Aumenta la desigualdad en educación: la mitad de los alumnos pobres repiten curso

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El número de estudiantes de origen socioeconómico bajo que repitió curso en secundaria aumenta casi diez puntos en doce años. Las "disfunciones" más importantes del sistema educativo tienen que ver con las diferencias académicas según la clase social.

Este viernes es el Día Internacional de la Educación. En España se podría celebrar esta fecha porque el acceso a una educación de calidad ha mejorado en la última década. Sin embargo, un dato negativo pesa sobre las mejoras: la desigualdad de oportunidades en la educación crece entre los alumnos más pobres y más ricos.

Esta conclusión deriva del último informe sobre educación del Observatorio Social de "La Caixa". El documento, avanzado a Público, incide en que las "disfunciones" más importantes del sistema educativo español son los altos niveles de abandono escolar, el elevado peso del origen socioeconómico en los resultados académicos y el alto nivel de segregación por origen social.

Uno de los datos concretos del informe es que uno de cada dos estudiantes de secundaria cuyos padres tienen un nivel socioeconómico bajo ha repetido curso y en las familias de nivel alto sólo repiten uno de cada nueve alumnos. En consecuencia, estas diferencias aumentan la probabilidad de abandono escolar de los estudiantes más pobres.

Estas desigualdades han aumentado con los años. En 2003 el porcentaje de alumnos que repitió curso de origen socioeconómico bajo era de 40,9 puntos. En 2015, último dato al que se tiene acceso, aumentó hasta el 49,9%. Pero esto no sucede en todas las clases: en las de origen medio creció, pero del 31,1 al 32,4. Mientras que en las familias ricas sólo aumentó unas décimas: del 15,1 al 15,5.

El nivel de segregación en las aulas por origen social también aumentó unas décimas. Todo el informe se realiza por la división socioeconómica en tres grupos del indicador de PISA, estatus que enmarca a las familias dentro de la jerarquía social según una variedad de datos relativos a su bienestar físico, económico y social.

Siguiendo esto, el nivel de segregación en las aulas por este motivo aumentó del 23,1% en 2006 al 23,8% en 2015. Un crecimiento ligero pero que es importante porque los autores del informe — los profesores y miembros de Equalitas Luis Ayala Cañón, Olga Cantó Sánchez, Rosa Martínez López, Carolina Navarro Ruiz y Marina Romaguera de la Cruz — destacan que "la segregación es un importante freno para que la escuela juegue un papel determinante en la cohesión social".

Para analizar esto los autores utilizaron un índice que se basa en identificar los alumnos que tendrían que cambiar de centro escolar si no existiera segregación. Según los resultados, uno de cada cinco alumnos de origen socioeconómico bajo y uno de cada cuatro de origen alto deberían cambiar de centro para que esto se cumpliera. Y, en concreto, el 80% de esta segregación "se explica por la concentración del alumnado de origen socioeconómico alto y bajo en determinados centros", según apuntan los expertos del informe.

Además, el número de personas que no consiguen tener un nivel educativo superior al de sus padres tampoco dan mejores resultados. Los niveles de persistencia intergeneracional en España son de una de cada dos personas, por debajo de la media europea que sitúa el ratio en uno de cada tres.

Los resultados del informe también muestran que el origen social también tiene consecuencias sobre el aprendizaje y las competencias, especialmente, en matemáticas y en compresión lectora. El porcentaje de personas que no alcanzan competencias suficientes en ambos ámbitos era en 2015 tres veces mayor entre el alumnado de origen social bajo que entre el de origen social alto.

Poca inversión en alumnos y aumento del gasto de las familias
España continúa siendo uno de los países que menos gasta en educación en relación a su PIB comparado con la media europea. Siguiendo los datos de 2015, solo hay siete países europeos que gasten menos que España. En gasto por alumno sobre el PIB, España también se coloca por debajo de la media, con un 10% menos de gasto. Pero, frente a estos datos, el gasto de las familias en educación ha ido aumentando.

Como destaca el informe, un sistema educativo inclusivo "no debería exigir un abultado gasto privado" en el gasto ligado al aprendizaje en la escuela. Los autores señalan que, al ser así, el aprendizaje es distinto según el poder adquisitivo de las familias.

Para analizar esto en el informe midieron el porcentaje de personas que viven en familias con menores de 25 años en las que el gasto privado en educación supera el diez por ciento del gasto familiar total. Estos gastos incluyen tanto el coste de libros de texto como los pagos regulares a
centros educativos de primaria, secundaria, Bachillerato, Formación Profesional y Educación superior, incluidos los cursos de máster, de idiomas o de informática y también los pagos a academias o profesores particulares.

Los resultados revelan que en 2006 un 2,4% de la población se encontraba en este grupo y que, desde entonces, esta cifra se ha doblado. En 2017, un 6% de las personas superaron este nivel de gasto. Pero, además, el peso de los gastos privados en educación en proporción al gasto total difiere significativamente entre familias con distinto nivel de renta: solo el 2,5% de la población que pertenece al 20% más pobre dedican más del 10% su gasto a esto, mientras que en la población que pertenece al 20% más rico el porcentaje es de un 14%.

Por todo esto, pese a que hay conclusiones positivas como las mejoras en el acceso a la educación, destacan las desigualdades por cuestión de clase: desde el alto abandono escolar a la persistencia intergeneracional del bajo nivel educativo o la segregación. Sobre todo por este último dato en el informe concluyen: "Se lastran las posibilidades que ofrece la generalización de la educación para mejorar las oportunidades de los que nacen en contextos más vulnerables".

 

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Y no tendrá que ver algo el descontrol de inmigrantes que hemos recibido, la mayoría desconociendo el idioma y a mitad de curso se los llevaban a sus países para visitar a la familia que se han dado casos y retrasando al resto del alumnado (no es racismo, es realismo)
 
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El modelo laboral impuesto tras la crisis económica no solo ha empobrecido a las capas sociales más desfavorecidas. También se ha cebado con sectores que parecían a salvo: ir a la universidad ya no es un blindaje contra la precariedad. Desde el inicio de la crisis, la cifra de universitarios pobres ha crecido un 29% en España. Prácticamente uno de cada diez está bajo el umbral de la pobreza.

Si en 2008 esta tasa era del 7,2% sobre el total, en los peores momentos de la crisis llegó a alcanzar el pico del 10,4%. El pasado año, esa cifra se quedó en el 9,3%. A esto se suma que hay unos 200.000 más que hace una década, por lo que el aumento también es en términos absolutos. Muchos temen que la excepción se haya convertido en norma.

La tasa AROPE mide el riesgo de pobreza y aborda la problemática de forma más amplia, con conceptos como el de "privación material severa", no poder afrontar gastos imprevistos o tener dificultades para llegar a fin de mes. Ésta era del 9,8% en 2008, cifra que se ha incrementado hasta el 12,6%. Todos son datos del último informe de la Red Europea contra la Pobreza (EAPN), donde están adscritas organizaciones como Cáritas o Cruz Roja.

(...)

Ante esta coyuntura, muchos se han marchado a otros países y otros incluso optan por seguir formándose. "Entre quienes se han quedado, prácticamente la mitad están en paro, algo que afecta en mayor medida a las mujeres según avanza la edad", detalla Malgesini: "Entre los 25 y los 29 años, la tasa de paro de hombres es del 40,7% y de las mujeres, del 60%".

Una situación que tiene su causa en que "algunas mujeres inician procesos de maternidad y eso las sitúa en condiciones muy precarias o las saca del mercado de trabajo". Otro factor que influye es el tipo de carrera, pues "tener un título universitario no significa gran cosa: hay que ver la demanda de empleo que tiene y de qué". "Las mujeres no estamos en las carreras tecnológicas, con empleos mejor remunerados y mayor inserción, como las ingenierías", ejemplifica.