden de búsqueda y captura internacional.

https://www.elmundo.es/espana/2019/06/05/5cf6c85d21efa082188b474d.html
 
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Las cuatro alegres «viudas negras»
Maje, Conchi, la falsa tetrapléjica; la guardia urbana Rosa Peral y Marta Rama, entre rejas
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La «viuda negra» de Alicante llega a la reconstrucción del crimen - EFE
Seguir Cruz Morcillo@cruzmorcillo
Madrid
Actualizado:16/06/2019 02:12h
Descubierta la viuda negra venenosa más grande del mundo

Concepción Martín Velasco, Conchi, acusada de matar a su marido quince días después de su boda, reapareció esta semana en el escenario del crimen, un solar de Alicante, convertida en otra mujer. Erguida, bronceada y con un aspecto físico inmejorable parecía que en lugar de salir de la cárcel de Foncalent volvía de vacaciones. Ni rastro de la supuesta tetraplejía que aseguró padecer ni de la silla de ruedas ni de los desvanecimientos que obligaron a los policías a trasladarla en volandas hasta el juzgado en agosto del año pasado, cuando una policía fuera de servicio presenció el asesinato de José Luis Alonso, de 69 años a manos de Conchi y su excuñado, cuidador y supuesto amante Francisco Pérez Ortega. La víctima era su cuarto marido y la pareja ni siquiera llegó a convivir.

Conchi es una de las cuatro mujeres que en los próximos meses se sentarán en el banquillo, acusadas de la muerte de sus parejas bien participando directamente o bien induciendo al autor (sus respectivos amantes). Rosa Peral, la guardia urbana de Barcelona; María Jesús Moreno, Maje, la «viuda negra» de Patraix y Marta Rama están como Conchi en prisión preventiva, junto a sus compañeros de crimen. La cárcel ha roto las parejas unidas para matar.

Los cuatro casos ocurrieron en quince meses -entre mayo de 2017 y agosto de 2018- y comparten características comunes, acordes a las homicidas «omega» que son: las mueve el interés, casi siempre lucrativo o el deseo de verse libres y utilizan sus encantos para seducir tanto a su víctima como al tercero que se va a encargar de ejecutar sus deseos.

Rosa Peral será la primera a la que se juzgue. La Fiscalía le pide 25 años de prisión y 24 a su amante, el también guardia urbano Albert López por asesinar a la pareja de Rosa, Pedro Rodríguez, policía como ellos. Lo mataron en la casa que compartía la pareja en Vilanova i la Geltrú (Barcelona) y trataron de incriminar al exmarido de Rosa. Los dos acusados eran amantes desde 2012 cuando la mujer estaba casada y vivía con su marido y sus hijas. Antes de separarse en 2016 inició una tercera relación con Rodríguez. Las tres las mantuvo en paralelo. Los celos y las venganzas empezaron a fraguar hasta que los amantes concluyeron que el tercero les molestaba y acabaron matándolo. Tras ingresar en prisión, acabaron acusándose mutuamente y desplegando el mismo odio que antes había sido pasión. Quienes conocen a Rosa Peral aseguran que es «imposible no sucumbir a sus encantos». En los dos años que lleva en la cárcelha tenido que ser trasladada ya tres veces por peleas con otras internas. Esta semana ha vuelto al centro penitenciario de Wad-ras de Barcelona, del que había sido expulsada hace casi dos años.

Tres meses después de ese crimen, el 16 de agosto de 2017 aparecía apuñalado el cuerpo del ingeniero Antonio Navarro, en el garaje de su casa de Patraix (Valencia). El 12 de enero, la Policía detenía a su mujer María Jesús Moreno, Maje, de 27 años, y a uno de los cuatro amantes que simultaneó: el celador Salvador Rodrigo, de 47 años. La enfermera es una devoradora de hombres a los que convencía de que era una mujer maltratada y de que su marido estaba enfermo de cáncer. Salva, su compañero de trabajo, llegó a confesar el crimen en solitario y a reconocer que lo hizo «tan solo porque pensó que sería bueno para ella». «La quiero mucho y quiero que sea feliz», admitió. Cuando se percató, ya en la prisión de Picassent del desdén de ella que seguía con sus conquistas entre rejas detalló cómo Maje lo había planeado todo. Ella quería verse libre y vivir la vida: asegurarse una pensión, el piso que compartían y los planes de pensiones firmados por su joven marido con el que no llevaba casada ni un año. Sus devaneos entre rejas eran tan ostentosos y dio tantas problemas que han tenido que asignarle un destino dentro del módulo y cortarle las alas: ahora ha pasado de reinar entre rejas a ser la encargada de la lavandería.

La milagrosa recuperación de Conchi es una evidencia. Cuando ingresó en Foncalent le asignaron presas para que le pusieran pañales. Las trataba con desprecio e insultos. Ahora es una de las internas más activas. No solo ha vuelto a caminar, sino que practica deportes a diario en el polideportivo, asiste a un taller de pintura y va a la escuela. También está apuntada a yoga, a un programa para dejar de fumar y a otro de autoestima, aunque no parece que le haga falta. En el taller de pintura coincide con su cuñado y supuesto amante, acusado como ella del asesinato del marido, que sigue un programa para deshabituarse del alcohol. Ambos solicitaron un «vis a vis» familiar. Se les denegó. Pero se siguen llevando bien. Son los únicos.

«Fue ella quien me lo pidió», confesó el asesino de Iván Castro
El cadáver de Iván Castro apareció en su garaje de Langreo (Asturias) con dos disparos el 7 de diciembre de 2017. Diez meses después la Policía detuvo a su pareja Marta Rama y al supuesto amante de ella, el taxista Nelson Dos Anjos Correia, de 42 años, que estaba casado y tenía una hija. A la semana del crimen Marta se fue a vivir con él a Oviedo. No fue fácil relacionar a Marta con el asesinato porque ella se había buscado una buena coartada. Estaba en Oviedo con una amiga mientras su enamorado acababa con la vida de su pareja. Tras la detención Nelson se atribuyó el crimen en solitario, pero pasados unos meses reflexionó y contó la verdad: que fue ella quien le pidió que lo matara. En teoría quería ser libre y pensaba que Iván nunca la dejaría. Años antes lo había denunciado por malos tratos.

https://www.abc.es/espana/abci-cuatro-alegres-viudas-negras-201906160212_noticia.html
 
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El asesino de la baraja: «Quien mató a Eva Blanco es introvertido, inmaduro y con una mujer sumisa»
Tras doce en prisión, el asesino de la baraja mandó una carta a la Guardia Civil para «ayudar» en otro crimen, el de la menor de Algete (Madrid) Eva Blanco
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Seguir Cruz Morcillo@cruzmorcillo
Madrid
Actualizado:23/06/2019 03:04h
De Rocío Wanninkhof a Eva Blanco: 33 años de análisis genéticos

El depredador social y narcisista Alfredo Galán Sotillo, exmilitar y asesino en serie que en 2003 mató a seis personas y lo intentó con otras tres, demostró cuando ya llevaba doce años encarcelado que no quería quedar en el olvido y que su desfachatez no conoce límites. Condenado a 142 años de prisión, el 30 de agosto de 2015 envió desde la prisión de Herrera de la Mancha una carta a los investigadores de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid para «ayudar» a resolver el crimen de Eva Blanco. La chica, de 17 años, había sido violada y apuñalada en abril de 1997 en Algete (Madrid). Se contaba con un ADN pero no se había logrado poner nombre al asesino cuando faltaban menos de dos años para que prescribieran los hechos.

El caso del asesino de la baraja y el del crimen de Eva Blanco fueron dos de los más complejos para los investigadores del grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Madrid (en el primero compartieron las pesquisas con la Policía Nacional porque mató en las demarcaciones de ambos Cuerpos). ABC ha tenido acceso a la carta de Galán en la que se atreve a trazar un perfil del hombre sin rostro, valora la personalidad de la víctima, y da consejos a los agentes, los mismos a los que él había confesado doce años antes con frialdad sus crímenes seriales. Los mismos a los que dijo «que quería experimentar la sensación de quitar la vida a un ser humano». Como no sintió nada la primera vez, solo una «indiferencia total», decidió continuar, sin miedo a que le pudieran detener. El 3 de julio de 2003, el hombre más buscado de España en ese momento, se entregó borracho en la comisaría de Puertollano (Ciudad Real) y contó que él era el asesino de la baraja o del naipe, como se le bautizó porque arrojaba una carta de la baraja española a los pies de sus víctimas, a las que no conocía de nada y que murieron solo porque se cruzaron con él en puntos de Madrid que el criminal había seleccionado.

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Doce años después, la Guardia Civil seguía trabajando en una pista muy concreta sobre quien mató a Eva Blanco, una pista que era desconocida para todo el mundo, salvo para los investigadores. Siempre mantuvieron la certeza de que alguien pudiera ayudar, de ahí que periódicamente el caso volviera a los medios de comunicación. Galán, con tantas horas de encierro, lo vio en televisión y escribió a los agentes. «La hipótesis de que el asesino fuera alguien de confianza es bastante factible, no es casualidad, que alguien pasara por allí… lo de las relaciones sexuales consentidas ya no me pega tanto -se barajó esa hipótesis en algún momento-, porque ella era una chica muy madura para su edad y sabía que si llegaba tarde su madre se iba a preocupar», escribió en su carta. «Fue amenazada con algo terrible, para que se desnudara y vistiera sola (…) por el trágico desenlace de la situación él se vería humillado por algo que ocurrió dentro del coche o simplemente la mató para que no hablara (…) Nunca podemos estar seguros de nuestras teorías puedan ser verdaderas», disertaba.

Asombro
Los agentes que recibieron la carta no salían de su asombro. Es habitual que los presos, sobre todo los condenados por asesinatos, envíen misivas a medios de comunicación o incluso a quienes los detuvieron, pero no es frecuente que hablen de otros casos, sino del suyo. La primera víctima de Galán fue un portero de la madrileña calle de Alonso Cano. Lo asesinó de un disparo en la cabeza tras obligarlo a arrodillarse y ponerse de cara a la pared delante de su hijo pequeño. Ni siquiera se llevó la billetera negra que había sobre la mesa. Galán estaba entonces de baja como militar del Ejército de Tierra tras haber protagonizado un altercado cuando fue enviado a limpiar chapapote del Prestige.

Galán se permitió en esa carta de cuatro folios hacer un pormenorizado análisis de unos números encontrados en el diario de la menor de Algete sobre los que hubo especulaciones de todo tipo. Según su teoría, Eva Blanco había escrito esos números para que a través de una serie de combinaciones indicaran un mes del calendario (julio) y esa palabra correspondería al nombre de alguien con quien tendría una relación. Sugirió a los investigadores que buscaran a un hombre llamado Julio.

«En aquella época tendría sobre 30 años, introvertido, inmaduro, con un trabajo que no le llenara, viviendo con los padres lo más seguro (…) ya será más maduro y con familia, con una mujer sumisa, que él se siente a gusto para poder controlarla, sin hijos, o en tal caso un solo hijo varón (…) debe de estar inseguro y esperando que pasen los 20 años para librarse, por lo que deberían presionarle con los medios de comunicación, con datos falsos para ver si comete un error».

«Recomendaciones»
Les recomendaba además situarse en el lugar del violador, tratar de ver a través de sus ojos. «No olvidemos que los investigadores nuevos deben de partir de cero y ser optimistas, ya ese promuebe (sic) la investigación. Siempre hay que animar a las nuevas generaciones de investigadores que vienen muy bien preparados». Se despedía deseándoles suerte, toda una ironía.

Un mes después, la Guardia Civil identificaba y detenía en Francia al asesino de Eva Blanco: el español de origen marroquí Ahmed Chelh, de 52 años. Cuando mató a la joven era un treintañero que vivía en una caravana con su mujer y sus dos hijos. A los dos años los abandonó y empezó una nueva vida cerca de la frontera suiza. Tenía una nueva esposa y dos hijos pequeños. No se le llegó a juzgar. Tres meses después se ahorcó en la cárcel de Alcalá Meco

https://www.abc.es/espana/abci-ases...duro-y-mujer-sumisa-201906230304_noticia.html
 
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El ‘falso’ Maestro Shaolín que torturaba a sus víctimas en orgías de sangre
El guerrero budista Juan Carlos Aguilar escogía a víctimas vulnerables a las que someter, vejar, violar y asesinar
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Juan Carlos Aguilar, el ‘falso’ Maestro Shaolín que torturaba a sus víctimas en orgías de sangre (Archivo)
MÓNICA G. ÁLVAREZ
28/06/2019 06:30
Actualizado a 28/06/2019 07:21


“Nuestro maestro Aguilar está exultante, especialmente grande… transformado en un enorme tigre de 500 kilos atrapando con sus enormes garras a su presa e inmovilizandola para ser devorada”. Así describían algunos de sus adeptos a Juan Carlos Aguilar, un bilbaíno que impresionaba por su habilidad con las artes marciales, por su predisposición a controlar el dolor y por su especial magnetismo. Nadie podía imaginar que tras aquella apariencia contenida y sosegada como Maestro Shaolín, capaz de caminar sobre brasas o partir ladrillos con las manos, en realidad se escondía la brutalidad de un dragón capaz de matar.

El falso monje utilizaba el budismo, el Kárate y el Kung fu para captar mujeres a las que vejaba, maltrataba, violaba y humillaba. Dos de sus víctimas terminaron siendo asesinadas atrozmente en 2013.

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Juan Carlos Aguilar, el 'falso' Monje Shaolín (Archivo)
Juan Carlos Aguilar nació en Barakaldo (Bizkaia) en 1965 y ya desde niño decía conocer el sufrimiento. Fue su hermano mayor quien le introdujo en las artes marciales a mediados de los ochenta. Una forma de paliar ese infierno interior que él mismo llegó a describir. En aquel momento, disciplinas orientales como el Kárate y el Kung Fu se empezaban a poner de moda y qué mejor que convertir dicha afición en trabajo. Ambos hermanos abrieron un gimnasio en Bilbao.

Sin embargo, la desgracia quiso que el hermano de Juan Carlos falleciese víctima de un accidente. Fue aplastado por un ascensor. Aquello conmocionó tanto al menor de los hermanos que en 1992 decidió viajar a China.

Viaje iniciático

Al año regresó completamente transformado. Su estancia en la provincia china de Henan le convirtió en todo un guerrero milenario, los llamados Monjes Shaolín. Años después se descubriría esta mentira ya que hacía más de 300 años que no existían estos monjes en China. Pero su picaresca y sobre todo, su palabrería, captaron la atención de los acólitos.

Fundó un nuevo gimnasio en Bilbao y también el llamado Monasterio Océano de la Tranquilidad. Allí impartía el conocimiento y la sabiduría adquiridas en aquel viaje catártico. Aparte de ser tres veces campeón del mundo de Kung Fu, Aguilar destacaba por su aspecto de guerrero chino. Y eso terminó de captar a los más curiosos. Incluidos los medios de comunicación.

Javier Sierra, Xavier Sardà, Pepe Navarro o Eduard Punset le dedicaron minutos de gloria en televisión y se creyeron su filosofía y renovación espiritual. En decenas de entrevistas, el falso Maestro Shaolín aparecía vestido de naranja, con el pelo rapado al cero para realizar habilidosos ejercicios marciales, repletos de precisión y dureza en su ejecución.

“Una persona cuando está al límite se ve su verdadera naturaleza”, decía. “Tenemos muchos frenos como animales que somos y nosotros a través de las artes marciales intentábamos potenciarlo”, aseguraba. Sus palabras eran una especie de mantra para sus acólitos que le seguían fervientemente. Todo el mundo quería ir a sus clases, aprender sus movimientos, aferrarse a su fe. Ser el Maestro Aguilar.

Casado y con dos hijos, el monje vasco iba reclutando cada vez más seguidores. Pero hubo en dos ocasiones que estuvieron a punto de descubrirle. Una de ellas en Marbella, en 1997, cuando su actuación generó mucha controversia dada la extrema violencia empleada. El revuelo fue monumental dado que, además, había personajes famosos.

Y la segunda en el año 2000 en Espinosa (Burgos), el pueblo de sus padres, para hacer una exhibición. Ésta consistía en empujar un coche mientras tenía una lanza pinchándole la garganta. Jamás lo hizo y se limitó a hacer acrobacias y romper algunos ladrillos. El coste: 1.200 euros. Tanto el ayuntamiento como los lugareños se sintieron estafados.

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Juan Carlos Aguilar, el 'falso' Maestro Shaolín, en su templo (Archivo)
Pero aún así, seguía cosechando alumnos, aprendices y adeptos tanto para el gimnasio como para el templo. “Su disciplina servía para el control del dolor”, llegó a asegurar el escritor Javier Sierra tras saltar la noticia de los crímenes. “Parecen ejercicios para el dominio del dolor, dolor que se ha autoinfligido. Atarse de manera extrema lo ha hecho con él mismo, con sus discípulos, con sus víctimas. Una obsesión era el dominio de la mente sobre el cuerpo y específicamente del dolor” porque, para el ganador del Premio Planeta, era como si el “dragón oscuro” le devorase “las entrañas”.

“Mirando la foto en la que el Sifú Aguilar esta rodeado de muchísimas puertas rojas manteniendo una actitud relajada pero con mirada penetrante. Y sentí toda su fuerza y paz interior”, explicó una de sus seguidoras cinturón naranja de Kung Fu en un foro de Internet. El engaño llegó lejos, como vemos.

Comienzan los crímenes

En 2004 llegó una mala racha. Su socio se marchó, sufrió amenazas e, incluso, su mujer terminó pidiendo el divorcio. Tuvieron que pasar nueve años para que sus verdaderas prácticas saliesen a la luz. Antes no hubo quejas ni denuncias sobre la violencia empleada. Ni sobre las violaciones. Hasta que Aguilar decidió matar, descuartizar y comerse a sus víctimas.

Eran las 3:20 horas de un 25 de mayo de 2013. El monje recogía con su coche a Yenny Sofía Rebollo, una colombiana madre de dos hijos que estaba pasando por un mal momento económico. Se estaba prostituyendo, así que accedió, se montó en el vehículo y terminaron en el gimnasio ZEN 4 propiedad de Aguilar para mantener relaciones sexuales. Pero en realidad lo que hizo fue maniatarla, hacerle sendas fotografías sexuales, y comenzar a diseccionar su cuerpo.

“Los guerreros que vencían en las batallas se comían el corazón del vencido para humillarlo”

JUAN CARLOS AGUILAR
Cada parte del cadáver la fue escondiendo. Algunos pedazos en un falso techo del gimnasio y otros en su piso de la calle Iturriza número 5. También quemó parte del cadáver en las duchas de la escuela y se deshizo de lo que pudo arrojándolo a la ría de Bilbao. Su actitud los días posteriores era de aparente normalidad. Continuó con su rutina impartiendo clases a sus alumnos, y aunque era habitual que sufriese ataques de ira, una de sus acólitos sí le notó especialmente iracundo e inquieto que de costumbre.

Ocho días más tarde, la madrugada del 2 de junio volvió a las andadas. Regresó a la calle General Concha en busca de una nueva víctima, la nigeriana Maureen Ada Otuya. Tras practicar s*x*, llevó a cabo el mismo ritual que con Yenny. Fueron nueve horas de sufrimiento –golpes, asfixia y toda clase de vejaciones-, donde la mujer de 29 años finalmente logró zafarse y pedir auxilio.

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Las víctimas de Juan Carlos Aguilar (efe)
Verónica, una vecina que pasaba por allí, escuchó los gritos desesperados de socorro de la mujer y llamó a la Ertzaintza. “Vi a una persona de color gritando auxilio, era una persona de color, y a otra persona que la arrastró del pelo hacia abajo”, explicó durante el juicio. Para cuando llegó la policía, se encontraron con una escena dantesca. Maureen, en coma, al borde de la muerte (falleció a los dos días) y un zulo repleto de varias bolsas con restos humanos, toda clase de armas –cuchillos, sierra, hachas, sables- y fotos y vídeos de mujeres desnudas en actitud obscena y de sometimiento, incluidas las dos víctimas.

La explicación que Aguilar dio tras su detención, ya en su primera declaración ante la Ertzaintza, fue que desvarió. Le dio un “ataque de ir descontrolado” debido al “tumor” que tenía en la cabeza. “Al darme cuenta de que estaba muerta, intenté deshacerme de ella. Tuve flashes en la percepción. Se mezclaba la realidad con pérdidas de control. Como me pasa desde hace cuatro años”, afirmaba.

Reconociendo los hechos

Aguilar se refería a cuando escaló 5.550 metros de altitud y sufrió una especie de “muerte inminente”. Según el falso monje “desde ese día, mi pensamiento va más lento, tengo desconexiones, siento que el cerebro se me para”. Aunque en realidad, el diagnóstico médico fue bien distinto. Los facultativos le encontraron un “quiste aracnoideo en el temporal izquierdo, de naturaleza congénita”. El tratamiento: fármacos para la memoria y el comportamiento.

El 15 de abril de 2015 comenzó el juicio contra Juan Carlos Aguilar por el asesinato de dos mujeres a las que previamente había vejado, maltratado y a una de ellas, descuartizado. Cinco hombres y cuatro mujeres conformaron el jurado en una vista judicial que generó gran expectación entre los medios de comunicación. Más de cien periodistas acreditados y múltiples conexiones en directo para informar puntualmente de lo sucedido en la Audiencia Provincial de Bizkaia.

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Exteriores del gimnasio de Juan Carlos Aguilar tras descubrirse los crímenes (efe)
El primero en declarar fue el acusado. Pero antes de escuchar a Aguilar, la secretaria judicial leyó el escrito que él mismo redactó reconociendo los asesinatos con alevosía. “Actué de forma súbita, imprevisible e inesperada”, contó. Eso sí, lo único que no admitió fue el ensañamiento (el de la primera víctima). Estas palabras llegaban tarde. Según las acusaciones no mostró interés alguno en ayudar a los investigadores y cuando lo hizo fue de cara al juicio a modo de “estratagema” “extemporánea” para que le redujesen la condena. Ni siquiera pidió perdón.

Ya de pie, se pudo ver cómo Aguilar no había cambiado nada. Tenía el mismo aspecto que durante su detención, portando un pantalón oscuro y una chaqueta deportiva, tranquilo y frío.

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Momento de la detención de Juan Carlos Aguilar (Mediaset)
Durante el interrogatorio que le hizo el fiscal José María Morales –se negó a responder a las acusaciones particulares-, Juan Carlos admitió todo.

Fiscal: ¿Ató a Yenni los brazos y la agredió hasta matarla?:

Aguilar: Si

F: ¿Le dio patadas en el cuerpo?

A: Si, reconozco todo eso...

F: ¿Diseccionó el cuerpo?

A: Si

F: En cuanto a Mauren, ¿la agarro y la llevo hacia dentro y la ato por las muñecas y por el cuello?

A: Si

F: ¿La estranguló con cuerdas y bridas?

A: Si...

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Momento de la declaración ante el juez de Juan Carlos Aguilar (efe)
Tras aquellas palabras, las acusaciones dejaron claro que Aguilar “disfrutaba manteniendo prácticas sexuales de dominación con mujeres sometidas a él e indefensas, incluso desmayadas o privadas del sentido”. Así lo demostraban las sendas fotografías y vídeos sobre las víctimas. Las “golpeaba hasta darles muerte”, y recogía “dichas prácticas en soporte fotográfico para su posterior disfrute”.

Se creía que el acusado “fantaseó, planeó y ejecutó” el crimen de Maureen “con el ánimo premeditado de saciar sus instintos asesinos, salió con su vehículo a buscar una víctima”. De hecho, cuando la policía encontró a la joven, ésta estaba en el suelo “semioculta por unos colchones y tapada por una tela”. Tenía la ropa desgarrada y“estaba ensangrentada e inconsciente, con las manos y pies atados con bridas y dos vueltas de cinta americana apretándole el cuello. Debajo de la cinta tenía un cordel enrollado cinco veces alrededor del cuello y una brida apretándole”.

Las discípulas del maestro

Aguilar lo tenía todo pensado. “Escogió” a la víctima “con cuidado” al ser “una mujer vulnerable, en situación de exclusión social, con escasa red de apoyo social en Bilbao, inmigrante de un estrato socioeconómico muy bajo, que no iba a ser echada de menos por nadie”. Es decir, “una mujer a la que consideraba una presa fácil”.

Entre los testimonios que pasaron por el juicio, está el de una decena de mujeres que tuvieron relación con el falso Shaolín. Uno de los testimonios claves fue el de una de sus discípulas, María Eva. La joven de 28 años estuvo junto al cadáver de Yenny sin saberlo. Dijo, incluso, haberlo tocado.

María Eva puso en antecedentes al jurado aludiendo a la agresividad del asesino: “Me golpeaba los pechos, el culo, los brazos y el trasero y me tiraba del pelo”. Y se excusaba con un: “Era un desahogo, para sacarse la rabia, el amargor. Me decía que era su compañera para todo”. La relación de sumisión era enfermiza.

Hasta tal punto que al día siguiente del asesinato de Yenny, la declarante estuvo con Aguilar. Él le pidió que acudiese al gimnasio, que le esperase en una sala mientras en otra contigua utilizaba un martillo, un taladro y una motosierra. Además del ruido, la joven aseguraba que mascullaba frases como “putas, putas negras”.

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Bridas y cuerdas, pruebas durante el juicio de Juan Carlos Aguilar (efe)
Dos horas después, le vendó los ojos y le llevó a la estancia contigua. La tumbó sobre la cama y “me dijo que pusiera cara de excitación y me hizo tres o cuatro fotos”. Entonces “me cogió la mano y me dijo que tocara, me la llevó hacia atrás y me hizo palpar aquello, yo pensaba que era una cama. Toqué algo frío y duro”. María Eva no lo sabía pero acababa de tocar el cadáver de Yenny. Tras aquello, ella se marchó y él desapareció en coche junto con varias bolsas.

En aquellos bultos llevaba parte del cuerpo de su víctima que, gracias a las cámaras de seguridad instaladas junto a la Universidad de Deusto, se pudo comprobar que estaba arrojando los pedazos a la ría.

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El interior del gimnasio propiedad de Juan Carlos Aguilar donde se produjeron las torturas y crímenes (EC)
En cuanto a los informes de autopsia atestiguaban que Aguilar les propinó golpes contundentes a las dos víctimas. El de Maureen presentaba una contusión interna en el hígado provocada probablemente por puñetazos; los restos de Yenny fueron identificados mediante una necrorreseña. Su “obsesión” por los cuerpos inmóviles de mujeres desnudas fue lo que, según la Ertzaintza, provocó la muerte de Yenny y su posterior descuartizamiento para deshacerse del cadáver. Para ello necesitó de una semana.

Entre las lecciones que impartía el falso Maestro Shaolín, había una que rezaba: “los guerreros que vencían en las batallas se comían el corazón del vencido para humillarlo”. Y es que las partes blandas del cuerpo de Yenny jamás fueron encontradas.

Sin ensañamiento

Así el jurado se encontró con un hombre “muy listo, muy calculador y muy manipulador”, como le describió Tamara Martínez, abogada de la asociación Clara Campoamor. “Tenía cierto enganche social, conectaba bien con la gente y aprovechaba sus apariciones en televisión”, apuntó.

Tras siete días de juicio, el jurado encontró culpable por unanimidad a Juan Carlos Aguilar de dos asesinatos con alevosía pero “sin ensañamiento” y le condenó a 38 años de cárcel. Un veredicto que tuvo en cuenta que jamás mostró “arrepentimiento” alguno. De hecho, la actitud del monje durante la vista fue de indiferencia: escuchando con los ojos cerrados a los testigos, ladeado, con las manos entrelazadas… Un comportamiento que no dudó en recordar el juez Manuel Ayo al jurado antes de deliberar.

Su estancia en la cárcel no había hecho más que comenzar y el 28 de julio de 2015 sufrió un ataque por parte de otro interno. Fue en la prisión de La Moraleja (Palencia) cuando un interno con “un alto perfil psiquiátrico y muy conflictivo” además de gran corpulencia -1,90 de estatura y más de 120 kilos de peso- cogió un cepillo de dientes afilado y la emprendió a puñaladas contra el monjealcanzándole varias veces la cabeza y el cuello. Nunca se temió por su vida.

Tras este episodio y ya recuperado, Aguilar fue trasladado al centro penitenciario de Mansilla de las Mulas (León), donde actualmente cumple condena. Su salida de prisión está prevista para 2038, aunque en 2021 podría disfrutar de su primer permiso penitenciario.

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Juan Carlos Aguilar, en un vídeo grabado para su gimnasio (Archivo)


Reportaje original con la totalidad de su contenido fotográfico, gracias:
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