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Un Príncipe sin legitimidad histórica
Armand de Fluvià i Escorsa
(Artículo publicado en el diario "Avui" el 23 de mayo de 2004)
Para dar mi opinión sobre el enlace del príncipe antes he de enumerar una serie de
hechos que es necesario tener en cuenta.
Ante todo, quiero aclarar que soy un escéptico en materia de formas de Estado; lo que
me importa es el contenido, no el continente: hay monarquías democráticas y
monarquías dictatoriales, y hay repúblicas democráticas y repúblicas dictatoriales.
Hay quien dice que la monarquía ha sido restaurada y hay quien dice que ha sido
instaurada.
Veamos: yo creo que desde la proclamación de la Monarquía en el año 1975
hasta la Constitución del 1978 en España se produjo la instauración de una monarquía
querida y diseñada por Franco, la de los Principios del Movimiento, que el actual Rey
juró en 1969; y la única legitimidad que tenía entonces el Rey era la legitimidad del
régimen franquista. Cuando en 1977 el Jefe de la Casa Real y de la Dinastía española,
Juan III, Conde de Barcelona , abdicó o renunció a sus derechos al trono en favor de su
hijo, éste recibió la legitimidad dinástica e histórica. A partir de la promulgación de la
Constitución se restauró la Monarquía; una monarquía constitucional, democrática y
parlamentaria. ¿Y por qué hablo de restauración? Por los siguientes motivos expuestos
en la misma Constitución:
-1.- Que el rey Juan Carlos I es el "legítimo heredero de la dinastía
histórica".
Si hubiese sido una instauración no se hubiese podido hablar de "Dinastía
histórica", porque no sería deudora de ningún pasado.
-2.- Que la Corona es hereditaria "en los sucesores de S.M. Juan Carlos I".
Si hubiese sido una instauración sólo se hubiera hablado –y esto es
fundamental- de descendientes, porque los posibles sucesores ascendientes o
colaterales no habrían tenido ningún derecho, ya que habría sido una
monarquía de nuevo cuño y el derecho sólo hubiera sido para los
descendientes del Rey Juan Carlos I.
-3.- Que la sucesión al trono "seguirá el orden regular de primogenitura y de
representación".
Pero resulta que este orden regular era precisamente el de la Monarquía de
todos los antepasados de don Juan Carlos I.
-4.- Que el título del rey es el de Rey de España y que "podrá utilizar los
otros que correspondan a la Corona".
¿Qué otros títulos si se hubiese tratado de una monarquía de nuevo cuño?
-5.- Que el príncipe heredero tendrá la dignidad de Príncipe de Asturias " y
los otros títulos vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona".
Aquí tendríamos el mismo ejemplo anterior.
-6.- Que "habiéndose extinguido todas las líneas llamadas a derecho", las
Cortes Generales proveerán la sucesión a la Corona.
¿Qué derecho y qué líneas serían éstas si el Rey actual hubiese –es una
suposición- muerto sin descendencia que le hubiese sobrevivido? No habría
ninguno y ahora sí lo hay. Por ejemplo, su primo el infante don Carlos,
duque de Calabria, y sus descendientes.
Para mí, es evidente que se trata de una restauración. Entonces, si es así, continúa
vigente una ley o pragmática que forma parte del Estatuto interno de la Casa y Familia
Real Española. Se trata de la Pragmática de 1776 sobre matrimonios desiguales, que
establece que los dinastas (miembros de la dinastía aptos para suceder) que contraigan
matrimonio fuera del círculo de las familias reales o principescas, quedaran excluidas,
ellas y sus descendientes, de la sucesión. Esta pragmática es la que, en cada momento o
situación, indica quién ocupa tal o cual posición en aquel "orden regular" de sucesión
que establece la Constitución. Las anteriores constituciones monárquicas hacían lo
mismo: establecían el orden de sucesión, pero después aquella pragmática iba añadiendo
o quitando personas de este orden. Esta disposición la han seguido, desde su
promulgación, todos los dinastas, y la primera vez que –por lo que parece- no ha sido
observada ha sido con motivo del enlace de la Infanta doña Elena, en el año 1995, con
un noble, y tampoco lo ha sido en el caso de la Infanta doña Cristina en el 1997, cuando
se casó con un ciudadano común.
Los instauracionistas (la mayoría son republicanos encubiertos o personas a las que les
interesa estar bien con el Rey porque creen que esto es lo que él quiere) argumentan que
la Pragmática ha sido abolida tácitamente o contradicha por el artículo 56.4 de la
Constitución, que establece que las personas que teniendo derecho a la sucesión
contrajesen matrimonio contra la prohibición expresa del Rey y de las Cortes Generales
estarán excluidas de la sucesión. Sin embargo, mi interpretación de este artículo no es la
misma. Yo creo que obedece al caso de que un dinasta se casara con una alteza
(príncipe o princesa), pero que no fuese nada recomendable por su forma negativamente
ostentosa y escandalosa de vivir. Ahora bien, aunque ésta no fuese una interpretación
correcta, existe el hecho cierto de que la Constitución hace referencia a los derechos
fundamentales de los ciudadanos, y estar en un lugar concreto y determinado de aquel
"orden regular de sucesión" no es ningún derecho fundamental, porque si lo fuese, yo
o cualquier ciudadano también tendríamos derecho a la sucesión al Trono.
Por lo tanto, la Pragmática sigue vigente mientras el Rey no decida abolirla; y no lo ha
hecho pudiendo hacerlo.
Otros aducen que la Pragmática, hoy, en el siglo XXI, ha caído en desuso y la
Monarquía se ha de adaptar a los tiempos que corren, se ha de modernizar, volverse más
democrática y acercarse más al pueblo. Pienso que esto es un gran contrasentido; por su
propia esencia la monarquía no es democrática y su modernización sólo puede ser la
República. Es, además, una institución fósil, una reliquia milenaria del pasado, un
sistema irracional y su única justificación es precisamente su pasado histórico y cultural,
el hecho de que sus representantes desciendan, desde hace más de mil años, de todos los
emperadores, reyes y príncipes que han hecho la historia de Europa, que su carácter es
simbólico y carismático y, por este motivo, también vulnerable, hasta el punto que
necesita justificarse y consolidarse día a día, ya que un pequeño mal paso podría hacer
tambalear irremediablemente la Institución, y de ser popular puede pasar rápidamente
a ser profundamente impopular.
Los dinastas se encuentran en un nivel superior, disfrutan de un status y de unos
privilegios diferentes a los del resto de los ciudadanos. En contrapartida, tienen muy
pocas obligaciones. Querer saltárselas aprovechándose de una situación de poder es
muy poco ejemplar, y hasta podríamos hablar de abuso de poder. El príncipe y sus
hermanas tienen todo el derecho de casarse con quien quieran, pero si lo hacen fuera del
círculo de las familias reinantes o ex reinantes quedan automáticamente excluidos de la
sucesión al Trono. No necesitan hacer una renuncia expresa.
De momento, parece que la institución monárquica está bien asentada, pero hemos de
tener en cuenta que en España no hay monárquicos o hay poquísimos; lo que sí hay son
"juancarlistas". ¿Qué pasará el día que falte el Rey? Mi parecer es que después de tantos
años de preparación rigurosa, el príncipe ha dado un mal paso irreversible con la
elección de la señora Ortiz para futura Reina de España, ya que desde el momento de su
enlace con ella habrá perdido, a mi entender, por estricta aplicación de la referida
Pragmática, su legitimidad histórica y dinástica, como ya la perdieron –también a mi
entender-sus hermanas. Claro está, sin embargo, que esto de la legitimidad es un concepto que
hoy en día no tiene, para la mayoría de la gente, ninguna importancia.
Supongo que el Rey don Juan Carlos, con la idea de que el fin justifica los medios, no
tuvo ningún inconveniente, para ocupar el Trono, en saltarse a su padre, el Conde de
Barcelona. Ahora el nieto de éste tampoco ha hecho caso de los sensatos consejos que
le había dado, recordándole que era necesario casarse con una princesa. La inmadura y
repentina decisión del Príncipe ha colocado al rey entre la espada y la pared, al no tener
otra alternativa que la de ceder o bien, enfrentarse a una grave crisis institucional y a un
posible planteamiento sobre el sentido de esta forma de Estado, que se puede producir
desde el momento en que él falte. No soy nada optimista por lo que respecta al resultado
de este enlace tan moderno, tan democrático y tan popular. El tiempo lo dirá.
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(...) "la mujer o el marido que cause la notable desigualdad quedará privado de los títulos, honores y prerrogativas que le conceden las leyes de estos Reinos, ni sucederán los descendientes de este matrimonio en las tales dignidades, honores, vínculos o bienes dimanados de la Corona" (...) (Carlos III).
"Una reina no debe tener pasado, porque el pasado siempre se hace presente". (Juan de Borbón).
"A la mujer de César no le basta con ser honesta; además, debe parecerlo". (Julio César).
"Si cualquiera puede ser reina, ¿por qué cualquiera no puede ser rey?" (Alguien de este foro).
El único privilegio que no tiene un rey es el de ser como los demás. (Anónimo).


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FELIPE "El amor es CIEGO, los VECINOS, NOOOO"
Más circo borbónico PLEASE
for evereybody and everywhere y Vicesecretaria del Club de Fans del excmo. señor Mesie Guillotine. Miembro honorario "El Catalán Valiente"


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