Azul y Rosa,Jaime Peñafiel.Sábado,19 de Septiembre de 2020

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MI SEMANA AZUL & ROSA


JAIME PEÑAFIEL


19/09/2020

CHSSS...
APRENDER A VIVIR SIN ÉL
LA MUERTE NO DEBE VENCERNOS
CUMPLIR AÑOS


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La muerte de Jaime me ha impresionado profundamente. No solo porque conozco y admiro a sus padres, Jaime Carvajal y Urquijoe Isabel Hoyos, desde hace muchísimo tiempo sino porque, desgraciadamente, yo sé lo que es perder a un hijo. Aunque lo que más dificulta la resolución del duelo en el caso de Jaime e Isabel es el impacto de la muerte inesperada, la incapacidad para predecir esa muerte. La de un hijo es una de las experiencias más devastadoras que existen y su impacto emocional persiste durante años, durante toda la vida. Por una sencilla razón: estamos preparados para perder a un padre pero jamás a un hijo. Y mucho menos a seis hijos de diez. Como le sucedió al inolvidable general Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa de Su Majestad que fue el hombre más leal que ha tenido el Rey Juan Carlos.
La muerte de mi hija, que se llamaba Isabel como la madre de Jaime, coincidió con el fallecimiento del quinto del general que era un gran amigo mío. Cuando Sabino acudió a darme el pésame, pensé, y así se lo dije, que mucho peor era lo suyo. La explicación que me dio demostró la dimensión humana de su persona: “Yo tenía diez y se me han muerto cinco. Me quedan otros cinco, pero tú tenías solo una. Es como si a mí se me murieran los diez”. En poco tiempo varios amigos a los que estimo, como Alessandro Lecquio y Ana Obregón, o conocidos, como Luis Enrique, han perdido, los primeros, a un hijo, Aless, de 27 años, por un cáncer contra el que venía luchando hacía dos años; y a una hija, Xana de 9 años, el segundo. Un trance que ningún padre y ninguna madre desean vivir. Es tan dramáticamente sorprendente que no hay palabras para calificar el estado civil en el quedamos los padres tras la muerte de un hijo. Así como existen viudos y viudas para designar a aquellos que sobreviven a la muerte del cónyuge o huérfanos a quienes pierden a su padre o a su madre, no hay denominación alguna para quienes sobrevivimos a la muerte de una hija como Isabel o a la de un hijo como Jaime. Posiblemente porque es antinatural. Es una perturbación de la continuidad temporal que marca un antes y un después a todos aquellos padres que hemos perdido a un hijo o una hija. Cuando la muerte llega de repente, como la de Jaime, la conmoción y la incredulidad arrasan como un tsunami. El shock emocional es tan devastador que no se puede ni llorar.
Mientras viva me perseguirá la cobardía que se apoderó de mí ante la muerte de mi hija. Pienso que si hubiera contemplado su cuerpo hoy tendría una mayor conciencia de que todo había terminado. Pero no quería admitir que aquella niña mía realmente había muerto. A lo mejor, si hubiera tenido el valor de verla, en estos momentos me sentiría en paz respecto a su muerte. De todas formas, al igual que hizo el psiquiatra Carlos Castilla del Pino cuando su hija se quitó la vida, me dije: la muerte no debe vencerme. “¿Es posible prepararse para la muerte de un hijo? ¿Es posible prepararse para contradecir las leyes naturales según la cuales un hijo entierra a su padre o a su madre, pero no un padre o una madre a su hijo?”, que dijo alguien que no recuerdo. “Solo en las guerras los padres entierran a los hijos caídos en batalla. O en accidente. Como Alberto, el hijo de 19 años de Carlos Fresneda, el corresponsal de nuestro periódico EL MUNDO en el Reino Unido, arrollado por un tren en una estación londinense y que así le despedía: “Al menos me queda el consuelo de haberte visto el ultimo día de tu vida... Esta carta pretende ser una celebración de todo lo que sigues siendo para nosotros. Tuviste muchas vidas en tu corta vida de 19 años. Hoy me asalta a estas alturas la duda de no haberte sabido arropar como padre. Pero la infancia es un cuento de hadas, Alberto, y la adolescencia un auténtico thriller”. Y el querido compañero terminaba la carta a su hijo con lo que Paco Umbral escribió a la muerte del suyo en Mortal y Rosa: “En mi infancia soy mi propio hijo. Ese hijo también se pierde, como todos pero ahora lo tengo muy vivo. El niño que fui es el niño que he perdido. Se es padre de uno mismo”.
Esta mi semana, Letizia, la consorte real, ha cumplido 48 espléndidos años que han ido enriqueciendo su vida viendo el tiempo pasar, sumando años y momentos de felicidad pero, sobre todo, recordando como éramos hace equis años tal día como hoy. En Letizia, haberse convertido de periodista en consorte real. ¡Como para volverse loca! Fue una pena que Felipe no le permitiera escribir un diario. ¡Gran error! No creo que existan muchas mujeres en el mundo que hayan acabado casándose con el príncipe de sus sueños. Aunque, conociendo su biografía, tan republicana ella, no creo que Letizia soñara algún día de su vida con reyes y príncipes. Lo que le ha sucedido es tan increíble que merecería ser reflejado en un diario. Y mucho más siendo, como ella era, una gran periodista. No sólo la reina Isabel II de Inglaterra sino hasta la ñoña de Fabiola escribió uno que yo lo vi cuando en compañía de Jesús Hermida lo “descubrimos” en la mesilla de noche del dormitorio de su casa en la madrileña calle de Zurbano, en vísperas de su boda con Balduino. Un ministro de Francoconocido con el sobrenombre de Don Camulo ¡por algo sería! nos obligó a devolverlo sin llegar a utilizar ni una sola línea. Una de las grandes ventajas de cumplir años es ver crecer a los hijos. En el caso de Letizia, a Leonor y a Sofía. En el mío, que no los tengo, a los hijos de esos padres que yo amo tanto.
Mientras que Felipe VI deja de utilizar el Mercedes 600 de más de medio millón de euros que le compró el Gobierno en 2019, sus sobrinos, los “marichalares”, presumen de coches de 40.000 euros. (...) Y es que tanto el chico como su hermana “están rentabilizando el parentesco real con unas existencias no muy ejemplares. A diferencia de los otros sobrinos, los “urdangarines” volcados en sus trabajos y sus estudios. Todos ellos discretos e introvertidos, esperando el regreso de papá. (...) La coleccionista de hombres ricos, riquiiiisimos y poderosos, se niega a mencionar ni siquiera por su nombre, al que fuera su marido, ex presidente de Telefónica, y amigo de Corinna. (...) Las miradas de desprecio que yo pueda dirigirle a la ministra, ¿será también violencia machista para ella ? ¡Apúntame, nena! (...) El marido de la “zariña gallega” debería quitarse el moño si no quiere que le confundan con el impresentable vicepresidente. (...) Decir que el “el rey ha robado” no es propio de una persona tan inteligente como usted, señor Rigole. (...) Felipe VI aún no ha firmado el marquesado que ha heredado de su padre por lo que la hija de esa madre que yo amo tanto, todavía no lo es.
 

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19/09/2020

ANDREU BUENAFUENTE
FERNANDO SIMÓN
INÉS ARRIMADAS
DELPHINE BÖEL


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El presentador y actor nacido en Reus en 1965, a quien el Ministerio de Cultura ha otorgado el Premio Nacional de TV, por su trayectoria profesional a lo largo de tantísimos años. Se lo comunicó personalmente por teléfono el propio José Manuel Rodríguez Uribes que, por fin, se le ve haciendo algo.

La imagen de este epidemiólogo encantado de conocerse ha escandalizado a los ciudadanos que, no entienden tanta irresponsabilidad de este famosete, buceando para un programa televisivo junto a otro histriónico, Jesús Calleja, en pleno repunte de la pandemia y las UCI desbordadas.

Negándose a debatir con el periodista Salvador Sostres en el programa de Carlos Herrera cuando el inteligente compañero le reprochó haberse marchado de Cataluña. “Yo no he venido a debatir”, fue la insolente respuesta de la muchacha. ¿A qué vas a los programas, guapa? A soltar tus soflamas políticas.

La hija del rey Alberto II de Bélgica, nacida de una relación extra conyugal, a quien un tribunal ha obligado a reconocerla como hija suya, reclama título y herencia. Lo que ha sorprendido ya que, durante años, declaró que solo quería reconocimiento, como todos los presuntos hijos de famosos.
 
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La coleccionista de hombres ricos, riquiiiisimos y poderosos, se niega a mencionar ni siquiera por su nombre, al que fuera su marido, ex presidente de Telefónica, y amigo de Corinna. Adriana Abascal y Juan Villalonga.
(...) Las miradas de desprecio que yo pueda dirigirle a la ministra, ¿será también violencia machista para ella ? ¡Apúntame, nena!
(...) El marido de la “zariña gallega” debería quitarse el moño si no quiere que le confundan con el impresentable vicepresidente. Carlos Torretta marido de Marta Ortega
(...) Decir que el “el rey ha robado” no es propio de una persona tan inteligente como usted, señor Rigole.
(...) Felipe VI aún no ha firmado el marquesado que ha heredado de su padre por lo que la hija de esa madre que yo amo tanto, todavía no lo es. Tamara Falcó.
 
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Quien es la coleccionista de hombres ricos?
 

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JAIME PEÑAFIEL


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La muerte de Jaime me ha impresionado profundamente. No solo porque conozco y admiro a sus padres, Jaime Carvajal y Urquijoe Isabel Hoyos, desde hace muchísimo tiempo sino porque, desgraciadamente, yo sé lo que es perder a un hijo. Aunque lo que más dificulta la resolución del duelo en el caso de Jaime e Isabel es el impacto de la muerte inesperada, la incapacidad para predecir esa muerte. La de un hijo es una de las experiencias más devastadoras que existen y su impacto emocional persiste durante años, durante toda la vida. Por una sencilla razón: estamos preparados para perder a un padre pero jamás a un hijo. Y mucho menos a seis hijos de diez. Como le sucedió al inolvidable general Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa de Su Majestad que fue el hombre más leal que ha tenido el Rey Juan Carlos.
La muerte de mi hija, que se llamaba Isabel como la madre de Jaime, coincidió con el fallecimiento del quinto del general que era un gran amigo mío. Cuando Sabino acudió a darme el pésame, pensé, y así se lo dije, que mucho peor era lo suyo. La explicación que me dio demostró la dimensión humana de su persona: “Yo tenía diez y se me han muerto cinco. Me quedan otros cinco, pero tú tenías solo una. Es como si a mí se me murieran los diez”. En poco tiempo varios amigos a los que estimo, como Alessandro Lecquio y Ana Obregón, o conocidos, como Luis Enrique, han perdido, los primeros, a un hijo, Aless, de 27 años, por un cáncer contra el que venía luchando hacía dos años; y a una hija, Xana de 9 años, el segundo. Un trance que ningún padre y ninguna madre desean vivir. Es tan dramáticamente sorprendente que no hay palabras para calificar el estado civil en el quedamos los padres tras la muerte de un hijo. Así como existen viudos y viudas para designar a aquellos que sobreviven a la muerte del cónyuge o huérfanos a quienes pierden a su padre o a su madre, no hay denominación alguna para quienes sobrevivimos a la muerte de una hija como Isabel o a la de un hijo como Jaime. Posiblemente porque es antinatural. Es una perturbación de la continuidad temporal que marca un antes y un después a todos aquellos padres que hemos perdido a un hijo o una hija. Cuando la muerte llega de repente, como la de Jaime, la conmoción y la incredulidad arrasan como un tsunami. El shock emocional es tan devastador que no se puede ni llorar.
Mientras viva me perseguirá la cobardía que se apoderó de mí ante la muerte de mi hija. Pienso que si hubiera contemplado su cuerpo hoy tendría una mayor conciencia de que todo había terminado. Pero no quería admitir que aquella niña mía realmente había muerto. A lo mejor, si hubiera tenido el valor de verla, en estos momentos me sentiría en paz respecto a su muerte. De todas formas, al igual que hizo el psiquiatra Carlos Castilla del Pino cuando su hija se quitó la vida, me dije: la muerte no debe vencerme. “¿Es posible prepararse para la muerte de un hijo? ¿Es posible prepararse para contradecir las leyes naturales según la cuales un hijo entierra a su padre o a su madre, pero no un padre o una madre a su hijo?”, que dijo alguien que no recuerdo. “Solo en las guerras los padres entierran a los hijos caídos en batalla. O en accidente. Como Alberto, el hijo de 19 años de Carlos Fresneda, el corresponsal de nuestro periódico EL MUNDO en el Reino Unido, arrollado por un tren en una estación londinense y que así le despedía: “Al menos me queda el consuelo de haberte visto el ultimo día de tu vida... Esta carta pretende ser una celebración de todo lo que sigues siendo para nosotros. Tuviste muchas vidas en tu corta vida de 19 años. Hoy me asalta a estas alturas la duda de no haberte sabido arropar como padre. Pero la infancia es un cuento de hadas, Alberto, y la adolescencia un auténtico thriller”. Y el querido compañero terminaba la carta a su hijo con lo que Paco Umbral escribió a la muerte del suyo en Mortal y Rosa: “En mi infancia soy mi propio hijo. Ese hijo también se pierde, como todos pero ahora lo tengo muy vivo. El niño que fui es el niño que he perdido. Se es padre de uno mismo”.
Esta mi semana, Letizia, la consorte real, ha cumplido 48 espléndidos años que han ido enriqueciendo su vida viendo el tiempo pasar, sumando años y momentos de felicidad pero, sobre todo, recordando como éramos hace equis años tal día como hoy. En Letizia, haberse convertido de periodista en consorte real. ¡Como para volverse loca! Fue una pena que Felipe no le permitiera escribir un diario. ¡Gran error! No creo que existan muchas mujeres en el mundo que hayan acabado casándose con el príncipe de sus sueños. Aunque, conociendo su biografía, tan republicana ella, no creo que Letizia soñara algún día de su vida con reyes y príncipes. Lo que le ha sucedido es tan increíble que merecería ser reflejado en un diario. Y mucho más siendo, como ella era, una gran periodista. No sólo la reina Isabel II de Inglaterra sino hasta la ñoña de Fabiola escribió uno que yo lo vi cuando en compañía de Jesús Hermida lo “descubrimos” en la mesilla de noche del dormitorio de su casa en la madrileña calle de Zurbano, en vísperas de su boda con Balduino. Un ministro de Francoconocido con el sobrenombre de Don Camulo ¡por algo sería! nos obligó a devolverlo sin llegar a utilizar ni una sola línea. Una de las grandes ventajas de cumplir años es ver crecer a los hijos. En el caso de Letizia, a Leonor y a Sofía. En el mío, que no los tengo, a los hijos de esos padres que yo amo tanto.
Mientras que Felipe VI deja de utilizar el Mercedes 600 de más de medio millón de euros que le compró el Gobierno en 2019, sus sobrinos, los “marichalares”, presumen de coches de 40.000 euros. (...) Y es que tanto el chico como su hermana “están rentabilizando el parentesco real con unas existencias no muy ejemplares. A diferencia de los otros sobrinos, los “urdangarines” volcados en sus trabajos y sus estudios. Todos ellos discretos e introvertidos, esperando el regreso de papá. (...) La coleccionista de hombres ricos, riquiiiisimos y poderosos, se niega a mencionar ni siquiera por su nombre, al que fuera su marido, ex presidente de Telefónica, y amigo de Corinna. (...) Las miradas de desprecio que yo pueda dirigirle a la ministra, ¿será también violencia machista para ella ? ¡Apúntame, nena! (...) El marido de la “zariña gallega” debería quitarse el moño si no quiere que le confundan con el impresentable vicepresidente. (...) Decir que el “el rey ha robado” no es propio de una persona tan inteligente como usted, señor Rigole. (...) Felipe VI aún no ha firmado el marquesado que ha heredado de su padre por lo que la hija de esa madre que yo amo tanto, todavía no lo es.
Gracias siempre tan puntual.
 

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"¿ A qué vas a los programas, Guapa"?.
Me parece MUY vulgar ese "guapa" al final de la frase. Y mucho más en alguien como usted, don Peñafiel, que presume de ser amigo de tantos famosos, aunque el hecho de ser famoso no presupone tener clase y educación.
 
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Mientras que Felipe VI deja de utilizar el Mercedes 600 de más de medio millón de euros que le compró el Gobierno en 2019, sus sobrinos, los “marichalares”, presumen de coches de 40.000 euros. (...) Y es que tanto el chico como su hermana “están rentabilizando el parentesco real con unas existencias no muy ejemplares. A diferencia de los otros sobrinos, los “urdangarines” volcados en sus trabajos y sus estudios. Todos ellos discretos e introvertidos, esperando el regreso de papá. (...) La coleccionista de hombres ricos, riquiiiisimos y poderosos, se niega a mencionar ni siquiera por su nombre, al que fuera su marido, ex presidente de Telefónica, y amigo de Corinna. (...) Las miradas de desprecio que yo pueda dirigirle a la ministra, ¿será también violencia machista para ella ? ¡Apúntame, nena! (...) El marido de la “zariña gallega” debería quitarse el moño si no quiere que le confundan con el impresentable vicepresidente. (...) Decir que el “el rey ha robado” no es propio de una persona tan inteligente como usted, señor Rigole. (...) Felipe VI aún no ha firmado el marquesado que ha heredado de su padre por lo que la hija de esa madre que yo amo tanto, todavía no lo es

1 y 2. Felipe y Victoria Marichalar
3. Adriana Abascal y Juan Villalonga
4. Irene Montero
5. Marido de Marta Ortega
6. Lo ha dicho
7. Marquesado de Griñón para Tamara Falcó
 
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Negándose a debatir con el periodista Salvador Sostres en el programa de Carlos Herrera cuando el inteligente compañero le reprochó haberse marchado de Cataluña. “Yo no he venido a debatir”, fue la insolente respuesta de la muchacha. ¿A qué vas a los programas, guapa? A soltar tus soflamas políticas.
¿Inteligente compañero?:sour:
 
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"¿ A qué vas a los programas, Guapa"?.
Me parece MUY vulgar ese "guapa" al final de la frase. Y mucho más en alguien como usted, don Peñafiel, que presume de ser amigo de tantos famosos, aunque el hecho de ser famoso no presupone tener clase y educación.
También dice "nena" al referirse a Montero. Y luego llama impresentables a otros.