LA OTRA CRONICAAQUÍ HAY MUCHO...
POR QUÉ CARMEN MACHI ME HIELA LA SANGRE...
JORGE JAVIER VÁZQUEZ
Me acerco a la discoteca Kapital para asistir a la presentación del nuevo disco de Jamie Cullum, que según reza la convocatoria de prensa es «uno de los mejores artistas británicos de los últimos tiempos». Confieso que acudo a Kapital para impregnar esta crónica de nombres propios, porque lo que me sale del cuerpo después de presentar tres horas diarias de Sálvame es llegar a casa, poner los pies en alto y enchufarme un capítulo de El ala oeste de la Casa Blanca.
El primer goteo de personajes populares que se presentan para aplaudir a Cullum son para mí como los que salen en Cuore o en In Touch: no conozco a nadie. Chicos y chicas jóvenes salidas de series de televisión que se emiten principalmente en Cuatro. Ellas posan como si estuvieran en Hollywood -de espaldas a las cámaras, sacando culo y con sonrisa lasciva- y ellos con risa desganada aunque por dentro se corran de gusto con el fogonazo de un flash. Tras el goteo de populares bastante desconocidos cae el primer gordo: Ángela Molina. Bella como un demonio, ojeras de crianza y mata de pelo de alta gama. La fiesta comienza a coger color. Llega María Adánez y la luz se hace carne; aparecen Manu Tenorio y su mujer y siento que me cuesta distinguirlos. Las parejas que se quieren tanto suelen mimetizarse. Les pasa lo mismo a los que tienen perros, que acaban pareciéndose a ellos. Distingo a Manu de su señora porque ella lleva botas de caña alta. Soy un lince para los detalles, ya lo ven. Veo a Carmen Machi, Jordi Mollà, Asier Etxeandia, Nuria Roca y demás pero con quien mejor me lo paso es con Bibiana Fernández, que narra tan bien los detalles más insignificantes de su vida que produce en sus interlocutores el efecto fumada: la escuchas tan embobado que pierdes la noción del tiempo. «Quédate a ver a Cullum, ya verás como te gusta», me dice. «Hija, es que estoy muy cansado», le contesto. «Al menos cinco minutos, así podrás opinar». No le hago caso. Ya me arrepentiré mañana.
Amo a mis clásicos. Bibiana es una de ellas y la otra Concha Velasco, que el martes celebró una fiesta para festejar sus espléndidos 70 años. El primer mandamiento de la ley humana es amar a Concha por encima de todas las cosas y a todos sus trabajos más que a los Oscar de Amenábar. La Velasco es una gloria nacional y punto. Debería haber ido a su fiesta porque la gente que acudió es más de mi cuerda: Carmen Sevilla, Manolo Escobar, Paco Valladares, Lina Morgan. Cuando me encuentro con alguno de estos artistas siempre tengo de qué hablar: cortamos el traje a alguna folklórica, levantamos falsos testimonios sobre algún actor o esparcimos calumnias sobre algún jefe que hayamos tenido en común. Lo normal. En lo de Cullum, sin embargo, le preguntaron a Carmen Machi qué le parecía la idea de que Karmele Marchante fuese a Eurovisión y antes de responder la actriz tomó aire, se puso seria y dijo: «No sé de qué me hablas. He venido aquí a disfrutar del Arte». Yo, que en ese momento estaba cerca de ella, juro que se me heló una diminuta porción de mi corazón ante su gélida respuesta.
Un día después me zambullo en el Coliseum de Madrid para aplaudir a la magnífica Natalia Millán, que protagoniza Chicago junto a Manuel Bandera y Marcela Paoli. En la puerta me encuentro de nuevo con Bibiana Fernández y le pido por favor que pose conmigo en el photocall porque a mí me da mucho apuro pasar ese trago solo. Siempre pienso que los fotógrafos van a hacer huelga de cámaras caídas en cuanto me vean aparecer. Total, que Bibiana accede porque es una santa. Ya dentro, saludo a Jesús Mariñas, que me da dos besos y me dice que lo hago muy bien. Mi trabajo, quiero decir. Como le conozco, intuyo que al día siguiente me pegará una hostia de las que hacen época en su crónica de La Razón. Diviso a Bimba Bosé, beso con cariño a Cari Lapique, abrazo a Jordi González, compruebo que Lena Furiase está cada día más guapa, me topo de casualidad con la sugerente mirada de Asier Etxeandia y felicito a Paco Valladares porque cada vez está mejor de lo suyo. Bibiana, Asier, Paco… En Madrid, los populares no se destruyen sino que noche tras noche se transforman para ser y estar sin temor a empalagar. La capital no es más que un bucle a pleno rendimiento.
A FLOTE... LUCÍA MÉNDEZ
Las tertulias políticas son mi droga dura en general y Juan Manuel de Prada mi particular chute adulterado. Empiezo a ponerme bien temprano, con Los desayunos de TVE -magnífica Ana Pastor- y suelo acabar el día viendo un poco El gato al agua para ir a dormir bien encabronado por ver un programa en el que habla gente con la que no tengo nada que ver. Así como en el fútbol soy del Barça, de tertulianos voy con Lucía Méndez. La sigo con fervor porque cuando la escucho o la leo no tengo la sensación de que haga proselitismo. Cuestiona a Zapatero y a Rajoy y por eso es una rara avis, una especie a la que deberíamos proteger porque, a diferencia de la mayoría de sus compañeros, su discurso no responde a ninguna consigna.
TOCADO... ÁLVARO DE MARICHALAR Hacía tiempo que no se asomaba a nuestras vidas, pero le he visto en una revista y al momento he sentido cierto regusto estomagante que me ha empujado hacia la sal de frutas. Acudió la pasada semana a un acto solidario en beneficio de no sé muy bien qué, pero si lo que quiere es hacer buenas obras debería solidarizarse con la líder birmana Suu Kyi y quedarse en casa el mayor tiempo posible. Álvaro guardaba cierto lustre cuando la estrella de su hermano Jaime brillaba gracias al resplandor de la Infanta Elena. Cuando aparecía en alguna fiesta intentábamos hacerle creer que nos preocupábamos por él. Pero ahora que Jaime ha caído en desgracia, su hermano Álvaro no es más que un resto de serie difícilmente reciclable.



AQUÍ HAY MUCHO...
POR QUÉ CARMEN MACHI ME HIELA LA SANGRE...
La conmiseración con los animales está íntimamente ligada con la bondad de carácter, de tal suerte que se puede afirmar seguro que quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona. Una compasión por todos los seres vivos es la prueba más firme y segura de la conducta moral
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