¿QUIÉN INTERESA MÁS, LA PANTOJA O YO MISMO?
JORGE JAVIER VÁZQUEZ
Estoy cansado. Pero no a la manera de Isabel Pantoja cuando entró por teléfono en un programa de Canal Sur berreando como una descosida frases históricas que recojo a continuación: «Estoy cansada. Que lo sepa Andalucía, que lo sepa España entera. Estoy cansada de la familia Rivera Ordóñez». Yo estoy lánguidamente cansado. Y no sé de qué escribir. Mi amiga y confidente Pilar Eyre me dice que escriba sobre mí, porque hoy por hoy soy el hombre más interesante de España. Por partes. Pilar tiende a la exageración: en un programa sobre El Cordobés que yo presentaba -Hormigas Blancas era su título- explicó que en un arranque de furia el torero se montó en un tractor y se cargó 5.000 encinas. Los contertulios e incluso yo mismo nos llevamos las manos a la cabeza, pero ella no dio su brazo a torcer. Sólo con el tiempo se dio cuenta de que la cifra era algo exagerada. En cuanto a lo de hablar de mí, no me apetece. Y eso que el tema me gusta, pero durante el mes de agosto escarbé en mis recuerdos para escribir dos artículos semanales y no hay día que no sueñe que mi padre baje de los cielos para castigarme por desvelar secretos familiares. Seguro que mi loquera tendría algo que decir al respecto, pero la dejé después de ir dos veces por semana durante la tira de tiempo a preguntarle por qué no acababa de funcionar como novio. Luego descubrí que la responsabilidad no era del todo mía, así que me podría haber ahorrado un montón de dinero y ya no te digo de tiempo.
Me entrevista Jiménez Losantos en su nueva radio y salgo esponjado como un pavo. Yo no le escucho porque tiene tanto poder de convicción que acabaría pensando como él, y por ahí no paso. Le digo que no me gusta cómo trata el tema catalán -me niego a creer que el castellano esté perseguido en Cataluña- y me contradice con garbo retrechero. Entre nosotros: prefiero ese tipo de enfrentamiento, a la mirada de desdén que me hubiera lanzado Carme Chacón por un «quítame allá esas pajas». Federico me gusta porque dice lo que le da la gana, y aunque parezca mentira a mí me cuesta cada vez más decir lo que pienso. Les pongo un ejemplo. Andreu Buenafuente asegura en una entrevista que ha dejado de creer en este gremio. Yo creo que si uno pierde la fe en una religión mejor que la abandone. Claro que también puede suceder que Dios deje de creer en ti y te dé de lado. Pues bien, me cuesta escribir estas reflexiones porque creo que el dedo acusador de Buenafuente me va a enviar al limbo donde habitan las estrellas en cuarentena: Andoni Ferreño, Antonio Hidalgo, Agustín Bravo o la jacarandosa Marisa Naranjo. Soy un cobarde.
Como dice Rosa Belmonte, nos hallamos inmersos en la Paquirri's week. Cuando murió Paquirri yo estudiaba primero de B.U.P. y en Badalona, mi ciudad, llovía. Apunto lo de la lluvia porque estoy convencido de que los abonados a este tipo de tragedias le encuentran algún significado. No lloré con la muerte de Paquirri por su exceso lorquiano: viuda destrozada, hijos huérfanos, país hundido. Sin embargo, sí que lloré viendo por televisión los funerales de Grace Kelly y me emocioné con la amargura contenida de Carmen Martínez-Bordiú en el entierro de su hijo Fran. Nota: cuando murió Franco tenía yo cinco años y varios vecinos de la escalera imitamos su capilla ardiente. Uno hacía de Franco y los demás pasábamos delante del muerto mostrándole nuestro respeto. Así lo vimos por la tele y así lo recreamos en un rellano de la escalera. Veinticinco años después de la muerte de Paquirri, su viuda desentierra su memoria cuando le conviene a la revista ¡Hola!, Fran y Cayetano torean -uno más que el otro- y su hijo pequeño ejerce de bombero torero por los garitos más cutres del país. En cuanto a Carmina, recuerdo en esta semana de conmemoraciones una anécdota que me contó Mayka Vergara. Vergara -una de las profesionales más emblemáticas de la prensa rosa- estaba con ella en un hotel de Madrid el día que murió Paquirri. Al enterarse de la noticia, Carmina no tuvo ningún reparo en posar para unas fotografías exhibiendo el dolor que sentía por la desaparición de su primer marido. Cómo se echa de menos a Carmina. Y a la Pantoja, de más.
Jorge Javier Vázquez no estará con los lectores durante el mes de octubre por vacaciones (en prensa escrita).
A FLOTE... TELMA ORTIZ
Está perdida y su descoloque me acerca a ella. Tiene toda la pinta de estar aferrada a la teoría «el mundo contra mí», por lo que no estaría de más que alguien cercano tuviera la bondad de explicarle que su gesto de mujer adusta no le ayuda a captar simpatías. Sé de lo que hablo: a veces pensamos que los demás no nos entienden y vamos por la vida con la escopeta cargada. Nos dicen «¡Buenas tardes!» y respondemos «Serán para usted». Le irá bien a Telma vivir en Barcelona y mantenerse alejada del presunto oropel de la capital. Aunque desde aquí le digo que procure hacer vida en el área metropolitana -Badalona, Cornellà, L'Hospitalet de Llobregat- para enterarse de qué va la vaina. Barcelona no es sólo Sarrià.
TOCADO... ISABEL PREYSLER
¿Por qué no diferencia entre aparecer en la portada de ¡Hola! o pintada en un cuadro? Y si lo diferencia, tampoco se nota. Se ha aficionado tanto al retoque que su cara parece salida de las prodigiosas manos de Vermeer. A veces también parece una cara de Bélmez, ahora que lo pienso. Antes de que el photoshop entrara en su vida (y sobretodo en su mente) Isabel Preysler era una señora muy mona que retrataba muy bien en las portadas del colorín. Pero Preysler no le ha sabido encontrar el punto a las nuevas tecnologías y se pasa de la raya. Creo que debería dejar de salir en ¡Hola! y hacerlo en Año Cero porque su rostro es ya algo muy cercano a una psicofonía.
http://www.elmundo.es/papel/2009/09/.../19475442.html


JORGE JAVIER VÁZQUEZ
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