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Pilar Eyre: «Todas llevamos una emperatriz dentro»
Pilar Eyre: «Todas llevamos una emperatriz dentro»
9 Abril 10 - AMILIBIA
-¿Lo más secreto de la vida secreta de la emperatriz Eugenia de Montijo?
-Su apasionada vida sexual. Los usos sociales de su tiempo le quedaban estrechos.
-Nació en medio de un terremoto en Granada...
-Y su vida fue un terremoto constante. Fue una de las mujeres más revolucionarias del XIX y la española con más poder de todos los tiempos.
-Vivió cerca del libertinaje. ¿Fue una libertina?
-Le hubiera gustado serlo. Su marido fue el mayor libertino del siglo XIX: tenía una silla especial para practicar el sexo porque, enfermo de los riñones, no podía hacerlo en una cama normal.
-¿Qué hizo para seducir a Napoleón III?
-Negarle acceso carnal antes del matrimonio. «¿Cómo se va a su habitación?», le preguntó él. «Pasando por la capilla, sire», dijo ella.
-Lo escribe usted: «El himen a cambio de una corona».
-Napoleón se casó con ella para obtener su virginidad. Así de simple.
-Hoy el himen no está tan valorado...
-Sí, pero entonces los periódicos franceses titulaban en primera página: «¿La señorita de Montijo sigue siendo señorita?». Y ella juró que lo era.
-Él le fue infiel desde el viaje de bodas. ¿Ella le devolvió los cuernos?
-No le afectaban porque no le amaba. Se casó sólo para ser emperatriz. Y le venía bien que se entretuviera para así ella poder mangonear en la política.
-Cambió París de arriba abajo...
-Hizo construir la red de alcantarillado que la convirtió en la ciudad más moderna y sana del mundo.
-Marcó tendencia en el maquillaje, la moda y la gastronomía...
-Creó platos como el arroz con leche y fue la primera mujer que iba maquillada por la calle sin ser actriz. Se pintaba la lengua de rojo.
-Una persona fascinante. ¿Hoy sería ministra de Igualdad?
-Hoy sería presidenta del Gobierno.
-¿Hizo algo por España?
-Nada especial. Dejó toda su fortuna a los duques de Alba, sus sobrinos. Prospero Merimée se basó en su carácter para escribir «Carmen».
-No me diga que llevaba una navaja en la liga...
-Sí, la llevaba. Soltaba tacos, fumaba puros, boxeaba, bebía y se hacía traer los garbanzos de España por valija diplomática. Le encantaba el cocido.
-Se ve que la admira. ¿No será usted una emperatriz frustrada?
-Todas las mujeres llevamos una emperatriz dentro. Sólo me falta encontrar al emperador.
-No bese ranas: sólo salen príncipes.
Con firma propia
Profesión: periodista y escritora
Nació: en 1951 en Barcelona
Por qué está aquí: por su libro «Pasión imperial» (La Esfera de los Libros) sobre la vida de Eugenia de Montijo
http://www.larazon.es/noticia/4012-p...eratriz-dentro
13/04/2010![]()
La pasión imperial de Pilar Eyre
Por Luis María Anson, de la Real Academia Española
Tengo una idea muy precisa de la belleza de Eugenia de Montijo. De su ávido atractivo. No necesito ni cuadros ni fotografías de época. Siendo yo jovencito tuve la suerte de conocer a las tres hermanas Teba. Eran la belleza de la mujer absoluta: Macarena, Reyes y, sobre todo, Sonia. Tuvieron a sus pies al entero Madrid de entonces.
He leído una docena de libros sobre Eugenia de Montijo, condesa de Teba, emperatriz de Francia. Estuve también en un extraño lugar por ella visitado: la explanada en Suráfrica donde los zulúes mataron, con la complacencia británica, a su hijo Napoleón IV, que se defendió como un simba.
Paseando un día por los salones de Liria, Jesús Aguirre puso en mis manos el costurero de la Emperatriz que falleció en el palacio de los Alba, dejando allí un bello Winterhalter y un Goya prodigioso: la marquesa de Lazán. Rubén Darío conoció a Eugenia de Montijo en Madrid y escribió sobre ella un untuoso poema. Para la Emperatriz, Liria era como su casa porque su hermana Paca se había casado con el anterior duque de Alba.
Y claro. Me he bebido el libro de Pilar Eyre: Pasión imperial. La autora ha metido a zarpazos el bisturí en el alma de Eugenia de Montijo para extraer a la mujer real, de los romances, las hojas de calendario y las edulcoraciones cortesanas. Eugenia tenía espíritu de gran puta. Era delicada y grosera, era ambiciosa y procaz, era avara y carismática, orgásmica y cachonda, quizá hasta al ramalazo lésbico. Convirtió a París en la Ciudad de la Luz, tal vez porque la hija del urbanista Haussmann distraía al Emperador, acostándose con él. Impulsó el Canal de Suez, quizá porque ella se enamoró hasta el tuétano de Lesseps. Extendió el imperio francés a México en una aventura imposible. Educó en el delirio al Príncipe Imperial. Su presuntuoso marido, Napoleón III, le duró sólo la noche de bodas. Con sus ojos de color violeta, Eugenia calentó a medio París. Era caprichosa y casi siempre inaccesible. “Sólo una de sus amigas, según Pilar Eyre, no follaba con su marido, el Emperador: Paulina Metternich”. La Emperatriz odiaba que llamaran a su compañera, “el chimpacé mejor vestido de París”.
Tras el desastre de Sedán, derrotado Napoleón III por los alemanes, Eugenia no se rindió. Como Regente del Imperio quiso mantener la Monarquía. Forcejeó como una pantera de Java para conservar el Trono. No consiguió su propósito. En enero de 1871 tomó el camino árido del exilio. Cincuenta años sobrevivió a la caída del Imperio, hasta 1920. Con ella, la Monarquía desaparecía para siempre de Francia a pesar de Chambord y de la gran obra intelectual de Charles Maurras.
Pilar Eyre refleja en esta biografía novelada la turbulencia vital de Eugenia de Montijo. Con una escritura sobria y eficaz se adentra por los paisajes todos del alma y del cuerpo de la Emperatriz. La trata sin piedad pero con respeto, con contundencia pero sin ira. Para la autora, Eugenia no fue sólo la Emperatriz de Francia, sino la reina del mundo. Ninguna mujer española ha tenido nunca tanto poder.
En su delicada operación, en fin, de despellejar a la imperial Montijo, en su esfuerzo por descarnar la verdad, Pilar Eyre demuestra un gran talento literario. No reconocerlo así, sería perder la objetividad.
Luis María ANSON
http://www.elcultural.es/version_pap..._de_Pilar_Eyre


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