BOXEO: Campeonatos, Mundiales y Exhibiciones (1 Viewer)

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Mayweather domina el ránking de los mejor pagados de la década


Cristiano Ronaldo y Messi completan el podio
Mayweather domina el ránking de los mejor pagados de la década
Algunas de las excentricidades de Floyd Mayweather con el dinero (Otras fuentes)



El boxeador Floyd Mayweather no dudo en alardear el día de Nochebuena en Twitter e Instagram de ser el deportista que más dinero ha ganado en la última década. No es para menos. El púgil se ha llevado en los últimos años 915 millones de dólares y encabeza un ránking en el que le siguen Cristiano Ronaldo, con 800, y Leo Messi con 750. Mayweather quiso felicitar al resto de deportistas que comparten presencia en la ‘Forbes Highest-Paid Athletes of the Decade’ con él: “¡Felicidades a todos los deportistas de la lista”.
Según los datos de ‘Forbes’, Mayweather supera por bastante a Cristiano Ronaldo, Leo Messi, LeBron James y Roger Federer en el Top 5 de esa lista. La lista la completan Tiger Woods (615), Phil Mickelson (480), Manny Pacquiao (435), Kevin Durant (425) y Lewis Hamilton (400).


Quiero felicitar a todos los demás atletas en esta lista y me siento honrado haber logrado estos ingresos de récord. “, escribió Mayweather en Instagram. “Sin faltarle el respeto a nadie, pero hice estos números realmente sólo en cinco años debido a un par de despidos e impagos. Nunca quise un acuerdo de patrocinio de nadie porque mi visión siempre era ser mi propio jefe y no tener obligaciones con nadie”, se explica el boxeador.



”Puedes decir lo que quieras sobre Floyd Mayweather, pero los números y los elogios no mienten. Esto es realmente sobre trabajo duro y dedicación y saber lo que vales”, señaló


 

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El día que Galíndez huyó, dejó al campeón esperando en el ring y por única vez Las Vegas se quedó sin pelea
El periodista que participó de esta insólita situación la revive con detalles. El boxeador argentino salió vestido de boxeador a la calle y se fue a su hotel ante la desesperación del promotor y las autoridades. Todo estaba preparado, hasta las banderas y el anunciador


Por Cherquis Bialo
19 de enero de 2020
Especial para Infobae



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Salimos por una puerta lateral de emergencia y después de cruzar la zona de piscinas del hotel nos vimos en la calle. Hacía frío y a la noche le faltaba apenas un suspiro para caer. Detrás mío venía Víctor Emilio Galíndez metido en una bata blanca con una toalla cubriendo su cuello y las botitas que dificultaban su paso transitando las veredas de la Strip. La cara envaselinada, los guantes puestos y un esparadrapo desparejo en cada ceja. Era un boxeador preparado para pelear que en lugar de subir al ring buscaba llegar a su hotel. Solo en Las Vegas pudimos pasar casi desapercibidos hasta encontrar la puerta principal de reingreso al Caesars Palace del cual habíamos partido hacía algo más de dos horas. Junto a nosotros venían sus hermanos Roberto y Jorge, el doctor Roberto Paladino, el director técnico Oscar Rodríguez, el preparador físico Nicolás López y los recordados amigos Juan Femia y Norberto Bianchi.

Cruzamos todas las mesas de juego hasta alcanzar el ascensor. Entre la multitud había damas de largo y hombres con smoking al tiempo que unas meseras vestidas de antiguas romanas paseaban sus generosas bandejas colmadas de copas y vasos en apogeo. Nadie miró a Galíndez, nadie interrumpió el murmullo excitado que sucede a la bola al detener su giro y caer en el número apostado.

Tal como nos pidiera el empresario Juan Carlos Tito Lectoure nos fuimos a la habitación 496 mientras los casi 4.500 espectadores que habían colmado el Pavillion del Caesar’s no entendían bien qué había pasado.


Un recorte de la época previa a la pelea que no fue. Galíndez junto a Tito Lectoure, cuando todos creían que la revancha sería posible.



Y lo que había pasado, es lo siguiente:

El 15 de septiembre de 1978, Mike Rossman, conocido como el “Bombardero Judío” o “El carnicero kosher” – religión a la cual se había convertido a instancias de su manager de quien tomó el nombre y apellido pues en realidad él se llama Michael Albert De Piano– , le ganó el título mundial a Víctor Emilio Galíndez en Nueva Orleans por nocaut técnico en el 13° asalto.

Esa noche en el Superdome de Nueva Orleans, Galíndez se presentó con una condición física deplorable, impropia de un campeón y alcanzó a dar el peso reglamentario en el límite de 79 kilos y 380 gramos pues antes de subir a la balanza el mismo día del combate, a las 10 de la mañana, estuvo mas de una hora saltando a la cuerda, haciendo sombra y gimnasia abrigado con calzoncillos largos de frisa, una bombacha de goma, varias camisetas gruesas, un rompevientos encima y una gorra polar bajo un buzo de pesado polyester cerca del gigante horno de la panadería del hotel Pontchatrain –donde nos alojábamos– hasta bajar cerca de tres kilos y terminar deshidratado.

Fue así como tras 10 defensas exitosas, incluyendo su épico e inolvidable triunfo ante Richie Kates en Johannesburgo, Sudáfrica, resignaría la corona de los semi pesados que había obtenido el 7 de Diciembre de 1974 en el Luna Park. Fue el primer boxeador argentino en consagrarse campeón del mundo en su país.

Pero la revancha y la posibilidad de recuperar el título llegaría seis meses después. El 11 de diciembre de 1978 la Top Rank remitió los contratos al Luna Park de Buenos Aires para que Galíndez y su apoderado Lectoure firmaran el desquite por una bolsa que alcanzaría los 75.000 dólares y se realizaría bajo las reglas de la Asociación Mundial de Boxeo.

El 18 de diciembre de 1978 quedó establecido como sede del combate la ciudad de Las Vegas a través de un acuerdo entre Top Rank, Caesar´s Palace Hotel y la cadena ABC de la televisión que ofrecería el evento de “costa a costa”. Quedó como fecha inamovible de realización el sábado 24 de febrero de 1979, a las 14.25 hora de Nevada, 18.25 en la Argentina, 16.25 en Nueva York, hora Premium para los eventos deportivos antes de producirse el advenimiento de los cables deportivos y los sistemas de pay per view.


Una publicidad del evento que en la Argentina iba a poder seguirse desde un cine de la Avenida Corrientes hasta distintos puntos en distintas provincias.

El 29 de enero de 1979 la Asociación Mundial de Boxeo cursó un telegrama a la Top Rank informando sobre las autoridades designadas para el combate. Ellos serían: Jesús Cellis, árbitro (Venezuela); Roberto Hill (Panamá) y Luis Magaña (México) como jurados y Bernard Shankman, (asesor letrado y presidente del Comité de Convenciones de la Asociación Mundial) en calidad de veedor oficial.

Las condiciones eran las siguientes.

A) El reglamento de la Asociación Mundial de Boxeo dice que todos los oficiales que actuarán en una pelea por un título en el lugar del mundo que fuere, deberán ser nombrados por la entidad; ésta lo era.

B) Pero en sentido opuesto el Estado de Nevada también tiene un reglamento vigente que indica que “toda pelea que se celebrare en cualquier ciudad del Estado debía ser arbitrada, fallada y supervisada por las autoridades nombradas por la Comisión Atlética de Nevada".

Frente a reglamentos tan radicalmente divergentes una de las partes debía ceder. Según había ocurrido en oportunidades anteriores en Las Vegas, Roma, Nueva York o Tokio y en otros lugares del mundo, las comisiones locales se subordinaron siempre al mandato de la entidad mundial cuyo cinturón estuviere en disputa sea ésta la AMB o el CMB pues aún no existían ni la FIB, ni la OMB. Arum y Sabbatini confiaron en que así sería y pusieron en marcha todo el operativo dejando para el final el punto que resultaría crucial.

El Caesar´s Palace cursó 2.100 invitaciones a grandes jugadores –clientes del hotel– de todos los Estados Unidos. Cuatrocientos dijeron que sí y recibieron, además del alojamiento, las comidas, tickets los shows y otras “distracciones personales”, sus entradas para el match todo en forma gratuita. El negocio del hotel, obviamente, era traerlos para que jugaran en sus mesas de ruleta, black jack o pocker.

A cambio de estas 400 entradas el Caesar´s Palace le dio a Top Rank 56 habitaciones totalmente gratuitas para que allí se alojaran los boxeadores, los organizadores e invitados especiales de la empresa. La cifra de este gasto se estimó en 158.000 dólares. Además y por la publicidad que significaría salir por televisión a casi todo el mundo, el hotel le pagó a Top Rank otros 250.000 dólares en efectivo. En total el Caesar´s Palace Hotel de Las Vegas le dio a Top Rank 400.000 dólares más el recinto del Sports Pavillion gratuitamente y rebajó en un 80 por ciento los precios de 100 habitaciones para tours organizados desde Argentina, Nueva Jersey (lugar de Rossman) y Nueva York. Una inversión de medio millón de dólares.

Por su parte la cadena ABC pagó por los derechos de televisación para todos los Estados Unidos 300.000 dólares. Y otros canales de diferentes países elevaron el volumen de recaudación por la compra de derechos a una cifra superior a los 100.000 dólares con pago anticipado.

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Víctor Galíndez había perdido la corona por los descuidos físicos, que lo obligaban a bajar de peso y deshidratarse a pocas horas de la pelea. En Las Vegas iba por la revancha.

Antes de montarse el combate la Top Rank había recibido de diferentes fuentes 900.000 dólares de los cuales 200.000 debía desembolsar para pagarle a Rossman (125.000 dolares ) y a Galíndez (75.000 dolares). Le quedaba a la empresa de Bob Arum una ganancia de 700.000 dólares limpios ya que el 4 por ciento de los impuestos a tributar habría de absorberlos el Caesar´s Palace.

A dos días del combate, en la habitación 496 del Caesar’s se reunieron Bob Arum, Rodolfo Sabbatini, Tito Lectoure, Bob Turley (director técnico de la Top Rank ex comisionado de California y del Consejo Mundial) junto a Bernard Shankman y Roy F. Tennyson, secretario ejecutivo de la Comisión Atlética de Nevada. Fue a pedido de Lectoure que comenzó a abordarse el tema autoridades. Tennyson confesó en tal reunión que no se sentía lo suficientemente fuerte como para convencer a los miembros de la Comisión Atlética para que resignen su terminante posición y conceder que las autoridades fueran jueces locales. Shankman, a su vez y en réplica, dijo que no se sentía fuerte como para convencer al venezolano Fernando Mandry Galíndez, presidente de la Asociación Mundial de Boxeo, para que resigne su posición de que sólo actúen las autoridades neutrales por él designadas.

Era jueves por la noche. La Comisión se reuniría al día siguiente a las 20 horas como todos los viernes. Mandry Galíndez, mientras tanto, después de los primeros cinco llamados al 782-65-47 de Caracas –que le realizó éste cronista en nombre de su amigo Tito Lectoure desde el Caesar’s Palace– aceptó ceder que el referí fuese nombrado por la Comisión Atlética pero que no emitiera voto y que además hubiera un jurado de Nevada. Y se plantó en ello definitivamente como máxima concesión. Top Rank a través de Arum y Sabbatini en previsión a lo que pudiera ocurrir al día siguiente propusieron su estrategia: una pelea a 15 rounds respetando las bolsas y obligándose a realizar una nueva pelea entre Rossman y Galíndez en los próximos 60 días por el título mundial sea cual fuere el resultado.

Lectoure a las 4 de la tarde fue con la novedad hasta la habitación de Galíndez y le dijo: “Mirá Víctor, estos tipos empiezan a tener miedo sobre las autoridades de la pelea. Me piden que te ofrezca la misma bolsa, una pelea a 15 rounds con el referí y los jurados de aquí, de Nevada y ganes o pierdas, la revancha en tres meses a lo sumo”.

— ¿Y el título? – preguntó Galíndez.

— No, el título no corre porque si le ganaras la Asociación no te lo va a reconocer si las autoridades no son las que ellos designaron; pensalo y decime qué hago.

Sobre la cama, contrariado, bajo un profundo silencio que aceleraban los suspiros de sus hermanos Jorge y Roberto, el profesor Nicolás López, el técnico Oscar Rodríguez, el doctor Paladino y este cronista –enviado especial de la revista El Gráfico–, Galíndez fue rotundo: "Yo vine a pelear por el título y si no es así, no me interesa pelear…”

El viernes hasta las ocho y media de la noche fue un día tranquilo. A las 14 horas se leyeron las reglas, A las 16 Galíndez se fue a entrenar, a las 18 lo hizo Rossman. Todo estaba en marcha y las partes no sospechaban lo que ocurriría en el salón Caravann del Aladdin Hotel, donde habría de llevar a cabo su reunión semanal la Comisión de Nevada. Fue en tales circunstancias que la Comisión Atleética de Nevada volvió a negar que el combate sea con jueces neutrales. Bob Arum, dirigiéndose a los miembros apeló dramáticamente. Entre otras cosas, dijo: “Señores, los managers de Rossman y de Galíndez están de acuerdo; los boxeadores están de acuerdo, la televisión está preparada y con los espacios publicitarios sobrevendidos, los invitados ya están Las Vegas, las entradas están vendidas, no se le hace daño a nadie, se beneficia a todos y todo cuanto les pido es que dejemos que este combate se rija por las leyes internacionales reconocidas y aplicadas en cualquier país del mundo...”

Tras este discurso de Arum, Duke Durden, Jack Davies, Bob Shield (presidente), Sam Macías y Sig Rogich se miraron sin tener absolutamente nada que replicar, discutir o cuestionar. La pieza oratoria de Arum (ex abogado de la familia Kennedy) había sido brillante y hubiera convencido hasta las piedras. Los cinco miembros se miraron, algunos bajaron la vista mientras impulsaban el humo de sus cigarrillos hasta los intestinos y cuando la batalla parecía ganada, el presidente dijo con inmovilizante frialdad: “Bien, señores, no tenemos nada que objetar, votemos… Levanten la mano los que están por sí (ninguno). Levanten la mano los que están por no (todos)".

Eran cerca de las 23.30. A las 6 de la mañana sería el pesaje. Nadie durmió buscando soluciones. A las tres de la mañana Arum llamó otra vez a Mandry Galíndez y le rogó, le imploró. La respuesta fue no. A la cuatro llamó a Tito y le ofreció 25.000 dólares más para Galíndez. La respuesta fue no. A las cinco, Tito fue a la habitación de Galíndez a chequear el peso. Esta vez, todo estaba normal. Hacía mucho tiempo que el ex campeón no se encontraba en esa forma para un combate.

Fue así que a las 5.45 Galíndez llegó a la balanza; cuando Rossman vio que había pesado 79,152 kilos, comenzó a empalidecer. Ni él ni su padre, Jimmy Di Piano, lo podían creer. El peso de Galíndez, igual al de Rossman, era un reflejo de la aptitud conseguida con más de veinte días de riguroso trabajo en Las Vegas, sumado a tres meses de entrenamiento regular en Buenos Aires. Hasta ese momento todo se realizaba con normalidad. Como si nueve horas más tarde Rossman y Galíndez fueran a disputar la corona, tal como estaba programado.

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Galíndez estaba en un condición excepcional para el combate. Se había entrenado a conciencia y eso se vio cuando se hizo el pesaje oficial.

Arum trabajó toda la mañana tratando de lograr que el dueño del hotel le consiguiera una entrevista con el gobernador de Nevada, Robert List. Simultáneamente siguió las tratativas con Lectoure para que éste convenciera a Galíndez. Ninguna de las dos gestiones tuvo éxito. A las 11.30 hubo un último y terminante llamado a Mandry Galíndez, quien mantuvo su posición. Jesús Cellis, Robert Hill, Waldemar Schmidt y Luis Sulbarán (jueces de la AMB) fueron llegando a Las Vegas enviados por el presidente con los gastos a cuenta de la Asociación para evitar que hubiera un acuerdo tardío sin tiempo material para que viajaran desde sus países hasta Las Vegas. Sulbarán, incluso, quedó como primer suplente por si no llegaba a tiempo alguno de los nominados en primera instancia. Schmidt reemplazaba al mexicano Magaña quien por una huelga en el Aeropuerto de México no llegaría a Nevada de ninguna manera en el plazo previsto.

— Tito, le dijo Arum a Lectoure, tenemos un contrato que dice que a la una de la tarde tú y tu boxeador deben estar en el estadio. No me falles.

— A la una yo y mi boxeador estaremos allí, pero eso sí: si no hay oficiales de la A.M.B. no hay pelea, advirtió Lectoure.

— Okey, Tito, okey, yo arreglaré eso con el gobernador del Estado.

A las 12.55, Galíndez estuvo en el camarín. A las 13 en punto Rossman en el suyo. El público llenaba las graderías. Se había vendido la capacidad completa: 4.322 entradas. La gente compraba programas a 75 centavos, se recibían apuestas en un mostrador (2-1 para Rossman) y las peleas previas se llevaban a cabo como si nada ocurriera. Arum, en medio de tanta desesperación, llegó hasta el camarín y le dijo a Tito: “El gobernador está llegando, dame tiempo, esperame hasta las dos y diez”.

“Muy bien –replicó Lectoure mirando el reloj–, faltan catorce minutos, a las dos y diez me voy...". A las 13.58 Arum le suplicaba a Schild, presidente de la Comisión Atlética, para que le solucionara el problema. Schild, fumando, le dijo: “Ese no es mi problema”.

Dos minutos más tarde en su asiento del ring side, Shankman sufrió un ligero desvanecimiento, un ataque de presión con sangre desde la nariz. Para sus 73 años, esta situación límite lo había llevado al colapso. El doctor Paladino lo asistió en el camarín de Galíndez, que a esa altura temblaba por los nervios y la incertidumbre.

A las 2.05, Sabbatini, Malitz, Arum y Turley llamaron a Lectoure a un pasillo del pequeño estadio para ofrecerle más dinero para él y para Galíndez y se escuchó de parte de Arum la palabra “piedad”. Lectoure, más enérgico que nunca, le respondió: “Basta viejo, si me entienden en español bien y si no se joden; hasta aquí llegué, métanse la plata en el c..., si a las dos y diez no viene el comisionado y me dice que las autoridades son de la AMB nos vamos. Y no me hablen más, no me quiero pelear, pero ya me tienen podrido”. Y se fue

A las 2.09 Howard Cosell reporteó a Arum, quien para todos los Estados Unidos declaró que la culpa es de los cinco tarados de la Comisión Atlética de Nevada. Luego abandonó la silla, se quitó la credencial que llevaba prendida en el pecho y pasando por delante de los miembros de Nevada los insultó: “Good dam you all”, “Que Dios los maldiga” en traducción literal, algo mucho más grueso en interpretación usual. Al mismo tiempo el vicepresidente del Caesar´s Palace Hotel, Steven Hyde, se presentó en el camarín de Galíndez y dirigiéndose a Lectoure le dijo:

— Si Galíndez no pelea usted pagará los gastos del hotel.

— ¿Y usted quién es?, le preguntó Lectoure;

— Soy el vicepresidente del Caesar´s Palace, le respondió el ofuscado visitante

— No lo conozco, váyase de aquí y si es del Caesar’s y corresponde, mándeme la cuenta.


Galíndez y Lectoure, el día que el argentino venció a Richie Kates en Sudáfrica.

Como último elemento de coacción una fuerte custodia policial se apostó frente al camarín formando un inexpugnable cordón con dirección al ring. Al abrirse la puerta Sabbatini le exhortó a Tito que piense en el dinero que perdería.

— Tengo más plata que ustedes, no me importa el dinero Rodolfo, me importa la ley...

El autor de ésta nota abrió la puerta a las 2.09 y detrás suyo salieron Galíndez, los hermanos de Víctor, Roberto y Jorge, Lectoure, el doctor Paladino, Juan Femia –un argentino radicado en Nueva Orleans– y todo el grupo; la policía nos abrió paso y en la mitad de la galería, en lugar de ir hacia el ring nos fuimos hacia una puerta transversal. Ya en la Strip con el paso acelerado y antes de reingresar al hotel los fotógrafos nos apuntaban desde todos los ángulos. Alguien de la televisión le pidió a Tito que regrese al Pavillion para dar una explicación.

— Como no, vos Víctor andate a la pieza y no te muevas de allí; yo vuelvo al estadio a poner la cara y explicar por qué nos fuimos, dijo Lectoure.

Volvió y lo hizo ante Howard Cosell gracias a la traducción de Alberto Oliva. Dijo todo cuanto tenía que decir mientras Rossman y su hermano Steve permanecían en el ring con la bandera norteamericana. Bob Arum explicó todo, la gente pasó por las boleterías a recuperar el dinero. Arum soportó otra noche sin dormir. Lectoure durmió tranquilo (nosotros también).

Dos meses después, el 14 de abril de 1979, Galíndez le ganó a Rossman por nocaut técnico en el 9° round en el Superdome de Nueva Orleans convirtiéndose en el primer medio pesado en recuperar su título.

Pero esa es otra historia…

Archivo: Maximiliano Roldán

 

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“Se perdió el respeto ya”: así se calienta la revancha entre Julio César Chávez y Jorge “Travieso” Arce
El primer duelo lo ganó la leyenda del boxeo nacional y desde entonces se han lanzado una importante cantidad de declaraciones para aumentar la expectativa

7 de febrero de 2020




Así se promociona el "Duelo de Leyendas".

El próximo 7 de marzo se vivirá uno de los combates más esperados en el panorama del boxeo mexicano. Si bien la pela entre Julio César Chávez y Jorge “Travieso” Arce no se trata de una en la que se espera gran despliegue físico, los aficionados están entusiasmados por este encontronazo de exhibición entre dos referentes del pugilismo nacional, quienes se han encargado de elevar las expectativas por medio de una buena cantidad de declaraciones.


En un video promocional de la pelea que cobró relevancia en Twitter se muestra a ambos boxeadores lanzándose declaraciones como si fueran golpes rectos: “Ponte a entrenar fuerte, Travieso, porque estás hablando mucho. Estás diciendo puro buche, buche, buche de que te dejaste y no sé qué”, comenta el gran campeón mexicano en referencia al primer duelo.

Ante estas palabras, Arce montó una defensa férrea para después responder de manera tajante: “Te dejé ser en Tijuana, viejito, pero aquí nadie te va a salvar. Aquí estamos en mi terreno y te voy a poner una recia, se perdió el respeto ya. Prepárate, yo estoy listo, prepárate para que agarres condición, porque ya estás viejito”.



La revancha entre estos púgiles será el 7 de marzo en Hermosillo, Sonora. (Foto: Cuartoscuro)



Sin embargo, la leyenda del boxeo mexicano no se quedó callado y contestó con una frase amenazante: “No te voy a tener compasión, te voy a arrancar la cabeza”. Cabe mencionar que el mismo Julio César Chávez ha compartido otras publicaciones en las que se le ve entrenando o corriendo a modo de preparación para la pelea que se efectuará en el Centro de Usos Múltiples de Hermosillo, Sonora.

El “Duelo de leyendas mexicanas”, como han bautizado a este combate, es la revancha de una pelea que tuvo lugar el 22 de noviembre y el cual ganó Chávez. No obstante, después de esta victoria, la polémica se desató, pues el Travieso Arce admitió que no se había esforzado por completo, pues no quería soltar golpes en contra de su referente.

Al campeón lo respeté mucho. Es un gran campeón, lo admiro, es mi máximo ídolo desde niño y jamás le iba a faltar el respeto. Tenía que dejar que se luciera para hacer un buen show”, dijo Travieso y a partir de eso se desataron las declaraciones con las cuales se ha incrementado la expectativa por la pelea.

Por ello, el campeón mexicano respondió en su perfil de Instagram que nadie lo había dejado ganar. “Travieso, dices que te dejaste (perder) en la pelea que tuvimos en Tijuana. Prepárate bien ahora sí, cabrón, para ponerte otra chinga. Te voy a quitar lo dientón y lo feo. Sigue pisteando, cabrón. Aparte de la chinga, te voy a llevar a la clínica”, amenazó.



Los combate de Julio César Chávez contra el Travieso Arce han sido para la beneficencia de ciertas causas. (Foto: Cuartoscuro)

El Travieso contestó, recordando los 17 años de diferencia: “Así como ando ahorita bien crudo, me alcanza para pegarte una chinga, viejito. La neta fuiste el más grande, mi máximo ídolo de morro, pero el tiempo no perdona, ahora sí voy sin compasión. Después no digas que se me pasó la mano”.

Durante la presentación oficial de la revancha, la leyenda del boxeo aprovechó para contar cómo aceptó el combate e incluso aprovechó para burlarse de su rival: "Dije, ‘¿a quién agarro, al Travieso otra vez? ¿Agarró pichón?’ (...) Entonces voy a agarrar a Travieso otra vez para quitarle lo hablador”.

En la primera ocasión, el fin de la batalla era recaudar fondos para Christian Castillo, hijo del ex púgil Luis “Temible” Castillo, quien sufrió una lesión cerebral. Aunque se trataba de una pelea amistosa, la adrenalina invadió a los protagonistas, por lo que se espera una pelea de características similares.

 
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La noche que Buster Douglas noqueó a Tyson: cómo fue el mayor batacazo de la historia del boxeo
Hace 30 años en Japón se producía la mayor sorpresa de la historia de los pesos pesados. Buster Douglas, el retador al que nadie consideraba, noqueó al hasta entonces invencible Mike Tyson. El momento en que Tyson derribó a Douglas. La larga cuenta del árbitro. La reacción del mundo del boxeo. El comienzo del fin de un campeón voraz

Por Matías Bauso
11 de febrero de 2020






El KO de Buster Douglas sobre Mike Tyson

Empecemos en primera persona. Esa noche del 11 de febrero de 1990, hace treinta años, el sueño me vencía. Pero, aunque parezca mentira, todavía en esos años, al principio de la década del noventa, no se televisaban tantos espectáculos deportivos. No era cuestión de perderse alguno. En especial una pelea por el título del mundo con el mejor boxeador del momento. El problema con esta pelea era que no auguraba suspenso alguno. La disparidad en la previa era tan grande que las expectativas eran mínimas. Había una ventaja. Seguro no me iba a dormir tan tarde: a Tyson los rivales no le duraban nada. Menos este, algo pasado de peso, sin ningún antecedente de gran relevancia, muy abajo en las apuestas (solo un loco podía apostar por él). En el octavo round pareció que todo terminaba. Pero el combate siguió. En el décimo sí llegó el desenlace. Pero no el que se esperaba. Esa noche estaba solo en mi casa. Los demás habían ido a una fiesta y llegarían muy tarde. Eran tiempos sin celulares. Y en mi familia teníamos un sistema infalible para hacer llegar mensajes. Pegábamos un cartel en la puerta, de esa manera el que llegaba al hogar se anoticiaba de lo que necesitaba. En ese sistema entraban comunicaciones que hacían a la logística familiar (si no ibas a dormir, si no se cenaba en casa) o para informar al resto de noticias de las que debían enterarse antes de leer el diario de la mañana: una revolución, alguna muerte célebre o noticias de vital importancia (la compra por parte de Racing de un centrodelantero, por ejemplo). Esa medianoche fijé en la parte de adentro de la puerta uno de esos carteles. Era una noticia importante e inesperada: “Lo noquearon a Tyson”.


Fue un batacazo. No se lo puede llamar de otra manera. Tal vez haya sido uno de los mayores de la historia del deporte. Sin la dimensión social del descalabro colectivo del Maracanazo, pero sí con la de la tragedia personal. Esa noche, en la que Tyson podría haber ganado, comenzó su caída. O, en realidad, empezó a exteriorizarse su derrumbe. que había empezado en silencio, fantasmal e inevitable, un tiempo antes.

La pelea era en el Tokyo Dome. Japón se había quedado con la pelea ofreciéndole a una de las mayores estrellas de ese momento más de 6 millones de dólares. La expectativa de los organizadores no era la de presenciar un gran espectáculo deportivo, una contienda pareja, sino simplemente ver en vivo, de cerca, a una leyenda del deporte. Mike Tyson estaba invicto. Y parecía invencible. Una fuerza de la naturaleza que no conocía de debilidades, que destrozaba a sus rivales. El castigo que les propinaba era cruel y doloroso. Hasta ese momento, a pesar de que algunos pocos le habían aguantado los 15 rounds, las diferencias que marcaba eran ostentosas. Los masacraba. Tyson estaba destinado a marcar una época. Parecía que su reinado sería muy extenso.

Miremos más detenidamente el récord de Tyson hasta el momento. 37 peleas ganadas, ninguna perdida. 32 por nocaut; 17 de sus rivales no habían logrado pasar del primer round.



Las apuestas para esa noche estaban 42 a 1. O dicho de otra manera: nadie en su sano juicio pensaba o creía (no había siquiera espacio para la fe) que Douglas tuviera la más mínima chance de ganar. Tal vez nadie pensaba, ni siquiera él mismo, que pudiera hacer una pelea pareja.

Douglas era un “paquete” que le habían puesto enfrente al campeón mundial para recaudar algunos millones de dólares hasta que apareciera otro compromiso más complicado. Nada nuevo: con Joe Louis se inventó ese de “The bum of the month” (el paquete del mes): un boxeador sin posibilidades frente al campeón reinante.

¿Pero quién era Buster Douglas hasta ese momento? Nadie. Un ejemplo: en una de las conferencias de prensa previas a la pelea, luego de comparecer Tyson, le tocó el turno a Buster.

Mientras él ingresaba, cientos de periodistas se levantaron y dejaron sus asientos: a nadie le interesaba lo que tenía para decir. Uno de ellos le preguntó: “Vos sos Buster Douglas, ¿no?”. Ocupaba el séptimo puesto del ranking, pero las grandes victorias (siquiera las grandes performances) brillaban por su ausencia en su récord profesional. 28 ganadas, 4 perdidas, un empate. Su padre también había sido boxeador. En 1976 peleó, y perdió, frente a Víctor Galíndez en el Luna Park. Buster Douglas había encadenado una serie de 6 triunfos que lo pusieron frente a Tyson. Pero él era un escalón más para arribar a la pelea que todos esperaban. Tyson-Holyfield. Douglas no debía ser el actor protagónico de esta historia. Ese no era su destino. Pero él no se resignó.

No llegaba en un buen momento personal. Su madre había muerto tres semanas antes. Estaba sumido en la tristeza del duelo todavía. Otra preocupación era que en esas semanas le habían detectado a la madre de su hijo una severa enfermedad en el hígado. Para empeorar la situación, a él se le desató una fuerte gripe el día anterior al combate. En sus buenos momentos era un boxeador duro, valiente y hasta con velocidad. Pero esos momentos no eran demasiados, porque tenía problemas con el peso y carecía de la disciplina necesaria para entrenar a conciencia.

Los periodistas especializados esperaban otra masacre breve. No más de dos minutos de acción. Larry Merchant, tal vez el comentarista más famoso de Estados Unidos, dijo: “Esta pelea está terminada antes de empezar. A lo sumo terminará unos pocos segundos después”.

La primera sorpresa de la noche se dio en el primer round. Douglas no tenía miedo, no escapaba por el ring. Se plantó y presentó batalla. Cambiaba golpes con furia. No parecía una gran táctica. Solo parecía un honroso certificado de (pronta) defunción. Pero había algo en esos rounds. Una presencia, algo que no quisimos ver en ese momento. Mike Tyson no era el mismo. Su estado físico era inferior al habitual y su ferocidad, más escasa. Algo de ese instinto bárbaro, de esa fruición por golpear al rival con toda su fuerza, se había desvanecido. Sus movimientos estaban aletargados, no le encontraba la vuelta a la pelea. Douglas, en cambio, estaba rápido y tenía una táctica: usar el jab para mantenerlo lejos, para molestar a su rival. Y de cuando en cuando asestarle un buen golpe. De esa manera, aceptando intercambios, se exponía a que en algún cruce Tyson lo noqueara. Su táctica tampoco era suicida. Cada vez que se veía desbordado acudía al clinch, a abrazarse al campeón del mundo para detener las acciones. Al finalizar el quinto round, las acciones estaban parejas. Douglas había metido tantos buenos golpes (o quizás más que Tyson). Pero casi nadie se preocupaba. Todo hacía suponer que Douglas se cansaría o que Tyson haría predominar su potencia. Pero en ese descanso, un párpado de Tyson se hinchó como un globo, el ojo estaba cerrado.

Los siguientes asaltos fueron parecidos. En el octavo, Douglas se envalentonó y dominó a Tyson. Pero faltando muy poco para el final, cuando el retador lo acosaba contra las cuerdas, Tyson sacó un furibundo uppercut de derecha. El impacto fue pleno, y levantó, literalmente, a Douglas por el aire. Quedó tirado en la lona de espaldas. Cuando la cuenta llegó a nueve se puso de pie.

Apenas le dieron el pase sonó la campana salvadora. Pero esa cuenta no fue normal. Fue la larga cuenta. Parecía como si el referí Octavio Meyran tuviera dificultades para recordar el orden de los números. Hacía todo en cámara lenta. Tardó 14 segundos en contar hasta 9.



Una imagen emblemática: Tyson en el suelo y Buster Douglas a punto de celebrar (Foto: Shutterstock)

Cuando todos pensaron que el orden se había restaurado, la pelea continuó. En el noveno round, Tyson salió a definir el match, a terminarlo. Desprolijo, ciego, sin energía. Se vació en menos de un minuto. Douglas se fue restableciendo. En el siguiente asalto, llegó la gran sorpresa. Douglas esperó al campeón, y lo conmovió con uppercut. Luego, una seguidilla de cruzados con ambas manos. Las piernas de Tyson flameaban. Buster Douglas seguía atacando. Tyson agotado no se defendía, apenas lanzaba algún golpe desmañado. La falta de costumbre, o la confianza excesiva: no considerar que existiera la posibilidad de la derrota, hizo que no intentara siquiera trabar al rival. De pronto, una seguidilla de rápidos jabs, un golpe ascendente y cuatro o cinco directos.

Todos certeros, definitivos. Tyson cayó de espaldas, sin respuestas. Meyran siguió con sus dificultades matemáticas. Agachado cerca de la cara del campeón desparramado le mostraba los dedos. Tal vez Tyson creyó que uno de los efectos del nocaut era ver todo suceder a menor velocidad. En una imagen indigna para sus antecedentes, Tyson absolutamente obnubilado, gateó por el ring. Tomó, como pudo, el protector bucal que había salido volando y no acertó a ponérselo en la boca: no estaba para asuntos de motricidad fina. El protector entró perpendicular a los dientes y más de la mitad de él quedó afuera. El referí no sabía cómo demorar la cuenta. El campeón se puso de pie, pero sus ojos estaban vacíos y las piernas endebles, se balanceó hacia adelante, y Meyran lo abrazó antes de que volviera a la lona. Todo había terminado. Buster Douglas era el nuevo campeón del mundo de los pesos pesados, el más sorprendente campeón de la historia.

La transmisión original en inglés, la de HBO, es una buena prueba de la sorpresa, del shock que produjo ese nocaut. “¡Mike Tyson ha sido noqueado! Increíble”. Eso había en su voz: incredulidad. Y estupor. Luego un silencio. Un largo silencio. Casi diez segundos en televisión es una eternidad. Nadie sabía qué decir. Una situación inefable. Estos profesionales del micrófono a los que las palabras le aparecen a borbotones habían quedado mudos. El comentarista intenta hacer su trabajo, era él el que debía hablar: “Lo que acaba de hacer Buster Douglas hace que la Cenicienta parezca un cuento sin fuerza, una historia mal contada”. El relator recupera su forma: “No hay otra manera de llamarlo: es la mayor sorpresa en la historia del boxeo”.

Tyson a sus 24 años ya había dado lo mejor de sí. Los problemas personales lo habían consumido. Disputas con el mánager, cambio de entrenador, escandaloso divorcio con su esposa Robin Givens, violencia. Ya no se entrenaba como antes. Creerse inexpugnable lo terminó de liquidar. Luego vendrían las denuncias por violación, el juicio, la prisión.

Buster Douglas enfrentó ocho meses después a Evander Holyfield. Desde la tapa de la Sports Illustrated se lo anunciaba como “El nuevo Rocky”. No fue así. Su reinado fue mucho más breve que el de Balboa. La bolsa por su primera defensa fue de 24 millones de dólares (contra Tyson había firmado por 1 millón 300 mil). Holyfield lo noqueó en el primer round. El sueño había terminado. Cuatro años después su fortuna se había evaporado. Debía empezar de nuevo. Pero ya había hecho historia. Había dado el gran batacazo en la larga e ilustre saga de los pesos pesados.

 

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Tyson Fury se impuso con jerarquía ante Deontay Wilder en Las Vegas: le quitó el invicto y su título mundial de los pesos pesados
Tras el polémico empate que protagonizaron en diciembre de 2018, el británico consiguió la victoria con un indiscutible nocaut técnico en el séptimo asalto y es el nuevo dueño del cinturón de campeón del Consejo Mundial de Boxeo (CMB)





Nocaut fury vs Wilder

Recién van unos pocos días de este 2020, pero Deontay Wilder y Tyson Fury ya protagonizaron una de las peleas de boxeo más destacadas de todo el año. En el MGM Grand de Las Vegas, un sitio ya mítico para el boxeo actual, el peleador británico de 31 años (31-1-0, 30 KO) se impuso por nocaut técnico en el séptimo asalto y le arrebató al norteamericano de 34 años (42-1-1, 41 KO) su cinturón del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

Tras el polémico empate que ambos protagonizaron en diciembre del 2018, había una gran expectativa por verlos nuevamente enfrentarse sobre el cuadrilátero. Pero la espera valió cada segundo para los amantes del boxeo porque brindaron un verdadero espectáculo, incluso desde la previa. El primero en aparecer fue el retador, quien salió vestido de rey y llegó hacia al cuadrilátero sentado en un trono. Luego fue el turno del campeón, optando por su aparición tradicional, vestido con una armadura brillante de color negro valuada en más de USD 60.000.

La tensión crecía a cada segundo y no se quitaron la vista en ningún momento mientras escuchaban al referee Kenny Bayless. Se notaba que ambos estaban dispuestos a demostrar con los guantes todo lo que habían dicho delante de los micrófonos pese a que el riesgo era gigante porque llegaban invictos en sus carreras y con todo para perder.

Sin embargo, al comenzar la acción, Tyson Fury no dio lugar nada. Cocinó la victoria desde el minuto cero. Comenzó bien ubicado en el centro del cuadrilátero y comandando la pelea ante un Wilder muy concentrado, sacando el jab abajo y golpeando con criterio. Esa fue la tónica de los primeros asaltos: The Gypsy King más activo y yendo al choque, logrando incluso mandar a la lona a The Bronze Bomber en el tercer asalto. El peleador norteamericano volvió a su rincón en ese asalto tambaleándose, con las rodillas flojas.



Wilder llegó a la mitad del combate muy herido, conmocionado, visiblemente abrumado por un Fury que salió a atacar sin cesar para quedarse con el combate. De hecho, el oriundo de Manchester volvió a mandar al estadounidense al suelo en el quinto round y le propinó varios golpes potentes al cuerpo en el sexto. Hasta aprovechó un clinch sobre las cuerdas para sacar la lengua a las cámaras y así exponer su superioridad con su extravagante estilo.



Tyson Fury salió a atacar desde el inicio a Deontay Wilder que se vio abrumado en el MGM Grand Garden Arena de Las Vegas (USA TODAY Sports)

En el séptimo asalto llegó el final. Tyson Fury ya tenía a Deontay Wilder en el bolsillo. Lo conectó con su puño izquierdo para agravar aún más su malestar y luego con su derecha le puso punto final a una pelea que siempre fue suya.

Este es el gran combate que sus fanáticos estuvieron esperando mientras él estuvo casi tres temporadas fuera del deporte sumergido en los vicios y los excesos. Es el evento que todo el mundo esperaba desde aquel diciembre de 2018 cuando su velada ante Wilder finalizó con un empate en las tarjetas (113-113 / 115-111 para Wilder / 114-112 para Fury).



Tyson Fury logró vencer a Deontay Wilder y le ha quitado su corona de los pesos pesados del Consejo Mundial de Boxeo (REUTERS)

Tyson Fury logró lo que parecía imposible porque no hay que olvidarse que The Bronze Bomber había defendido 10 veces de manera consecutiva su cinturón mundial del Consejo Mundial del Boxeo (CMB), con impactantes triunfos ante el cubano Luis Ortiz y frente a su compatriota Dominic Breazeale, e iba camino a igualar una marca histórica del legendario Muhammad Ali.

Pero eso no será posible porque The Gypsy King le puso un freno y ahora su carrera se ha relanzado. Tyson Fury destronó a Deontay Wilder y ya piensa en los nombres más importantes de la divisional, como el británico Anthony Joshua, quien recuperó las coronas mundiales en diciembre pasado en su revancha contra el mexicano Andy Ruiz Jr.

 
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Cinturones, dinero y honor: comenzó a gestarse “La pelea del siglo” entre Tyson Fury y Anthony Joshua
Después de vencer a Deontay Wilder y quedarse con su cinturón, el británico aceptó el reto que le propuso el promotor de su compatriota

24 de febrero de 2020







La victoria de Tyson Fury sobre Deontay Wilder no sólo significó el haber acabado con un invicto de 41 peleas sin perder, tampoco fue el quebrarle una racha de 11 defensas consecutivas. El cinturón que le quitó al estadounidense tiene mucho valor, tanto para él como para el boxeo británico.

Con el triunfo del Rey Gitano se abrió una posibilidad única “que no se puede desaprovechar”, según afirmó Eddie Hearns, el promotor del campeón mundial de los pesos pesados Anthony Joshua: “Seríamos payasos, seríamos idiotas si no hiciéramos esta pelea porque es una oportunidad única en la vida”, reconoció acerca de un futuro enfrentamiento entre Tyson Fury y su cliente.

Ambos británicos, con todos los títulos en juego y con una bolsa que le dejaría cerca de 100 millones de dólares a cada luchador, tal como informó el periódico The Sun.



Tyson Fury se quedó con el cinturón de la WBC



“Tenemos un dominio total de la división de peso pesado en este país. Tenemos las llaves de oro para el cáliz. Somos los reyes del mundo en el boxeo en este momento”, exclamó Hearns, haciendo referencia a que entre los dos ingleses reunen todos los cinturones de la división (Joshua: WBA, IBF, WBO, IBO - Fury: WBC)

“Qué tiempo para el país, qué tiempo para el deporte. Tanto si eres fanático de AJ como de Fury o ambos, comprende esto: en este momento, la división de peso pesado es propiedad de Gran Bretaña”, advirtió el promotor sobre lo que podría ser “La pelea del siglo”.

Del otro lado, Gypsy King, se limitó a asegurar que, “si Deontay no quiere la revancha, vamos AJ ...”, confirmando que existe un tercer combate contra el norteamericano.



Anthony Joshua es dueño de los títulos IBF, WBA, WBO y IBO de los pesados tras vencer a Ruiz

Aunque el contrato contempla una tercera pelea entre Wilder y Fury, Hearns estimó en Twitter que “no hace falta un tercero” y deseó “pasar directamente (al combate de reunificación) este verano (boreal)”.

“He hablado ya con AJ (Anthony Joshua) y quiere que sea su próximo combate”, declaró el promotor a la radio TalkSport, incidiendo en ese deseo de ver a su defendido próximamente contra Fury.

"Tyson Fury tiene el cinturón WBC y Anthony Joshua tiene los cinturones WBA, IBF, WBO, IBO. Hace dos o tres meses, la división era propiedad de los Estados Unidos de América con Deontay Wilder y Andy Ruiz... Este combate tiene que hacerse. No tendremos nunca más la ocasión de tener a dos británicos en un combate de reunificación de los títulos de campeones mundiales de los pesos pesado, sentenció.

 

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La lesión en el oído de Deontay Wilder que encendió todas las alarmas durante la apabullante derrota ante Tyson Fury
El rincón del pugilista norteamericano no pudo detener el sangrado de su oído. Tras la pelea, no debió ser atendido por los médicos y no concurrió a la conferencia de prensa pautada




La lesión en el oído de Deontay Wilder (Foto: Reuters)

La imagen era elocuente. Durante los últimos rounds, el equipo de trabajo de Deontay Wilder tuvo que puntualizar en la herida del oído que sangraba sin parar durante los tres minutos de cada asalto. El norteamericano mostraba síntomas de desconcierto, de cierta desorientación, cuando tenía que salir a enfrentar un nuevo castigo de Tyson Fury. En el 7°, desde el rincón decidieron detener la batalla y tiraron la toalla.

El pugilista de 34 años habló desde el cuadrilátero una vez que finalizó el evento, pero no concurrió a la conferencia de prensa posterior planificada: inicialmente se informó que estaba siendo “trasladado a un hospital de la zona”, según LA Times.

No hubo mayores precisiones de lo ocurrido con la saluda de Wilder. Durante las últimas horas, desde ESPN aclararon que recibió un tratamiento médico en el vestuario del MGM Grand de Las Vegas y aseguraron que no fue necesario el traslado a un hospital. A la espera de un estudio más exhaustivo, aseguran que en primera instancia no hay un problema interno en el tímpano, pero sí debió recibir puntos de sutura en la oreja por un corte. No se publicó un informe oficial de su equipo de trabajo para entregar mayores precisiones sobre su estado de salud.



La lesión de Wilder que pudo haberle "afectado el equilibrio" (Foto: Reuters)



Shelly Finkel, uno de los managers del boxeador, argumentó que su ausencia en la conferencia de prensa posterior estuvo emparentada a las complicaciones que tuvo Wilder para producir una muestra para los recolectores del VADA, encargados del control antidopaje. “Tenía un pequeño corte dentro de la oreja. Puede haber afectado su equilibrio. Deontay está bien y volverá”, aseguró Jay Deas, uno de los entrenadores del norteamericano.

Uno de los responsables de la esquina aclaró que fue el otro entrenador, Mark Breland, quien “tiró la toalla” para frenar el combate. “Desearía que mi equipo no hubiese detenido el combate. Yo soy un guerrero y quiero luchar hasta el final”, fueron las pocas palabras que dijo Wilder apenas terminó la pelea.

Más allá de las palabras del hombre que perdió su título mundial de la categoría de los pesados y su invicto (tenía 42 KO en 41 combates), las tarjetas hasta el momento de la detención de la pelea marcaban que la diferencia entre ambos era más que amplia para los jueces: 59-52 para Dave Moretti, 58-53 para Glenn Feldman y 59-52 para el criterio de Steve Weisfeld.

Los interrogantes sobre el futuro de una de las estrellas de la máxima divisional se abrieron luego de esta actuación, donde se lo vio sentido y desorientado durante varios momentos de la presentación. “No pongo excusas. Pasaron muchas cosas rumbo a esta pelea”, alcanzó a señalar Wilder, sin dar demasiados indicios de lo ocurrido en su campo de preparación.



"Pasaron muchas cosas rumbo a esta pelea", dijo Wilder (Foto: Reuters)

 
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La bella y triste historia del cartonero que hace 54 años se consagraba ídolo y campeón mundial de boxeo
Horacio Accavallo es, hasta el día de hoy, el boxeador más inteligente que tuvo la Argentina. El recuerdo de su coronación



Por Cherquis Bialo
1 de marzo de 2020




Horacio Accavallo, el día que se consagró campeón mundial

El anciano transcurre el crepúsculo morado de sus días sin horas fijando la vista en un punto distante.

Las arrugas de su rostro le han borrado las expresiones de sus emociones elocuentes. Bueno…, casi todas diríamos, pues le queda una verruga pequeña blanquecina y circular en el final de su pómulo derecho que resiste a la máscara de su cara buena.

Su cuerpito módico y frágil descansa en un sillón inmóvil al cual no parecieran llegar ni voces ni sonidos.


Qué pena tan grande que no podamos evocar juntos parte de sus 85 años con tantas noches de gloria y tantos días de lucha.



Horacio Accavallo
y sus cuatro hermanos eran hijos de un inmigrante italiano nacido en Pietrapertosa, un pueblito de 1314 habitantes en la región de Basilicata, más precisamente en la provincia de Potenza, pero a él - cuando podía, hasta hace unos años - no le gustaba hablar sobre esto pues era como que le avergonzaba repetir la historia de la familia pobre obligada a los trabajos abyectos. En cambio se sentía orgulloso si tal historia se particularizaba en él por que después del ciruja y del cartonero nocturnal del caballo flaco y el carro quejoso, vendrían los sueños, la lucha, la vida, el boxeo, el deportista, la consagración, la fama, el dinero, la corona mundial, la propia familia, los negocios, la conducta intachable, el matrimonio, los propios hijos, la tragedia, el dolor y el retiro como ejemplo para todos los demás.

Tal como lo escribiera Homero Manzi en su inmortal tango “Sur”, a Horacio Accavallo- “Roquiño”- se le hizo cierto “todo el cielo de Pompeya” donde el pibe que revolvía la basura desde Parque de los Patricios hasta Villa Diamante (Valentin Alsina) habría de ir convirtiéndose en lustrabotas, botellero, canillita, cadete y vendedor hasta alcanzar ser admitido en el circo Sarrasani como faquir, saltimbanqui, equilibrista y trapecista; o sea, una escala laboral y social que le mejoraba la vida.

En el medio había quedado su ilusión de ser el wing izquierdo de Racing, el club del cual es hincha. Se probó, según me dijo varias veces, pero Cacho Giménez quien era el técnico de las inferiores no lo aprobó a pesar de la habilidad de su zurda para gambetear “pues era demasiado chiquito para ser profesional”; siempre midió 1.56 y en esa época pesaba lo que un mosca: alrededor de los 51 kilos.



En 1966, con Tito Lectoure, Norberto Fiorentino (anunciador de ring del Luna), Nick Pope (juez) y Héctor Vaccari ( manager).

El boxeo, entonces, se le presentó como una alternativa y de la mano del maestro José Ricardi de Lanús aprendió rápido a invertir su guardia de zurdo y mecanizar todos los movimientos aportando su natural inteligencia para saber administrar energías y distribuirlas sabiamente. Horacio Accavallo siempre fue un estratega sobre el ring y tal virtud sumada a su guapeza consciente lo impulsaron para realizar una campaña extraordinaria pues en una década –1956 a 1966- y con 70 peleas a cuestas, logró la corona mundial de los moscas en Tokio ante Katsuyoshi Takayama cuando ya había cumplido 30 años.

Lindo hubiese sido recordar juntos aquel acontecimiento histórico del cual hoy se cumplen 54 años. El inalterable recorrido de la memoria nos empujaría nuevamente a escribir cosas tales como:

“Brillante faena la de Horacio ante Takayama. Su condición de zurdo le permitió comenzar a dominar el combate desde cuarto asalto con una extraordinaria labor en el quinto y desarrollar armoniosamente sus salidas laterales. Takayama, en consecuencia, tenía verdaderas dificultades de traslado. Y aquella derecha en punta de Accavalo, eran como golpes de pistón acerado”.





“Lo más difícil seria la administración de energías. Horacio llegaba con muchas dificultades para dar el peso. Puesto que no podía ingerir líquidos para no aumentar de peso empapaba un poco de algodón y se lo pasaba por los labios. A veces lo estrujaba en las encías para tener la sensación de la boca humedecida. Llego bien, pero con privaciones a los 50 kilos y 800 gramos (112 libras) que marcan el límite de la categoría".

“Los últimos rounds fueron de coraje e inteligencia. El boxeo argentino no tuvo boxeadores más inteligentes que Accavallo. Sabía todo. Calculaba y administraba sobre sus fuerzas y las que les leía a los rivales. Y difícilmente tomaría riesgos absurdos. Por eso el último segmento, entre el 10 y el 15, fue una maravilla estratégica. Conocía los límites de las fuerzas y el riesgo. Y los jurados, al igual que el público, siempre quedaban observando a un púgil dinámico, contestatario, resuelto que en los primeros treinta segundos y en los últimos veinte de cada asalto, se mostraba entero, rítmico y veloz” .

El triunfo por puntos, aún en fallo dividido (73-69 y 74- 67, las dos tarjetas a su favor contra una tercera de 71- 70 para Takayama), fue apoteótico. Lágrimas, euforia, gente en las calles en la mayoría de pueblos y ciudades del país. Sí, aquella mañana de hace 54 años marcaba un episodio de evocación imborrable. Era la época en que el deporte hacia simbiosis con la identidad. Accavallo, como Pascualito –nuestro primer campeón mundial- , como Fangio, como los Gálvez, como los campeones mundiales de básquetbol del 50′, como Juan Carlos Zabala, como Delfo Cabrera (ambos ganadores de las maratones olímpicas del 32 y del 48 respectivamente), como Don Roberto De Vicenzo, se unían a nuestro orgullo y aunque estuviéramos lejos en el tiempo y en el conocimiento, ellos eran argentinos. La gente los amaba. Y sus fotos en grandes y coloreadas láminas de El Gráfico no faltaban en las paredes de los hogares, los talleres o los comercios, cual símbolo de bella gratitud. Millones de personas nacieron y murieron amando incondicionalmente a ídolos que jamás pues la televisión era “paleozoica” y aún no transmitía en vivo.



Dos campeones se saludan. Látigo Coggi saluda a Horacio Accavallo en una de las últimas imágenes públicas del pequeño gigante.

Eran tiempos de romántico lirismo y en nuestro país los héroes deportivos que llegaban de regreso con la victoria, se convertían en modernos Césares al volver a Roma tras una nueva conquista. Desde Ezeiza hasta el Luna Park, la Richieri, la General Paz, Juan B Justo y por último Corrientes se transformaban en una moderna Via Appia Antica. En el camión de los Bomberos Voluntarios de Lanús y saludando a las decenas de miles de personas que lo aclamaban a su paso, iba el cartonero, el lustrabotas, el botellero, el canillita, el cadete, el faquir, el saltimbanqui, el equilibrista y el trapecista de circo; en definitiva iba el nuevo campeón del Mundo.

Qué pena tan grande que el decadentismo no nos permita volver a reírnos.

Es que este hombre fue el único boxeador que cuidaba, administraba y perfilaba negocios con enorme austeridad y visión. Fue así que llegó a tener 32 locales de venta de indumentaria deportiva, creó una fabrica de calzado (Jaguar) y nunca dejó de percibir negocios ocasionales. Una tarde en la que se hallaba discutiendo el contrato de su segunda defensa ante el mexicano Efraín “Alacrán” Torres y al no ponerse de acuerdo con el Luna Park, le propuso a Ernestina de Lectoure –la dueña quien habló con un solo boxeador en su vida y ése fue Accavallo-, lo siguiente:

-Ernestina, está bien, acepto el 25% de la recaudación en lugar del 30%, pero si le gano al mexicano, ¿me vende las butacas viejas que tiene en el depósito?.

Fue durísima aquella pelea: Accavallo cayó y sufrió una herida en la ceja; no obstante se impuso legítimamente tras 15 asaltos dramáticos y vibrantes que enloquecieron a la multitud. Al llegar hasta su camarín, Tito Lectoure lo abrazó emocionadamente. Fue entonces cuando el campeón aún sangrante de su ceja, le preguntó:

-Tito, las butacas viejas del Luna que me regaló tu tía, ¿las vengo a buscar mañana que es domingo o directamente el lunes? Y se respondió asimismo y ante el asombro de los presentes: “mejor el lunes, ¿no?



El campeón no sólo peleaba sus contratos, también aprovechaba hasta para hacer negocios con la chatarra de los Lectoure, como cuando se ganaba la vida de chatarrero antes de hacerse profesional.

Fue el único boxeador a quien Tito consideró amigo y fue por ello que le permitió el tuteo, la mesa compartida y las noches sin reloj. Además admiraba sus conductas y se emocionó hasta el último día cuando tras un entrenamiento de cara al combate programado por el campeonato del Mundo frente al brasileño Manuel Severino (Octubre del 68) se le puso delante en su propia oficina y le anunció: “ Tito, no voy a pelear contra el brasileño, lo siento, no voy a pelear más…”.-

-¿Qué te pasó Horacio?, le preguntó el promotor. Y su respuesta fue: “Tito estoy notando que me pegan muchachitos que antes no me hubiesen llegado; estoy lento y prefiero retirarme siendo campeón del Mundo y no defraudar a la gente que pagará para alentarme y verme ganar.-

Lectoure lo felicitó, les devolvió el dinero que se llevaba recaudado a aquellos que ya habían comprado su ticket y esa actitud de dignidad de Accavallo fue contada admirativamente siempre por Tito ante otros empresarios y periodistas del todo el Mundo pues solo Rocky Marciano antes y Carlos Monzón después – a quien Accavallo le taladró la cabeza- ofrecieron el mismo ejemplo.

Sostiene Horacio: “Si me retiro con la corona siempre seré campeón del Mundo…”. De hecho, lo es, lo sigue siendo.

Vamos a cenar Horacio como después de cada sábado de Luna durante 20 años. Vamos con Tito, con el “Tordo” Paladino, con Jorge Morales…

Vamos para La Raya, para La Strega, para Corrientes 11, para Los Años Locos, para Cosa Nostra, para la Cantina de David, para lo de Luiggi, para El Farol, para La Scoppa, para Albamonte…

Arranquemos que después haremos recalada en el Caño 14 donde nos esperan Pichuco (Troilo) y el Polaco (Goyeneche).



La tapa del día que ganó el título del mundo frente a Takayama.

Si, ya sé… querés darte una vueltita por Horizonte (el mejor restaurante árabe de la época) para saludar a tus amigos y clientes del Once, ver a las odaliscas y brindar con champagne. Bueno, vamos Horacio, dale, vamos.

Sobre el sillón inmóvil reposa el anciano ausente.

No sabe que hoy cuando se cumplen 54 años de su consagración como campeón mundial conmemoramos tristemente los 18 años de la muerte de Tito, un inolvidable amigo.

Cuánta felicidad había en ese rincón aquella noche de Tokio, ustedes dos juntos celebrando.

Cuánta tristeza en este domingo de Buenos Aires, uno se nos fue y dentro de la taza que sostiene el otro, el agua reposa muerta.

 
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Se confirmó la tercera pelea de Tyson Fury ante Deontay Wilder: cuándo sería y qué pasará con la unificación de títulos con Anthony Joshua
Tras perder su invicto y el cinturón en Las Vegas, el púgil estadounidense ha ejercido una cláusula de revancha y empezaron las negociaciones, lo que aplazará el duelo de campeones británicos

3 de marzo de 2020






Deontay Wilder activó una cláusula de revancha y ya empezaron las negociaciones para su tercer combate contra Tyson Fury (USA TODAY)

Parecía que después de su inapelable triunfo en Las Vegas, Tyson Fury iba a hacer un duelo de campeones británicos contra Anthony Joshua en el que pondrían en juego todos los títulos mundiales de los pesos pesados. Sin embargo, se confirmó que el destronado boxeador estadounidense Deontay Wilder ha ejercido su cláusula de revancha y peleará por tercera vez ante Fury.

Según informó BT Sport, citando a los promotores Bob Arum y Frank Warren, la trilogía va camino a concretarse luego de que The Bronze Bomber ejerció su derecho contractual (tenía 30 días para activar la cláusula) para una revancha, que probablemente tendrá lugar en los primeros días de julio, ante de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Arum, fundador de la promotora Top Rank y apoderado en Estados Unidos de The Gypsy King, reveló en una entrevista para Ringside Reporter que podría realizarse antes del 18 de julio en Estados Unidos. También aceptó que estarían dispuestos a extender el tiempo de descanso de Wilder hasta el otoño, pero antes de tomar una decisión, tendrá que llegar a un acuerdo mutuo con Al Haymon, manager del norteamericano.






Así noqueó Tyson Fury a Deontay Wilder en Las Vegas



En los últimos días, Wilder prometió regresar “en unos meses” a través de sus redes sociales: “Me levantaré de nuevo. Volveré. Nos levantaremos de las cenizas y recuperaremos el título. Te veré en unos meses. Porque la guerra acaba de comenzar”.

De esta forma, a poco más de una semana de que Tyson Fury se ha quedado con el título mundial de los pesos pesados del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), ya han iniciado las negociaciones para un tercer enfrenamiento con Wilder y la unificación de los cinturones de los pesos pesados con Anthony Joshua tendrá que esperar.

En cuanto a Joshua, que recuperó los cinturones de la AMB, la FIB, la OMB y la OIB al vencer a Andy Ruiz en Arabia Saudita, se enfrentará al retador obligatorio de la FIB, el búlgaro Kubrat Pulev, y probable que sea en el estadio del Tottenham Hotspur en Londres en junio. Ya tuvieron un enfrentamiento pactado en octubre de 2017, que iba a hacerse en Gales, pero el búlgaro sufrió una lesión en el hombro que postergó la batalla.



Anthony Joshua posee los cinturones de peso pesado mundial FIB, AMB, OMB e IBO (Reuters)

Su promotor, Eddie Hearn, afirmó este lunes en diálogo con Sky Sports que haría todo lo posible para alcanzar un acuerdo con Fury y que ambas partes serían “idiotas” si no logran que la pelea se lleva delante. Y advirtió que, aunque ambos boxeadores querrían que la velada se desarrollara en Gran Bretaña, el dinero proveniente de otros países podría ser demasiado como para rechazarlo.

“Todos tienen muy claro esto. Todos quieren esta pelea: Anthony Joshua, Tyson Fury, MTK, Top Rank, Frank Warren, Matchroom. Hay algunos obstáculos que superar en la transmisión, pero nada demasiado grande. Prometo que esta pelea sucederá”, dijo Hearn, refiriéndose a las partes relacionadas con ambos pugilistas.

 
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3 de abril de 1970 - Urtain se consagra campeòn europeo de pesos pesados

 
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La leyenda del peón de tambo que estuvo a un golpe de noquear a Hagler y Hearns en Las Vegas
De niño trabajó junto a su padre y a su hermano como empleado de un tambo. Pegaba tan fuerte que noqueó a un toro y también enfrentó a un oso de 270 kilos. Se hizo boxeador y fue figura mundial. Una historia increíble


Por Cherquis Bialo
5 de abril de 2020



La recordada pelea de Martillo Roldan contra Hagler

Todo comenzó escuchando la transmisión de una pelea por la radio.

El niño había terminado sus tareas de cada mañana en el tambo junto a su padre y a su hermano mayor Víctor. Después del ordeñe, que por entonces era manual, llegaba la hora del mate en la rueda de los peones del campo.

Uno de ellos, el mas chico, que por entonces tenía 11 años y parecía extasiarse al escuchar las voces de los relatores, pedía silencio pues no se quería perder ningún detalle sobre una pelea que se disputaba en Tokio. Fue la mañana del 12 de diciembre de 1968 cuando Nicolino Locche ganó el campeonato del mundo tras vencer magistralmente a Paul Fujii.

A ese niño fuerte, bien alimentado, criado en la humildad de una familia unida y con tránsito por la escuela primaria, parecía seducirlo más la historia de héroes que los propios héroes ya que los periodistas de la radio lo emocionaban al elevar sus voces con términos tales cómo: histórico, épico, inigualable, epopéyico, maravilloso, inolvidable… Esta experiencia ya la había vivido un año antes cuando Bonavena derrotaba a Karl Mildenberger en Alemania. Y hasta lagrimeaba imaginando el regreso al país de ese campeón a quien esperarían en Ezeiza con la bandera Argentina para llevarlo entre la multitud al Luna Park en un carro de bomberos…



El niño proyectaba a través de las voces de la radio su propio sueño: llegar algún día a Freyre su pueblo natal y abrazarse con cada uno de los 5.000 vecinos mostrando su cinturón de campeón.

Sabía que pegaba fuerte pues alguna vez en esas apuestas divagantes de la siesta entre jóvenes ociosos demostró que pudo noquear a un toro pegándole un derechazo en el hocico. Aunque su hazaña más conocida fue cuando aceptó enfrentar al oso Bongo del Circo Monumental que pasó de gira por su pueblo. Juan Domingo Roldán –nacido el 6 de marzo de 1957- tenía 16 años cuando un sábado fue con su hermano Víctor a ver la función de la tarde. Y mientras desfilaban magos, payasos, ilusionistas, acróbatas y equilibristas, el locutor preguntó si había alguien entre el público que se animara a enfrentar al oso y aguantar seis minutos sin caer. “Yo”, dijo Roldan y bajando de las gradas fue hasta la pista donde se hallaba el oso de 270 kilos junto a su domador.

El éxito fue tan rotundo que a partir de ese instante se mistificó la valentía del peoncito que le aguantó al oso. En realidad, según nos contó Roldan, su mérito fue estratégico pues cada vez que el oso se verticalizaba elevando sus patas delanteras, Roldán le apretaba los testículos y lo hacía desistir de su ataque. Así y todo había que meterse en una jaula con un oso…

Para entonces el dueño del campo había improvisado un precario gimnasio en el cual los Roldán se entrenaban. Y un día cualquiera de 1976 el padre los llevó en el Ford A desde Freyre hasta Fraga, un pueblito vecino, en donde los hermanos pudieron hacer un match exhibición ante los paisanos como parte de un festival de boxeo.

La etapa profesional fue luminosa y ascendente. De tal manera que el periodista Gregorio Goyo Martinez del diario La Voz de San Justo de San Francisco (Córdoba) lo bautizó Martillo, tal la potencia de su pegada. En esas primeras 27 peleas lo dirigió Don Gregorio Yost hasta que en el gimnasio de Amílcar Brusa pasó a las manos de su ayudante Guillermo Gordillo. Fue así que Martillo puso en marcha su sueño de héroe. Después de ganar los títulos argentino y sudamericano de peso mediano, Tito Lectoure, el promotor del Luna Park, lo convirtió en su propia causa –ya alejado del grupo Brusa– pues construir la campaña de Martillo y conducirlo hasta hacerle disputar el título mundial era como tener a su propio Monzón quien se había retirado con gloria hacia cuatro años.

Lectoure lo fue cuidando, llevándolo de a poco y eligiéndole prudentemente a cada rival. Soñó que Roldan podría llegar hasta donde llegó Monzón. Pero Monzón y Martillo no tenían puntos en común pues éste era un hombre bien criado y alimentado con más razonabilidad que instinto para quien el rival era un adversario y no un enemigo; por lo tanto perder era una consecuencia y no una vergüenza.



El nocaut de Martillo Roldan a Fletcher



Martillo se consagró internacionalmente cuando fulminó a Frank The Animal Fletcher en el 6° round (10/11/83) en el Caesar’s Palace de Las Vegas. Fletcher, a quien le auguraban un gran futuro, cayó boca abajo tras un derechazo en cross a la mandíbula y pudo ponerse de pie cinco minutos después. Fue la misma noche en la cual Larry Holmes venció a Marvis Frazier por KO.

Ese combate cambió el destino de Roldan pues con los 180.000 dólares de bolsa que le pagó Bob Arum se compró el campo de 80 hectáreas en el que habían trabajado como peones él, su padre y su hermano Víctor a quien apodaban Tenaza en su breve paso por el boxeo.

Fue en esa época –la de los 80– que la categoría de los medianos, la de Roldán, tenía a los “cuatro ases”, cuatro figuras que hoy casi 40 años después se incluyen en el ranking de los diez mejores medianos de la historia. Y ellos eran Sugar Ray Leonard, Marvin Hagler, Mano de Piedra Durán y Tommy Hearns. Todos fueron campeones del mundo y Roldán podía ser retador de cualquiera.

Para decantar los cruces y una vez que Leonard venciera a Hearns se esperó a que Hagler le ganara a Durán. Fue así que Martillo –esta vez con la corona en juego y por 300.000 dólares– pelearía con el enorme Hagler en el hotel Riviera de Las Vegas el 30 de marzo de 1984 como ilustre huésped de la Top Rank, la empresa organizadora.

La despedida la hicieron en la localidad de Quebracho Herrado –pegadito a San Francisco– en el restaurante del matrimonio Priotti: salame y ravioles caseros de inolvidable color y sabor –dignos de un brindis lleno de moderada esperanza.




La caída de Hagler ante Martillo Roldán



Roldán perdió por nocaut en el 10° asalto luego de una pelea extraordinaria y valiente. Más aun, fue el único boxeador que derribó a Hagler. Esto ocurrió en el 1er asalto y aunque el golpe visible, el último, fue una izquierda pasada que terminó impactando en la nuca, lo que Hagler sintió fue un derechazo previo, corto y al mentón. Nadie lo podía creer. Y el asombro se prolongó hasta el round siguiente en el cual Martillo se lo llevó por delante con una actitud agresiva, veloz, sostenida y vigorosa con dos ganchos impecables que Hagler sintió. Pero el 3° Roldán salió de un cuerpo a cuerpo y fue víctima de un foul evidente para todos menos para el árbitro Tony Pérez. Hagler con incuestionable experiencia dejó que Roldán se aproximara al cuerpo y al levantar el gancho desprendió el dedo izquierdo de su guante hasta introducirlo y lesionarle el ojo derecho. Martillo se lo advirtió al arbitro: “No veo, no veo nada”, le dijo sin que éste lo escuchara. Y después de un uppercut de Hagler cayó. La infracción fue tan visible que el entrañable Miguel Diaz –quien se hallaba en la esquina como curador de heridas– apeló a su experiencia y le gritó a Adolfo Robledo –segundo de Roldan– "¡quitale los guantes Robledo, quitale los guantes, ya está, ya está, descalificación, eh referí, eh Tony…!”. Fue en vano ya que el combate continuó.

Desde allí hasta el final la pelea fue un martirio pues el ojo se cerraba cada vez más, la cara se transformaba en una máscara, no tenía visión directa ni periférica, la órbita era una estrecha ranura sangrante y el esfuerzo de Roldán era tan grande que para atacar lo hacia lateralizando el cuerpo desde su perfil izquierdo, bien de costado para poder ver lo que le permitía ese ojo; fue así que cayó en el 3°.

Después de cada asalto llegaba al rincón y le decía a Tito que no veía. Y la respuesta era increíblemente recriminatoria: “No te entregues, no seas cagón, tenés aire para veinte rounds…”. Esta escena se repitió hasta el final del 9°. Roldan tenía el rostro muy congestionado por hematomas violáceos y un profundo corte en el puente de la nariz. Lectoure lo presionaba, le seguía exigiendo lo imposible e invocaba a Galindez y su estoico triunfo en Sudáfrica ante Richie Kates en el últmo round: “Acordate de Galindez que estaba peor que vos y ganó… A este tipo lo podes poner nocaut, poné huevos”. Fue en vano pues lo obligó a salir en el 10° y Hagler le pasó la zurda en todo su recorrido hasta golpearlo en el ojo lesionado. Roldán cayó resignado hacia atrás y le dijo al referí que no iba más.

Leonard, quien comentaba la pelea para la HBO junto a Barry Tomkins, pidió para su siguiente combate contra Hagler que se modificara el diseño de los guantes y que el dedo pulgar no quedara suelto, que se pegara al resto y que todo el guante fuera una sola pieza anatómica. Las autoridades lo escucharon y desde la derrota de Martillo frente a Hagler se cambió la reglamentación. En la actualidad y desde el dedazo de Hagler a Martillo hace 36 años, los guantes de boxeo tienen el espacio del dedo pulgar adheridos a la empuñadura.



Una postal emblemática de Roldán vs. Hagler

No hubo llegada triunfal a Freyre, ni carro de bomberos; no hubo cinturón para lucir ni vecinos para abrazar. Por suerte quedaron más noches en el restaurante de los Priotti donde celebrar la vida con salame casero color rubí, ravioles humeantes y manuales acompañados por un vino de amistoso sabor. Pero las inversiones continuaron y aunque la confianza en algún depositario haya sido defraudada, algunos bienes quedaron y el boxeo siguió.



Martillo en su momento de campeón y más de treinta años después con la biografía donde se cuenta su historia.

Nunca olvidaré la furia de Tito Lectoure después del combate. Todos –Monzón incluido– aprobaron la esforzada faena de Roldán, menos él. El promotor Bob Arum lo felicitó y le prometió una nueva pelea por el título: “Tu muchacho peleó fantástico, es la primera vez que el público se le dio vuelta a Hagler”, le decía. Lejos de aceptarlo, Tito siguió insultando por lo bajo y ya de regreso a la suite 3130 del Hotel Riviera le pegó un puñetazo a la puerta de un baño químico a la que traspasó con su puño derecho lleno de ira. Rodeado por reporteros internacionales que habían tomado fotos de la puerta perforada, Lectoure insistió con sus maldiciones en la habitación con tanta mala suerte que al intentar traspasar la pared de durlock para el show fotográfico su mano se estrelló contra la única viga de cemento que había en la habitación. De hecho terminamos junto a él y al doctor Roberto Paladino en el University Medical Center de Las Vegas a las 3 de la mañana con una fractura de escafoides y un yeso que lo habría de acompañar por los 60 días siguientes

Hubo que recomenzar todo nuevamente con Martillo y tres años después, superando a grandes rivales como André Mongelema, Hugo Pastor Corro y James Kitchen, se venía otro monstruo: Tommy Hearns por la corona de la WBA en el Hilton de Las Vegas, (29-10-87) y por 500.000 dólares de bolsa.

Sigo recordando perfectamente todo lo anterior a aquella pelea. Nunca un boxeador estuvo tanto tiempo analizando a un rival como Roldán respecto de Hearns. Nos pasamos tardes enteras en la habitación 302 del Hilton estudiando cada movimiento. Los videos hacia atrás y hacia adelante. Aparecían allí grandes rivales de Hearns como Pipino Cuevas, Wilfredo Benitez, Ray Sugar Leonard, Marvin Hagler, Mano de Piedra Durán… Una y otra vez. Y las instrucciones fueron: “Hagamos una pelea larga, cuanto más se prolongue mejor porque él va de mas a menos y debemos invertir nuestra lógica e ir de menos a más, sin atacarlo, sin presionarlo de entrada ni gastar energías; cada partida de zurda debe tener un rédito, si contragolpeamos es para castigar en las zonas blandas y quitarle piernas, si contratacamos es para descargar dos golpes, uno recto o jab y otro cruzado, dejarlo venir, salir enseguida sin prenderse ni darle distancia; después del 5° aceleramos y después del 8° atacamos, abrimos con la izquierda extendida y mandamos el derechazo cruzado si tenemos espacio, de lo contrario repetimos la izquierda y salimos ¿entendiste?”.

El sí de Roldán no era un sí entusiasta, ni enfático. Me pareció que lo aburría o que estaba ausente, con la cabeza en otro lado. Con el tiempo, mucho después, supe que estaba en otra cosa ya que antes de viajar se había separado y la despedida con su primera esposa fue traumática: “Acordate de mí por que le voy a pedir a la Virgen que pierdas…”, le dijo.

Subió sin convicción. En realidad de haber podido se hubiese ido sin pelear. Tan pronto comenzó el match hizo todo lo contrario a lo indicado: salió a pelearle desenfrenadamente, cayó dos veces en la vuelta inicial, una en la 2° y en el 4° metió enceguecido un cross de derecha que hizo zapatear a Hearns hasta tenerlo sentido, a un golpe del nocaut. En lugar de buscar espacio para obligarlo a caminar como se le había indicado se prendió tomando riesgos innecesarios y recibió el gancho que lo sacó de la pelea, de ese infierno y de tan temido momento. Al llegar a su camarín, llorando me confesó: “Se terminó la vida para mí”. Y no era porque había decidido colgar los guantes, era otra pena aquella que lo agobiaba, la misma que lo impulsó a rifar la pelea contra Hearns pues su corazón y su mente también habían perdido por nocaut.

El final de la campaña fue contra Michael Nunn en el Hilton de Las Vegas, otro campeón mundial contra quien Martillo consiguió el alivio final de no boxear más a cambio de 100.000 dolares.



Martillo Roldán en la actualidad

Hoy, su rostro de luna llena expresa la felicidad alcanzada junto a Maria Elena, su mujer y la cuarentena de este tiempo –solo eso– le impide disfrutar de sus tres hijas y de sus seis nietos. Disfruta de su casa de San Francisco y alquila su campo de Freyre.

En los amaneceres con el primer rayo del día Martillo evoca al peoncito del tambo, al adolescente que no le tuvo miedo al oso, al joven que se emocionaba escuchando el boxeo por la radio, al muchachito que se fue del pago a la ciudad, al boxeador que conquistó al Luna Park, al soñador llegó a Las Vegas y se fajó de igual a igual con Hagler y con Hearns dejándole a esos monstruos la huella de su temible pegada.

No Martillo, no hubo carro de bomberos, ni cinturón de campeón; no hubo epopeya ni estoicismo, te faltó un golpe, un miserable golpe… Sos un recuerdo, un digno y agradable recuerdo. Pero hay paz en la redondez de tu cara buena, amor en la casa familiar y tranquilidad para dejar que llegue serenamente la vejez.

Todo valió la pena Martillo



Martillo Roldan disfrutando de sus días alejado del boxeo


Archivo: Maxi Roldán


 
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La leyenda del peón de tambo que estuvo a un golpe de noquear a Hagler y Hearns en Las Vegas
De niño trabajó junto a su padre y a su hermano como empleado de un tambo. Pegaba tan fuerte que noqueó a un toro y también enfrentó a un oso de 270 kilos. Se hizo boxeador y fue figura mundial. Una historia increíble


Por Cherquis Bialo
5 de abril de 2020



La recordada pelea de Martillo Roldan contra Hagler

Todo comenzó escuchando la transmisión de una pelea por la radio.

El niño había terminado sus tareas de cada mañana en el tambo junto a su padre y a su hermano mayor Víctor. Después del ordeñe, que por entonces era manual, llegaba la hora del mate en la rueda de los peones del campo.

Uno de ellos, el mas chico, que por entonces tenía 11 años y parecía extasiarse al escuchar las voces de los relatores, pedía silencio pues no se quería perder ningún detalle sobre una pelea que se disputaba en Tokio. Fue la mañana del 12 de diciembre de 1968 cuando Nicolino Locche ganó el campeonato del mundo tras vencer magistralmente a Paul Fujii.

A ese niño fuerte, bien alimentado, criado en la humildad de una familia unida y con tránsito por la escuela primaria, parecía seducirlo más la historia de héroes que los propios héroes ya que los periodistas de la radio lo emocionaban al elevar sus voces con términos tales cómo: histórico, épico, inigualable, epopéyico, maravilloso, inolvidable… Esta experiencia ya la había vivido un año antes cuando Bonavena derrotaba a Karl Mildenberger en Alemania. Y hasta lagrimeaba imaginando el regreso al país de ese campeón a quien esperarían en Ezeiza con la bandera Argentina para llevarlo entre la multitud al Luna Park en un carro de bomberos…



El niño proyectaba a través de las voces de la radio su propio sueño: llegar algún día a Freyre su pueblo natal y abrazarse con cada uno de los 5.000 vecinos mostrando su cinturón de campeón.

Sabía que pegaba fuerte pues alguna vez en esas apuestas divagantes de la siesta entre jóvenes ociosos demostró que pudo noquear a un toro pegándole un derechazo en el hocico. Aunque su hazaña más conocida fue cuando aceptó enfrentar al oso Bongo del Circo Monumental que pasó de gira por su pueblo. Juan Domingo Roldán –nacido el 6 de marzo de 1957- tenía 16 años cuando un sábado fue con su hermano Víctor a ver la función de la tarde. Y mientras desfilaban magos, payasos, ilusionistas, acróbatas y equilibristas, el locutor preguntó si había alguien entre el público que se animara a enfrentar al oso y aguantar seis minutos sin caer. “Yo”, dijo Roldan y bajando de las gradas fue hasta la pista donde se hallaba el oso de 270 kilos junto a su domador.

El éxito fue tan rotundo que a partir de ese instante se mistificó la valentía del peoncito que le aguantó al oso. En realidad, según nos contó Roldan, su mérito fue estratégico pues cada vez que el oso se verticalizaba elevando sus patas delanteras, Roldán le apretaba los testículos y lo hacía desistir de su ataque. Así y todo había que meterse en una jaula con un oso…

Para entonces el dueño del campo había improvisado un precario gimnasio en el cual los Roldán se entrenaban. Y un día cualquiera de 1976 el padre los llevó en el Ford A desde Freyre hasta Fraga, un pueblito vecino, en donde los hermanos pudieron hacer un match exhibición ante los paisanos como parte de un festival de boxeo.

La etapa profesional fue luminosa y ascendente. De tal manera que el periodista Gregorio Goyo Martinez del diario La Voz de San Justo de San Francisco (Córdoba) lo bautizó Martillo, tal la potencia de su pegada. En esas primeras 27 peleas lo dirigió Don Gregorio Yost hasta que en el gimnasio de Amílcar Brusa pasó a las manos de su ayudante Guillermo Gordillo. Fue así que Martillo puso en marcha su sueño de héroe. Después de ganar los títulos argentino y sudamericano de peso mediano, Tito Lectoure, el promotor del Luna Park, lo convirtió en su propia causa –ya alejado del grupo Brusa– pues construir la campaña de Martillo y conducirlo hasta hacerle disputar el título mundial era como tener a su propio Monzón quien se había retirado con gloria hacia cuatro años.

Lectoure lo fue cuidando, llevándolo de a poco y eligiéndole prudentemente a cada rival. Soñó que Roldan podría llegar hasta donde llegó Monzón. Pero Monzón y Martillo no tenían puntos en común pues éste era un hombre bien criado y alimentado con más razonabilidad que instinto para quien el rival era un adversario y no un enemigo; por lo tanto perder era una consecuencia y no una vergüenza.



El nocaut de Martillo Roldan a Fletcher



Martillo se consagró internacionalmente cuando fulminó a Frank The Animal Fletcher en el 6° round (10/11/83) en el Caesar’s Palace de Las Vegas. Fletcher, a quien le auguraban un gran futuro, cayó boca abajo tras un derechazo en cross a la mandíbula y pudo ponerse de pie cinco minutos después. Fue la misma noche en la cual Larry Holmes venció a Marvis Frazier por KO.

Ese combate cambió el destino de Roldan pues con los 180.000 dólares de bolsa que le pagó Bob Arum se compró el campo de 80 hectáreas en el que habían trabajado como peones él, su padre y su hermano Víctor a quien apodaban Tenaza en su breve paso por el boxeo.

Fue en esa época –la de los 80– que la categoría de los medianos, la de Roldán, tenía a los “cuatro ases”, cuatro figuras que hoy casi 40 años después se incluyen en el ranking de los diez mejores medianos de la historia. Y ellos eran Sugar Ray Leonard, Marvin Hagler, Mano de Piedra Durán y Tommy Hearns. Todos fueron campeones del mundo y Roldán podía ser retador de cualquiera.

Para decantar los cruces y una vez que Leonard venciera a Hearns se esperó a que Hagler le ganara a Durán. Fue así que Martillo –esta vez con la corona en juego y por 300.000 dólares– pelearía con el enorme Hagler en el hotel Riviera de Las Vegas el 30 de marzo de 1984 como ilustre huésped de la Top Rank, la empresa organizadora.

La despedida la hicieron en la localidad de Quebracho Herrado –pegadito a San Francisco– en el restaurante del matrimonio Priotti: salame y ravioles caseros de inolvidable color y sabor –dignos de un brindis lleno de moderada esperanza.




La caída de Hagler ante Martillo Roldán



Roldán perdió por nocaut en el 10° asalto luego de una pelea extraordinaria y valiente. Más aun, fue el único boxeador que derribó a Hagler. Esto ocurrió en el 1er asalto y aunque el golpe visible, el último, fue una izquierda pasada que terminó impactando en la nuca, lo que Hagler sintió fue un derechazo previo, corto y al mentón. Nadie lo podía creer. Y el asombro se prolongó hasta el round siguiente en el cual Martillo se lo llevó por delante con una actitud agresiva, veloz, sostenida y vigorosa con dos ganchos impecables que Hagler sintió. Pero el 3° Roldán salió de un cuerpo a cuerpo y fue víctima de un foul evidente para todos menos para el árbitro Tony Pérez. Hagler con incuestionable experiencia dejó que Roldán se aproximara al cuerpo y al levantar el gancho desprendió el dedo izquierdo de su guante hasta introducirlo y lesionarle el ojo derecho. Martillo se lo advirtió al arbitro: “No veo, no veo nada”, le dijo sin que éste lo escuchara. Y después de un uppercut de Hagler cayó. La infracción fue tan visible que el entrañable Miguel Diaz –quien se hallaba en la esquina como curador de heridas– apeló a su experiencia y le gritó a Adolfo Robledo –segundo de Roldan– "¡quitale los guantes Robledo, quitale los guantes, ya está, ya está, descalificación, eh referí, eh Tony…!”. Fue en vano ya que el combate continuó.

Desde allí hasta el final la pelea fue un martirio pues el ojo se cerraba cada vez más, la cara se transformaba en una máscara, no tenía visión directa ni periférica, la órbita era una estrecha ranura sangrante y el esfuerzo de Roldán era tan grande que para atacar lo hacia lateralizando el cuerpo desde su perfil izquierdo, bien de costado para poder ver lo que le permitía ese ojo; fue así que cayó en el 3°.

Después de cada asalto llegaba al rincón y le decía a Tito que no veía. Y la respuesta era increíblemente recriminatoria: “No te entregues, no seas cagón, tenés aire para veinte rounds…”. Esta escena se repitió hasta el final del 9°. Roldan tenía el rostro muy congestionado por hematomas violáceos y un profundo corte en el puente de la nariz. Lectoure lo presionaba, le seguía exigiendo lo imposible e invocaba a Galindez y su estoico triunfo en Sudáfrica ante Richie Kates en el últmo round: “Acordate de Galindez que estaba peor que vos y ganó… A este tipo lo podes poner nocaut, poné huevos”. Fue en vano pues lo obligó a salir en el 10° y Hagler le pasó la zurda en todo su recorrido hasta golpearlo en el ojo lesionado. Roldán cayó resignado hacia atrás y le dijo al referí que no iba más.

Leonard, quien comentaba la pelea para la HBO junto a Barry Tomkins, pidió para su siguiente combate contra Hagler que se modificara el diseño de los guantes y que el dedo pulgar no quedara suelto, que se pegara al resto y que todo el guante fuera una sola pieza anatómica. Las autoridades lo escucharon y desde la derrota de Martillo frente a Hagler se cambió la reglamentación. En la actualidad y desde el dedazo de Hagler a Martillo hace 36 años, los guantes de boxeo tienen el espacio del dedo pulgar adheridos a la empuñadura.



Una postal emblemática de Roldán vs. Hagler

No hubo llegada triunfal a Freyre, ni carro de bomberos; no hubo cinturón para lucir ni vecinos para abrazar. Por suerte quedaron más noches en el restaurante de los Priotti donde celebrar la vida con salame casero color rubí, ravioles humeantes y manuales acompañados por un vino de amistoso sabor. Pero las inversiones continuaron y aunque la confianza en algún depositario haya sido defraudada, algunos bienes quedaron y el boxeo siguió.



Martillo en su momento de campeón y más de treinta años después con la biografía donde se cuenta su historia.

Nunca olvidaré la furia de Tito Lectoure después del combate. Todos –Monzón incluido– aprobaron la esforzada faena de Roldán, menos él. El promotor Bob Arum lo felicitó y le prometió una nueva pelea por el título: “Tu muchacho peleó fantástico, es la primera vez que el público se le dio vuelta a Hagler”, le decía. Lejos de aceptarlo, Tito siguió insultando por lo bajo y ya de regreso a la suite 3130 del Hotel Riviera le pegó un puñetazo a la puerta de un baño químico a la que traspasó con su puño derecho lleno de ira. Rodeado por reporteros internacionales que habían tomado fotos de la puerta perforada, Lectoure insistió con sus maldiciones en la habitación con tanta mala suerte que al intentar traspasar la pared de durlock para el show fotográfico su mano se estrelló contra la única viga de cemento que había en la habitación. De hecho terminamos junto a él y al doctor Roberto Paladino en el University Medical Center de Las Vegas a las 3 de la mañana con una fractura de escafoides y un yeso que lo habría de acompañar por los 60 días siguientes

Hubo que recomenzar todo nuevamente con Martillo y tres años después, superando a grandes rivales como André Mongelema, Hugo Pastor Corro y James Kitchen, se venía otro monstruo: Tommy Hearns por la corona de la WBA en el Hilton de Las Vegas, (29-10-87) y por 500.000 dólares de bolsa.

Sigo recordando perfectamente todo lo anterior a aquella pelea. Nunca un boxeador estuvo tanto tiempo analizando a un rival como Roldán respecto de Hearns. Nos pasamos tardes enteras en la habitación 302 del Hilton estudiando cada movimiento. Los videos hacia atrás y hacia adelante. Aparecían allí grandes rivales de Hearns como Pipino Cuevas, Wilfredo Benitez, Ray Sugar Leonard, Marvin Hagler, Mano de Piedra Durán… Una y otra vez. Y las instrucciones fueron: “Hagamos una pelea larga, cuanto más se prolongue mejor porque él va de mas a menos y debemos invertir nuestra lógica e ir de menos a más, sin atacarlo, sin presionarlo de entrada ni gastar energías; cada partida de zurda debe tener un rédito, si contragolpeamos es para castigar en las zonas blandas y quitarle piernas, si contratacamos es para descargar dos golpes, uno recto o jab y otro cruzado, dejarlo venir, salir enseguida sin prenderse ni darle distancia; después del 5° aceleramos y después del 8° atacamos, abrimos con la izquierda extendida y mandamos el derechazo cruzado si tenemos espacio, de lo contrario repetimos la izquierda y salimos ¿entendiste?”.

El sí de Roldán no era un sí entusiasta, ni enfático. Me pareció que lo aburría o que estaba ausente, con la cabeza en otro lado. Con el tiempo, mucho después, supe que estaba en otra cosa ya que antes de viajar se había separado y la despedida con su primera esposa fue traumática: “Acordate de mí por que le voy a pedir a la Virgen que pierdas…”, le dijo.

Subió sin convicción. En realidad de haber podido se hubiese ido sin pelear. Tan pronto comenzó el match hizo todo lo contrario a lo indicado: salió a pelearle desenfrenadamente, cayó dos veces en la vuelta inicial, una en la 2° y en el 4° metió enceguecido un cross de derecha que hizo zapatear a Hearns hasta tenerlo sentido, a un golpe del nocaut. En lugar de buscar espacio para obligarlo a caminar como se le había indicado se prendió tomando riesgos innecesarios y recibió el gancho que lo sacó de la pelea, de ese infierno y de tan temido momento. Al llegar a su camarín, llorando me confesó: “Se terminó la vida para mí”. Y no era porque había decidido colgar los guantes, era otra pena aquella que lo agobiaba, la misma que lo impulsó a rifar la pelea contra Hearns pues su corazón y su mente también habían perdido por nocaut.

El final de la campaña fue contra Michael Nunn en el Hilton de Las Vegas, otro campeón mundial contra quien Martillo consiguió el alivio final de no boxear más a cambio de 100.000 dolares.



Martillo Roldán en la actualidad

Hoy, su rostro de luna llena expresa la felicidad alcanzada junto a Maria Elena, su mujer y la cuarentena de este tiempo –solo eso– le impide disfrutar de sus tres hijas y de sus seis nietos. Disfruta de su casa de San Francisco y alquila su campo de Freyre.

En los amaneceres con el primer rayo del día Martillo evoca al peoncito del tambo, al adolescente que no le tuvo miedo al oso, al joven que se emocionaba escuchando el boxeo por la radio, al muchachito que se fue del pago a la ciudad, al boxeador que conquistó al Luna Park, al soñador llegó a Las Vegas y se fajó de igual a igual con Hagler y con Hearns dejándole a esos monstruos la huella de su temible pegada.

No Martillo, no hubo carro de bomberos, ni cinturón de campeón; no hubo epopeya ni estoicismo, te faltó un golpe, un miserable golpe… Sos un recuerdo, un digno y agradable recuerdo. Pero hay paz en la redondez de tu cara buena, amor en la casa familiar y tranquilidad para dejar que llegue serenamente la vejez.

Todo valió la pena Martillo



Martillo Roldan disfrutando de sus días alejado del boxeo


Archivo: Maxi Roldán


La última imagen de este pasaje tuyo vierte ternura y emoción.-
Gracias Compañera @Coti7495 , gracias por este reporte.-
 
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¿Se viene la trilogía Mayweather-Maidana? El provocador video de Floyd y la rápida respuesta del Chino
La promotora que maneja a Money publicó un video y desde el entorno del Chino contestaron. El video que anticipa lo que puede ser la tercera pelea

Por Daniel Veuthey
5 de abril de 2020



Floyd Mayweather y el Chino Maidana, en la promoción de una de sus dos peleas. ¿Se viene la tercera?

¿Se viene la trilogía de Floyd Mayweather vs Chino Maidana? El mundo del boxeo podría verse paralizado con un nuevo combate de antología entre los dos ex pugilistas que ya brindaron un par de veladas históricas en 2014.

A raíz de una entrevista concedida por Acero Cali a World Boxing News (WBN) en la que destaca la gran preparación que hizo el Chino Maidana para su retorno, ahora postergado por la pandemia del coronavirus, la promotora de Foyd Mayweather lanzó un video provocador.

“Creo que Maidana ya pesa menos de 30 kilos de su peso anterior y sin duda ha mostrado su deseo de regresar al ring. Solo tiene 36 años y definitivamente puede regresar (al boxeo profesional). Incluso podría decir, para mejorar su nivel. Sé que él creería que si tuviera una nueva pelea con Floyd, Marcos podría ganar sin dudas esta vez. Creo que todos vimos la primera pelea y creo que la ganó. Es por eso que hubo ese segundo en el que Floy demostró ser el número uno indiscutible”, dijo Cali exclusivamente a WBN.








Por supuesto, la réplica no tardó en aparecer y la promotora de Money publicó el siguiente video, cuyo tituló fue: They thought they could crack the MayVinci code (Pensaron que podrían descifrar el código MayVinci).



"Desde que Marcos Maidana venció a Adrien Broner, todos dijeron: “¿Sabes qué? Creo que este hombre tiene la fórmula para descifrar el código Mayvinci (en alusión al Código Da Vinci)¿Será posible? Tal vez”, comienza el video que recopila momentos de la pelea entre Floyd y el Chino en Las Vegas en 2014. “Esto es una muestra de una pelea”, es la frase de cierre que alimenta todo tipo de especulaciones.

Lejos de achicarse y como lo hacía en sus mejores épocas arriba del ring, la promotora del Chino Maidana respondió, también vía redes sociales. “El mundo del boxeo sabe quién ganó. Si a @FloydMayweather le quedó alguna duda, El Chino Maidana tiene disponibles febrero y marzo 2021”, publicó @chinomaidanabox.





¿Es posible una tercera pelea entre los campeones mundiales? Por lo que vienen demostrando ambos se puede lograr tranquilamente. Con 43 años, Floyd Mayweather mostró que tras el retiro siguió realizando combates de exhibición, como el que tuvo con el peleador irlandés de artes marciales mixtas, Conor McGregor, o el japonés campeón de kickboxer, Tenshin Nasukawa.

Chino Maidana, con 36 años, ha demostrado un gran estado físico luego de que anunciara su retorno al ring para pelear con Acero Cali. Como lo adelantó a este medio, el nacido en Margarita quiere volver a pelear de manera profesional y la idea lo entusiasma sobre todo luego de los dos grandes combates que tuvo ante Money. El primero, que entienden que ganó, y el segundo en el que fue perjudicado a último momento.


La primera las históricas peleas se celebró el 3 mayo de 2014 en el MGM Grand Las Vegas, Nevada, donde el oriundo de Margarita sorprendió con su agresividad y le ganó varios round al estadounidense. Finalmente, el argentino perdió por puntos en decisión dividida (el primer juez dio empate y los otros dos, puntaje a favor del local).

La segunda ocurrió el 13 de septiembre de ese mismo año, también en La Vegas, donde se expusieron los títulos de peso wélter de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), además del superwélter del CMB. Mayweather volvió ganar, esta vez por decisión unánime. Las tarjetas dieron como vencedor a Floyd con un amplio margen de 115-112, y las dos restantes 116-111.

De esta manera, Money logró ampliar su invicto a 47 peleas para continuar extendiendo su récord e ir en búsqueda de la marca de Rocky Marciano, quien se retiró invicto con 49 victorias (43 por KO), situación que finalmente logró superar aunque de manera polémica, por sus peleas ante oponentes de otras disciplinas mencionado antes.


Sin embargo, lo que quedó de aquel segundo combate entre Money y el Chino fueron los cambios a último momento, sobre todo en los guantes. Esta situación estuvo a punto de hacer caer la revancha, pero finalmente desde el bando del argentino aceptaron pelear con los impuestos por el grupo del norteamericano y la pelea se llevó a cabo.

Es así cómo desde la esquina del Chino Maidana siempre sostuvieron que ese cambio de último momento perjudicó sobremanera en el normal desempeño del argentino y que de no haber ocurrido, la pelea hubiera sido similar a la primera donde, como sostienen, se vio un triunfo del oriundo de Margarita.

Por supuesto, también fue clave el cambio de estrategia de parte de Floyd Mayweather, que esta vez a diferencia del golpe por golpe del primer combate, Money utilizó su destacada movilidad arriba del cuadrilátero para no pasar sobresaltos en los 12 asaltos y alcanzar un triunfo convincente.

Mientras se aguarda la reprogramación de la pelea entre Chino Maidana y Acero Cali, empieza a gestarse la trilogía con Floyd Mayweather. Como lo anunciaron desde la esquina del Chino, febrero y marzo estará libre para que el rey estadounidense libra por libra vuelva a dar otra muestra de su legendaria figura. ¿Aceptará el nuevo desafío?

 
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Las dos veces que atentaron a balazos contra la vida de Carlos Monzón
En febrero de 1973 fue su primera esposa Pelusa García quien lo hirió con dos disparos cuando Monzón intentó cubrir el cuerpo de la mujer con quien fuera sorprendido. Un mes después, en Venezuela le hizo frente a una ametralladora y dos revólveres policiales


Por Cherquis Bialo






Ese 1973 fue un año de desdicha para Carlos Monzón pues la muerte violenta se le aproximó dos veces. En realidad todo venía mal desde noviembre cuando Benny Briscoe le cruzó un derechazo al mentón en el 9° round y el Luna Park repleto cundió en pánico. Es que esa imagen de Monzón sentido, girando sobre su eje hacia el encordado sin dominio del cuerpo y tomándose desesperadamente de la cintura de Briscoe mirando el reloj en lo alto del estadio, fue muy angustiosa. El referí -el recordado y querido Victor Avendaño- creyó que lo ayudaría al no contarle los 8 segundos reglamentarios y en realidad por no hacerlo lo dejó expuesto a un golpe final que afortunadamente nunca llegó a pesar del minuto que aún restaba.

Monzón le escapaba a hablar sobre aquel episodio pero con los años después de una larga cena de reencuentro en la cual el vino siempre estuvo presente en nuestras copas, confesó:

— El negro ya me había llegado con ese cross de derecha y yo no sentí nada, por eso le bajé la izquierda, para que viniera y poder meterle el gancho al cuerpo que era lo que me pedía Brusa, pero me madrugó.


— Y si te enchufaba otra, chau, a dormir…, le completé.



— No, ¿sabés que no? Les digo la verdad, el golpe me paralizó y quedé viendo doble: veía dos referís y dos negros que estaban delante mío… por suerte me agarré del verdadero.

Unos meses después, en febrero del 73’, alguien le fue a contar a la esposa de Monzón, que su marido estaba con otra mujer en tal dirección. Fue así que Pelusa García tomó un revólver Calibre 22 que tenía en la casa y salió hacia el lugar que la llamada anónima le había informado con indiscutible precisión.

— ¿Dónde esta esa p*ta que me quiere robar a mi marido, eh, dónde mierda está…? La voy a cagar a tiros… h… d... m.. p

Aquellos gritos alertaron a Monzón quien al ver a su esposa apuntando con el arma se puso delante de la mujer a quien le clamaba: “Pará Pelusa, pará, yo después te explico…”.

Fue inútil: Pelusa levantó el arma y disparó. Sin embargo la primera bala hirió el antebrazo izquierdo de Monzón quien cubría con su cuerpo la humanidad de la mujer atacada. Entre insultos y gritos desgarradores vino el segundo disparo de Pelusa. Este le dio de lleno al campeón en el omóplato derecho. Esa bala quedó alojada en el cuerpo de Carlos Monzón para siempre.

Después del suceso y tras la hospitalización en el consultorio privado de un médico amigo de Brusa que le extrajo la bala del antebrazo, Pelusa y Monzón regresaron a su casa. Era febrero del 73’, un año antes de conocer a Susana Giménez e ingresar en la vida del glamour con la filmación de La Mary.



Mercedes "Pelusa" García, la primera esposa de Monzón le pegó dos balazos al encontrarlo con otra mujer. Una de las balas quedó alojada para siempre en el omóplato del boxeador.

Una vez más Pelusa y Carlos habrían de reconciliarse; hacía calor esa noche en Santa Fe y se celebraba el carnaval. Fue así que a Monzón con una bala extraída del antebrazo izquierdo ahora en cabestrillo y otra bala alojada en el omoplato derecho, se le ocurrió una original manera de reanudar la convivencia matrimonial:

— Pelusa, vestite que nos vamos a bailar…

Fue una etapa muy difícil en la vida de Monzón, tanto que hasta pensó en retirarse pues muchas cosas andaban mal: su matrimonio, su vida social, el dolor en las manos, el tremendo esfuerzo para dar el peso y un grupejo de viejos amigos que lo anclaban a fechorías del pasado.

Fue por ello que Amílcar Brusa quería sacarlo por un tiempito de Santa Fe. Y cuando Lectoure le propuso que se sumara para acompañar a Nicolino a Venezuela, sabiendo de la muy buena relación y el enorme respeto que había entre Monzón y Locche la respuesta fue un rápido sí.

Nicolino habría de intentar, sin éxito, recuperar el campeonato mundial de peso welter junior ante Kid Pambelé (Antonio Cervantes, en ese momento el hombre más popular de Colombia) en la Plaza de Toros “Cesar Girón” de Maracay el 17 de Marzo de ese 1973.

Antes de salir para el 10° asalto Lectoure se le puso enfrente y con su enorme cuerpo le impidió salir de la esquina al tiempo que Osvaldo Cavillon –su segundo– arrojaba la toalla en señal de abandono. Nicolino forcejeó y cuando el árbitro Sulbarán llamó a Pambelé para levantarle el brazo, Locche cayó en un irrefrenable llanto: “No me hagan perder como un cobarde”, decía. Era la primera –y fue la única vez en 140 peleas– que se lo vio llorando.

Para Monzón la noche también resultaba hostil.

Al momento de subir al ring para saludar al público calculado en 10.000 personas bajo estado de excitación evidente, se confundieron aplausos con silbidos.

Tanta desaprobación no pareció justificarse pues ese Carlos Monzón de 1973 era el mismo que le había quitado la corona mundial a Nino Benvenuti y había defendido otras cinco veces su cinturón. Venía de ganarle a Benny Briscoe por puntos. O sea que se trataba de una enorme figura del boxeo mundial.

Una vez finalizada la pelea de Locche el promotor Ramiro Machado ofreció una cena para los boxeadores, los invitados especiales, los jueces y los periodistas en un salón externo del mismo hotel a unos cincuenta metros de la entrada principal.

En la mesa nos encontrábamos Monzón, Locche con el ojo emparchado por la herida, Lectoure, el doctor Roberto Paladino, Osvaldo Cavillón, Carlos María Giménez –quien en la de semifondo había noqueado en el 7° round a Armando Mendoza2 y el Polo Márquez, el exquisito cantautor mendocino –que hoy se halla en Perú– amigo de Locche quien había cantado el Himno Nacional sobre el ring.

La derrota se sentía en el ánimo y en el apetito de la mesa. Nos quedamos muy poco tiempo y regresamos hacia el lobby del hotel pasando bajo banderas de países latinoamericanos que flameaban sobre el frente de la entrada.



Uno de los tantos viajes de Monzón con Tito Lectoure. Cuando viajaron a ver a Locche en Venezuela se produjo el incidente donde hubo balas.

Mientras caminábamos el breve trecho, Monzón encendió un cigarrillo L&M Large que fue escondiendo en su mano derecha para no ser advertido. De repente, frente a la puerta del hotel en una especie de rotonda de acceso distante unos 50 metros de donde estábamos, escuchamos voces encendidas inequívocas de agresividad. Uno de los cuatro hombres –el más elegantemente vestido– que se hallaba en uno de los dos coches en marcha bajó descalzo hacia el césped con una ametralladora corta en las manos y después de una descarga al aire, espetó:

— Eh tú eres Monzón, argentino “pelucón”, cobarde, mira Monzón, mira.

— ¿Qué dicen, quiénes son?, preguntó el campeón apagando el cigarrillo y listo para acercarse…

— No –le dije– son muchachos que están contentos y con unas copas de más.

Fue en ese momento que otros dos de los cuatro ocupantes del auto se bajaron. Pero con revólveres en las manos. Mientras el primero, el de la ametralladora quedaba como adelantado, estos otros dos se apostaron en la retaguardia a la altura de la puerta delantera del acompañante.

Ante semejante situación intenté llevarme a Monzón hacia adentro del hotel. No pude siquiera tomarlo del brazo tal el forcejeo al tiempo que los gritos provocaban que algunos pasajeros que estaban cenando o tomando una copa fueran saliendo. Monzón quería cruzarse para estar más cerca. Yo me agaché detrás de un cantero. Un “seguridad” y Nicolino fueron tras él. Los agresores armados seguían:

— Monzón, maricón, argentino cobarde, ¿por qué no les das “un chance” a Mantequilla Nápoles? Maricón, fájate con Mantequilla si quieres ser un campeón de verdad, gritaban mientras las armas ya estaban apuntando a un Monzón que en la confusión me preguntaba: “Che ¿quién carajo es ese Napoli, Nápoles, Mantequilla no se qué”.

— Dejá Carlos que después te explico, es un boxeador cubano radicado en México, vení para adentro –le rogué–, después te digo.

Todos estábamos cuerpo a tierra, a sólo 50 metros de dos hombres armados y en el medio, el espanto. Mientras lo seguían apuntando e insultando Carlos Monzón abrió su camisa blanca hasta quedar con el torso desnudo y yendo a paso firme y acelerado hacia sus francotiradores les gritaba con el brazo en alto y el dedo índice derecho amenazante: “Tiren hijos de p*ta, tiren y acierten porque si no los mato a trompadas, tiren”. Ya estaba a menos de 20 metros… y seguía: “Tiren”, mientras directamente se quitaba la camisa y la arrojaba al piso. “Tiren”, insistía enérgicamente Monzón ya casi corriendo hacia ellos.

Por suerte cuando Carlos ya estaba sobre el auto y sobre ellos y ya los tenía casi al alcance de la mano los dos hombres armados se metieron dentro del auto y huyeron. Mientras se alejaban le seguían gritando: “Monzón , argentino maricón, pelucón… cobarde, súbete al ring a fajarte con Mantequilla”.

Ya en el lobby todo el mundo se acercó a preguntarle qué había pasado. Azorado e indignado, Monzón les respondió a todos y a cada uno lo mismo: “Sacaron (las armas) y no tiraron, sacaron y no tiraron”. Un hecho inconcebible en los códigos con los cuales nació, vivió y murió Carlos Monzón.

Nunca supimos quiénes fueron los agresores, siempre me quedó la sospecha que se trató de policías de algún cuerpo especial por la destreza para manejar la situación y saber ponerle un límite.

Serían como las tres de la mañana. Quedaban una pocas horas de descanso pues salíamos para Caracas en la mañana. Monzón y Cavillón se juntaron en un cuarto y pidieron whisky para distenderse.

Difíciles eran aquellos momentos en la vida del campeón pues en febrero estuvo frente al arma que empuñaba su esposa y recibió dos balazos. Uno de ellos le hirió el antebrazo izquierdo y el otro le quedó alojado para siempre en el omoplato derecho.

Ahora, en marzo, acababan de amenazarlo con una ametralladora y tres revólveres a los cuales solo les opuso el pecho y los puños. Merecía la distensión, el relajamiento que le devolviera la serenidad.

A las ocho de la mañana, mientras lo esperábamos para partir, vimos con asombro salir de su habitación dos esbeltas figuras vestidas con finas ropas de mujer.

La Parca había pasado por segunda vez…

 

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