Autoestima y otros temas de psicología

Tema en 'Salud, Psicología y Sexualidad' iniciado por El karma, 16 Feb 2018.

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    La herida emocional del acoso escolar en la víctima y la familia

    El texto que se va a exponer a continuación trata de expresar el sufrimiento de la familia y de un niño víctima de acoso escolar, de cómo la angustia consume los días y de cuáles son las consecuencias más inmediatas de este doloroso tormento.

    “No sabemos qué le pasa. Se queja constantemente de dolores de estómago y de cabeza, no concilia el sueño como antes, se despierta por las noches angustiado y viene a nuestra cama, se preocupa excesivamente por ciertas cosas que antes incluso no le interesaban demasiado.

    Tiene cambios bruscos de estado de ánimo, tan pronto está tranquilo como que se enfada intensamente o se pone a llorar desconsolado. A veces, incluso, se muestra rebelde cuando le decimos que deje de morderse las uñas o de tirarse del pelo, comportamientos que anteriormente no habíamos visto en él.

    Algo le angustia, pero no sabemos el qué porque no habla con nosotros. Sospechamos que algo está pasándole en el colegio, quizás tiene demasiada presión o quizás algún niño esté dándole problemas. Seguimos indagando en su entorno, le preguntamos al profesor, a sus hermanos, a los padres de sus amiguitos.., pero nadie nos aporta demasiada información.


    En ocasiones, también se pone muy mimoso y, aunque es un niño afectuoso, la dependencia que está generando nos está empezando a preocupar. Reclama nuestra atención de manera desmedida en ciertos momentos del día y, dado que desconocemos el origen de este cambio, usamos ese momento para hablar con él e intentar comprender algo de lo que le está ocurriendo.

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    A veces se cierra en banda y dice que no quiere hablar, que le da vergüenza. Pero otras veces nos cuenta que no quiere ir al colegio, que algo malo le está pasando. Finalmente nos cuenta que hay unos niños que se están metiendo con él, que le insultan, que juegan a molestarle y que, incluso, en algún momento le han pegado.

    Nuestro mundo se desmorona. Le acabamos de poner nombre al origen de su dolor, de su angustia y de su malestar. Se llama acoso escolar o bullying.

    Inmediatamente damos el primer paso: hablar con el colegio. Esto tiene que resolverse. Esos niños tienen que tener unas consecuencias. Nuestro niño no puede volver a pasar por lo que ha pasado. Ni el nuestro ni ningún otro.

    Es hora de ordenar las ideas y ver qué podemos hacer, cómo podemos actuar. Es difícil cuando te ocurre esto no ir a decirle cuatro cosas a los acosadores y a las familias de los acosadores. Sin embargo, sabemos que lo mejor es evitar que el niño sea partícipe de conflictos y enfrentamientos directos.


    Por lo tanto, ahora mismo aguardamos y templamos nuestras emociones descontroladas. Esos sentimientos que borbotean no nos dejan pensar con claridad, pero al tomarnos un tiempo y alejarnos un poco de la situación seguro que se apaciguan.

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    Lo importante, en primera instancia, es crear un entorno seguro para nuestro niño. Ya estamos trabajando en ello, estamos haciendo todo lo que podemos hacer. El colegio comenzará a tomar medidas. Profesores y amigos estarán pendientes de cada movimiento y cada gesto que los acosadores tengan hacia nuestro hijo.

    Sin embargo, esto no es todo. La herida emocional que el acoso escolar ha generado en nuestro niño sigue ahí. Aunque ya nos lo haya contado, él sigue teniendo miedo y angustia y se mantiene el rechazo a ir al colegio. ¿Qué podemos hacer?”


    Ayudar a un niño a gestionar herida emocional del acoso escolar
    Ayudar a un niño víctima de acoso escolar a gestionar la herida emocional que ha generado el maltrato social no es tarea fácil para las familias.

    • Establecer un espacio seguro y un entorno de confianza: es esencial ofrecer la seguridad de que las personas que le rodean van a vigilar que no le pase nada, que su entorno está de su lado y que los agresores tendrán consecuencias por sus conductas. No obstante, aunque puede resultar complicado, se debe evitar la sobreprotección, pues un exceso de esta puede generar un bucle de dependencia que, a la larga, tenga consecuencias negativas.
    NOTA: Aun cuando ya se ha establecido el control necesario desde la escuela para evitar el acoso escolar, puede persistir la negativa de los pequeños a ir al colegio. Es importante que hablemos con ellos de que el entorno ya es seguro, que es positivo ir al colegio y que retomar sus clases le ayudará a sentirse mejor poco a poco. Podemos facilitar el proceso de reincorporación (en el caso de que haya habido un parón), exponiendo poco a poco al niño al entorno escolar: reuniones con amigos, pasear cerca del colegio o, incluso, reincorporarse por horas en los casos de mayor gravedad hasta que el niño comprenda que ya no hay peligro.

    • Hablar con los niños claramente de su sufrimiento: al malestar hay que ponerle nombre y puede que el niño/a no sepa verbalizar que lo que siente es ansiedad, tristeza, ira o un cóctel emociones negativas. La conciencia emocional es el primer paso para que los niños elaboren lo que les ocurre o les ha ocurrido. Usaremos términos adecuados a su edad y su nivel de desarrollo para ayudarles a avanzar en su comprensión. Todo esto además lo haremos sin presionar y sin hacer que se sientan responsables de la presencia de esos síntomas.
    • Enseñarles técnicas de relajación y otros recursos de alivio emocional: es esencial que el niño desarrolle recursos que le permitan aliviar la tensión. La relajación le ayudará a calmar la tensión fisiológica propia de la ansiedad y de las emociones que le invaden, eso permitirá que pueda ordenar su mente y llevar a su pensamiento imágenes reconfortantes y positivas.
    • Llenar sus días de experiencias positivas que permitan contrarrestar el sufrimiento generado por las situaciones tan complicadas que ha vivido. Esos momentos son muy potentes y servirán al niño para atraer a su mente pensamientos, imágenes y recuerdos confortables que le permitan sustituir aquellos que le generan malestar.
    • Establecer un plan de acción para futuras posibles situaciones conflictivas: podemos hablar con ellos de cómo actuar si se da algún tipo de situación en la que se sienta amenazado o bloqueado. Hay que tener cuidado con usar terminología o expresiones que denigren sus actuaciones pasadas, presentes o futuras.
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    • Reforzar sus habilidades sociales: se debe ir entrenando a los pequeños en habilidades de gestión de conflictos como base de su fortaleza conductual. El estilo de comunicación asertivo es el mejor estilo para resolver situaciones conflictivas, sean estas de acoso escolar o no, que ayuden a los niños a no “hacerse pequeños” en presencia de otros y a saber tomar decisiones favorables sin bloquearse.
    • Hablar de la importancia de pedir ayuda: pedir ayuda no te hace débil o menos capaz social y personalmente. Es importante transmitir este mensaje a los niños, hayan sido o no hayan sido víctimas de acoso.
    • Reforzar de manera paralela y constante su autoestima: hay que entender que las víctimas de acoso escolar son niños y niñas a los que le han arrebatado su identidad, su “yo”. Por ello es importante reforzar día a día la concepción que tienen de sí mismos, sin caer en elogios excesivos y recorriendo poco a poco el camino a su lado.
    Los niños y las familias víctimas de acoso escolar sufren muchísimo. Es esencial que las personas que rodean a estas familias muestren comprensión y empaticen con el gran dolor que se genera en estas situaciones. Es igualmente imprescindible educar a los niños en valores, valores de respeto, de «cero tolerancia» a la violencia y a la crueldad. La mejor manera para hacerlo es tratar con ellos este tema desde pequeños y, desde luego, dar ejemplo desde el núcleo familiar.


    https://lamenteesmaravillosa.com/la-herida-emocional-del-acoso-escolar-en-la-victima-y-la-familia/
     
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    Personas que oyen, pero que no escuchan

    Hay quien oye, pero no escucha. Hablamos de personas que solo tienen en cuenta sus puntos de vista, no mostrando voluntad ni interés por entender otros. En este artículo profundizamos sobre sus motivaciones –o carencia de ellas- y las consecuencias de su actitud.


    Hay personas que oyen, que físicamente están presentes ante nosotros y que, sin embargo, no escuchan. Porque oír no es lo mismo que escuchar, se necesita de esa valiosa capacidad para ser receptivo no solo al mensaje emitido por parte de un interlocutor. Además, se precisa de esa habilidad para leer gestos, descifrar emociones contenidas y toda esa información que viaja por senderos lejanos a las palabras.

    Admitámoslo, en ocasiones, ante la falta de novedad o los conflictos sin resolver, es complicado mantener una conversación efectiva y satisfactoria con todas las personas que forman parte de nuestra cotidianidad.

    Sabemos que abundan las personas muro, esas de actitud infranqueable que no se dan, ni atienden ni quieren entender. Sin embargo, hay otras que parecen accesibles, incluso cercanas, pero que al poco percibimos que su interés no es sincero y que derivan a menudo en la mera y falsa condescendencia.

    No saber escuchar, no practicar una escucha activa genera no solo una elevada insatisfacción. A nivel relacional las consecuencias pueden ser tan dañinas como problemáticas. Por otro lado, recordemos que en los escenarios laborales, la buena comunicación es clave para alcanzar objetivos y para crear ese clima donde el capital humano se sienta satisfecho, facilitando así las condiciones para dar lo mejor de uno.


    Descrito el marco, ¿por qué nos cuesta tanto escucharnos entre nosotros como merecemos?

    «Observa, escucha, calla, juzga poco y pregunta mucho».

    -August Graft-

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    Personas que oyen y no saben escuchar ¿por qué ocurre?
    Nada erosiona tanto nuestras emociones como no sentirnos escuchados cuando lo necesitamos o cuando simplemente nos estamos comunicando con alguien. Las personas que no oyen no tienen siempre el rostro de un adolescente o de ese jefe al que no le importa lo más mínimo lo que tengamos que decirle. En realidad, este fenómeno se da con frecuencia entre muchas de esas figuras cercanas.

    Decía Jean-Paul Sartre que la incomunicabilidad, así como la no escucha, es la fuente de toda violencia. En cierto modo, ese es en realidad el inicio de muchos de nuestros problemas. Al fin y al cabo, quienes no se escuchan están casi condenados a caer o bien en la indiferencia o en ese desacuerdo que acaba generando distancias a menudo insalvables. Veamos, por tanto, qué hay detrás de esas personas que oyen, pero que no saben escuchar.

    Sesgo de confirmación y disonancia cognitiva
    Hay personas que solo escuchan lo que ellas quieren. Eso significa, por ejemplo, que solo abrirán sus oídos cuando digamos algo que confirman lo que ellos ya saben, creen o dan por cierto. Todo aquello que no se ajuste a sus gustos o creencias no será atendido ni tenido en cuenta.

    Por otra parte, la disonancia cognitiva es también un fenómeno muy común en nuestros fallos de comunicación. Ocurre con gran frecuencia en nuestras relaciones de pareja: cuando estamos enfadados con esa persona, no importa que tenga razón en aquello que nos esté diciendo. La mente rechaza los datos disonantes e intenta ser fiel a lo que siente ‘si estoy enfadado contigo, no tendrás razón en nada de lo que digas’

    El perfil narcisista, personas que no oyen porque solo se escuchan a sí mismos
    La personalidad narcisista está detrás de muchas de nuestras frustraciones a la hora de comunicarnos. Son perfiles que nunca atienden perspectivas ajenas. La única verdad es la que ellos tienen, y por si esto no fuera poco, toda conversación carecerá de interés si no son ellos el centro de todo argumento, anécdota o referencia.


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    La ira contenida que cierra los oídos
    Este es otro factor que deberíamos tener en cuenta. Una de las razones por las que las personas fallamos en nuestros procesos comunicativos, se debe a la ira escondida.

    A veces, ni siquiera hace falta que estemos enfadados con la persona que tenemos enfrente. Un mal día en el trabajo, por ejemplo, puede hacer que dejemos de practicar la escucha activa con los nuestros. Esta es una realidad que debemos tener muy presente.


    No escuchan porque son ellos quienes desean llevar las riendas de la conversación
    La mayoría nos hemos encontrado en más de una ocasión con esos perfiles caracterizados por la verborrea excesiva. Es algo común y sobre todo, frustrante. Son esas personas que oyen, que están ante nosotros pero que no escuchan porque están pensando en lo que van a decirnos a continuación. Su único afán es llevar las riendas del diálogo y acaparar cada palabra. Lo que nosotros podamos decir en realidad, carece de interés.

    ¿Qué podemos hacer ante quienes no nos escuchan?
    Tanto si lo queremos como si no, personas que oyen y no escuchan siempre las habrá. Nos las encontraremos en casi cualquier escenario. Ahora bien, lo complicado es tener junto a nosotros a alguien que es incapaz de ser cercano, empático y sensible. Pensemos que la buena comunicación es el principal nutriente de la convivencia. Sin ella, nada fluye, nada es auténtico, nada nos sirve.

    Por tanto, a quienes no hacen el mínimo esfuerzo por escucharnos de manera auténtica y activa, hay que hacérselo saber. Les dejaremos claro por activa y por pasiva que merecemos y debemos ser atendidos, comprendidos. Si no hay cambios, lo mejor es dejarlos ir por bienestar y salud. La sordera emocional en materia de comunicación deja serias secuelas. Protejámonos de ella.

    Trabajemos por tanto cada día en mantener una comunicación adecuada y satisfactoria en cada uno de nuestros escenarios sociales. Seamos el mejor ejemplo, promovamos el diálogo empático y pongamos límites a quienes no tengan voluntad de practicarlo.

    Por Valeria Sabater

    https://lamenteesmaravillosa.com/personas-que-oyen-pero-que-no-escuchan/
     
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    Amor no correspondido


    Ojalá existiera un sencillo mecanismo con el cual, pasar página sin sentir apenas nada; dar la espalda a los fracasos y avanzar con libertad y sin sufrimiento en la mochila, en busca de un horizonte mejor sobre todo cuando nos enamoramos de alguien que no siente lo mismo… ¿Cómo dejar atrás un fracaso emocional o un amor no correspondido?

    Las personas nos adherimos a las emociones y a las ilusiones como un alimento con el cual subsistir. Pero cuando nos hieren, cuando nos decepcionan, seguimos cargando con las mismas emociones ahora trasformadas en sufrimiento.

    El amor no correspondido es una huella profunda en nuestra corazón que nos hace sentir solos, sumiéndonos en la más profunda tristeza. Amar y que no nos correspondan es un vacío que nos cuesta llenar…

    En estos casos nos podemos encontrar dos vertientes: la de aquellas personas que han pasado determinado tiempo junto a una pareja para, darse cuenta al final de que sus sentimientos no eran correspondidos. Que todo el esfuerzo personal no recibía ninguna reciprocidad.


    Y también pueden darse esos casos en que nos prendamos absolutamente de alguien que, en ningún momento y a pesar de nuestros esfuerzos, ha mostrado ningún interés por nuestra persona. ¿Cómo se superan estas dimensiones?

    1. Racionaliza tus dudas
    Suele ocurrir muy a menudo. Ante un fracaso, ante un rechazo, es habitual que de inmediato nos asalten las dudas acerca de muchos aspectos. ¿Habrá algo en mí para que me rechacen así?, ¿qué he de cambiar de mi personalidad?, ¿no seré quizá lo bastante atractivo/a?, ¿seré siempre rechazado/a como ahora? Ten cuidado.

    Obsesionarnos con estas ideas puede hacernos caer en una grave crisis de autoestima. Ahí donde nuestro auto-concepto se ve amenazado. Hemos de ir con cuidado sobre las atribuciones personales, evitando ante todo cargar sobre nuestras espaldas toda la culpa.

    Es mejor no buscar responsables ante lo ocurrido y racionalizar la situación manteniendo a flote en todo momento nuestra autoestima. Hemos sido rechazados, sí. Sufriremos, desde luego… Pero el mundo no va a terminarse con ello y, sin lugar a dudas aparecerán nuevas personas que nos quieran por lo que somos.

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    2. Caer es comprensible, levantarse obligatorio
    Ser rechazados implica sufrimiento, un ataque a nuestra autoestima en ocasiones, además de un acontecimiento en el que todos tenemos derecho a caer. Pero solo durante un tiempo, tenlo en cuenta.

    Esa caída momentánea es a veces necesaria para pensar en lo ocurrido, para atravesar y superar un ciclo. Es nuestro duelo particular y como tal hemos de vivirlo, para después levantarnos con más aprendizajes y fuerza.

    La caída forma parte del proceso del amor no correspondido y por lo tanto, tendremos que atravesarla pero con la idea de seguir creciendo.


    De ahí que tengamos derecho a buscar instantes de soledad, refugiarnos con las lágrimas y enfadarnos. Pero después de esto, debe llegar la racionalización de lo sucedido, ahí donde obtener unas conclusiones y un aprendizaje particular.

    Todo el mundo es rechazado alguna vez, debemos normalizarlo y pensar que no ha sido más que una etapa de nuestra vida. Y que llegarán otras mucho más satisfactorias, ahí donde encontrar la felicidad que merecemos.

    3. Sí a las distancias saludables
    No quiero una relación contigo, pero podemos quedar como amigos”, es una frase habitual con la que debemos ir con cuidado. ¿Crees que pactar una amistad puede ser bueno para ti? En ocasiones, es mejor establecer distancias, dejar de ver y de tratar a esa persona como medio necesario para pasar una etapa, para superar una decepción y avanzar en nuestra vida.

    No solo estableceremos distancias con dicha persona, también es necesario relativizar lo ocurrido para evitar que nos impida hacer vida normal, evitar caer en la obsesión.

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    4. Establecer nuevos planes, nuevas metas
    Un amor no correspondido es un fracaso emocional a superar, lo sabemos, pero no pongas muros a tu futuro y te impidas ser feliz de nuevo. Deja a un lado los pensamientos negativos y evita ante todo atribuirte a ti todas las culpas, toda la responsabilidad.

    Tal vez sea el momento ideal para replantearte nuevas cosas en tu vida… ¿debería quizá fijarme en otro tipo de personas?, ¿deberé ser más cauto/a a partir de ahora y no hacerme ilusiones tan rápido? Un fracaso no es un fin…

    Vivir la experiencia del amor no correspondido puede abrirnos nuevas metas siendo un poco más prudentes, pero sin perder en ningún momento la ilusión. Deja a un lado la tristeza de tu corazón, mantén a flote tu autoestima, y apuesta siempre por nuevas oportunidades.


    Por Valeria Sabater

    https://lamenteesmaravillosa.com/amor-no-correspondido/
     
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    A VUELTAS CON LA SOLEDAD: ¿QUIÉN, CÓMO, CUANDO Y POR QUÉ?



    La soledad es un fenómeno universalmente conocido, y con importantes repercusiones en la dinámica y el funcionamiento psicológico de las personas. Podría ser descrita como una experiencia subjetiva, que es sentida como desagradable y dolorosa, y no es necesariamente sinónimo de aislamiento social.

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    En cuanto a su prevalencia, la soledad constituye un problema para una parte importante de la población. Diversas investigaciones muestran que entre el 10% y el 30% de las personas participantes experimentan intensos sentimientos de soledad a lo largo de sus vidas, y que un 80% de las personas que contactan con centros de ayuda en crisis se quejan, fundamentalmente, de soledad.

    Varios autores están de acuerdo en que los hombres solteros o viudos constituyen el grupo que se siente más solo, mientras que los hombres casados estarían en el extremo opuesto, con las mujeres solteras y casadas en el medio (Peplau y Perlman, 1982). Es decir, el matrimonio supone un escudo que protege a las personas de la soledad (Olson y Wong, 2001), especialmente para los hombres.

    Por razones evidentes, las personas divorciadas son un colectivo especialmente proclive al sentimiento de soledad. Para Weiss (1976), la separación provoca una serie de emociones confusas y conflictivas en ambos ex - esposos, muy similares a las que sienten los niños que son separados de sus padres (Bowlby, 1983): enfado, rechazo, pena, y ansiedad o pánico son las principales. Weiss encontró también estas emociones en personas que estaban en proceso de disolución de sus matrimonios. Un miedo paralizador, y una intensa rabia corresponden a la fase inicial de protesta. Tristeza y una gran sensación de soledad, a la fase final de desesperación, en la cual el mundo se percibe como vacío, desolado, muerto.

    Personas con un estilo de apego seguro tienden a formar relaciones íntimas con otras personas y, por tanto, se sienten menos solas, tanto en muestras clínicas como comunitarias, mientras que estilos de apego ansiosos se relacionan con deficienciasd en las habilidades sociales y soledad (Di Tomasso, Brannen-Mc Nulty, Ross y Burgess, 2003). Wiseman, Mayseless, y Sharabany (2006) analizaron en estudiantes universitarios en su primer año la influencia del estilo de apego y diversas variables de personalidad sobre la sensación de soledad. Encontraron que el apego seguro estaba asociado de forma negativa con la soledad, y que el autocriticismo mediatizaba en parte la asociación entre apego ambivalente y soledad.

    Varias investigaciones aportan datos en el sentido de afirmar que la sensación de soledad tiene efectos deletéreos para la salud, tanto física como mental, de las personas. Estudios realizados en los años 60 y 70 relacionan la soledad con malestar somático, enfermedad física y mayor número de visitas a los médicos. Más recientemente, la soledad se ha relacionado con depresión, alcoholismo, obesidad y suicidio, riesgo de sufrir un ataque al corazón, una peor regulación de la presión sanguínea y peor calidad del sueño. Finalmente, se han encontrado asociaciones entre el sentimiento de soledad y varios problemas psicológicos y psiquiátricos (Peplau y Perlman, 1982 para una revisión). Así, al parecer, los pacientes deprimidos se sienten más solos y sufren más de su soledad que los controles, y la soledad correlaciona negativamente con el número de contactos regulares con los familiares y con el número de amigos. También se han encontrado asociaciones positivas entre el sentimiento de soledad y determinadas variables de personalidad (susceptibilidad, ansiedad, psicastenia, desapego, hostilidad, inhibición e irritabilidad) y negativas entre soledad y grado de socialización y deseabilidad social.


    Soledad social, soledad emocional

    En la investigación realizada en los últimos veinte años se aprecian dos conceptualizaciones diferentes de la soledad. Una de ellas, la considera como un estado unitario que varía tan sólo en intensidad (sentirse más o menos sólo) como consecuencia de los déficits existentes dentro de las diferentes relaciones. La segunda (Weiss, 1973; 1987; 1998) distingue entre dos tipos de soledad: soledad social y soledad emocional.

    La soledad social es una carencia de relaciones afiliativas, y cuando existe, produce un sentimiento de marginalidad, la sensación de no ser aceptado por los otros, aislamiento y aburrimiento. Se desea fervientemente tener un lugar dentro de un grupo de personas con las que se puedan compartir intereses y preocupaciones. La soledad emocional, en cambio, es una ausencia de relaciones de apego, es decir, relaciones especialmente significativas para la persona y que proporcionan una base segura. La ausencia de este tipo de relaciones está asociada con sensaciones de vacío, y el deseo de alguien especial con quien compartir la vida.

    Consistente con esta teoría sobre la soledad, surge la SELSA-S, una escala compuesta por 15 ítems que distingue dos dominios dentro de la soledad emocional: el familiar y el romántico, y que hemos validado recientemente en castellano. Un total de 517 personas han participado en este estudio. Los resultados indican que las tres escalas de la SESLA-S tienen una alta consistencia interna. La validez de constructo (convergente y discriminante) queda demostrada por la correlación de esta escala con medidas del estilo de relación (tipo de apego) y por la asociación de estas escalas con medidas de bienestar psicológico y deseabilidad social.

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    Al ser esta escala fácil de pasar y estar compuesta por un número relativamente reducido de ítems, permite ahorrar tiempo y esfuerzo al clínico y no ser intrusiva para el cliente. Por todas estas razones, puede ser una medida de autoinforme apropiada para la evaluación de este constructo, la soledad, en sus tres facetas (social, familiar y romántica) en numerosos ámbitos de la Psicología de la Salud, con objetivos tanto preventivos como de intervención.

    Referencias.

    El artículo original en el que se basa este trabajo puede encontrarse en el International Journal of Psychology and Psychological Therapy: Yárnoz, S. (2008). Spanish adaptation of the scale for evaluation of social and emotional loneliness in adults. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, Vol 8 (1), 103-116.

    http://www.infocop.es/view_article.asp?id=1988
     
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    La fuerza de tus emociones impulsa tu vida

    Tus decisiones, tus relaciones y hasta tus pensamientos... Gran parte de lo que haces en el día a día está mediado por las emociones. Ellas dan impulso a la vida, de ahí que estemos obligados a comprender su mensaje para que jueguen a nuestro favor.
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    La fuerza de tus emociones precede a menudo al propio pensamiento. No podemos olvidar que las personas somos al fin y al cabo entidades emocionales que aprendieron a pensar hace poco más de 100.000 años. Las emociones, por su parte, fueron siempre esa raíz primaria en nuestro cerebro; un conjunto de procesos esenciales que garantizaron nuestra supervivencia.

    Asumir esta idea no siempre es fácil. No lo es en primer lugar porque a la mayoría de nosotros nos gusta pensar que tenemos pleno control sobre cada cosa que hacemos y decidimos. Sin embargo, pasamos por alto que gran parte de nuestro comportamiento está regido por un universo emocional poderoso, pero velado, del que no siempre somos conscientes.

    Reflexionemos sobre ello un momento. Cuando nos levantamos por la mañana, lo hacemos con un estado emocional determinado; unas veces más motivados, otras con la voluntad un poco más ensombrecida. El modo en que nos sintamos impregna por completo nuestra jornada.

    El primer impulso que media cada paso que damos, ya sea grande o pequeño, viene filtrado por la emoción. Bien es cierto que, en muchos casos, después intentamos razonar cada decisión tomada, pero en un principio, son ellas las que nos dan el primer empujón y dejan a su vez una impronta. Asimismo, tampoco podemos negar que muchas de nuestras compras están mediadas por las emociones, al igual que nuestras relaciones sociales y afectivas.


    Su trascendencia, su impregnación y su gran complejidad, conforma cada cosa que hacemos y el modo en cómo reaccionamos con el entorno. Es un hecho innegable.

    «No quiero estar a merced de mis emociones. Quiero usarlas, disfrutarlas y dominarlas”.

    – Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray-

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    La fuerza de tus emociones media en cada cosa que haces
    Algo que se repite con frecuencia en cualquier libro de autoayuda o gestión emocional es aquello de: «tienes que aprender a controlar tus emociones». En esos manuales (al igual que en el lenguaje popular) no faltan términos como «gestionar», «dominar» y «manejar». Muchos podrían pensar al leer estas palabras que una emoción es casi como un coche o como una cuenta corriente que hay que saber administrar.

    Pues, bien, nadie podrá controlar ni manejar nada si no comprende básicamente qué es lo que tiene entre manos o, mejor dicho, en las profundidades neurales de su cerebro. Así, el neurólogo Antonio Damasio nos acerca a este universo. En libros como En busca de Spinoza o El extraño orden de las cosas nos ofrece datos muy interesantes.

    Veámoslo a continuación.

    Tus emociones quieren que sobrevivas y que estés bien
    Una emoción es básicamente una respuesta química y neuronal. Esa reacción la genera nuestro cerebro cuando procesa un estímulo que requiere de algún tipo de comportamiento por nuestra parte (yo veo una serpiente, sé que puede ser un peligro. Así, lo normal es que me aparte sin «ni siquiera pensarlo»). Asimismo, es respuesta química interna genera un gran número de cambios en nuestro cuerpo con una única finalidad; ayudarnos a ejecutar una respuesta conductual.

    La fuerza de tus emociones tiene como propósito ayudarte a reaccionar ante aquello que acontece a tu alrededor. Lo hace para que sobrevivas y alcances nuevamente la homeostasis, es decir, el equilibrio y el bienestar. Ahora bien, por término medio, existe un problema básico y esencial en gran parte de nosotros: no sabemos qué quieren decirnos nuestras emociones.


    Miedo, tristeza, rabia, frustración… Muchos de esos estados emocionales a los que etiquetamos como «negativos» también cumplen una función: alertarnos de que algo no va bien y de que debemos reaccionar. Sin embargo, es común dejar que se queden ahí, en lo más profundo de nuestro ser, alterando la homeostasis y generando malestar.

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    Emoción, sentimiento y pensamiento
    La emoción precede siempre al sentimiento y es también, quien antecede en muchas ocasiones al propio pensamiento. Así, en libros como En Busca de Spinoza de Damasio o en Cómo funciona el cerebro de Francisco Mora nos revelan la importancia de entender la diferencia entre emociones y sentimientos. Las emociones serían del cuerpo y los sentimientos de la mente.

    Lo primero que experimentamos es la emoción. Ante cada cosa que nos sucede, ante cada situación, lo primero que experimentamos es una emoción. Ahora bien, la experiencia mental que tenemos ante todos esos cambios que se suceden en nuestro organismo da forma a los sentimientos. Y los sentimientos, a su vez son los que dan impulso a la mente, los que nos ofrecen motivación o, por el contrario, nos bloquean.

    Es precisamente durante el último escalón de nuestra evolución, cuando logramos aprender a tener una mayor comprensión y control sobre nuestras emociones. Con el desarrollo de los lóbulos frontal y prefrontal pudimos tomar conciencia de los sentimientos y de las emociones, para dar forma a conductas más afinadas, creativas, racionales y llenas de poder.

    Porque no podemos olvidar que emoción y pensamiento nunca pueden ir separados, juntos nos dan mayor impulso. Una emoción controlada y puesta a nuestro favor mediante el pensamiento suele dar forma a los comportamientos más innovadores y positivos.

    Tus emociones deben ser tus aliadas, no tus enemigas
    La fuerza de tus emociones es innegable y a menudo, son ellas las que median en gran parte de tu comportamiento. Asimismo, nuestros sentimientos nos impregnan de esa ilusión que parece revitalizarlos cuando se pega a cada pensamiento que manejamos. Por ello, es importante no solo que sepamos qué es una emoción; sino también saber manejarlas, encauzarlas y ponerlas a nuestro favor.

    Lograrlo no es una tarea sencilla. Requiere tiempo, requiere esa autoconciencia por la que estar conectados a aquello que sucede en nuestro interior, respondiendo de manera consecuente. Como bien señala Daniel Goleman, tenemos dos mentes, una que piensa y otra que siente. La felicidad, el auténtico bienestar se halla en lograr que actúen en una misma dirección. Pensemos en ello.

    Por Valeria Sabater

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    Las ilusiones mejoran nuestra salud

    ¿Qué seríamos sin ilusiones? Tenemos ilusiones de todo tipo y «pobre» de aquel que no las tenga. Las ilusiones son deseos a los que va acoplada una esperanza de materialización. En este sentido, recientes investigaciones han demostrando como tener ilusiones mejora notoriamente nuestra salud.

    Concretamente Álvaro Pascual-Leone, catedrático de Neurología de la escuela médica de Harvard, tras conocer los resultados de su estudio, lo expresa de la siguiente manera: “Tener un proyecto vital, un objetivo en la vida que trascienda a uno mismo y que reporte satisfacción al esforzarse en conseguirlo es bueno para el cerebro y para la salud en general”.

    Parece que disponer de ilusiones o de un proyecto vital aumenta la reserva cognitiva. La reserva cognitiva que es la capacidad cerebral para afrontar los retos a un nivel en el que nuestras capacidades son realmente puestas a prueba. Está muy relacionada con la tolerancia al cambio, a lo nuevo o a la incertidumbre.

    «La ilusión es el primero de todos los placeres».


    -Voltaire-

    Pero, ¿a qué tipo de ilusiones nos referimos?
    Se trata de aspiraciones o de alguna razón trascendente, aquello que nos motiva a seguir adelante. Para una persona la razón para levantarse por la mañana pueden ser sus hijos o sus nietos, para otra el trabajo que desempeña o quizá la fe que tiene en una religión…

    Son diversas, individuales o colectivas, y pueden cambiar con el paso del tiempo. Lo que no cambian es el estado de satisfacción que nos producen una vez las hemos completado, una vez que con nuestro esfuerzo lo hemos conseguido, y de no ser así, nuestra satisfacción por haberlo intentado y no «tirar la toalla».

    «Las personas con un proyecto vital claro tienen mayor reserva cognitiva y se cuidan más».

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    Claves para un cerebro sano
    Las personas con un proyecto vital bien definido y que se muestran ilusionadas parecen contar con mentes más claras, más saludables. Así, la ilusión parece ese aceite que engrasa a todos nuestros procesos cognitivos. Además tienen menos problemas cognitivos en su vida cotidiana y se cuidan más.

    Para gozar de unas neuronas sanas tenemos que nutrir siete áreas de nuestra vida:

    • Salud: en nuestro cerebro incide el numero de veces que enfermamos y la manera en la que nos enfrentamos a la enfermedad.
    • Nutrición: una dieta completa y equilibrada nos ayuda a frenar el deterioro cerebral.
    • Sueño: una buena higiene del sueño, ya que la calidad del mismo está relacionada directamente, por ejemplo, con la consolidación de recuerdos.
    • Ejercicios: combinación de ejercicios aeróbicos y anaeróbicos. Una hora y media de ejercicio mejora las funciones cerebrales.
    • Funciones cognitivas: cómo afrontamos nuestros problemas, presencia o no de dificultades en la atención o la memoria, previenen o enlentecen el deterioro cerebral.
    • Relaciones sociales: el tipo de red social, la cantidad de amigos o el posible apoyo recibido son factores que condicionan la reserva cognitiva.
    • Proyecto vital: atesorar ilusiones o metas, encontrando satisfacción en ellas, elevan nuestra mirada y hacen que apostemos por el futuro a partir de cuidar le presente.

    • «El hombre tiene ilusiones como el pájaro alas. Eso es lo que lo sostiene».

    • -Blaise Pascal-

    La magia de las ilusiones

    La ilusión constituye la dimensión esencial del porvenir. Quizás no tanto su contenido como su cobertura. Con ella podemos sostener la mirada a la vida, abrir los ojos y soñar, pero sabiendo que la mayoría de nuestras ilusiones nos van a pedir, a cambio de pasar a la realidad, un esfuerzo.

    Inyectar ilusión en el proyecto de uno es revitalizarlo, darle energía, pulirlo, adecentarlo, vacunarlo contra el enemigo de la monotonía. Así se van desgranando los esfuerzos para alcanzar lo pretendido, y cualquier naufragio resulta positivo, enseña una lección concreta que añadir al zurrón de nuestro caminar.

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    Finalmente, destacar que la alegría, al igual que el tesón y la paciencia, guardan a nuestras ilusiones de la erosión de un camino decorado con rosas que no carecen de espinas. Sí, las mismas ilusiones que cuidan de nuestros procesos mentales (memoria, atención, inteligencia…).

    https://lamenteesmaravillosa.com/las-ilusiones-mejoran-nuestra-salud/
     
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    ¿La depresión se hereda?

    Hay personas que son más propensas a sufrir de depresión, como aquellos que han sido víctimas de bullying. Ahora bien, vale la pena preguntarse: ¿podría heredarse este trastorno del estado del ánimo?
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    La depresión es uno de los trastornos del estado de ánimo más frecuentes en todo el mundo y uno de los problemas mentales más tratados en las consultas de psicología y psiquiatría, que puede afectar a cualquier rango de edad, con las diferencias de sintomatología según la etapa de desarrollo en la que se encuentre la persona.

    En los niños, son más frecuentes los síntomas somáticos que en los adultos, en los que predominan más los problemas cognitivos y de estado de ánimo.

    Este trastorno cursa con distintas alteraciones que afectan a todas las áreas de funcionamiento de la vida de la persona. A nivel general, dichas alteraciones son las siguientes:

    • Alteraciones del estado de ánimo o emocionales, como la tristeza profunda, sentimientos de desesperanza, desinterés por las cosas que antes sí interesaban, etc.
    • Alteraciones cognitivas o de pensamiento, entre las que destacan las ideas irracionales acerca de uno mismo, los demás y el mundo; dificultades en procesos psicológicos como la memoria, la concentración, la atención, etcétera; ideas de suicidio, autocrítica patológica.
    • Alteraciones del comportamiento, como la lentitud psicomotora, reducción y deterioro de la actividad a todos los niveles (social, rendimiento, autocuidado, etc.), pasividad y evitación.
    • Alteraciones fisiológicas, entre las que destacan las dificultades del sueño, falta de apetito, problemas sexuales, somatizaciones como: cefaleas, dolores gástricos, falta de energía y sensación continua de cansancio.
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    Las causas de la depresión han sido y siguen siendo estudiadas en la actualidad, a fin de mejorar la eficacia de los tratamientos que se aplican para abordarla.

    Una de las preguntas que más nos hacemos es si este trastorno se hereda. Pues bien, numerosos estudios nos dicen que, al igual que otro tipo de enfermedades, la depresión tiene un componente genético.

    Al realizar la historia clínica de un paciente, vemos que en un porcentaje considerable de los casos de depresión existen antecedentes familiares, ya sea de depresión o de otro tipo de trastorno mental. No obstante, esto por sí solo no determina que se haya heredado la enfermedad, ya que intervienen otra serie de factores importantes que pueden dar lugar a padecerla. Dichos factores vienen a ser los acontecimientos vitales de la persona, los factores sociales y psicológicos.

    Además, hay personas que tienen mayor vulnerabilidad que otras para desarrollar una depresión, donde confluirán los factores anteriormente citados, cada uno en su medida. De manera que, a mayor vulnerabilidad, mayor probabilidad de adquirir el trastorno.

    Los estudios continúan indagando en la genética
    Según los estudios sobre el componente genético de la depresión, existen al parecer una serie de genes que estarían involucrados, pero que a su vez están influenciados por la acción de los factores ambientales.

    En las depresiones llamadas “endógenas” en las que tras una evaluación de la persona se puede ver que la influencia de los factores externos no es determinante, es decir, que la depresión se debe a causas internas y orgánicas del funcionamiento de nuestro cerebro, es donde mejor se puede analizar el componente hereditario.

    En estos casos, si la persona tiene antecedentes familiares de depresión, puede haber un factor genético en juego, pero no sería determinante.

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    En la depresión, el funcionamiento fisiológico del cerebro presenta alteraciones en algunos de los neurotransmisores, responsables de la regulación de las emociones, y para que estas alteraciones se den, no es necesario tener antecedentes familiares de este trastorno.

    Siguiendo las conclusiones de los estudios sobre el tema, cuando se compara población general con personas con antecedentes de depresión en familiares de primer grado, se ve que hay mayor prevalencia del trastorno es estos últimos.


    En cuanto al funcionamiento de los neurotransmisores que intervienen en la depresión, si estos están alterados, puede ocurrir que las personas sean más vulnerables a interpretar de manera negativa los acontecimientos que ocurren a su alrededor e incluso la visión que tienen de ellas mismas.

    El entorno, un factor clave
    La depresión puede que sea heredada, pero también tenemos que tener en cuenta que la forma de pensar, la interpretación que hacemos de las situaciones y las creencias y esquemas (de nosotros mismos y el mundo en general) son también aprendidos.

    El entorno en el que crecemos y nos desarrollamos influye de manera directa en nuestra forma de ver el mundo. Por ejemplo, si alguno de los familiares cercanos de referencia, como el padre o la madre, tienen una tendencia a la visión negativa de las cosas y se hacen manifestaciones verbales y de actitud o comportamientos negativos, muy probablemente el niño crecerá acostumbrándose a eso y tenga la misma forma de interpretar lo que le rodea, haciéndole más predispuesto a la depresión.

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    ¿Sería hereditaria la depresión entonces?
    Por lo tanto, la herencia sería un componente más, no el único y determinante. La interacción de múltiples factores, como vemos, es lo que daría lugar a este complejo trastorno.

    Los acontecimientos vitales estresantes, como la muerte de algún ser querido, una separación o divorcio, pérdidas en general, los cambios importantes, etc., también son factores de riesgo que pueden contribuir al desarrollo de una depresión.

    Los estudios indican que los factores de riesgo mencionados pueden elevar el riesgo genético que la persona posea. Por lo tanto, la interacción de todos los factores es lo que daría lugar a la depresión.

    Los investigadores que nos ofrecen los resultados sobre si la depresión se hereda han realizado estudios con familias, hermanos gemelos y adoptados, para poder determinar desde todas las perspectivas posibles si la herencia biológica podría ser un único factor predisponente de la enfermedad o no.

    Hoy en día todos los resultados arrojan las mismas conclusiones, y lo que parece científicamente más probable es que la depresión no tiene por qué heredarse, aunque la carga genética tenga un porcentaje de influencia a tener en cuenta.

    En los trastornos mentales siempre se han de tener en cuenta múltiples factores de etiología y causalidad, que son los que determinan el origen de la enfermedad. Y para el tratamiento psicológico, esto es muy importante y necesario, además de intervenir en los factores que mantienen el problema.

    https://lamenteesmaravillosa.com/la-depresion-se-hereda/
     
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    Los «debería», un tipo de pensamiento que boicotea nuestro bienestar

    Pensamientos, como 'los demás deberían ser como yo quiero' o 'debo agradar a todo el mundo y ser perfecto', constituyen un tipo de pensamiento irracional con un alto coste psicológico. Lo cierto es que en cada uno de esos 'debería' nos boicoteamos a nosotros mismos.
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    Los «debería» constituyen un tipo de tiranía mental de la que no siempre somos conscientes. Es más, al dejar que sean ese ingrediente cotidiano en cada pensamiento, deseo y enfoque personal, nos situamos en una deriva de sufrimiento continuado donde nada se ajusta a nuestras perspectivas; ni siquiera nosotros mismos. Por tanto, estamos ante un tipo de distorsión cognitiva que deberíamos detectar y desactivar.

    Ahora bien, es fácil decirlo, pero complicado de llevar a cabo. Los terribles «debería» suelen aparecer ya en nuestra infancia. De hecho, basta con ir a una aula de primaria para encontrarnos con un tipo de comportamiento muy recurrente. No faltan los niños que rompen en lloros y rabietas porque la maestra les da el lápiz azul y no el verde. Porque ellos querían hacer un dibujo y no una redacción, porque tienen a su lado a Luis y no a Laura.

    El mundo, ante sus ojos es injusto, incluso cruel. Lo es porque no se ajusta o se aleja de aquella línea en la que se concentran las expectativas. Por otro lado, a medida que alcanzamos la edad adulta, este esquema de pensamiento se va sofisticando. Los «debería» nos atrapan en una relación codependiente y tóxica, ahí donde sus voces nos susurran casi a cada instante lo que deberíamos hacer, ser o tener y no logramos.

    Acercarnos más a la perfección, ser como otros esperan, deberíamos hacer esto y lo otro, los demás deberían hacer por nosotros aquello y lo de más allá… Semejante tortura mental no solo nos deja agotados y con la autoestima bastante tocada. Además, y casi sin darnos cuenta, nuestra mente ha quedado bajo el control de una voz interna tan negativa como desgastante que solo tiene un objetivo: hacernos infelices.


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    Los «debería», la voz negativa de nuestro diálogo interno
    Una vida saludable y feliz se orquesta a base de derechos, placeres y obligaciones. En el equilibrio está la armonía, en la sabia conjunción de cada una de estas dimensiones hallamos la satisfacción. Por tanto, saber dónde están los límites y dónde esas creencias irracionales que boicotean el propio bienestar nos libra de batallas innecesarias que nos dañan.

    Este tema no es nuevo dentro del mundo de la psicología. De hecho, uno de las figuras más representativas sobre los «debería» fue el psicoterapeuta cognitivo Albert Ellis. Para él, uno de los detonantes más comunes del malestar del ser humano eran los ‘tengo que, los debo, los siempre y los nunca’. Estas palabras configuran un tipo de creencias que siempre nos están cuestionando y situando alambradas a cada uno de nuestros pasos.

    Para entenderlo mejor, basta con descubrir los tres tipos de pensamientos más comunes que alimentan este enfoque mental irracional. Son los siguientes.

    «Te sientes principalmente tal y como piensas».

    -Albert Ellis-


    Los «debería», tres tipologías que te boicotean

    En primer lugar están los «debería» dirigidos a uno mismo. Son los más comunes y los que ponen los cimientos de nuestros enemigos más recurrentes, ahí donde alimentar desde la inseguridad, la falta de autoestima hasta desgaste emocional. Hacemos uso de ellos a través de discursos internos como los siguientes: debo agradar a todo el mundo, cumplir con todos los objetivos que me marco y respetar de manera absoluta la escala de valores que defiendo, etc.

    En segundo lugar, tenemos los «debería» dirigidos a segundas y terceras personas. Son esos diálogos que alimentan una forma inútil de pensamiento al decirnos cosas como: los demás deberían tenerme en cuenta, mis compañeros de trabajo deberían valorarme más, mi pareja debería hacer esto y no lo hace como yo quiero…

    Por último, y no menos importante, nos encontramos con esos «debería» orientados a una entidad superior, a la propia vida, al destino o al entorno. Un ejemplo sencillo de este tipo de razonamiento interno lo encontramos en esa persona que repite ideas como ‘la vida debería tratarme mejor porque soy buena persona’, ‘el mundo siempre ha sido injusto conmigo’…

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    ¿Cómo puedo apagar la voz de los «debería»?
    Imagina que llevas muchas horas hablando por el móvil. Llega un momento en que sientes incluso cómo el teléfono te quema, la cabeza te duele y hasta te has cansado de escuchar esa voz al otro lado de la línea. Con los «debería» sucede casi lo mismo, el cerebro queda agotado por ese diálogo interno irracional y desgastante; necesita un descanso, necesita desconectar y tomar el control.

    La clave está en ‘racionalizar’, en desactivar lo irracional, lo que no tiene sentido y no ayuda. Para ello, nada mejor que bajar el ritmo, dedicarnos tiempo y activar esa área de nuestra corteza prefrontal donde nuestro enfoque es más lógico, imparcial y centrado. Hay que enfriar la voz del diálogo negativo y darle volumen a la voz de la autoestima, ahí donde aprender a apreciarnos y no a torturarnos.

    Lo adecuado en estos casos es ser conscientes de esos esquemas mentales tan instaurados. Tienen raíces profundas, llevan mucho tiempo en nosotros y apenas nos damos cuenta de que ideas como debo esforzarme más para no equivocarme o debo hacerlo bien para no decepcionar a nadie’ son formas inútiles de sufrimiento. Detectemos sus presencias, desinfectemos su poder y hagamos uso de un diálogo interno en el que nos tratemos con más compresión.

    https://lamenteesmaravillosa.com/los-deberia-un-tipo-de-pensamiento-que-boicotea-bienestar/
     
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    El perfil psicológico del Joker, más allá de la máscara

    Si hiciéramos el perfil psicológico sobre el personaje del Joker, podríamos deducir que la mayoría de los «monstruos» no nacen, los crea la propia sociedad, pero... ¿qué más podríamos decir sobre él?
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    Es solo un personaje pero aún así, nos fascina. Y que nos fascine alguien que comete actos violentos, un sociópata con aires de grandeza guiado básicamente por el deseo de venganza, es algo que al mismo tiempo nos inquieta y que contradice incluso muchos de nuestros principios morales. Ahora bien, el perfil psicológico del Joker va mucho más allá del mero icono cultural.

    El universo conceptual que se inscribe detrás del villano más multifacético del mundo del cómic trasciende incluso los límites de su propia personalidad. En esta nueva producción cinematográfica, su director, Todd Phillips, indaga por primera vez en el origen del célebre payaso del crimen. Para ello, nos presenta a Arthur Fleck, un comediante fallido, un paria solitario víctima de una sociedad tan oscura como cruel.

    El recorrido que ha hecho el personaje del Joker en el mundo del cine es bastante extenso. Desde que Tim Burton nos lo presentó por primera vez allá por 1989, no ha hecho más que madurar una idea, trazar con aplomo y contundencia los trazos de un perfil muy claro. Ya en el Caballero Oscuro, y con la interpretación de Heath Ledger, vimos a un payaso que se alzó como algo más que un mero agente del caos.

    El Joker es lo que Thomas Hobbes definió en su Leviatán. Es el resultado de una humanidad claramente defectuosa e inherentemente corrupta. En medio de ese escenario de bajeza moral y oscuridad, el célebre antagonista de Batman, buscaba intensificar aún más esa destructividad casi innata de nuestra sociedad.


    Ahora bien, en esta última película estrenada hace pocas semanas, entendemos el por qué de ese deseo de destrucción e impulsividad hacia la violencia. Como nos señala Peter Vronsky, escritor y especialista en psicología criminal, la mayoría de los «monstruos» no nacen, los crea la sociedad.

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    El perfil psicológico del Joker
    La primera pregunta que, sin duda, nos viene a la mente cuando vemos la última producción sobre el Joker es por qué empatizamos de un modo tan intenso con él. Posiblemente, nunca habíamos visto a un villano tan humano y, a su vez, tan vulnerable. Es imposible no meterse en sus zapatos de payaso al ver su enfermedad y la carencia de una sociedad incapaz de asistir y dar una respuesta efectiva a quien lo necesita.

    El mundo de Gotham puede extraporlarse perfectamente a nuestra sociedad actual. Ahora bien, algo que por contra no debemos relacionar es el vínculo entre las enfermedades mentales y la violencia. El perfil psicológico del Joker es complejo, pero ningún trastorno justifica los actos poco éticos que vemos en la película. Es más, la gran parte de hombres y mujeres con una personalidad psicopática o con un trastorno de la personalidad antisocial, no son homicidas.

    Veamos a continuación, qué características podrían definir el perfil del Joker.

    La incontinencia afectiva
    Una de las características más llamativas del Joker es su risa incontrolable, escandalosa y, a menudo, hasta poco oportuna. Lejos de ser una invención de la industria DC cómic es interesante saber que se trata de una enfermedad real.

    La incontinencia afectiva o afección seudobulbar tiene como origen un daño neurológico, bien a causa de un impacto, un accidente o debido a una enfermedad neurodegenerativa.

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    Un pasado traumático
    Gran parte de los asesinos en serie de nuestra historia y de personas que cometen actos de gran violencia son sobrevivientes de algún tipo de trauma en la primera infancia.

    Realidades tan dramáticas como el abuso físico o sexual, la disfunción familiar o incluso progenitores emocionalmente distantes o ausentes genera en el cerebro infantil serias secuelas. Este es el caso precisamente de Arthur Fleck, quien más tarde da paso al personaje del Joker.


    Como curiosidad, cabe señalar que el trauma es el único elemento recurrente en gran parte de las biografías de la mayoría de los asesinos de nuestra historia. Una curiosa excepción sería la de Ted Bundy, quien entraría en ese componente biológico de la maldad, tal y como nos señalarían autores como la doctora Art Beaudet, del departamento de Genética Molecular y Humana de la Universidad de Medicina en Houston, Texas.

    Perfil psicológico del Joker: el trastorno de la personalidad antisocial
    Si hay una realidad que define por completo al Joker es el trastorno de la personalidad antisocial. En este trastorno de conducta, el sociópata se caracteriza básicamente por no ajustarse a las normas sociales y por cometer actos violentos y delictivos.

    • Asimismo, lleva a cabo un patrón repetitivo y persistente donde violar derechos básicos sobre las personas y la sociedad en general.
    • Aparece la agresión, los hurtos y el desafío a las leyes y normas sociales.
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    El Joker y nuestro deseo silencioso por romper las normas
    El Joker gusta y destila a su vez un controvertido encanto para la población en general. Y esto se debe básicamente a dos cosas, la primera es que por primera vez hemos logrado empatizar con el ser humano y no solo con el personaje.

    En esta última producción, y debido sobre todo a la sublime y hasta sobrenatural actuación de Joaquin Phoenix, se nos presenta el renacer de un Joker como consecuencia de una serie de eventos tan dramáticos como cercanos a su vez.

    En segundo lugar, hay algo evidente: sus crímenes no están alimentados por el deseo de dinero u otros fines materiales. Sus motivaciones son ideológicas y filosóficas. Es la oscuridad rebelada tras un trauma, la sombra que emerge tras el impacto de una sociedad que agrede, que ignora al débil, que se autoalimenta de su propia corrupción.


    La Sombra que hay en nosotros
    Estas ideas nos recuerdan, sin duda, al concepto de Sombra del que nos habló Carl Jung. En nuestro interior habitan unos impulsos adversos que debemos aceptar y sacar a la luz para sanarlos y proceder a la sanación. El perfil psicológico del Joker nos muestra que el personaje no solo deja escapar su Sombra, sino que lejos de sanarla sale a bailar con ella y la deja libre.

    Joker representa quizá esa parte de nosotros que ansía romper las reglas y reaccionar. De ese modo, si el Joker de Nicholson nos trajo a un gánster, el de Heath Ledger a un agente del caos, el Jared Leto a un sociópata, con Joaquin Phoenix vemos ante todo una clara señal de advertencia y una invitación directa a reflexionar como sociedad.

    https://lamenteesmaravillosa.com/el-perfil-psicologico-del-joker-mas-alla-de-la-mascara/
     
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    Nadie pierde por dar amor, pierde quien no sabe recibirlo

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    Nadie pierde por dar amor, porque ofrecerlo con sinceridad, con pasión y delicado afecto nos dignifica como personas. En cambio, quien no sabe recibirlo ni cuidar ese inmenso regalo es quien pierde de verdad. Por ello recuerda, nunca te arrepientas de haber amado y haber perdido, porque lo peor es no saber amar.

    Afortunadamente la neurociencia va ofreciéndonos día tras día reveladoras informaciones que nos explican por qué actuamos como actuamos en esto del amor. Lo primero que conviene recordar es que el cerebro humano no está preparado para la pérdida, nos supera, nos inmoviliza y nos enclaustra durante un tiempo en el palacio del sufrimiento.

    «El amor no tiene cura, pero es la cura de todos los males»

    -Leonard Cohen-


    Estamos programados genéticamente para conectar entre nosotros y para construir lazos emocionales con los que sentirnos seguros, con los que edificar un proyecto. Es así como hemos sobrevivido como especie, «conectando», de ahí que una pérdida, una separación e incluso un simple malentendido haga que salte al instante la señal de alarma en nuestro cerebro.

    Ahora bien, otro aspecto complejo sobre el tema de las relaciones afectivas es el modo en el que afrontamos dicha separación, dicha ruptura. Desde un punto neurológico cabe decir que empiezan a liberarse al instante las hormonas del estrés, conformando en muchos casos lo que se conoce como «el corazón roto«. Sin embargo, desde un punto emocional y psicológico, lo que sienten muchas personas es otro tipo de realidad.

    No solo experimentan el dolor por la falta del ser amado. Sienten una pérdida de energía, de aliento vital. Es como si todo el amor dado, todas las esperanzas y afectos dedicados a esa persona se hubieran ido también, dejándolos vacíos, yermos, marchitos…

    Entonces… ¿cómo volver a amar de nuevo si lo único que habita en nuestro interior es el polvo de un mal recuerdo? Es necesario que afrontemos estos momentos de otro modo. Te hablamos de ello a continuación.

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    Dar amor o evitar amar de nuevo
    Todos nosotros somos un delicado y caótico compendio de historias pasadas, de emociones vividas, de amarguras soterradas y miedos camuflados. Cuando se inicia una nueva relación nadie lo hace enviando previamente todas sus experiencias pasadas a la papelera de reciclaje. Nadie empieza de «0». Todo está ahí, y el modo en que hayamos gestionado nuestro pasado hará que vivamos un presente afectivo y emocional con mayor madurez, con mayor plenitud.

    «Es mejor haber amado y perdido
    que nunca haber amado en absoluto»

    -Alfred Lord Tennyson-


    Ahora bien, el hecho de haber vivido en piel propia una amarga traición o, sencillamente, percibir que el amor se ha apagado en el corazón de nuestra pareja cambia mucho el modo en que vemos las cosas. Dar amor con intensidad durante una época determinada, para después quedarnos vacíos y enclaustrados en la habitación de los recuerdos y las ilusiones perdidas, cambia muchas veces la arquitectura de nuestra personalidad.

    No falta quien se vuelve desconfiado, e incluso quien desarrolla poco a poco la gélida y férrea coraza del aislamiento donde interiorizar el clásico mantra de «mejor no amar para no sufrir«. Sin embargo, es necesario derribar una idea básica en estos procesos de lenta «autodestrucción».

    Nunca debemos arrepentirnos de haber amado, de habernos arriesgado a un todo o nada por esa persona. Son esos actos los que nos dignifican, los que nos hacen ser humanos y maravillosos a la vez. Vivir es amar y amar es dar sentido a nuestras vidas a través de todas las cosas que hacemos: nuestro trabajo, nuestras aficiones, nuestras relaciones personales y afectivas…

    Si renunciamos a amar o nos arrepentimos por haberlo ofrecido, renunciamos también a la parte más hermosa de nosotros mismos.


    [​IMG] Sanar el amor perdido
    Según un estudio llevado a cabo en la University College London, existen ciertas diferencias entre hombres y mujeres a la hora de afrontar una ruptura afectiva. La respuesta emocional parece ser muy distinta. Las mujeres sienten mucho más el impacto de la separación, sin embargo es común que se repongan antes que los hombres.

    Ellos, por su parte, suelen aparentar estar bien, se visten con la máscara de la fortaleza refugiándose en sus ocupaciones y responsabilidades. Sin embargo, no siempre logran superar esa ruptura o tardan años en hacerlo. ¿La razón? El s*x* femenino suele disponer de mejores habilidades para gestionar su mundo emocional. Facilitar el desahogo, buscar apoyo y afrontar lo ocurrido desde una perspectiva donde se halla el perdón y la actitud de pasar página suele hacer las cosas más fáciles.

    Sea como sea, y más allá de los géneros o del motivo que haya originado esa ruptura, quedan claras algunas cosas que es necesario inocular en nuestro corazón a modo de vacuna. Ningún fracaso emocional debe vetarnos nuestra oportunidad de ser felices de nuevo. Digamos «no» a ser esclavos del pasado y eternos cautivos del sufrimiento.

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    Otro aspecto que es bueno recordar es que amar no es sinónimo de sufrir. No alimentemos esperanzas o alarguemos el «chicle» de una relación que de antemano tiene fecha de caducidad. Una retirada a tiempo salva corazones y un adiós valiente cierra una puerta para abrir otra, esa donde el amor se conjuga siempre con la palabra FELICIDAD.

    https://lamenteesmaravillosa.com/nadie-pierde-dar-amor/
     
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    Déjate querer, porque el amor bonito no duele

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    Déjate querer, porque el amor que es bonito y auténtico no duele ni traiciona, ni tampoco entiende de lágrimas. El amor que vale la alegría es aquel que se ofrece con los ojos abiertos y el corazón encendido, es una relación madura y consciente donde no se llenan vacíos ni se alivian egoístas soledades.

    Si pensamos en ello durante un momento, nos daremos cuenta de lo arraigado que está en nuestra cultura popular la clásica idea del «quien bien te quiere te hará sufrir». Es algo erróneo. El dolor y el amor son dos cosas muy distintas. Porque la relación sincera basada en la reciprocidad, jamás tendrá en su composición un aditivo tóxico ni venenoso.

    Deja que te quiera bonito, permite que te quiera como mereces, porque mi querer no duele, y el amor que es real siempre vale la alegría, nunca las penas

    John Gottman es uno de los máximos especialistas en relaciones de pareja. En uno de sus libros, «¿Cómo hacer que la pareja dure?» nos explica que el secreto para que una relación sea duradera y feliz está en saber obsequiarse. Con ello, el profesor emérito de psicología de la Universidad de Washington, ensalza la necesidad de atenderse mutuamente, de demostrar interés sincero el uno por el otro y, ante todo, de crear significados y valores compartidos.


    El dolor, por tanto no tiene cabida ni sentido en estas relaciones. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

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    El desamor y su huella en nuestro cerebro
    Una de las características más notables de esas personas que logran establecer una relación de pareja basada en el respeto, la alegría y el crecimiento es que son capaces de amar como si nunca antes hubiesen sido heridas, sin volcar jamás en la nueva pareja el posible dolor de relaciones anteriores. No hay desconfianza ni rezuman amargura.

    Ahora bien, a su vez, encontramos esos otros perfiles convencidos de que el sí amor duele, y duele porque sus experiencias pasadas así se lo han confirmado. Hablamos claro está, del desamor. De hecho, según un estudio publicado en la revista «Journal of Neurophysiology« ante una ruptura o una decepción afectiva nuestro cerebro reacciona de igual modo que ante el dolor físico.

    Para hacer frente a estas situaciones tan delicadas, está surgiendo en la actualidad un interesante enfoque basado en la neurobiología relacional. Esta teoría tiene como principal punto de partida la idea de que nuestro cerebro, gracias a la neuroplasticidad, es capaz de curar «estas heridas», estas improntas de dolor.

    Si fuéramos capaces de reconstruir nuevos tejidos y fortalecer más aún esos enlaces neuronales afectados por el dolor del trauma emocional, lograríamos sin duda un equilibrio interno más saludable.

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    La teoría de la «Neurobiología interpersonal» (IPNB) fue desarrollada por el psiquiatra Dan Siegel. Según el propio autor, el mejor modo de sanar esos circuitos neuronales afectados por la indefensión o el desconsuelo tras un fracaso sentimental es practicar la meditación.

    El hecho de favorecer un estado de calma donde volvamos a conectar de nuevo con nosotros mismos, es una forma muy adecuada de encontrar ese punto de equilibrio donde entender que lo que duele no es amor en sí, sino más bien nuestras acciones y reacciones. Nuestra incapacidad de saber «obsequiarnos» mutuamente como nos indica John Gottman.

    El amor bonito, el que no duele ni sabe a lágrimas
    Lo que duele es el desamor nunca el AMOR en mayúsculas. Lo que apaga y desconsuela es la batalla perdida, el cansancio de un corazón yermo, hueco de esperanzas. Ahí donde ya no se confía en el «te prometo que voy a cambiar» o «estoy seguro de que las cosas van a ser diferentes ahora».

    Quiero un amor así, de miradas cómplices, de palabras llenas, de corazón humilde y caminos compartidos

    Hemos de negarnos en rotundo a que nos vendan un amor con sabor a lágrimas. A que nos convenzan de que el auténtico aprendizaje de la vida llega con el sufrimiento, y que todos, de algún modo, hemos de experimentarlo para poder así nacer de nuevo, nacer de verdad.

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    Ahora bien, la felicidad también enseña y mucho. Porque en el amor con letras mayúsculas no hay acentos hirientes, ni minúsculas cargadas de egos, miedos y desconfianzas. El cariño que es bonito no duele ni busca herir y si en algún momento aparece la sonrisa apagada y la mirada baja, la otra persona buscará la razón de esa nube pasajera y la escampará al instante.

    Tal y como nos recordaba Erich Fromm, el amor es por encima de todo un acto de fe. Podríamos verlo también como un salto al vacío, donde a pesar de que nadie nos asegure que todo vaya a salir bien, no dudamos en arriesgarnos, en ofrecer siempre lo mejor de nosotros mismos para obsequiar y ser obsequiados.

    Para dar felicidad, nunca amarguras.

    https://lamenteesmaravillosa.com/dejate-querer-amor-bonito-no-duele/
     
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    «Perdóname», palabra mágica capaz de solucionar malos entendidos

    Hay quien sustituye la palabra «perdóname» o «lo siento» por una excusa. Este tipo de personas, además de tener una baja inteligencia emocional, descuidan el poder intrínseco del perdón para sanar malentendidos y reparar relaciones.
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    «Perdóname» no es una palabra cualquiera; de hecho, es el ingrediente mágico para que cualquier relación funcione. Decía Gandhi que el perdón es el atributo de los fuertes, porque de algún modo, pronunciar estas palabras en voz alta requiere de grandes dosis de valentía, humildad y fortaleza de carácter para asumir los errores o agravios cometidos.

    No diríamos ninguna mentira si afirmáramos que al ser humano le falta una mayor competencia en esta materia. Relacionamos la práctica del perdón en esas situaciones quizá más graves, donde son necesarias las palabras para reparar heridas, para facilitar el poder pasar página y avanzar. Sin embargo, saber pedir perdón en realidad es un acto que deberíamos llevar a cabo con mayor frecuencia en nuestro día a día.

    Frases como ‘perdón por no haber cumplido lo que te prometí, por haberte exigido algo que no era de tu competencia, perdón por no haberte respondido bien, por no haberte llamado cuando lo necesitabas, etc.’, conforman sin duda esas situaciones donde se agradece saber conjugar esta palabra mágica. La psicología del perdón nos dice que este acto es la piedra angular de las relaciones humanas y que como tal, deberíamos hacer un mejor (y mayor) uso de ella.

    «Cuando perdonas, liberas tu alma. Pero cuando dices, lo siento, liberas dos almas».


    -Donald L. Hicks-

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    «Perdóname», una palabra con elevado poder
    Los malentendidos forman parte del paisaje social. A veces, entendemos lo que no es o hacemos juicios claramente equivocados. Otras veces, descuidamos sin querer a quien más apreciamos porque damos por sentado que no pasa nada, que quien nos aprecia no se ofende… Y sin embargo, sucede, surge el disgusto, la desilusión.

    Podríamos poner mil ejemplos de esas situaciones tan comunes en las que surgen las pequeñas desavenencias. No obstante, debemos tenerlo claro, las pequeñas cosas que no se resuelven y que se acumulan, acaban dando forma a algo más grande. Así, por ese agujero que se crea mediante el descuido en una relación acaba por escaparse la confianza, la reciprocidad y hasta el afecto.

    Un «perdóname» a tiempo salva amistades, amores, compañerismos e incluso el respeto de nuestros hijos. Sin embargo, hay quien no sabe usar esta palabra, y aún más, los hay que no dudan en sustituir un lo siento por cien excusas. Porque, para esas mentes, el perdón es sinónimo de debilidad. De ahí, que para sus altivas dignidades sea mejor recurrir a esa burda excusa con tal de justificar el fallo, ese agravio, ese descuido.


    «Perdóname», sé que te he decepcionado y lo sucedido no volverá a ocurrir
    En psicología es común que hablemos de la necesidad de saber perdonar. Algo que la mayoría sabemos es que suele costar bastante dar el perdón a alguien que nos ha hecho daño. Ahora bien, un aspecto del que no se habla tan a menudo es sobre la dificultad existente a la hora de dar el paso y pedir el perdón de alguien.


    Lo creamos o no, es complicado; lo es porque se requiere de dimensiones tan importantes como una buena empatía, reconocimiento del daño provocado, valentía para dar el paso y, lo que es más importante, adecuadas habilidades sociales para hacerlo de manera correcta.

    Un aspecto que debemos tener en cuenta es que un «perdóname, siento lo sucedido» no sirve de mucho si no hay cambio en la conducta. Pongamos un ejemplo. Un padre le pide perdón a su hijo por no haber cumplido una promesa.

    Ahora bien, es posible que ese niño acepte las disculpas de su padre. Sin embargo, si las promesas hechas se siguen incumpliendo de manera reiterada, el perdón pierde su significado. Pasa a ser aire, solo son palabras vacías. De ahí que, más allá de la valentía y la responsabilidad, sean necesarias las conductas reparadoras.

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    Personas que nunca piden perdón, ¿qué podemos hacer?
    Es posible que muchos tengamos en nuestro entorno cercano a esa persona incapaz de pronunciar un «perdóname» y un «lo siento». Esperamos, confiamos en que en algún momento den el paso y, sin embargo, lejos de hacerlo, asumen actitudes más altivas, ahí donde llegar a hacernos creer que la culpa es nuestra o que lo sucedido carece de importancia.

    ¿Qué podemos hacer ante este tipo de situaciones? Lo primero es comprender qué hay detrás de estos perfiles. Sabemos, que quien se obstina en no pedir perdón lo que hace es intentar proteger su autoestima. Asimismo, padecen un conflicto con la imagen que desean proyectar, asumiendo que el acto de pedir perdón es sinónimo de debilidad y falibilidad; una forma de perder la confianza de los demás y, de paso, la propia.

    Tal y como podemos asumir, no resulta fácil convivir con alguien que relaciona debilidad con el reconocimiento del error. Si esto persiste, si esa falta de inteligencia emocional no se resuelve, viviremos en un estado de frustración y sufrimiento constante. Hacer vida con quien sustituye un «lo siento» por una excusa no es saludable. Por otro lado, tampoco podemos forzar a nadie a pedirnos perdón, porque ese paso debe emerger del corazón y de la necesidad auténtica de reparar lo dañado.

    Pensemos en ello, saber pedir perdón es una competencia que debería enseñarse desde la infancia. Al fin y al cabo, pocas palabras son tan relevantes en nuestro día a día.

    https://lamenteesmaravillosa.com/perdoname-palabra-magica-capaz-de-solucionar-malos-entendidos/
     
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    El mito de Dafne y el miedo a la s.e.x.o


    El mito de Dafne es una historia de amor fallida entre esta ninfa y el dios Apolo. Más allá de la propia historia, entre líneas nos describe lo que se conoce como “angustia de penetración” o miedo al s*x* en las mujeres. Dafne y su historia son representaciones del mismo.
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    Cada vez que se habla del mito de Dafne es necesario hablar también de Apolo. La historia de estos dos personajes es inseparable. Tal historia ha servido también para definir una dificultad psicológica: el complejo de Dafne, también llamado angustia de penetración o fobia al s*x*.

    Dafne era una ninfa de los árboles, completamente dedicada a la naturaleza y a la caza. Era hija del dios río y de una ninfa de las aguas. Era una criatura muy hermosa. Cuenta el mito de Dafne que tuvo muchos pretendientes, pero los rechazaba a todos. Ella solo pensaba en andar libremente por la naturaleza.

    Su padre le pidió que se casara, pues ansiaba tener nietos. Sin embargo, la ninfa no compartía su ilusión. Por eso, le rogó que le permitiera estar soltera para siempre, como la diosa Artemisa. El padre aceptó, pero le advirtió que no sería fácil alejar de ella a los diferentes pretendientes que siempre la acompañaban.

    “Una de las supersticiones del ser humano es creer que la virginidad es una virtud”.


    -Voltaire-

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    El mito de Dafne y Apolo

    Apolo, por su parte, era el dios de la música, de la poesía, de la luz y de las artes adivinatorias. Era hijo de Zeus y de Leto, la diosa de la noche y del día. Su única hermana, Artemisa, era la diosa de la caza. Era muy admirado por su belleza y talento. Además había tenido numerosos romances con diosas, ninfas y mortales.

    Dice el mito de Dafne que en una ocasión cazó con su flecha a una serpiente pitón, por lo cual se vanaglorió. Poco después vio a Eros, el dios del amor, disparando una de sus flechas. Apolo se burló de como utilizaba el arma, señalando que era demasiado femenina y torpe. Este comentario ofendió profundamente a Eros.

    Para vengarse, Eros le disparó una flecha de oro a Apolo. Luego, disparó una flecha de plomo a Dafne. La flecha de oro, que era la del amor, hizo que Apolo quedara inmediatamente prendado de la ninfa. En cambio, la flecha de plomo, que era la del rechazo y la frialdad, generó el efecto opuesto en Dafne, que ya era de por sí amante de la soltería.

    Un amor desdichado
    Con la flecha de Cupido en su corazón, Apolo sintió que no podía vivir sin Dafne. Por eso comenzó a perseguirla sin tregua. Cuenta el mito de Dafne que no la dejaba en paz ni un momento: se convirtió en sus sombra. Ella huyó y se internó en el bosque, pero Apolo le pidió a los dioses que le ayudaran a encontrarla y estos lo complacieron.

    Dice el mito de Dafne que cuando la ninfa se vio descubierta, invocó a su padre para que la salvara del deseo de Apolo. Su padre la escuchó. Cuando Apolo estaba a punto de tocarla, la piel de Dafne comenzó a cambiar. Se tornó rugosa, como la corteza de un árbol.


    Luego, sus cabellos se convirtieron en hojas y sus brazos en ramas. Así mismo, sus pies se convirtieron en raíces y se hundieron en la tierra. Desilusionado, pero lleno de amor, Apolo prometió que siempre la amaría. También que pondría sus hojas en las cabezas de los héroes.

    Así mismo, le cedió sus poderes de eterna juventud para que siempre estuviera verde. La palabra Dafne significa laurel. Y una corona de laureles es lo que desde entonces se le pone en la cabeza a los héroes.

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    El complejo de Dafne
    El mito de Dafne se ha interpretado como un relato que habla acerca del temor de algunas mujeres a tener relaciones sexuales. No quieren ser tocadas por ningún hombre y por eso muchas se negarían a sí mismas la posibilidad de tener pareja.

    Se habla del complejo de Dafne cuando existe ese patrón de comportamiento. Este se debe, generalmente, a una educación sexual inapropiada que se torna demasiado restrictiva. También es posible que haya experiencias de abuso durante la infancia o creencias equivocadas en torno a la sexualidad. Como en el mito de Dafne, quieren estar solteras para siempre.

    En algunos casos, es tan fuerte su resistencia a tener relaciones sexuales que durante las mismas pueden llegar a presentar un espasmo muscular. Este hace que la vagina se contraiga al máximo y las relaciones sexuales se tornen dolorosas. Lo más frecuente es que este tipo de síntomas aparezcan en mujeres muy jóvenes, pero también pueden estar presentes en aquellas con más edad.

    https://lamenteesmaravillosa.com/el-mito-de-dafne-y-el-miedo-a-la-s*x*/
     
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    Sé fiel a ti mismo


    Los patrones sociales no tienen que ser cumplidos por todos de la misma manera. Por el contrario, podemos convivir bajo ciertos patrones comunes, pero sin abandonar aquello que nos identifica, aquello en lo que creemos.
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    Sé fiel a ti mismo; sé fiel a tus ideas, tus creencias, a lo que necesitas, a lo que quieres, a lo que deseas, a tus propias aspiraciones, aunque sean diferentes al resto de las personas. En este sentido, en ocasiones resulta complicado seguir las propias convicciones, sobre todo cuando lo que pensamos y/o sentimos no coincide con la mayoría de las personas que nos rodean esperan.

    Por ello, en el momento que nuestra propia convicción va en contra y/o es diferente al resto de personas, pueden entrarnos dudas sobre si nuestras creencias son adecuadas. O quizás nos cueste expresarlas o llevar a cabo esa actividad que tanto nos gustaría realizar por ajustarnos a las expectativas o a la norma. Esto es, por ejemplo, ¿cómo voy a decirle a mis amigos que aquello que llevamos haciendo toda la vida no me resulta agradable y que preferiría cambiarlo?

    «Sé fiel a lo que existe dentro de ti».

    -André Gide-


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    ¿Seguimos las normas sociales?
    Las normas sociales, según Bicchieri, son el resultado de las interacciones de los individuos y deben entenderse como una especie de gramática de las interacciones sociales. De tal modo que, al igual que una gramática, un sistema de normas especifica qué es aceptable y qué no lo es en una sociedad o grupo.

    Asimismo, Émile Durkheim, en su trabajo Las reglas del método sociológico, define las normas sociales con el concepto de hecho social, el cual se refiere a todo comportamiento o idea presente en un grupo social. Según el autor, el hecho social ejerce un poder coercitivo sobre la conducta de las personas, moldeándolas y predisponiéndolas a comportarse y pensar de una determinada manera.

    En definitiva, las normas sociales rigen nuestra conducta, aquello que tenemos que llevar a cabo y definen el cómo, cuándo, dónde y el porqué de nuestro comportamiento desde un punto de vista social. Si bien es cierto que las normas son fundamentales para todos los seres humanos, pues es necesario seguir pautas comunes y, a su vez, sentir que pertenecemos a un colectivo, no todas las normas sociales tienen que cumplirse: también podemos desmarcarnos de la norma común.

    «Cuando alguien se sale de las normas culturales, la cultura tiene que protegerse»

    -Robert M. Pirsig-

    Sé fiel a ti mismo en un mundo lleno de normas sociales

    Ser fiel a uno mismo significa tomar partido por nuestras propias convicciones y creencias. Ahora bien, ¿ser fiel a uno mismo significa abandonar las normas sociales? Pues, la autofidelidad es totalmente compatible con seguir las normas y, además, es saludable. ¿Acaso podríamos vivir en un mundo sin seguir ninguna norma o patrones comunes?

    Está claro que los patrones sociales comunes tienen su función y su razón. Los patrones no tienen que ser cumplidos por todos de la misma manera, sino que, por el contrario, podemos convivir bajo ciertos patrones comunes… pero sin abandonar aquello que nos identifica, aquello en lo que creemos.

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    La clave está en el autoconocimiento
    Sé fiel a ti mismo parte del autoconocimiento, pues no podemos ser fiel sin conocimiento: necesitamos conocer cómo somos, qué nos inquieta, cuáles son nuestros gustos y nuestras aspiraciones para poder ser fiel a nosotros. En este sentido, responderte ciertas preguntas pueden acercarte a ese autoconocimiento: ¿qué hago?, ¿qué pienso?, ¿qué siento?, ¿qué quiero en realidad?

    A su vez, el autoconocimiento puede acercarte a partes de ti mismo que en este momento no terminas de comprender. Quizás pueda acercarte a partes de ti que no son socialmente aceptadas y, por ende, te resulte complicado sacarlas a relucir y/o aceptarlas, puesto que no es lo que conoces como «común». O cabe la posibilidad, entre muchas otras, de que te quieras autoimponer ciertas creencias por no desmarcarte de la costumbre.

    En definitiva, realiza un ejercicio interior contigo mismo, inspecciona qué sientes, escucha tu voz interior, prueba a entenderte, ya que sólo así podrás serle fiel a la única persona que está y estará siempre contigo: tú mismo.

    https://lamenteesmaravillosa.com/se-fiel-a-ti-mismo/
     
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    Vivir sin ganas, cuando la apatía se apodera de mí

    La tristeza, la apatía o la desgana son síntomas de que algo no marcha bien. Sin embargo, muchas personas cargan con ellas sin intervenir, sin comunicarse y sin pedir ayuda. Pero, ¿por qué ocultan cómo se sienten? ¿Qué podemos hacer si somos nosotros los que nos encontramos en esta situación?
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    Vivir sin ganas es el reflejo global de la apatía y desmotivación por lo que esperamos del presente y futuro. Levantarnos, cada día, en este estado, puede convertirse en un suplicio. Una cuesta arriba que se vuelve realmente empinada por la inercia que gobierna nuestro estado mental.

    No olvidemos que, para las personas que viven sin ganas, levantarse cada mañana conlleva dedicar tiempo a determinadas tareas con la sensación de no tener fuerzas para realizarlas. En cierto modo, necesitan hacer un esfuerzo extra, requerido por el lastre con el que cargan, para alcanzar objetivos poco costosos (desayunar, vestirse, ducharse…). Por otro lado, la apatía es tan elevada que se les hace un mundo tomar la iniciativa.

    «Lo contrario del amor no es el odio sino la apatía».

    -Leo Buscaglia-


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    Vivir sin ganas en silencio
    En ocasiones, la apatía pasa desapercibida, porque la persona suple la carencia de motivación con esfuerzo. Así, quienes rodean a una persona que vive en una espiral de desgana pueden no percatarse del dolor que pueda estar sintiendo esa persona. Pensemos, ¿cómo voy a percibir que está sintiendo una constante apatía si se comporta igual que siempre?

    Este es un punto relevante. Muchas veces no le damos la importancia que merece al estado emocional del otro por la ausencia de síntomas externos salientes. La persona sigue cumpliendo en el trabajo, con las obligaciones familiares, acudiendo a las reuniones sociales…, incluso en su rostro podemos ver reflejadas sonrisas; sin embargo, a nivel interno, no existe ilusión.

    «La tristeza es también un tipo de defensa».

    -Ivo Andric-

    Ante la apatía, evita los tópicos
    Cuando alguien nos cuenta cómo se siente, tendemos a caer en las típicas frases con frecuencia: «eso no es nada», «ya verás cómo se te pasa», «nos ocurre a todos», «anímate», «no le des tanta importancia»… Señalar que, aunque la intención sea la de ayudar, para una persona que vive sin ganas, las típicas frases motivadoras pueden no ser reconfortantes. Al contrario, la sensación de no ser entendida puede hacer que corte los canales de comunicación y se encierre en sí misma.

    Entonces, ¿qué hago si alguien me cuenta que se siente apático? Pues bien, realmente esa persona puede estar necesitando tu apoyo y tu escucha activa: sentir que le entiendes, que comprendes por lo que está pasando, que estarás ahí. Es probable que le reconforte expresar lo que significa para él vivir sin ganas, utilizar la voluntad de manera constante para cumplir con cada tarea.

    «El desánimo es la piedra que inevitablemente tienes que pisar para cruzar el río. Puede que te caigas, pero siempre puedes levantarte o nadar para terminar cruzándolo».


    -Anónimo-

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    Más allá de la apatía
    Vivir sin ganas, apático, puede tener un componente fisiológico, tal y como afirma un equipo de investigación. Asocian la desmotivación y la apatía a unos circuitos cerebrales muy concretos que en ciertos momentos pueden evidenciar ciertas anomalías en su funcionamiento. Pensemos que detrás de la desgana es posible que existan condicionantes más allá de las circunstancias externas.

    A su vez, la apatía podría esconder ciertas patologías y problemas psicológicos subyacentes, tales como la depresión mayor o la distimia. Por ello, uno de los primeros pasos para superar este estado es descartar problemas médicos (factores causales hormonales u orgánicos) y/o psicológicos.

    Dejando a un lado el origen de la apatía, es importante buscar apoyo. Lo podemos hacer tanto en el entorno más cercano como en el campo de profesionales especializados, pues el sufrimiento a veces nos desborda de tal manera que necesitamos ayuda externa para superarlo.

    «Si no has aprendido de la tristeza, no puedes apreciar la felicidad».

    -Nana Mouskouri-

    https://lamenteesmaravillosa.com/vivir-sin-ganas-cuando-la-apatia-se-apodera-de-mi/
     
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