¿Se parecen Isabel pantoja y falete?JORGE JAVIER VAZQUEZ

Jose Toledo, presentadora de TVE, ha declarado que mantiene una relación de amor-odio con sus hombros. Le gustan, sí, pero los tiene tan fuertes que a veces le ocasionan algún que otro problema con determinadas prendas. Sin embargo, ha confesado que se siente muy a gusto con sus tobillos. Vaya. Lo de evadirse de la realidad para ser feliz se lo ha tomado Toledo a rajatabla. Hija, distribuye la receta.
La información que les acabo de proporcionar quizás no les parezca del todo trascendente, pero es que no quería empezar a saco con el TEMA. Llevamos desde el miércoles hablando de él y ayer en Dónde Estás Corazón fue el acabose, con una Chelo García Cortés -la autora- dándose entera contando el antes, el sin, el sobre y el tras de LA ENTREVISTA. Nos referimos, claro está, a la de Isabel Pantoja confirmando su ruptura con Julián Muñoz. La Pantoja es como la Santísima Trinidad: una y trina a la vez. Una por sí misma y trina por la tríada de personas que hablan por su boca. A saber: Chelo, Raquel Bollo y Luis Rollán. Aunque la que se lleva el gato al agua y le saca las mejores declaraciones es García Cortés. Y no porque Pantoja la prefiera a los otros dos. No. Simplemente porque el medio en el que ella trabaja le paga. Pantoja -en lo sucesivo I.P.- no se desnuda si no es cobrando.
I.P. canta pero lo que mejor que hace es quejarse. Es una reconocida profesional del victimismo, arte que lleva practicando con destreza desde que la tierra es redonda. Una vez me llamó por teléfono para preguntarme por uno de sus novios. Yo no la conocía de nada, pero eso no le impidió decirme que si yo consideraba que ese hombre -Diego Gómez- se estaba aprovechando de ella, dejaría inmediatamente de salir con él. «Me han machacado durante toda mi vida», repetía una y otra vez con voz lastimera. Yo, que era más joven y más tonto, sufrí un Estocolmo de narices, pero me curé del síndrome sin pastillas ni nada. Sólo me recomendaron que observara sus evoluciones. Y eso hice. I.P. es torpe y poco sutil. Una prenda que se descubre al instante. Su existencia está cimentada en el engaño. En la incapacidad de reconocer y reconocerse. En su desmedida ambición y en la excesiva admiración que siente hacia sí misma, aunque sus ínfulas no se corresponden con su cutre realidad. Según su leal entender, el mundo y sus acontecimientos deben girar en torno a ella. Su presencia acojona, pero no porque inspire respeto sino porque siempre tienes la sensación de que te va a culpar hasta de la muerte de Manolete.O ella o María Navarro, que es la señora que lleva al lado con el único fin de crear problemas. Donde no llega la mirada cruel y despiadada de I.P. siempre está Navarro dispuesta a repartir dobles raciones de mala leche.
I.P. vuelve a retratarse en ¡Hola! Posa como Michelle Obama pero queda cateta. Su manicura es tan abominable que la despreciarían hasta las desheredadas del mundo. Pero lo terrible no son sus declaraciones ni sus pretenciosos estilismos. Lo peor, con diferencia, es que físicamente se parece cada vez más a su hijo. I.P. muta hacia el desastre.
Falete tenía trazas de convertirse en el sucesor natural de I.P.No por repertorio, puesto que en eso él es más de la Jurado, sino por el desprecio absoluto que le producían los programas que hablaban de la vida de los otros. Pero entre que un novio chulángano le ha salido rana y que su carrera musical no tira tanto como él esperaba, se ha visto obligado a ponerse a trabajar en uno de ellos. Malo. Falete cantaba y te quedabas embobado.Impactaba porque era una mezcla rara de folklórica descarnada y animal mitológico. Ahora, cuando le escuchas hablar, dan ganas de pedirle que se repase el temario completo del Graduado Escolar.Son los inconvenientes de la sobreexposición. Nos hemos acostumbrado a su inquietante presencia y ahora necesitamos tiempo para saber si es algo más que un personaje criado a las faldas del genial Jesús Quintero.
P.D.: Qué cañí me ha quedado la página. Para redimirme, la semana que viene prometo nombrar al menos una vez a Simoneta Gómez Acebo y/o María García de la Rasilla.
A FLOTE... BELEN RUEDA
Cuando los fotógrafos la vieron aparecer tan sonriente en la entrega de los Goya decidieron ponerse manos a la obra porque intuyeron que vivía un momento dulce. No se equivocaron; al día siguiente la cazaron paseando por el centro de Madrid con un empresario francés. Seguro que Belén se habrá agarrado un rebote del 15 al verse en la portada de Lecturas. Puedo entenderlo. Pero desde que Amenábar la introdujo en el mundo del cine, Rueda se vistió de trascendente y arrinconó los trajes que más le hacían brillar: su desbordante vitalidad y su arrolladora simpatía. Lecturas nos la devuelve más humana y comprobamos que, afortunadamente, la actriz no sólo palpita con el séptimo arte. TOCADO... PACO MARSO Uno de los mejores momentos de la película Rencor es cuando Lolita le vomita a Jorge Perugorría: «Tú eres un chulo, y a los chulos hay que joderles la vida». El chulerío, reconozcámoslo, tiene su puntito atrayente, pero su puntazo destructivo es tan alto que no compensa. Aparte de chulo Paco Marsó es -o ha sido- un putero convicto y confeso. Resumiendo: una alhaja. Marsó embauca porque es educado y simpaticón, pero ha demostrado tener poco sentimiento al haber hecho trabajar como una burra a Concha Velasco para vivir como un sultán. Dicen que ha dejado embarazada a una cubana 32 años menor que él. Pobre. Seguro que se la cameló haciéndole creer que en España la iba a convertir en la nueva reina de las variedades.

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