Adiós a la música: Enfermedad retirará para siempre a Eric Clapton.

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El músico padece una neuropatía periférica que compromete los brazos y piernas específicamente, lo que impedirá que toque su guitarra.


CIUDAD DE MÉXICO.- Eric Clapton fue diagnosticado con neuropatía periférica, enfermedad que compromete los brazos y piernas específicamente, por lo que se alejará de los escenarios, informó la revista 'Classic Rock'.

Los malestares en la salud de músico se han manifestado poco a poco y detalló al medio británico que: "He sentido mucho dolor durante el último año. Empezó con un dolor lumbar y después se desplazó a otros lugares", publica Milenio Digital.

Con el avance de su enfermedad y el deterioro del uso de sus extremidades se le complicará usar su guitarra. Para explicar cómo afecta esta enfermedad, el médico Mario Germán Ospina explicó al diario el País que:

"Esta enfermedad es una patología en los nervios a nivel periférico, que afecta generalmente las extremidades. Tiene gran incidencia en la calidad de vida. Más que ser mortal, es una enfermedad incómoda porque los pacientes padecen dolores de difícil manejo, que los medicamentos comunes no alivian".


Entre los síntomas que sufre el músico se encuentra: cosquilleo en las manos y en los pies, la sensación de tener puestos guantes o calcetines apretados, repentinos dolores agudos, insensibilidad en los dedos y debilidad de las extremidades.
 

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Los nervios rotos de Eric Clapton
La carrera del guitarrista pende de un hilo por cuenta de una neuropatía periférica.
Por: CARLOS FERNÁNDEZ |

11:59 p.m. | 2 de julio de 2016

Foto: Getty Images/AFP

El mal que padece Clapton prácticamente le puso fin a su brillante carrera.



“He sentido mucho dolor durante el último año. Empezó como algo menor en la espalda”, le dijo Eric Patrick Clapton –uno de los mejores guitarristas del mundo– a la revista Classic Rock, hace unas semanas, lo que confirmó el creciente rumor de que el legendario músico británico padecía una enfermedad que lo había obligado a cancelar algunos conciertos.

Al describir su molestia como un sufrimiento “parecido al de unas descargas eléctricas” que viajan hasta sus piernas, el compositor de Layla and other assorted love song y Tears in heaven, tema que escribió tras la trágica muerte de su hijo Connor, de cuatro y medio años, describió con exactitud uno de los síntomas principales del mal que enfrenta: una neuropatía periférica.





El otro síntoma que confirma ese diagnóstico lo enunció como una sentencia con un lánguido “es difícil tocar la guitarra así, y he tenido que aceptar el hecho de que no va a mejorar”, que prácticamente puso fin a su brillante carrera.


Y no es exagerado decir que sus palabras confirman el diagnóstico, porque la enfermedad se caracteriza por dolores como “corrientazos”, acompañados de pérdida progresiva del movimiento. Las siguientes claves permiten entender en qué consiste la dolencia que padece el intérprete de la Stratocaster.

¿Qué es la neuropatía periférica?

Es el daño de los nervios del cuerpo, que son como una vasta red de comunicaciones que lleva información desde el cerebro y la médula espinal al organismo, y devuelve en sentido contrario los estímulos sensoriales que se producen en el cuerpo. Como cada nervio tiene una función, las manifestaciones de los daños son variadas y, dependiendo de la severidad del daño, van de leves a graves y de temporales a irreversibles.

¿Por qué se dañan los nervios?

Se pueden lesionar por causas hereditarias o adquiridas. Dentro de las últimas están traumas, tumores, tóxicos, respuestas autoinmunes (cuando el mismo cuerpo los ataca), deficiencias nutricionales, alcohol, trastornos vasculares y desórdenes metabólicos, como la diabetes.

¿Cuántos tipos de neuropatías hay?

Existen más de cien. De acuerdo con el tiempo de aparición y duración las hay agudas y crónicas (que duran mucho tiempo). Según el número de nervios afectados pueden ser mononeuropatías (afecta un solo nervio) o polineuropatías (daño en varios nervios). Según su evolución pueden ser temporales, permanentes, progresivas o degenerativas.

¿Cuáles son los síntomas?

Estos se relacionan con el tipo de nervio afectado. Esencialmente pueden ser pérdida o dificultad para el movimiento, cuando el afectado es un nervio que lleva órdenes motoras desde el cerebro o la médula espinal a los músculos; sensitivos, con pérdida de capacidad para sentir o la anestesia total, si el nervio lleva sensibilidad desde alguna parte del cuerpo hacia el sistema nervioso central; autónomos, si los dañados son los nervios que manejan la respiración, el corazón, la digestión o los esfínteres. También pueden ser mixtos. Las manifestaciones también pueden ser en forma de calambres, adormecimiento, debilidad, corrientazos, hormigueos, cosquilleos, anestesia, incapacidad para resistir el roce de la piel y dolor insoportable de difícil tratamiento.

¿Cómo se diagnostica?

La base del diagnóstico es un examen clínico. Por lo general los síntomas orientan hacia los nervios (sensitivos, motores, mixtos) y las partes del cuerpo afectados.

Esto se confirma con un examen de neuroconducciones y electromiografía que definen tipo, severidad del daño y nervios afectados. Es importante, de acuerdo con los síntomas, identificar la causa. Si se sospecha diabetes hay que medir el azúcar, si se cree que es tóxica es necesario descartar presencia de sustancias dañinas; igualmente se pueden requerir imágenes, biopsias y otros análisis de laboratorio.

¿Cuál es el tratamiento?

Existen dos componentes en el manejo. Uno orientado a manejar la causa que actúa sobre los nervios. Quiere decir que hay que tratar la diabetes, eliminar los tóxicos, retirar los medicamentos que pueden estar afectando las estructuras nerviosas y manejar las enfermedades concomitantes.

El otro es sintomático; este tiene como objetivo aliviar el dolor, mejorar la funcionalidad del movimiento y prevenir el deterioro. Se logra con analgésicos específicos, moduladores neurológicos, planes integrales de rehabilitación y bloqueos nerviosos, entre otras terapias.

¿Qué pronóstico tiene?

El pronóstico y evolución dependen del tipo de neuropatía. Hay algunas que pueden recuperarse totalmente, otras tienen un curso crónico y otras son degenerativas y empeoran con el tiempo.

¿Cuál es la que tiene Eric Clapton?

Al parecer se trata de una polineuropatía mixta degenerativa. Es decir, una de las que afecta a muchos nervios, motores y sensitivos, y se agrava con el tiempo. Entre las causas están su edad (71 años) y no se descartan los rasgos hereditarios e incluso la presencia de una enfermedad metabólica; además, sus antecedentes de alcoholismo y drogadicción son factores que pudieron favorecer su aparición.

CARLOS FERNÁNDEZ
MÉDICO DE EL TIEMPO
 

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Eric Clapton with Derek and the Dominos, late 1970. (Credit: Elliot Landy)
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Eric Clapton. Derek and the Dominos. Ryman Auditorium, Nashville, Tennessee, United States
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Eric Clapton and Charlotte Martin
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Eric Clapton and Gary Oldman
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Eric Clapton & Charlotte Martin
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Eric Clapton, olor a despedida
Emotivo concierto del músico, que padece una enfermedad degenerativa, en el Royal Albert Hall de Londres

Uno no puede evitar sentir cierta melancolía: huele a adiós en Londres. El día es soleado y el Támesis recorre una ciudad que se mueve deprisa. En los aledaños del Royal Albert Hall la gente comparte impresiones... Unos opinan que la mejor fue su época pop, otros se llevan las manos a la cabeza y contraatacan defendiendo sus años Blues... Hay pocos músicos que a los 75 años sigan en formay el estado físico de Eric Clapton es un misterio para gran parte del respetable desde que anunció que padece una enfermedad degenerativa que pronto le impedirá tocar. Aunque, como dice el dicho «el que tuvo, retuvo», y Clapton sale dispuesto a demostrarlo.

El concierto arranca con «Motherless Children», un poderoso rock and roll con un toque autobiográfico. El inglés empieza con calma, dejando hacer a los fabulosos músicos que le rodean y sin demasiadas florituras en estos primeros compases del concierto. Sigue «Pretending», una de sus canciones más animadas y donde brilla su voz con ese gusto tan elegante para las melodías que le caracteriza.

Si algo es en este mundo Eric Clapton, es embajador del blues. En «Key to the Highway» (Big Bill Broonzy) y «Hoochie Coochie Man» (Muddy Waters) rinde homenaje a aquellos maestros que sentaron las bases de la música popular del siglo XX, aprovechando también la oportunidad para comenzar a volar por el mástil de la guitarra.

El primer punto fuerte de la noche llega con «I shot the Sheriff», tema de Bob Marley que Clapton lleva refinando desde que apareciera en su segundo disco en solitario («461 Ocean’s Boulevard»), allá por 1974. Hoy es una versión con fuerza, muy lejos del reggae perezoso de la versión original, y donde Clapton se marca un solo de casi tres minutos que humedece las retinas del cronista. El riff final, con toda la banda unida para el clímax mientras Clapton cierra su punteo, es sin duda uno de los momentos más emocionantes de la noche.

Hay quien defiende que el arte es la ciencia que juega con los contrastes... Tras treinta minutos de exhibición por parte de todos los miembros de la banda, Clapton saca la guitarra acústica y toma asiento entre el gran Nathan East (bajista) y Doyle Bramhall II (guitarra); empieza la sección «unplugged».

Un sutil «Driftin’ Blues» da el pistoletazo de salida a cinco temas acústicos que demuestran con creces que Clapton aún está para salir al ruedo. Arropada por el piano de Chris Stainton y el órgano Hammond de Paul Carrack, la voz de Eric alterna entre susurro y rugido sin esfuerzo aparente. Cuando toma la guitarra acústica se aprecian nuevos matices... En contra de la creencia popular, no es la mano izquierda la que hace la magia, sino la derecha (la rítmica). Observando con atención, se ve que Eric no golpea las cuerdas, sino que las roza como si fuesen los cabellos de una musa; como Orfeo a su lira.

En la magnífica «Running on Faith», nos regala una interpretación cargada de sentimiento, con un delicado solo de slide de Doyle Bramhall II, justo antes del segundo plato fuerte de la noche, «Tears in Heaven». Compuesta para su hijo de 5 años fallecido en un desafortunado accidente doméstico, la canción se ha convertido en un símbolo atemporal de que la muerte no es necesariamente el final... Si uno no quiere que lo sea. Transformada en un (casi) reggae con toque bluesero, el público contiene la respiración ante el dolor que Clapton sigue expresando cuando la interpreta, aunque hayan pasado más de 25 años desde que la compuso y se haya convertido en parte del repertorio popular, desvirtuándose así su pureza.

«Tearing us Apart» relanza a la banda (de nuevo el juego de contrastes) después del sentimentalismo acústico. Con Eric de nuevo a la guitarra eléctrica, aparece «Holy Mother», canción frecuentemente olvidada en los setlists de Slowhand y que tiene un componente místico/religioso muy evidente. Con las lágrimas obstruyendo los ojos de este cronista toca «Crossroads», ese tributo eterno que le hace Clapton a Robert Johnson.

Sin apenas tiempo para digerir el virtuosismo que exhibe cada vez que cierra los ojos y siente el blues, la banda se lanza con «Little Queen of Spades», donde cada uno de los músicos tiene su momento de protagonismo. Clapton, que se sabe el mejor, huye del ego y cede el foco sin problema una vez más, algo que demuestra otro genio –esta vez el humano– de un artista que ha vivido gran parte de su vida huyendo y que parece por fin, a pesar del cada vez más intenso aliento de la muerte, haber encontrado la paz.

Entonces suena el punteo inicial de «Layla» y el público del «classy» London enloquece como colegialas en presencia de un Beatle. El resto de la canción es historia y, además, este cronista apenas vio sombras pues esas lágrimas que antes obstruían su retina ya hacia tiempo que caían.

Clapton saluda y se va, quedando en los pasillos del Albert Hall ese aroma agridulce que dejan las despedidas a tiempo.

https://www.abc.es/cultura/musica/abci-eric-clapton-olor-despedida-201905190125_noticia.html