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Riera le da el triunfo a España en el último suspiro (1-2)
El gol de la victoria ha llegado a falta de tres minutos para el final tras un gran pase de Dani Güiza, que acababa de entrar
¡Ooooooh! Sobre la campana, sobre la bocina, en el tiempo añadido, igual que hizo en Bélgica. Increíble victoria de España con todo el suspense de Europa y de Asia y con la vista puesta en África. En otra remontada impresionante, sufriendo con 0-1, la selección le dio a Turquía de su propia medicina y la hundió en los últimos segundos demostrando por qué es la campeona de Europa, por qué lleva 31 partidos sin perder, por qué nunca se rinde, ni siquiera cuando el reloj está a punto de morirse.
El Ali Sami Yen fue una caldera durante todo el encuentro, pero fueron al final los jugadores de Del Bosque los que se sirvieron la sopa del triunfo, el sexto en esta fase de clasificación que encamina a la roja irremisiblemente al Mundial de Sudáfrica 2010. Fue una noche feliz para la roja, pero también para dos jugadores azulgrana. Piqué volvió a estar inconmensurable y Sergio Busquets ya puede decir que es internacional.
El mediocentro defensivo le dio mucho oxígeno al equipo en una recta final que fue de infarto y que decidió con su duende y su algarabía Dani Güiza. El delantero del Fenerbahçe bajó del cielo a última hora, cuando los turcos ya no podían más, y sirvió un gol cantado a Riera que la empujó a la red sin ninguna piedad. Fue la ley del más fuerte. La ley del fútbol, del toque y de la serenidad. También influyó la suerte, pero tantos partidos ganados en el filo ya no son materia para la fortuna y sí para la estadística. "Sacaremos lo que sacamos siempre", dijo Güiza en la víspera refiriéndose al fútbol, no a la testosterona. Acertó.
Riera, en su segundo gol con España, dio el triunfo. Gerard Piqué también. Si el azulgrana dio la victoria en el Bernabeu, anoche, en Estambul, salvó a su equipo de una derrota segura. Contra viento y marea, contra Sentürk y Nihat, contra Ardan y Tunçay, contra 80 millones de turcos, como dijo su entrenador en la víspera, el zaguero del Barça se elevó, diez, veinte, treinta veces en el aire para convertirse en un muro infranqueable incluso en los peores momentos de asedio turco, algo en lo que son maestros desde hace siglos. La de Piqué fue una actuación en el eje defensivo que espanta si se recuerda que el de anoche es tan sólo su tercer partido como internacional. El defensa del Barça estuvo siempre al quite y la selección logró su objetivo de no salir chamuscada en un partido de mucha fricción y aún más chispa en el que Turquía le volvió a poner muchos problemas y más cuando se adelantó en el marcador con gol tonto.
Xabi Alonso, al que siempre se le dio Estambul, con la Real y con el Liverpool, donde ya ganó la quinta Champions de los reds, igualó un marcador inquietante desde los once metros. El partido del tolosarra también fue notable.
La cita en Estambul –que no fue precisamente una alianza de civilizaciones– sirvió para que la selección igualará el record de imbatibilidad de 31 partidos que regía desde que la roja perdiese en un amistoso contra Francia en 1998. La actual serie de partidos sin perder se remonta a noviembre de hace tres años.
España superó la prueba turca, pero tiene que sacar lecciones de ella. Cuando más controladas tenía las aguas del partido, se le hundió el bote con un contraataque turco en el que los centrales no estuvieron finos y Tunçay sí anduvo listo, arrancó en posición muy dudosa y, superando por milímetros la manopla de Casillas, asistió en el área pequeña a Sentürk que remató a placer.
Michael Riley, el árbitro, dudó, miro al línea que no movió ni una ceja. El suspense acabó en gol y, de paso, con el orden, el toque y la tensión que había esgrimido la selección en una primera media hora muy apañada. Lo que no sabían los turcos es que la venganza iba a servirse muy en caliente.
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