28 enero, 2013
Hoy mismo he tenido la ocasión de asistir al acto solemne de entrega de los diplomas a los nuevos doctores que terminaron el año pasado en la UMH de Elche. Entre estos se encuentra el molt il·lustríssim Francisco Camps al que dediqué una entrada hace casi ya un año precisamente por este mismo menester. Sin embargo, al acto de hoy no ha asistido. No se ha atrevido, sabía que si venía habría gritos, camisetas, pancartas y mucho desprecio.
Para cualquiera de nosotros, ¡oh vulgares mortales!, la pantomima esta de la entrega de títulos representa más bien poco y asistir o no asistir depende más del humor que tengas cuando te descuelgues el teléfono a la secretaria de protocolo de la universidad. Sin embargo, para Camps no. Cualquiera que conozca mínimamente al señor de los trajes sabe que este tipo de eventos son los que le hacen relamerse, agitarse, disfrutar… vamos, igual que a Rita saltar en el balcón del ayuntamiento los días de fallas. Es un acto de cargado valor simbólico dónde se reúnen políticos, militares y autoridades académicas (y hasta se menciona a la iglesia, ¡ojo!), un lugar dónde te dicen literalmente “vosotros sois las élites que dirigiréis los destinos de la nación” (sí, pero les bajáis las becas post-doc, cabrones), un escaparate para lucir el traje ese con el birrete, fotos inolvidables que colgar en el despacho de un triunfador de la vida… qué lástima Paco, qué lástima.
Y es que el pueblo no olvida. Aunque los jueces perpetren sus farsas, los medios les rían las gracias y sus compañeros de partido se callen como putas, todavía no han conseguido el neutralizador de memoria de los Men In Black (aunque el aparato de TV cada día se parezca más a ello). Todavía hay gente con dignidad suficiente como para molestarse en levantarse una mañana y acudir dónde no le llaman para gritarle a la cara a los chorizos.
Paquito, viendo el recibimiento que tuvo cuando vino a defender su dudosa tesis en la que otro tribunal (académico en este caso) le volvió a lamer las almorranas, viendo como a diario se boicotea a Wert, viendo como Rajoy se esconde todo lo que puede y aún así recibe, viendo, en definitiva, la que está cayendo y con la rabia renovada tras otro latrocinio perpetrado de nuevo por los mismos, decidió no pasar de nuevo el bochorno de que le gritaran a la cara la verdad; prefirió no asistir a un acto al que le hubiera encantado acudir. Se jodió, le jodió el pueblo.
El miedo está cambiando de bando y debe seguir haciéndolo hasta que la vergüenza les impida salir a la calle, hasta que no puedan respirar tranquilos, hasta que sepan que no les queremos, que nos repugnan. Banqueros, políticos fascistas y empresarios corruptos deben sentir el miedo, al menos el mismo miedo que siente el afectado por el ERE, el parado de larga duración, el dependiente, el desahuciado, el empobrecido, el marginado… Entonces y solo entonces podremos levantarnos y empezar a construir un nuevo estado de las cosas.
http://blog.ivangadea.com/2013/01/28...ando-de-bando/


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