LA ÚLTIMA / AQUÍ HAY MUCHO...
POR FAVOR, LETIZIA, SALGA DE SU URNA DE CRISTAL
JORGE JAVIER VÁZQUEZ
Comprendo a Sonsoles Espinosa. Entiendo que sólo acuda a los actos estrictamente necesarios y evite estar en el punto de mira de los que nos dedicamos a esto del colorín, porque a las protagonistas de nuestras crónicas las sometemos a una tiranía desquiciante. Las queremos siempre jóvenes, siempre guapas, con la pestaña en su sitio, las tetas firmes y el culo prieto. Las revistas del ramo recogen esta semana los restos de la visita de Carla Bruni -fíjense que digo la de Bruni y no la de Sarkozy- a España: un paseíto por un museo y, sobre todo, el encuentro entre Sonsoles y la modelo. Aunque a tenor de cómo se han escrito las crónicas, más que encuentro podríamos llamarlo enfrentamiento, puesto que muchos han querido ver un duelo de estilos entre España y Francia. El partido, según los entendidos, ha acabado en tablas. Según yo mismo ganó Sonsoles: teniendo en cuenta la poca simpatía que despierta la mujer de nuestro presi y lo entregados que estábamos de antemano a Carla Bruni, un empate es para Sonsoles una grandísima victoria.
Una vez pasado el trago de tener que vérselas con Bruni, Espinosa regresa a palacio a darle al cante, que es lo suyo. Diferente es el caso de Letizia, toujours Letizia. Carla Bruni ha conseguido sacar lo peor de ella. La ha desquiciado (¿o desletiziado?) La princesa se tomó el encuentro como un examen de fin de carrera y nos ofreció la imagen de una mujer insegura, preocupada en exceso por las comparaciones. A estas horas del día Letizia debe de estar ya subida a algún tacón. Siempre está subida a alguno. Los tacones son para la princesa su segunda residencia, aunque lo que en verdad le convendría es destaconarse. Soltarse -más- la melena. Olvidarse de que es princesa y empezar a disfrutar del trabajo bien hecho. Sonreír abiertamente.
Creo que se lo escuché decir a Fernando Jaúregui: se está construyendo una imagen demasiado hierática de Letizia. Si su presencia fue saludada con alegría por los amantes de la fusión -el príncipe, tan purista él, necesitaba un chute de realidad-, se equivocan los que pretenden ahora convertir a la princesa en materia de ensoñación. Letizia posee las tablas necesarias para traspasar barreras y salir indemne. A mí me encantaría poder ofrecerle algún consejo, pero sólo puedo decirle que se rebele, porque de seguir por este camino la van a presentar en los actos oficiales metida en una urna de cristal.
Letizia es irreal y Paco Marsó costumbrista. Quiero decir que, durante años, ha sido un animal de costumbres: tenía la costumbre de tenerle poco apego al trabajo, de gustarle la noche, de irse de putas. Sin embargo, el repentino hallazgo del amor le ha convertido en un ser de apariencia angelical. Nos cuenta la revista Lecturas que acaba de ser papá aunque tiene cara de abuela. La felicidad aseñora. La felicidad es femenina y el tormento masculino. Los hombres, cuanto más atormentados, más atractivos. Un hombre en continuo estado de alegría deja de ser objeto de deseo para convertirse en médico ideal. Ejemplo: Emilio Aragón. Marsó ha decidido integrarse en la senda de lo políticamente correcto y ha hecho lo que hacen todos los señores de su edad que aspiran a normalizar su vida: enrollarse con una cubana 30 ó 40 años más joven. Impagable el reportaje de Lecturas que da cuenta del nacimiento de la hija de Marsó. Maravillosa la fotografía en la habitación del sanatorio donde la pareja de Paco dio a luz: cuento hasta cinco camas oxidadas y una señora de espaldas comiendo lo que me parece que es una papaya. Cuando a Letizia le digo que traspase barreras tampoco me refiero a esto. La virtud, princesa, está en el término medio.
No puedo terminar sin hacer referencia a una perla hallada en YouTube. La protagonista, Tamara Falcó. Concede una entrevista a Marta Robles y la periodista comienza agradeciéndole que haya hecho un hueco en su agenda. La hija de Preysler no sólo no se inmuta ante semejante torpedo irónico sino que agradece el presunto cumplido con una sonrisa. El problema de Tamara radica en el lenguaje: su imagen mejoraría si estuviera todo el día hablando en inglés.
A FLOTE... MARÍA ANTONIA IGLESIAS
Soy fan. Yo y muchísima más gente: cada vez que María Antonia entra en el plató de La Noria el respetable la premia con aplausos y piropos varios. Y me encanta que se la reciba así, porque su valentía la empuja casi siempre a adoptar posturas impopulares. Sin embargo, defiende tan bien sus argumentos que, si se lo propone, es capaz de convencer a Aznar para que se corte esa melenita tan absurda. Tiene tirón entre los jóvenes porque jamás se le oirá soltar chorradas tipo «se empieza con un porro y se acaba con la heroína». Provocadora y un tanto chulesca, derriba con una frase a los Miguel Ángel Rodríguez de turno. Sólo por eso ocupa un lugar destacado en mi corazón.
TOCADO... EUGENIA MARTÍNEZ DE IRUJO
Hubo un tiempo en que Eugenia Martínez de Irujo se parecía a Eugenia Martínez de Irujo, pero últimamente cualquier parecido es pura coincidencia. Eugenia lleva años luchando contra su físico original y, como sucede con cualquier batalla, jamás se sale limpio aunque la ganes. La original duquesa de Montoro era una chica tan graciosa como resultona. Una monería, que diría una madre. Pero sus frecuentes visitas a los institutos de belleza le han dejado una cara que no se merece. Me gustaría decirle que su contenido es más fascinante que su continente. Dicen que ha roto con Gonzalo Miró. Si eso es así, que la ruptura no la empuje a estirarse los huesos para convertirse en esa modelo alta y rubia que siempre quiso ser. Eugenia nos gusta en esencia.
http://www.elmundo.es/papel/2009/05/.../14627312.html


POR FAVOR, LETIZIA, SALGA DE SU URNA DE CRISTAL
JORGE JAVIER VÁZQUEZ
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La conmiseración con los animales está íntimamente ligada con la bondad de carácter, de tal suerte que se puede afirmar seguro que quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona. Una compasión por todos los seres vivos es la prueba más firme y segura de la conducta moral