60 años sin Christian Dior (1 Viewer)


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@El karma gran forera, de la pasteleria a Dior, pasando por maquillaje y consejos naturales. Gracias por todos los temas que traes nos sirven para informarnos o recordar tantas cosas. Saludos y suerte con tus hilos.
 
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@El karma gran forera, de la pasteleria a Dior, pasando por maquillaje y consejos naturales. Gracias por todos los temas que traes nos sirven para informarnos o recordar tantas cosas. Saludos y suerte con tus hilos.
Es muy bueno poder compartir información Miss Guerlain, tengas certeza que también aprendo mucho de ti y otros coticompis...Es lo que hace la vida ser más rica y diversa.
Muchas gracias por la amabilidad...
Saludos y sigamos aprendiendo...(y)
 

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pilou12


Sidney Toledano: "En Dior somos vendedores de sueños"

    • ENRIC GONZÁLEZ
    • París
  • 29 NOV. 2017 03:04

El jefe de Dior, en su tienda madrileña JOSÉ AYMÁ


En 20 años al mando de la marca francesa ha sido el ejecutivo más célebre del mundo de lujo. Ahora asume nuevos retos en el grupo LVMH tras su última misión: reabrir la tienda de Madrid


Hijo de un combatiente republicano en la Guerra Civil, llegó a la cúspide de la moda como CEO de Dior casi por casualidad. "La esencia del lujo está en el detalle", asegura

El modisto Christian Dior tenía muy en cuenta la ley de la gravedad cuando diseñaba sus vestidos. Sidney Toledano, el ejecutivo más célebre en el mundo de la moda, el hombre que durante casi 20 años ha dirigido Dior y ha convertido la firma en un negocio fabuloso, es ingeniero. Habituado a las tablas de cifras y los algoritmos, Toledano también piensa que la física tiene importancia para manejar un imperio mundial del lujo. ¿En qué consiste su trabajo? "Nosotros somos vendedores de sueños", dice. Añade que para vender sueños le son muy útiles su cerebro matemático y su capacidad de concentración: "La esencia del lujo está en el detalle".

Toledano tiene 66 años y dejará el puesto en enero o febrero. Pietro Beccari, hasta ahora al frente de Fendi, le sustituirá como gran patrón de Christian Dior. Y él pasará a ocuparse de las demás marcas de moda del grupo LVMH: Céline, Loewe, Givenchy, Kenzo, Marc Jacobs y un largo etcétera. "Estos 20 años han sido como una gran fiesta", afirma. Una fiesta durante la cual la casa ha alcanzado unas ventas anuales de casi 40.000 millones de euros. En 2017, los beneficios rondaron los 2.000 millones. Toledano ha demostrado que sabe exprimir un sueño. El dueño de LVMH, Bernard Arnault, el hombre más rico de Francia y uno de los más ricos del mundo, ha de estar muy satisfecho con él.

La fiesta de Christian Dior ha tenido sus momentos ásperos. Los peores, los causados por el diseñador John Galliano, hacia quien Toledano sentía, y siente, un afecto profundo. Con Galliano, de nombre real Juan Carlos Galliano Guillén, gibraltareño de madre española, se permitía hablar castellano: Toledano, nacido en Casablanca, es hijo de Boris Toledano, un marroquí que se alistó como voluntario en el bando republicano durante la Guerra Civil española y después fundó varias industrias en Marruecos. Murió el año pasado, con 95 años, tras ser condecorado por los gobiernos de Rabat y Madrid.

Galliano exploró límites y renovó la imagen de Christian Dior. También generó conflictos. "Cuando John presentó su colección basada en el vestuario de la gente sin techo", recuerda, "tuvimos una manifestación de protesta aquí delante, en la Avenue Montaigne. Eran unas 200 personas que vivían en la calle, se sentían insultadas y querían destrozar la tienda".

Toledano, conviene reseñarlo, posee los ojos de un encantador de serpientes y la labia de un vendedor de crecepelo. Salió a la calle, se presentó como "el director" y pidió interlocutores. Resultaron ser dos hombres de origen marroquí. "Nos pusimos a hablar de Marruecos, nos relajamos, les expliqué que John también había vivido un tiempo en la calle y la cosa se calmó".

No hubo forma de calmar las cosas tras el 24 de febrero de 2011, cuando Galliano, ebrio y drogado en un café de París, pronunció una diatriba antisemita, insultó a una pareja y elogió encendidamente la efectividad de las cámaras de gas nazis. "Le había advertido poco antes de que tenía un problema y necesitaba tratamiento; no fue sólo el incidente de esa noche, llevaba una semana causando problemas y haciendo comentarios inapropiados. Realmente, se pasó de la raya. La sociedad no podía permanecer impasible. Él comprendió que hicimos lo que teníamos que hacer". Galliano fue despedido.

El diseñador no pudo soportar la presión de un mundillo volátil y venenoso, en el que se releva a los ejecutivos y a los creadores cada pocos años, en el que se trabaja con algo tan intangible como la moda y en el que un error puede costar la ruina. "Las responsabilidades son enormes", admite Toledano. "Cuando Bernard Arnault me llamó a su despacho, en marzo de 1998, y me anunció el nombramiento como patrón de Dior, me dijo una cosa: durante unas horas estarás contento, pero mañana empezarás a sentir la soledad. Aunque Arnault nunca me ha dejado solo, tenía razón. La presión es fuerte y aísla. Una mala crítica puede hundirnos, permanecemos bajo la mirada de los medios y en el mundillo hay dramas continuos, rumores, tensión... Hace falta experiencia y tomarse las cosas con perspectiva, con un poco de humor, porque a las presiones externas se añaden las internas: el grupo empresarial pide buenos resultados financieros".




NOSOTROS VENDEMOS SUEÑOS Y LA TIENDA HA DE SER LA CONCRECIÓN DEL SUEÑO. SI HAY ALGO QUE NO RESULTA IMPECABLE, EL SUEÑO PUEDE CONVERTIRSE EN PESADILLA


Para soportar las tensiones, Toledano considera imprescindible "tener una vida privada, una familia, unos cuantos buenos amigos y ser capaz de desconectar". En su caso, "un rito que funciona consiste en desayunar todos los sábados con amigos ajenos al mundillo. Si en París hubiera una Casa de España para jugar a las cartas o al dominó y contar chistes, la frecuentaría, como mi padre frecuentaba la Casa de España en Casablanca". Muchos fines de semana los pasa en su apartamento de Marbella: "En España reencuentro mi infancia. Mi madre me proporcionó afecto, pero la perdí muy joven. Fue mi padre quien me formó. Y mi padre solía decir, en castellano: tener muchos problemas no debe preocuparte, es peor tener un solo problema muy grave".

La vida profesional de Toledano no se encaminaba hacia la moda y el lujo, aunque ya de joven le gustara mirar escaparates y apreciara la buena ropa. Sus padres salían casi todas las noches, bien vestidos, para disfrutar de una Casablanca (Toledano abrevia el nombre en Casa) que, según la describe, parece la Casablanca mítica de la película de Humphrey Bogart: "Tuve la suerte de nacer en la Casablanca de los años 50, una mezcla de comunidades locales, francesas y españolas, con muchas fiestas, mucha vida nocturna y mucha gente elegante". Después de estudiar ingeniería en París empezó a trabajar como consultor en la empresa Nielsen. "Era estadístico, jugaba con modelos matemáticos y me enviaron a Brasil, que me encantó".

En 1982 ocurrió la primera gran casualidad. Toledano caminaba por la Avenue Montaigne (justamente donde Christian Dior tiene su sede histórica) hacia un restaurante "para comer un steak tartare" y se topó con un amigo que trabajaba en Kickers, una empresa de calzado y ropa infantil. El amigo le convenció para que cambiara de empleo. "En Kickers descubrí el mundo real. Como consultor tenía un sueldo fijo y los gastos pagados; en Kickers, entonces bajo intervención judicial y con problemas enormes, me acostumbré a ocuparme de todo, desde la tesorería hasta el cuero de los zapatos".

Poco después, la segunda gran casualidad. "Estaba en la caseta de Kickers en una feria y unos ejecutivos de Lancel se fijaron en mí; les gustó lo que hacía y me ofrecieron trabajo". Toledano descubrió el sector de las maletas, los bolsos y las billeteras. Le asignaron el mercado asiático, que empezaba a descubrir el lujo.

La llamada de Arnault, en 1993, ya no fue una casualidad. Buscaba a alguien capaz de animar el pequeño negocio de marroquinería en el grupo, y ese alguien era Toledano. La cosa funcionó. Luego le encomendó la misión de crear una red de tiendas. Ese ha sido uno de los grandes éxitos de Toledano en Dior: una red de casi 200 tiendas en todo el mundo, que ha permitido acabar con la venta bajo licencia en otros comercios y reforzar la imagen de exclusividad. Para comprar Dior hay que ir a Dior. "Ahora me ve en este despachito de la Avenue Montaigne y las cosas parecen fáciles", sonríe. "Pero yo sé lo que es pasar un buen rato en la sala de espera de El Corte Inglés, para ofrecerle mis productos al jefe de compras".

Las tiendas (suena mejor en francés, boutique) son el orgullo de Toledano. Las controla de forma obsesiva: "El detalle, el detalle, el detalle, hay que cuidar siempre hasta el último detalle". La reciente reinauguración de la tienda de Dior en Madrid fue aplazada durante días porque algunos detalles no le parecían satisfactorios: "Nosotros vendemos sueños y la tienda ha de ser la concreción del sueño. Si el producto no satisface las expectativas, si la dependienta no es amable o no sabe todo lo que hay que saber sobre lo que vende, si el ambiente no es acogedor, si hay algo que no resulta impecable, el sueño puede convertirse en pesadilla".

Durante todos estos años, Toledano ha aplicado sus conocimientos de ingeniería en la dirección de la casa. "La base de Christian Dior es lo que el fundador hizo y dijo durante una década, desde que abrió el taller de alta costura en 1946 hasta que murió, en 1957; hay paredes maestras que no se pueden tocar y tabiques reformables. Mi principal misión ha consistido en pilotar, y eso es física: ¿La velocidad es la apropiada? ¿Cuánto podemos acelerar? Otra cosa son las relaciones humanas. Demasiados técnicos olvidan el factor humano, porque cuanto más brillante eres, más separado te sientes del resto. Y eso no es bueno. Cada mañana, mientras espero el ascensor, charlo un rato con el conserje. Nació en Marruecos, como yo".

El nuevo empleo, como patrón de las firmas menores, parece entusiasmarle. "Es algo que acordamos con Arnault hace algún tiempo. He pasado muchos años en Dior y necesito un nuevo reto; si hubiera esperado, ya no habría sido capaz de hacerlo. Es como saltar en marcha de un tren a otro, hay que tener la cabeza rápida y las piernas ágiles. Y no me interesa retirarme. Quiero seguir en la brecha, como hizo mi padre, hasta el final".

LA DIFERENCIA ENTRE LUJO Y EXCLUSIVIDAD
Cuando cumplió 60 años, su mujer y sus hijos le hicieron un regalo inesperado: un Porsche de segunda mano. Era un capricho que Toledano nunca se había permitido. «Estoy feliz con ese Porsche», comenta. Utiliza la anécdota para explicar la diferencia entre lujo y exclusividad. «Se ven bastantes Porsche por la calle, no es un coche exclusivo como un Rolls-Royce o, yo qué sé, un descapotable con diamantes en el volante, pero es un objeto de lujo».

Entre la clientela de alta costura de Dior figuran las personas más ricas del mundo. «Ofrecemos un nivel de calidad muy alto y nuestros precios también son muy altos, parte de nuestra producción resulta inaccesible para la mayoría», dice. «Pero en nuestras tiendas se puede comprar también un bolso o un pañuelo en el que habremos puesto, como en un vestido a medida, todo nuestro espíritu». En los últimos años, Toledano ha dedicado especial atención a la clase media china, ansiosa por consumir. «Un bolso de 3.000 euros es caro, pero accesible: si es hermo-so, si envejece bien, vale la pena. Y da igual que otros lo tengan también. Es lujo».

http://www.elmundo.es/papel/lideres/2017/11/29/5a1d776a22601d4a578b46ae.html
 

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