- JAIME PEÑAFIEL
- 20/01/2013
- 16
- CRONICA
La realidad de aquella boda también real
La culpa puede ser achacable a la casa real que, en su día, cuando se hizo pública la noticia del compromiso matrimonial del príncipe Felipe con la periodista Ortiz Rocasolano, decidió limpiar el apasionante pasado de la novia. Era un ridículo intento de que no trascendiera su matrimonio, ofreciendo una biografía como la de Cristo a partir de los 30 años. Lo que más preocupaba a la casa real, a lo peor, a la propia Letizia, es que aparecieran imágenes de su anterior boda, como si aquel primer matrimonio fuera un delito, una mancha en la biografía de la joven. Cierto es que se trataba de la primera vez que una divorciada entraba en la casa real (después, hasta una infanta lo hacía), la primera que una periodista, hija de una sindicalista y nieta de un taxista, se convertía en la inmediata sucesora de doña Sofía, una mujer que lleva la realeza en la sangre, como hija y nieta de reyes y emperadores. ¡Muy fuerte! Sólo han pasado 10 años y ya nada es, por suerte o por desgracia, igual. Jamás se había conocido una década en la que tantas cosas, buenas, malas y malísimas, hubieran podido suceder en una familia real hasta entonces tan endogámica. Después de los escándalos familiares, los errores y el caso Urdangarin, que hoy se publiquen fotografías de la anterior boda de Letizia con el escritor y profesor Alonso Guerrero, ¿qué malo puede tener? Como la veda sobre la familia real parece haberse abierto, un familiar del ex marido, una prima, dicen, se las ha ofrecido a Telecinco. No me consta que sea ésa la persona sino otra que yo me sé, aunque ¡vaya usted a saber! No olvidemos que en la ceremonia civil y en el banquete había un fotógrafo de bodas y bautizos y que muchos de los 70 invitados quisieron, como es habitual, fotografiarse con los novios, fotos que guardan como oro en paño, y nunca mejor dicho.
El pasado siempre vuelve
El 7 de agosto de 1998, la periodista Ortiz Rocasolano contraía matrimonio con un modesto profesor, Alonso Guerrero, 10 años mayor, su compañero desde hacía tiempo. Seis años después, el 22 de mayo de 2004, esa periodista, con un proceso de divorcio que acababa de finalizar, contrae matrimonio con un príncipe de verdad, Felipe de Borbón y Grecia, cinco años mayor. Todo es tan diferente, que ese 7 de agosto de 1998 la boda se celebra por lo civil, en el salón de plenos del Ayuntamiento de Almendralejo y ante una fotografía de los reyes de España. La del 22 de mayo del 2004, la boda era religiosa y tenía como escenario el altar mayor de la madrileña catedral de La Almudena. Y ante los propios reyes en carne y hueso. Para que la diferencia fuera aún mayor, las preguntas de rigor se las hizo el alcalde del pueblo extremeño, Manuel Moreno, del PP, mientras que en la segunda, Letizia responde a las mismas preguntas al cardenal arzobispo de Madrid, Rouco Varela. Aquel día, el de la primera boda y según las fotografías en venta, Letizia contrae matrimonio con un vestidito de novia blanco y sencillo, sin joyas ni velo. En la segunda, lo hace con un modelo exclusivo del gran modisto Manuel Pertegaz, con un bellísimo bordado alegórico de motivos heráldicos, la flor de lis, regalo del novio. A una novia real no podía faltarle la diadema principesca, la misma que doña Sofía, su real suegra, llevó el día de su boda (Letizia ha confesado recientemente que tiene tanta alergia a las joyas que no soporta ni la alianza matrimonial que ya no lleva).
De señora de Guerrero a princesa de Asturias
Entre familiares, compañeros y amigos de los contrayentes, el número de asistentes a la boda civil en Almendralejo sumaban 70. El 22 de mayo de 2004 se convierte en princesa consorte ante 1.500. Con la familia real española en pleno, nueve reyes reinantes, 17 príncipes, entre ellos ocho herederos, el Gobierno en pleno, cuerpo diplomático... A la salida del Ayuntamiento de Almendralejo, Letizia, ya convertida en señora de Guerrero, soporta la horterada de una lluvia de arroz. Cuando seis años después abandona la catedral, lo hace como princesa consorte de Asturias. La celebración de la boda del matrimonio Guerrero tiene lugar en El Paraíso, un restaurante de Almendralejo especializado en bodas y bautizos, presidida por una figura de hielo. El menú, nada que ver el uno con el otro. Mientras los invitados de los señores de Guerrero degustan gambas en gabardina, gambas cocidas, aceitunas, gazpacho y jamón de la zona, el de los príncipes de Asturias es un espectacular menú confeccionado por el restaurante Jockey. Con la venta de las fotos de aquella boda es imposible no comparar aquel día en el que Letizia Ortiz Rocasolano se convertía en la breve esposa de Alonso Guerrero, con el que la misma novia entraba en la catedral como periodista divorciada y salía reconvertida en toda una princesa de Asturias. ¡Como para volverse loca! Es de desear que no le suceda lo que a Lady Di, quien creyó haber encontrado, como Letizia, al príncipe de sus sueños y lo que halló fue la pesadilla de su vida. Claro que también puede ocurrir todo lo contrario: que ella sea la pesadilla de muchos españoles.
CHSSSS...¿Qué pensará ella cuando haya visto a su amadísima hija y a su querido yerno compartien-do fotografía con la amiga de papá?...Divorciados «bien avenidos» como ellos es la nueva fórmula de pareja: ni están separados ni viven arrejuntados. Algo parecido a los matrimonios a distancia, como los otros....Una revista la califica como el pilar de su marido. Más correcto decir su cómplice. ...La vieron el sábado 12 en una pequeña sala madrileña, Berlín Jazz Café, a la una de la madrugada sin su esposo pero sí con amigas. Un joven se acercó a saludarla, la piropeó y ella le dio un beso....Aparece de blanco, esta semana, ante el Papa. Es uno de los privilegios que tienen las soberanas católicas....Me parece bien que se haya llevado a su padre a vivir junto a él en palacio. También una consorte se llevó a su hermano, con problemas mentales. Acabó suicidándose.
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Seorimícuaro o no Seorimícuaro, ésa es la cuestión.


