Obsolescencia programada: el debate sobre los productos diseñados para durar menos y ser más rentables – Tecnología (general) – Noticias, última hora, vídeos y fotos de Tecnología (general) en lainformacion.com
El debate sobre los productos diseñados para durar menos
lainformación.com, 11/01/2011
- Si bien estas tácticas industriales podrían «pasarse por alto» en el pasado, hoy en día con los problemas medioambientales que padecemos pocos cuestionan que la mejor solución es crear productos más duraderos y que puedan reutilizarse y reciclarse.
Estos días se ha generado un interesante debate en Internet acerca de la obsolescencia programada. Que este debate haya surgido en estos momentos –lo hace de vez en cuando– ha sido principalmente por la emisión del documental Comprar, tirar, comprar, de Cosima Dannoritzer, emitido por RTVE.
La tesis defendida por el documental es que desde principios del siglo XX muchas empresas de tipo industrial se organizaron en cárteles y asociaciones «secretas» (o casi) con el objetivo de aumentar sus beneficios a costa de crear productos inferiores. Si las primeras bombillas podían durar 1.500, 2.000 e incluso 2.500 horas, ¿por qué casi cien años después nos conformamos con que duren 1.000 horas? El documental mantiene que ese es el límite que se impusieron los fabricantes –compinchados– para poder vender más bombillas, una y otra vez.
En el caso de las impresoras y otros artilugios electrónicos la decisión de los fabricantes parece ser limitarlas mediante programación o chips especiales de modo que imprima sólo cierto número de hojas y luego se bloqueen o requieran de servicio técnico. Esta forma artificial de acortar la vida de sus componentes, especialmente de los carísimos cartuchos de tinta, ha creado en varias ocasiones cierta «alarma social» ante una acción probablemente fraudulenta y cuando menos cuestionable. Los usuarios que hackean sus impresoras para alargar su vida y la de su tinta, rellenando cartuchos y saltándose los límites programados por los chips de «obsolescencia programada» comparten en Internet sus descubrimientos, haciendo que otros puedan aprovecharse y reparar los productos pretendidamente «defectuosos» por diseño.
En ocasiones los propios fabricantes reconocen o acaban reconociendo todos estos problemas como parte intrínseca de su forma de hacer negocios. A veces usan publicidad engañosa. Otras, han de reconocer sus estrategias ocultas: un fabricante de impresoras explicó hace relativamente poco que el alto coste de los cartuchos de tinta es completamente artificial y que no se corresponde con el coste real de la tinta en sí – que no está fabricada precisamente con sangre de unicornio ni nada parecido. La tinta subvenciona el ridículamente bajo precio de la impresora, que es lo que se anuncia al público.
En cualquier caso, el documental muestra diversos aspectos interesantes que examinar y debatir: las estrategias de diversas industrias, los casos concretos y «sangrantes» que indignan a los consumidores.


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