Abdicación del Emperador Akihito. Termina la era Heisei. (1 Viewer)

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Yo no sé porque tanta inquina contra akishino y Kiko.
De verdad que a mí me parecen los grandes damnificados de esta historia. Pasan de ser los segundones que chupan del bote sin demasiadas obligaciones a herederos de la casa real más rígida del mundo. Y todo porque su hermano no ha sido capaz de tener un heredero.
Toda tu vida pensando que vas a ser un segundon que va a disfrutar de sus privilegios y a los 40 te sugieren que tengas un hijo y que vayas pensando que vas a ser el heredero. Vamos que alegría se tuvo que llevar este hombre
otra opción...
que toda su vida haya envidiado la posición de privlegio del hermano de llegar a ser emperador, y que ahora, y luego de la llegada de ese hijo varón (no quedó muy claro el modo de la concepción, muchos sostienen que fue con semen del abuelo), logra llegar a esa situación de privilegio de ser heredero...
hay que considerar esta otra opción también
 
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FAMILIA IMPERIAL NIPONA
Emotiva abdicación en Japón: empieza la vida de Akihito lejos del Palacio Imperial
Una jornada histórica que ha provocado cierta emoción entre los japoneses al poder ser testigos de la abdicación de su emperador en vida




Abdicación de Akihito de Japón. (Reuters)



MAITE GARCÍA (TOKIO)
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AKIHITO
JAPÓN


30/04/201
9


La renuncia efectiva de Akihito marca el último día de la era Heisei, “culminación de la paz”, que se despide sintiéndose afortunado por la confianza recibida por parte del pueblo japonés. “Rezaré por la paz y la felicidad de la gente en Japón y en el mundo”, ha concluido. Llegó el día, para él y para el pueblo nipón. Con lluvia intermitente en Tokio y con un país paralizado por los diez días festivos que marca el calendario este año de manera excepcional, el emperador Akihito ha cumplido su deseo de renunciar al trono.

Una jornada histórica que ha provocado cierta emoción entre los japoneses al poder ser testigos de la abdicación de su emperador en vida, sabedores de que la Constitución marca el fin del trono hasta fallecer pero conscientes de las dificultades de Akihito para continuar,aquejado de un frágil estado de salud. “Recuerdo cuando accedió al trono”, afirma Akiko, japonesa que no supera los cincuenta años y que ha optado por quedarse en Tokio pese a que los actos previos y la ceremonia de abdicación no permitían el acceso del público y solo han podido ser seguidos por televisión.




Abdicación de Akihito. (EFE)


“El emperador Akihito ha sido distinto, siempre ha querido acercarse a nosotros -reconoce a Vanitatis-. Nunca olvidaré su compasión y entrega en la atención a los damnificados por el terremoto y tsunami de 2011, mi familia vivió ese calor en primera persona”. El cariño del pueblo japonés al emperador es más que notable y evidente. Un sentimiento que no se mide únicamente por la cantidad de merchandising que se está vendiendo estos días –ofrecen manicuras semipermanentes con los caracteres de la era Heisei y hasta se puede comprar una lata con 'aire de la era saliente'–, sino por la comprensión demostrada por parte de los japoneses ante su decisión de renunciar pese a ser una de las sociedades más rígidas y conservadoras del mundo.


Su apuesta por la paz y sus esfuerzos por curar las heridas de guerras pasadas le han diferenciado de su padre y no han pasado inadvertidos. Abanderado de la reconciliación y sin ningún problema a la hora de mostrar arrepentimiento por capítulos pasados, creó una nueva figura como emperador. Y esa figura se ha despedido hoy con el cariño y reconocimiento de todos.

Último mensaje como cabeza de la institución
Su jornada de despedida como emperador ha comenzado con el último de los actos establecidos visitando el recinto más sagrado del Palacio Imperial, el de los tres santuarios o Kashikodokoro. En un histórico ritual sintoísta, vestido como manda la tradición y andando muy despacio, Akihito se ha dirigido a los dioses para explicarles su decisión de abdicar a favor de su hijo. Horas más tarde, comenzaba la ceremonia de renuncia en una de las salas del Palacio Imperial con la presencia de unas 300 personas, entre representantes de la familia real y de los tres poderes del Estado.

En su esperado y breve mensaje de despedida, Akihito ha reconocido sentirse “afortunado” por haber podido desarrollar sus funciones como emperador “con un profundo sentido de confianza y de respeto hacia el pueblo”. Acompañado por la emperatriz, los príncipes herederos y futuros emperadores, el que seguirá siendo emperador de Japón de manera oficial hasta esta noche ha concluido que rezará “por la paz y la felicidad de la gente en Japón y en el mundo”.





Akihito en la ceremonia de abdicación. (EFE)



Nueva vida lejos del Palacio Imperial
Comienza para Akihito y su esposa, la emperatriz Michiko Shoda, una etapa desconocida. No hay una hoja de ruta establecida para ellos al no existir precedentes en democracia. Lo que está claro es que quedan desvinculados de la agenda oficial –aunque se espera alguna aparición esporádica en fechas señaladas– y que deberán salir del Palacio Imperial. Su nuevo hogar definitivo será el Palacio Oriental de Akasaka, pero no estará listo hasta 2020, por lo que ocuparán hasta entonces la Residencia Imperial de Takanawa, también en Tokio.

La pareja de emperadores se conoció jugando al tenis y, pese a su avanzada edad, todavía les gusta practicar algo de ejercicio juntos. Comparten además el amor por la música: Akihito toca el violonchelo y Michiko el piano. Él espera tener más tiempo para sus estudios sobre el diminuto pez gobio y ella cuenta con leer más novelas policiacas. Un retiro deseado y esperado para los octogenarios emperadores que marcan hoy el fin de una era japonesa.




Naruhito y Masako. (Reuters)


https://www.vanitatis.elconfidencia...pon-akihito-emperador-tokio-naruhito_1974266/
 

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Abdica el emperador Akihito de Japón
En su último discurso, el emperador ha deseado "paz y felicidad para el pueblo japonés y para el mundo entero". Centenares de personas han seguido la ceremonia en el exterior del palacio imperial



MACARENA VIDAL LIY
Pekín 30 ABR 2019 -








Llovía en el exterior del palacio imperial, en el centro de Tokio. Centenares de personas con paraguas miraban sus teléfonos y tabletas. En el interior del palacio, en el Salón de Pino reservado para las ceremonias más importantes, el emperador Akihito completaba un acto que no ocurría desde hace 200 años: su abdicación. “Espero, junto a la emperatriz, que la era Reiwa que comienza mañana sea una época estable y fructífera. Rezo con todo mi corazón por la paz y la felicidad del pueblo en Japón y en todo el mundo”, fueron sus últimas palabras oficiales como jefe de Estado.

La ceremonia, retransmitida en directo, fue sencilla y breve, pero llena de simbolismo. El emperador -que lo seguirá siendo oficialmente hasta medianoche, cuando empezará la era Reiwa de su hijo Naruhito-, vestido de frac, entró en la sala en medio de un solemne silencio. Unos pasos detrás llegaba su esposa Michiko, de la que ha sido inseparable durante 60 años de matrimonio, seguida del resto de miembros adultos de la familia imperial.

En presencia de los emperadores, en pie sobre un pequeño estrado blanco, y un público de cerca de 300 personas compuesto por los principales líderes de los poderes del Estado, los chambelanes imperiales depositaron junto el emperador, con toda solemnidad y sobre unas mesillas especiales, los símbolos del trono: la espada Kusanagi-no-Tsurugi y la joya Yasakani-no-Magatama. Según la tradición, ambos, junto con el espejo Yata-no-Kagami, que se guarda en el santuario de Ise, fueron entregados por la diosa del Sol Amaterasu a sus descendientes, la familia imperial nipona. También según la tradición, son demasiado sagrados para que nadie, ni los emperadores, puedan verlos. Los chambelanes los llevaban reverencialmente en cajas, forradas en tela con dibujos ocres y blancos, cerradas con un lazo morado

Además de los tesoros, los chambelanes también colocaron flanqueando al emperador, tras una profunda reverencia, los sellos imperiales: el del Estado, con la palabra “Japón” en kanji -la escritura japonesa basada en los ideogramas chinos-, y el de palacio, grabado con el ideograma que significa “emperador”. Ambos también estaban guardados en cajas, envueltas en color púrpura.

“Hoy concluyo mis deberes como emperador”, explicó Akihito en su discurso de abdicación, el último que ha pronunciado como jefe de Estado y en el que insistió en lo que ha sido la prioridad de su era Hesei: la paz. “Desde que ascendí al trono hace 30 años, he llevado a cabo mis deberes como emperador con un profundo sentimiento de confianza y respeto por el pueblo, y me siento muy afortunado por haber podido hacerlo”, apuntó, leyendo su mensaje en el pliego que le había entregado el gran chambelán y maestre de ceremonias.

“Doy las gracias más sinceras a la gente que me ha aceptado y apoyado en mi papel como símbolo del Estado”, continuó, antes de despedirse con unas palabras en las que incluyó también a su esposa, en una mención que hubiera sido impensable en la tradición de sus ancestros pero que para él ha sido una constante desde su matrimonio con la primera plebeya que entró a formar parte de la familia imperial.

El emperador volvió a tener un gesto cariñoso hacia su esposa al prestarle la mano para que ella pudiera bajar con comodidad del estrado.

Antes del breve discurso del emperador tomó la palabra el primer ministro, Shinzo Abe, en nombre de todo el pueblo japonés. Abe anunció la renuncia de Akihito “de acuerdo con la ley especial” que el Parlamento hubo de aprobar para permitir que el jefe de Estado pudiera dejar el trono como pidió en 2016: la Constitución nipona establece que el emperador se mantiene en ese puesto de por vida.

Según recordó el primer ministro, Akihito “siempre ha deseado la paz y la felicidad del pueblo japonés”. También “ha desempeñado sus tareas con todo su corazón y ha cumplido responsablemente su misión como símbolo del Estado y de la unidad del pueblo japonés”.

Abe dedicó asimismo una mención especial al trabajo del jefe de Estado para apoyar a las víctimas tras catástrofes naturales: uno de los momentos que más marcaron la era de Akihito ocurrió con el tsunami y desastre nuclear de Fukushima el 11 de marzo de 2011. El emperador y su esposa se volcaron con las víctimas de aquella tragedia.

Los rituales para la abdicación habían comenzado por la mañana. Vestido con los ropajes tradicionales del emperador, Akihito había visitado el Santuario Imperial (Kashiko-dokoro) para comunicar a los dioses su retirada.

El procedimiento de sucesión continuará mañana, miércoles. Ya comenzada la era Reiwa, Naruhito asumirá el trono, en una ceremonia que, como la despedida de su padre, tendrá lugar en el Salón de Pino. Como la abdicación, estará rodeada de pompa y circunstancia. Pero habrá diferencias: en la primera parte, la tradición prohíbe que puedan estar presentes las mujeres de la familia imperial; solo podrán asistir los representantes masculinos adultos. Sí estará presente, en cambio, como parte de la representación del Gobierno la ministra Satsuki Katayama, la única mujer en el Ejecutivo nipón.

En esta ceremonia, Naruhito recibirá los tesoros imperiales, como señal de que la sucesión es legítima. Más tarde, y ya con la presencia de su esposa, Masako, y otros miembros de la familia real -no así del emperador y la emperatriz eméritos-, pronunciará un discurso en el que se espera que deje saber cuáles serán sus prioridades en la nueva era.

VIDEO :https://elpais.com/internacional/2019/04/30/actualidad/1556615369_179428.html
 
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El emperador Akihito realiza la ceremonia de abdicación


Como estaba planificado, el emperador de Japón, Akihito, ha abdicado este 30 de abril tras ocupar el Trono de los Crisantemos durante 30 años. Su sucesor será su hijo Naruhito, quien asumirá el cargo el próximo 1 de mayo.


 

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otra opción...
que toda su vida haya envidiado la posición de privlegio del hermano de llegar a ser emperador, y que ahora, y luego de la llegada de ese hijo varón (no quedó muy claro el modo de la concepción, muchos sostienen que fue con semen del abuelo), logra llegar a esa situación de privilegio de ser heredero...
hay que considerar esta otra opción también
Totalmente de acuerdo. Opciones hay muchas, pero yo sigo pensando que a este hombre desde su más tierna infancia le han tenido que estar machacando con que él no iba a ser emperador. Y me imagino que el ya se había hecho a la idea. Y de repente todo eso cambia.
Alguien me puede decir porque la gente piensa que le tiene envidia a su hermano?
 
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cuéntanos por favor Sakura qué se dice en Japón de estos dos personajes...
No puedo decir mucho, tengo que ser prudente, es confidencial ,no me gusta traicionar a quien deposita su confianza en mi
Lo unico que puedo decirte es lo que habla el pueblo, a kiko no la quieren ,adoran a Masako y estan deseando cambiar la ley para que su hija sea la primera mujer emperadora de Japon
 
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AKIHITO
Akihito, el emperador que llevó la modernidad a la monarquía japonesa
Su era se ha caracterizado por el deseo de cerrar las heridas que dejó la guerra




El emperador Akihito de Japón saluda a los ciudadanos desde un balcón del Palacio Imperial durante la celebración del Año Nuevo en Tokio. FRANK ROBICHONEFE




MACARENA VIDAL LIY
Pekín 30 ABR 2019



Nació siendo un dios, hasta que tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial obligó a su padre, Hirohito, a renunciar a su estatus divino. Como príncipe heredero al principio, emperador después, Akihito transformó el papel del monarca nipón de una entidad lejana que rezaba por sus súbditos al de un jefe de Estado que representaba a su pueblo, restañaba las heridas de la guerra y estaba a su lado en las desgracias. Y que, al abdicar este martes en su hijo Naruhito por su avanzada edad, y convertirse en el primer emperador japonés que renuncia en 200 años, ha demostrado que es humano, muy humano.

El suyo ha sido un mundo cambiante. Nacido en 1933, tenía doce años cuando, conmocionado tras las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, Japón se rindió incondicionalmente en la Segunda Guerra Mundial. Era ya lo suficientemente mayor para darse cuenta de los desastres de la guerra, del sacrificio de los soldados y el padecimiento del pueblo, una experiencia que le convirtió en un pacifista convencido durante toda su vida.

En 1989, a la muerte de su padre, se convertía en el primer emperador en una dinastía que se remonta a 2.700 años de antigüedad que heredaba el trono simplemente como “símbolo del Estado y la unidad del pueblo”, el papel que la Constitución de la posguerra otorga al monarca. Y heredaba un país muy distinto del imperio militar que, en nombre de su padre, invadió Asia durante la primera mitad del siglo XX.

Para entonces, Japón ya no era el país arrasado y empobrecido hasta la miseria por la guerra en el que vivió su adolescencia. Se había convertido en la segunda economía del mundo, con boyantes multinacionales a la vanguardia de la tecnología puntera. Tras la caída de la Unión Soviética, en Estados Unidos surgían las voces que alertaban sobre el peligro de una dominación japonesa de la economía global, en alertas no muy diferentes de las que suenan hoy en torno a la nueva potencia emergente, China.

En su discurso al asumir el trono, vestido con los ropajes tradicionales en una ceremonia tan formal como la que investirá a su hijo este miércoles, Akihito dio varias pistas sobre cuáles serían sus prioridades como símbolo del Estado: cumplir sus deberes, respetar la Constitución y buscar la prosperidad del país y la paz global. El nombre elegido para su era dejaba claras sus intenciones: “Hesei”, o “mantener la paz”.

Una misión que se tomó muy en serio desde el principio. Durante sus 31 años de reinado, ha dedicado buena parte de su trabajo —sus ratos de ocio los emplea en el estudio de los diminutos peces goby— a curar las cicatrices que la invasión japonesa dejó en otros países. Fue el primer emperador japonés en visitar China, en 1992, y Filipinas, en 2016. En sus viajes siempre ha expresado su pesar por el daño que causaron las tropas imperiales y ha rendido homenaje a las víctimas del conflicto.

Como defensor de la Constitución, y pese a que la Carta Magna le impide cualquier papel político, ha dejado muy claro su apoyo al pacifismo consagrado en ese documento, frente a la voluntad del actual primer ministro, Shinzo Abe, de reformarlo para aumentar el papel de las fuerzas armadas japonesas. En 2015, cuando se cumplía el 70 aniversario del final de la guerra, enmendaba la plana a Abe —siempre dentro del lenguaje cuidadoso que le impone su papel— para expresar su “profundo arrepentimiento” por el daño que Japón había causado durante aquel conflicto. Una de sus grandes satisfacciones es que durante su reinado no ha muerto ningún soldado nipón en combate.

Dentro de su país, Akihito ha tratado de acercar la monarquía al pueblo, en visitas a las 47 prefecturas nacionales. De talante afable y modesto, el suyo ha sido un cometido casi paternal, en el que ha participado en actos sociales, ha abogado por la protección de los más débiles y ha visitado a las víctimas de tragedias como el tsunami y desastre nuclear de Fukushima en 2011. Un papel que ha debido asumir más y más a medida que, durante su reinado, se estancaba la economía de un Japón que también envejecía a marchas forzadas y veía emerger a toda velocidad al gigante chino con el que siempre ha mantenido una difícil relación.

A su lado en esas tareas siempre ha estado su esposa, la emperatriz Michiko, con la que lleva 60 años casado y que, como la primera plebeya en casarse con un emperador japonés, le ha ayudado a dar una pátina de modernidad a las rígidas tradiciones imperiales.

El suyo fue un matrimonio por amor, después de que ambos se conocieran durante un partido de tenis en 1959. Rompiendo con la tradición, educaron ellos mismos a sus tres hijos, algo nunca visto hasta entonces, y permitieron que se les tomaran fotos a distancias mucho más próximas de lo que se había tolerado. En los actos oficiales aparecen casi siempre juntos.

“Estoy muy agradecido a la emperatriz, que una vez fue ella misma parte del pueblo, pero que eligió tomar este camino conmigo, y que durante sesenta largos años ha seguido sirviendo con gran devoción tanto a la familia imperial como al pueblo japonés”, le rendía homenaje su esposo en los festejos por su boda de diamantes, semanas antes de la abdicación.

Ese sentimiento del deber les mantuvo a ambos desempeñando sus funciones de Estado a pesar del declive en la salud de Akihito, que ha padecido un cáncer de próstata y problemas del corazón. Fueron precisamente una salud delicada y el miedo a no poder acometer sus deberes adecuadamente lo que le llevaron a expresar en 2016 su deseo de abdicar.

Tras la renuncia, Akihito y Michiko, pasarán a vivir en el palacio Togu del complejo imperial, la misma residencia en la que habitaron antes de ocupar el trono. Se les dará el tratamiento, creado para ellos, de joko y jokogo, emperador y emperatriz eméritos.

https://elpais.com/internacional/2019/04/30/actualidad/1556601970_353083.html
 
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La abdicación del emperador Akihito, en imágenes

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El emperador Akihito abandona el Trono del Crisantemo, al que ascendió tras la muerte de su padre, el emperador Hirohito, en enero de 1989. Se convierte en el primer monarca japonés que abdica desde que lo hizo en 1817 el emperador Kokaku


GALERIA:

https://elpais.com/elpais/2019/04/30/album/1556610571_731359.html
 
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Y se sabe que él estuvo tramando junto con el tio y sus "seguidores"() cambiar la ley y que fuera él, por tener heredero, y no el hermano el que accediese al trono, es insoportable
 
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